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Full text of "Minerva de la juventud española / por Juan Manuel Ballesteros: Tomo 6"

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MINERVA 

DE LA 

JUVENTUD ESPAÑOLA. 

POR EL LICENCIADO 

D. Jf/^iV MANUEL BALLESTEROS, 

Individuo de la Real Academia de Ciencias natura- 
les y de la Real Sociedad económica de amigos del 
pais de Madrid : Socio correspondiente de las Rea- 
les Academias de medicina y cirujia de Rarcelona, 
Cádiz, Sevilla y Valladolid; Médico 2. del Real 
Colegio de Sordo-mudos de esta Corte. 



TOMO VI. 



s— 




Favet Minerva labor i.** 

< 

MADRID: IMPRENTA DE LA BIBLIOTECA GENERAfc 
A CARGO DE J. DE LA VEGA. 

i835. 



EFEMÉRIDES 
Mes de Mayo. 



l%!%MMMi!% 



Rdmulo Hamo a! més*te Miyo iltómj porrón* 
sideración á los senadores que se llamaban rna^ 
yores. 

Antiguamente plantaban el primer dia de 
Mayo delaníe de la casa de las personas distin- 
guidas , un árbol d grande ramo verde que lla- 
maban el Mayo. Los pasantes de abogacía de 
París tenían privilegio para ir á portar el Mayo 
al bosque de Vjncpnnes y plantarle solemne- 
mente en el patio de palacio. Los plateros pre- 
sentaban á la Virgen jan gran cuadro llamado 
el cuadro de Mayo que se colgaba $quel dia á la 
puerta de la iglesia. JLos impresores de León eri- 



glan un Bfayo delante de la puerta del goberna- 
dor en la que también fijaban versos. En algu- 
nas de nuestras provincias todavía sigue la cos- 
tumbre de plantaran Maro ó adornar ricamente 
á una doncella á la que dan el nombre de Maya», 




v 







bode Mayo de ij^S.zzzBatalla de Fontenofi 



■ M PQi WlCHf <» ■ .i 



Habiendo muerto el emperador de Alemania 
Garlos VI se trataba de nombrarle un sucesor, 
y como toda la Europa se interesaba en esta «leo 
cion cada gobierno presentaba su candidato. Ma- 
ría SFeresa pretendía el imperio como hija de 
Carlos VI, la Francia quería dársele á Carlos Al- 
berto elector de Baviera , y entoldes la Inglater- 
ra se declaro por María Teresa llevándose con- 
sigo á la Holanda y la Polonia, y la España se 
reunid á la Francia á favor del elector. En las 
primeras acciones la victoria que había empezado 
á favorecer al elector se paso ai lado de María 
Teresa y un ejército francés se vid comprome- 
tido en el centro de Alemania. Durante estos su- 
cesos murid Carlos Alberto emperador solo de 
fcombre, y i pesar de haber desaparecido la causa 
de la guerra, esta continuo del mismo modo y 
aun mas encarnizada entre Inglaterra y Francia, 



(6) 
% primera por su utilidad y la segunda porque 
cesase. 

Habiendo los franceses perdido la bátalfet de 
Dettingen, el Rey Luis XV se puso en persona 
^á la cabeza de un ejercitó en el que también iba 
el Delfín su hijo c<mtra el enemigó. En Calón— 
ne paso el Escalda* y atravesando la ciudad de 
Amberes fueron á acampar á Anthóiri avista del 
ejercito enemigo. El mariscal de $ajoni% era, el 
generalísimo del ejeVcito francés. Estaba casi mo- 
ribundo de una enfermedad de languidez y los 
médicos le dijeron peligraba SU vida si se ponia 
eri camino. No se trata de vivir sino dé partir^ 
íréspotídió el, y se hizo llevar en una litera vis- 
to que no podía montar á caballo. Su áydda de 
campo el tttáfiscal de Noailles olvidaba su ran^ 
gd y la preferencia del mando á favor de un ge- 
neral estranjero y menos antiguo. El mariscal 
de Sajónia que conocia el valor de esta magna- 
nimidad supo apreciarla y la ordinaria debilidad 
del corazón humano nunca pudo enemistar á es- 
tosidos hombres célebres. 

El ejército enemigo estaba bajo las órdenes 
del duque dé Cumberland que con el Rey su 
padre había ganado la batalla de Dettingen. Este 
ejército compuesto de Hannoverianos , Yngleses, 
Austríacos y Holandeses, contaba mas de cin- 
cuenta mil combatientes. Se dice qne el Rey 
Luis XV nunca estuvo mas contento que la 
noche que precedió á esta batalla, fue el pri- 
mero que estuvo en pie el dia de la acción y 



. <7> 
fa* i despertar al conde de Argenson , su nú* 

uistro de la guerra. 

El mariscal de Sajorna había hecho guarne- 
cer de cañones la aldea de Anthoin , á la dere- 
cha la de Fontenoy y mas allá un bosquecillo 
llamado Bois de Barrí. Ademas los tres puntos 
estaban defendidos por reductos especies de for- 
talezas construidas por los soldados que es for- 
zoso sitiar para apoderarse de ellas, Estas for- 
midables posiciones del ejército francés y las 
acertadas disposiciones del general parece que 
aseguraban el éxito de la jornada. A las seis 
de la mañana empezó el cañoneo y la primera 
bala vino á herir de muei-te ai joven (taque de 
Grammont en el momento que se despedía del 
mariscal de Noailles. Despedida del campo de 
batalla que tantas veces suele ser la última. LojS 
holandeses quisieron apoderarse de la aldea de 
Anthoin y avanzaron valientemente con el ar- 
ma al braza Hasta tiro de pistola % pero antes que 
empezasen á hacer fuego fueron desordenados 
por la artillería francesa y retrocedieron. El du- 
que de Cumberland que veía comprometida la 
victoria por este lance mandó al mayor Ingolsby 
que se apoderase del bosque de Barrí donde los 
franceses tenían un reducto. El mayor fue reci- 
bido por un fuego tan vivo de mosquetería que 
mandó hacer alto, y figurándose tenia á su fren- 
te un ejército entero volvió á pedir cañones al 
duque de Cumberland. El príncipe ingles irri- 
tado con este retardo que podía ser ta.n funesto 



X 



( 8 > 

se pasó á la cabeza de tres divisiones én todo 
unos catorce mil hombres y avanzó entre Barri 
y Ifontenoy para desvaratar la línea Francesa. 
Dos batallones de guardias suizas y francesas se 
hallaban al frente dé ellos y al acercarse los ofi- 
ciales se dijeron unos á otros: "Es preciso apo- 
derarse de la artillería inglesa;" y en efecto cor- 
rieron rápidamente con sus granaderos; pero 
las balas inglesas tendieron muertos mas de 
sesenta y tuvieron que volverse á las filas. Loa 
ingleses estaban ya á cincuenta pasos de distan- 
tía cuando sus oficiales saludaron quitándose los 
sombreros ; losl; oficiales franceses los volvieron 
el saludo. Entonces un capitán de la guardia in- 
glesa grito: "Caballeros guardias franceses dispá-; 
rad" -El conde de Aubeterre subteniente de gra- 
naderos contesto ^Caballeros , nosotros nunca ti- 
rárnoslos primeros, disparad vosotros. La descarga 
de los ingleses fué tan mortífera que los france- 
ses se* dispersaron abriendo paso al duque de 
Cumberland. Éste hacia avanzar sus tropas len- 
tamente con la calma y sangre friá que presiden 
al ejercicio r cuándo nó hay*/que temer bombas ni 
cañonazos. Se veia á los mayores bajar y nivelar 
con sus bastones los fúsiles délos soldados para 
que nó disparasen tan alto. Esto era admirable. 
La posición del ejército francés se hacia cada 
vez mas crítica. El mariscal de Sajonia que ha- 
llándose en todas partes á un tiempo conocía el 
peligro envió á decir al Rey: Que le suplicaba 
pasase al otro lado del río, que él haría lo posi- 



bte por recobrar la victoria. "¡Oh! yo estoy se* 
gutó que hará fcuúnto pueda , respondió el Rey; 
pero yo no me moveré un paso de aqui" Entonces 
fue cuando algunos regimientos de caballería sin 
consultar mas que á su generosidad se lanzaron 
al galope sobre aquella columna inglesa que co- 
mo una móvil ciudadela resistió á todas estás 
cargas parciales derrivando en el polvo á los 
Lravostjue se acercaban. Los coraceros, losguar^ 
dias de eorps, los gendarmes, los caballos lige-* 
ros cayeron por su turno , y después de rechazar 
tantas cargas la columna se mantenia inmóvil 
sin disparar. i 

La confusión reinaba en las filas francesas 
¿tfue empezaron a desordenarse visto que la co- 
lumna parecía mas fuerte á medida que mas la 
atacaban. Todo parecía perdido y el valiente ma* 
riscal de Sajonia pensaba en retirarse visto que 
tenia que salvar la persona del Rey. Para aban- 
donar el campo de batalla al enemigo hábia que 
pasar el Escalda y «ste movimiento empezaba á 
ejecutarse cuando llegó cubierto de Sangre y dé 
polvo, descubierta : lá ? Cabeza y la espada desnuda 
«el duque de Richelin célebre por su valor y st| 
hermosura. " 

'"¡.Qué venís á decirnos! ¡Cuál es vuestro dic- 
tamen! le dijo el mariscal de Noáilles; digo res- 
pondió el duque, que la batalla está ganada si 
se quiere y mi dictamen es que avancen cuatro 
piezas de artillería contra el frente de la colum^- 
tía. Mientras qué estas piezas la desordenen, la 



. (io) 

guardia real y demás tropas de caballería eas?t 
rán sobre ella por los flancos á manera de for-» 
rageadores* 

Este dictamen fue comprendido por todo el 
mundo y el Rey mando que se pusiese en eje-? 
cucion suspendiendo la retirada. El duque Ri- 
chelín voló á la cabeza de los regimientos para 
reunirlos en un mismo punto y caer á nn; tierna 
po sobre la columna. Esta que parecía siempre 
tan profunda habia tenido bajas considerables, y 
á pesar de lo bien que se sostenia, estaba debi- 
litada por la sangre que habla, perdido, ^ió con 
intrepidez el ataque que se preparaba y perma- 
necía inmóvil esperándole^ 

Ya todos los regimientos están prontos , los 
moldados llenos de furor bélico y dispuestos á 
vengar á sus companeros : mas aun no se ha da- 
do la señal. JNo es el peligro el que hiela el co- 
razón del valiente en el campo de batalla sino 
aquel momento de un siglo en que con el acero 
en mano espera tfue los cañones empiezen la ba- 
talla y las trompetas suenan el ataque. 

Al fin se da la señal. Adelante caballeros. El 
polvo levantado por su rápida carrera vuela en 
espesas nubes , los sables brillan en todas las 
manos, los caballos cubiertos de espuma y en- 
sangrentados por la espuela, se precipitan co- 
mo el huracán con estruendo semejante al de 
la mar alborotada... En vano la columna inglesa 
opone á este torrente su valor disciplinado, a tro- 
pelía , destroza y desordena cuanto se le pone 



por delante abriendo brecha en muchos puntos 
de aquella imponente masa de tropas. Las es- 
padas se tiñen de sangre y los ingleses antes 
victoriosos se ven dispersos, hollados por los ca- 
lladlos y huyendo por todas partes. Esté es el 
momento de horror en que el soldado no es- 
cucha m&$ que la voz de su resentimiento y su 
cólera; momento en que hombres, caballos, ca- 
dáveres, cañones, cajas, transportes , todo se vé 
revuelto y tendido por los campos. 

Ya veis queridos niños cuan cara cuesta una 
victoria. .Sin embargo esta de Fontenoy tuvo 
felices consecuencias para la Francia y contri- 
buyó á hajeer se firmase el tratado de paz lia- 
triado de Aix-la-ChapelIe. I 




MORAL. 



**&«<«-* 



De! Suicidio. 

Xa cuestión del suicidio (acción del que se da 
voluntariamente la muerte) ha sido agitada y 
controvertida por largo tiempo sin que se haya 
adelantado gran cosa en cuanto al fin que debe 
ser alejar al hombre de esta horrible inclinación. 
Cien volúmenes se han escrito sobre esta ma- 
teria, y el suicidio no ha sido ni mas ni menos 
frecuente. ¡Cuántas víctimas se pudieran enume- 
rar aqui y cuántas otras siguieran su funesto 
ejemplo! Aunque no hiciéramos mas que dete- 
ner á uno en el borde del abismo , debemos ha- 
blar dos palabras en un periódico dedicado á la 
educación y bien estar délas familias , de esta 
fatal disposición del hombre desgraciado ó cul- 
pable á quitarse la vida.. 

La opinión que condena el suicidio debe ^pre- 
valecer sobre cuantos sofismas han inventado 



( ,3 > 

Montaigne y otros secuaces qríe no pneden fas- 
cinar al hambre que conserve el uso de su xa-* 
zon. Todo ^hombre sensato se declara contra ¿I 
suicidio en nombre del autor dé todas las cosas, 
que nos ha indicado el puesto que debemos ocu- 
par sobre la tierra y que no> podemos abando- 
nar sin sti voluntad. En nombre de la natura- 
leza cuya obra mas preciosa nadie tiene dere-? 
cho de destruir; en nombre* de la humanidad 
que se horroriza de la efusión de sangre de los 
hombres; en nombre de la patria á la qué él 
suicidio priva de un apoyo que se le debe en- 
teramente; en fin, en nombra de la moral que 
condena el suicidio como dirigido á la destcuc^ 
cion y aniquilamiento de la familia en que se 
verifica taldesgracia. ¡ 

Por rigurosa que sea nuestra! suerte no debe- 
mos preci pitarnos en un abismo para evadirnos 
de ella sino tentar todos los medios de mejorarla^ 
En el primer caso4iqe Charron que hay vicio 
de cobardía é impaciencia porque es ocultarse y 
aniquilarse para no sentir los golpes de la fortu-- 
ana. El verdadero dolor nunca debe ceder; los 
niales y ios dolores son sus alimentos. Mas cons-* 
tancia se requiere para desgastar la cadena que 
¿os retiene quedara romperla , y hubo mas fir~- 
meza* eá Régulo que en Catón. Horacio decía 
que si el universa todo estallase veria intrépi- 
do á las ruinas desplomarse sobre él. Otras mu* 
ehás consideraciones hay para- retraer del sui-? 
cidio. Ai que tuyiese tentación de perpetrarte: le 



diriamos : ¿Y qué has sido colocado sobre la tier- 
ra para no hacer nada? ¿no tienes deberes que 
llenar? Que respuesta darás al supremo Jaez que 
te pida cuenta de tu tiempo ¡ desgraciado ! Bds-5 
carne á uno que se alabe de haber ya llenado sus 
deberes sobre la tierra para que yo le pregunte 
en qué términos ha vivido pues se cree con de*» 
recho para abandonarla, 

"Cuentas los males de la humanidad y di-» 
ees la vida es un mal;" pero mira,; busca en 
el orden de cos&s algún bien que no llevé con-* 
sigo muchos males, ¿Por esto se ha de decir 
qne no existe un bien en el universo y se har 
de confundir lo que es malo por su naturas 
leza con lo que es malo accidentalmente? .La- 
vida pasiva del hombre no es nada pero la ac-* 
tiva es la que influye, en todo $u ser* La vi- 
da es un mal para el malvado qué prospera* 
y un bien para ei ju$to desgraciado y porqué 
no es una modificación pasagera sino su rela- 
ción con el objeto, 1© que la hace buena o 
mala. 

Te fastidias, de vivir y dice*; "La vida e$ 
un maF* V Tarde d temprano hallarás consuelo 

}r dirás la vida es un bien.'* Efttonces dirás 
a verdad sin raciocinar mejor porque en tí 
solo habrá existido la mudanza, jQambia desde 
hoy y< puesto que en la mala disposición de 
tu alma existe el mal, corrige tfts afectos de-* 
sarreglados y no abrases tu casa por no to-* 
marte la molestia de componerla. 



< 15 > 

¿Qué son áiétj veinte, treinta anos para 
un ser inmortal? La pena y el placer pasan 
como una sombra, la vida transcurre en un 
instante, el mérito depende de su uso, y sola 
las buenas obras permanecen después y la hat- 
een valer eternamente. No digas que es un mal 
para tí el vivir puesto que de tí depende el que 
sea un bien , y si es un mal el que hayas vi- 
vido no digas por eso que te es lícito morir, 
pues es lo mismo que si dijeras que te es lí- 
cito revelarte contra el autor de tu existencia. 

Ei suicidio es una muerte furtiva y vergon- 
zosa; es un robo hecho al genero humano, al 
que se le debe volver cuanto se le debe antes 
de abandonarle. Pero dices: "Yo no sirvo de 
nada, soy inútil en el mundo." Filósofo de un 
di a , ¿ ignoras qm no puedes dar un paso sin 
encontrar alguna buena obra que hacer , y qute 
todo hombre es útil á la humanidad en el mero 
hecho de existir? 

Insensato , si te queda en el fond^ del corazón 
algún sentimiento de virtud, ven á aprender á 
amar la vida. Cada vez que pienses* quitártela 
di interiormente ; Es preciso qm yo haga algo 
buena antes de morir, y Vé en busca de algún 
indigente desgraciado ú oprimido á quien so*- 
corras, consueles ó defiendas. Si esta coriside4- 
racion te retiene hoyóte retendrá mañana, pa- 
sado mañana, toda la vida. Si no te retiene 
muere, que eres un mal vado.... 

Cuando ocurre algún suicidio en una fami* 



lia , parece injusto el hacerla objeto de ddio¿ Es 
castigar al inocente por la falta del culpableí 
que ya habrá dado cuenta á Dios. Demasiado 
digna de lástima es una familia por la pérdida 
de uno de sus miembros sin atribuirla después 
hna especie de infamia por un hecho que no ha 
estado en su mano prevenir ni remediar* 



El buen muchacho forma el hombre honrada* 



El juicio que formamos de una persona du- 
rante los primeros años de colegio nunca se 
borra de nuestro espíritu^ Después de haber 
perdido de vista á un companero de estudios , si 
le volvemos á encontrar en el curso de la vida 
le juzgamos según la opinión que formamos de 
él en la infancia. Nuestra estimación ó despre-* 
¿io, admiración ó indiferencia, amistad ó ahorr 
recimientó dependen del recuerdo que de él con- 
servamos. En vano las circunstancias y la edad 
habrán modificado la naturaleza, y le habrán 
feécho muy diferente de fcomo: le hemos conoci-r 
do, la impresión antigua permanece y se bor-r 
rara muy difícilmente. Los padres y Jos mis- 
mos hijos deben siempre reflexionar que la conr 
ducta de ¿los, primeros anos tiene mas imporr 
iancia de la que se le supone. Como sus condiscír- 
pulos de hoy han de ser sus conciudadanos de 
maña, sus defectos no solo le perjudican en lo 



m 

presente sinp que preparan su buena ó mala 
reputación en el mundo. Si quiere mastarde ver 
honrada su existencia es preciso que se prepare 
desde ahora para encontrar en todas partes ros- 
tros alegres y manos amigas. Cuando se estu- 
dia se echan los cimientos de la buenalfama 
porque como dijo un celebre autor: r El buen 
imuchacho es un hombre de bien que no ha lle- 
gado á su perfección. 91 




(i 8) 

MARÍA ANA, 
ó un corazón stnsiíle f merece ser feliz. 



Mucho me alegrara que mis lectorcitos hu~ 
iieraii podido conocer á la joven Marianita. 
Era hija única de un polire labrador del Con- 
dado de Cantorbery en Inglaterra, y apreciada 
de todos cuantos la conocían, especialmente de 
Madama Stamford que la convidaba á su casa 
muchas veces para que jugase con su hija 
Edith , que era del mismo tiempo que María- 
pita. Al cabo de algunos días se cobraron tanta 
cariño que no podían estar una sin otra. 

Marianita no perdía ocasión de mostrarse 
agradecida á las bondades de Madama Stam- 
ford y mostrar á su hija el cariño que la tenia, 
y no dejaba de irla' á visitar por mal tiempo 
que hiciese. Habiendo estado indispuesta unos 
diáis, fue á verla una mañana y estuvo esperan- 
do largo tiempo que una criada la introdujese al 
gabinete de su amiga. Ya empezaba á inquie- 
tarse por la soledad y silencio que reinaba en la 
casa cuando vid llegará la doncella muy agita- 
da. "Señora, la dijo Mariana , tenéis la bon- 
band de decirme ¿ donde se halla mi amiguita 
Edith? — Si venias para jugar con ella, res- 
pondió, debias haberlo hecho hace tres dias 
porque hoy no está visible." — Mariana al oir 




& ¿ortwtTKy je??¿i/¿rfe mwe&e> ¿er fewz 




(.6) 

estas palabras que parecían una reconvención 
contesto: — "Yo no he podido venir mas antes 
porque he estado mala." — ¡Habéis estado en- 
ferma ! pues la señorita lo está ya hace dos días 
y me temo que no' pueda levantarse en muchos 
mas porque t ene unas viruelas qué la devoran. 

— ¡Ah! esclamó Mariana toda conmovida: 
j La señorita Edith está enferma ! ¡ La señorita 
Edith se morirá! y empezó á correr fuera de sí 
por las salas hasta que encontró á Madama 
Stamford y la dijo llorando; *-- Señora, permi-* 
tidme que vaya al lado de vuestra hija, deseo 
verla y hablarla, no me rehuséis esta gracia.'* 
Madama Stamford quiso en vano hacerla de-r 
$istir de su idea porque voló al aposento de su 
querida Edith. 

Dios mió, dijo acercándose á, su lecho y to- 
mando una de sus manos, ¡en qué estado os en- 
cuentro! Yo no me quiero apartar 4e aqui un 
momento, quiero cuidaros de dia y velar de no- 
che á vuestro lado. Edith apretándola la mano 
la aseguró que sus cuidados la serian muy agra- 
dables. 

Como Mariana era una niña muy bien cria- 
da se acordó de que no podia satisfacer su deseo 
sin haber pedido licencia á sus padres , y .con la 
aprobación de Edith marchó volando á obte- 
nerla. Al cabo de un cuarto de hora ya estaba 
de vuelta con la licencia? concedida y trayendo 
debajo del brazo un atadito con su ropa. Hizo 
una enfermera escelente , pues no se apartaba 



dé la cama ñi de diá ni de noche : cuando Edith 
sintiéndose peor* se áfligia Mariana la consoláis 
--* Animo, la decia, la enfermedad va siguiendo 
su curso acostumbrado y en breve estaréis bu®* 
ña : voy á cantaros una canciocita. 

Cuando Edith se levanto de la cama pregun^ 
tó á su padre qué baria para manifestar s a 
agradecimiento á Mariana. Mr. S^amford que 
eslaba lleno de alegría por el Establecimiento 
de su hija, la dijo que no tuviese cuidado por 
eso, que de sii cuenta corria el recompensar üá 
solo á aquella amable criatura sino á sus pa- 
dres que la habían dado tan buena |educacion¿ 
Empezó por darla dos vestidos sin estrenar di-* 
ciéndola al mismo tiempo: --"Mariana, tá me 
pareces muy buena muchacha. Estoy muy sa-- 
tisíechodel cuidado qué has tenido de Edith \ si 
quieres venirte á vivir con ella, esto la dará 
mucho gusto , y yó cuidaré de tí toda la Vida.** 
Mariana manifestando su alegría le dio mii~ 
tibísimas gracias y aceptó stt oferta ; : pero al 
mismo tiempo se le saltaron las lágrimas*- ''¿Que 
significa esto querida? la dijo Mr. Stamíord; ¿a*3# 
Só os aflije mi -proposición? ,? - n Yo os pido per- 
dón señor, respondió Mariana, es muy Hsóil^ 
jera para mí. Lo qué me aflije es pensar qué yb 
Seré feliz mientras quémis padres nunca saldrá» 
de la miseria;— Todo al contrarió^ replicó Mr. 
Stamford, ya no se verán más en ella, Voy á 
establecerlos en una de mis posesiones cuyo ar* 
rendador ha muerto viudo y sin*hijo& Ye cor# 



riendo á dectf á tus padres sí íes gusta este 
plan para realizarle al momento." — Mariana 
sin detenerse mas que el tiempo preciso para 
agradeced ¡esta generosidad corrió á anunciar á 
sus padres esta buena nueva sin decirles hasta 
lo último, lo que le pertenecía á ella; la felici- 
dad de los demás interesa a una persona sensi- 
ble mas que la suya propia. 

Desde entonces la felicidad embelleció los 
dias de toda la familia. Los padres de Edith no 
*e cansaban de dar gracias al cielo por el com- 
pleto restablecimiento de su hija. Esta se halla- 
ba loca de Contento por tener a su lado á su 
amiguita. Mariana esperim&ptaba igual satisfac- 
ción mucho mas al considerar asegurada la 
suerte de sus padres , y que ya no tenían que 
temer la indigencia ni ellos, ni ella tampoco. 
Toda esta felicidad fue debida a la bondad del 
corazón y afable sensibilidad de Marianita. 

Ninas mías no olvidéis nunpa ¿ que habéis na- 
cido mas para los demás que para vosotras mis- 
inas , que el buen corazonde Marianita hizo la 
felicidad de sus padres y la suy# propia. 



INSTRUCCIÓN PRIMARIA. 



.f». 



Escuelas de enseñanza rhütítá. 

Para demostrad las Ventajosas Módificacióné» 
que de veinte años á esta parte se han adoptado 
eri nuestros hábitos sociales, basta citar las é$^ 
cuelas de primera educación. Lá ñsbnóiñia del 
maestro y dé loáf discípulos , el aspefcttf dé lá es* 
cuela, las mole$tias y los placeres de los príttíe* 
tos estudios , todo' ha ¿amblado. \ 

La pesadez del alfabeto y delétfecí, la confu~ 
siort dé muestras y de pupitres, movibles triri-* 
cheras detrás de las oíales se pintan muñecos, 
se sacude cachetes y sé hace gestos, las manza-¿ 
toas y caramelos comidos á la sombra protectora 
del libro, los sobresaltos, los terrores pánicos á 
la menor voz del maestro, al menor movimiento 
de su férula ó de su bufete cubierto de badana 
salpicada de tinta y surcada por el filo del cor- 
taplumas; he aqui nuestros recuerdos de escuela, 
los mismos que nuestros abuelos han conocido 
y han contado á nuestros padres. Hoy dia ha 
variado mucho la cuestión. Una escuela según 
el sistema de enseñanza mutua es un vasto sa- 



(*3) 

Ion silencioso como la nave de una iglesia, loi 
bancos simétricamente colocados están fijos en 
el suelo. Todas las miradas están fijas en el maes- 
tro que desde su sillón domina la clase y com- 
prime todas las tentativas de juguetear. Ocho ó 
diez niños bajo sus ordenes, tenientes sin cesar 
renovados, vigilan con gravedad en todas las 
filas para mantener el orden, el silencio y la apli- 
cación. La vida de la escuela se ha hecho seria 
y atenta como lo es en nuestra época la vida del 
mundo -esterior; esta es una preparación que nos 
ha faltado y que esplica en parte la tristeza que 
reina en la gravedad precoz de nuestra adoles- 
cencia. 

Esta revolución que ha empezado en las es- 
cuelas primarias de enseñanza mutua se mani- 
fiesta ya encías simultáneas y agita sordamente 
á las individuales. La primera escuela de ense- 
ñanza mutua abierta en Francia fue dirigida 
por Mr. Martin bajo la protección de la socie- 
dad de instrucción elemental fundada en París 
en el mes de junio de i8i5, y que desde esta 
época no ha cesado de proseguir su obra y es- 
tender su influencia propagando la enseñanza 
mutua no solo en Francia sino en los reinos es- 
tranjeros como Rusia , Dinamarca , Suecia, 
Grecia, América del Sad*'y«-.Senegal, introdu- 
ciendo nuevos métodos de leer , escribir, arit- 
mética, dibujo, grabado yjnusica^ abriendo es- 
cuelas de adultos y concursos para la composi- 
ción de libros populares. Finalmente, estableeien- 



dtf en "París una escuela dejiiños, otra de niñaá 
y otra* de'adul tos. 

Por el me'todo de enseñanza mutua se ense-* 
ñan la lectura , escritura * aritmética , gramáti- 
ca , dibujo, linear y la música ó canto. Eñ el día 
se trata de la aplicación de este me'todo á la en- 
señanza déla geografía; Eft las escuelas de niñas 
se reemplaza el dibujo por la costura y bordado. 
Para propagar las escuelas dé érisenafizá iíiútua 
se éfívia á las escuela^ rtiodelos de Pañis ó de 
Londres un preceptor ó un joven instruido y ca- 
paz de fortificarse en ciertos estudios que á pesar 
de ser útiles no están muy difundidos, y al mis- 
mo tiempo ponerse al corriente del método. Guan^- 
do está fundada ya laesciielacuesta muy poco ha- 
^er que sirva para adultos por la noche y despüefc 
que han salido los niños. Solo resulta un poco 
mas de gasto á causa del alumbrado y de los 
objetos que se consumen ó destruyen 'con el uso. 
Sin embargo de que las escuelas mutuas son 
algo costosas de plantear, se haíi propagado tañó- 
lo en Francia que en i83i se contaban 5o, 7 9$, 
siendo casi todas escuelas de niños. Esta desi*- 
gualdad se esplieá muy bien si se consideran las 
preocupaciones que por mucho tiempo han he-- 
cho mirar la educación de las mügeres ftb solo 
como inútil y toSa de lujo sino como peligrosa 
y ridicula. La legislación no puede ejercer su 
-acción eficaz contra las preocupaciones hasta 
-que estas empiezan á debilitarse , y habiendo 
guaráado sifénéía sobré esté particular <se ha li- 



mitarlo á favorecer la propagación de las escue- 
las de niños según sé ha manifestado mas ó me- 
nos el deseo público» 

La instrucción y la educación. 

La educación sé fcompone d$l conjunto de 
medios empleados para foPíttár un corazón y un 
carácter, y es laque forma al hombre moral. Lá 
instrucción es una de sus partes que se dirije 
al espíritu.. mientras que la educación compren- 
de la dirección de las demás facultades. Con la 
instrucción se sabe mucho, pero con la educa- 
ción se aprende á portarse bien, y he aqui una 
inmensa diferencia; Nada hay mas peligroso que 
u« hombre instruido si es vicioso; porque pone 
á contribución todos sus talentos en beneficio de 
slis pasiones; Si a uii hombre que puede emplear 
malísimamente sus conocimientos, se le aumeq|- 
tan estos, es lo mismo que si aun asesino se le 
enseña a servirse hábilmente dfcl puñal; de aquí 
Je resultará una; gran facilidad para hacer daño. 
Este pensamiento no debía apajrta^e de la ima- 
ginación de los encargados de la educación de 
los niños; que no basta instruirlos para que S£r 
|>aii hacer su papel en el mundo, sino que es 
«preciso desarrollar en ellos ¿ favor de una büe^- 
na edatacion los sentimientos generosos que los 
- han de hacer dignos de representar su papel. 
Instruidos lo conseguirán; hien educados s^rán 
felices. 




HISTORIA NATURAL. 



El pueblo desconocido* 



Enrique. Papá, al leer los libaos de historia 
inatural y al escachar las cosas tan bonitas que 
V. nos refiere en sus lecciones , cobramos mucha 
afición al íestadió de la iiataraleza; pero al mis*- 
ino tiempo inos ha ocurrido una reflexión qde 
nos desanima muchísimo. 

El padre. Sepamos lo tjue vosotros habéis 
reflexionado, que tanto os desalienta. 

Enrique. Decimos que para participar del 
mismo entusiasmo de 'T¡& y para^que la natura- 
leza nos pareciese tan brillante y variada como 
se nos pinta, era preciso viajar mucho y admi- 
rar las cosas en el propio pais á que pertenecen, 
pues sin salir de Madrid nunca podremos for- 



mar una idea verdadera de las producciones na- 
turales. ? - : 
i, Alejandro. -Precisamente] las cercanías de la 
capital son tan áridas, tan silenciosas y tan es- 
casas de vegetación, que ni|in vitan á este es- 
tudio ni hay en que ejercitarle. 

Eugenio. »Yi¿ precisamente Jia de haber^si- 
lios amenos y deliciosos copnp los que se nos 
pintan en los-, 1 ibros. Allí «, aljí r J* e estudiará con 
gusto ^ y allí fci, que la najtufaljeisa -se ostentar^ 
con toda su variedad y hermosura, _ .. , 

Elpadre. Está jnuy hien y yo n¡ie ha)lpejj 
-disposición de satisfacer vuest/ps dese 0S quenp 
son del todo ínftindajlos. Yosot^ps q^ie tenéis 4 
nuestra disposición el gabinete de historia na- 
tural, latasadfe las fieras y el jardín botánico, 
sois mas felices que ptros muchp^ joyenesqa^ 
tendrán el mismo deseo ele aprender y se veni 
privados de estos recursos, ^onvejigp con voso- 
tros en que un viaje hecho con fruto, es un 
ausi lio m uy podjerosp para los conocimiento^ 
de historia natural ; pero antes es preciso haber 
estudiado: antes d§ que pensaseis en ir a cor^ 
rer mundo quisiera yo que estuvieseis seguro? 
de haber vi§to bien cuanto tenéis ai rededeyr. 
Asi en tanto que pueda responder a vuestra pe-? 
ticion de ; un triodo mas satisfactorio, voy á 
manifestaros sin necesidad de emprender im 
largo viaje f ¡ uua. infinidad, £§ ymaray illas que 
sin duda se habrán escapado* á vuestras obser- 
vaciones. 

■ 



Eugenio: ]0h! y con cuánto jgnsto le vamosr 
á, escuchar á V. 

*'■ Él padre: Nó solo me habéis ñe escachar 
sirio que habéis dé ver con Vuestros mismos ojos 
'tibias que éscedan en tttuchó á Vuestra imagi- 
nación. 

^Enrique. ¡Garfio nos divertiremos al obser- 
var cosas tan pfédosas! - 

Til padre. Se trata de uflbs seres numerosos 
ijtte á úñ lüisfrió tiempo corren velozmente sobre 
la tierra, se elevan en los aires sostenidos por 
ilélicadas alas é intrépidos navegantes sin piloto 
Sf sin brújula , Se zambullen en las aguas, ava*- 
ifcaii, retroceden'* y giran en todos sentidos. Así 
pueden burlaf los ataquen de sus enemigos fá 
Jésár de qué Si íjüiereh defenderse lo pueden 
hacer ventajosamente valiéndose de las armas 
í^üe cada uñó lleva consigo; Mardiari protegi- 
dos de ' escudos | corazas , morriones * espadas, 
übces, sierTa^V puñales, lamas y venablos en 
todas direcciones. Tienen garfios acicalados , te«* 
liazas y cuchillas para despedazar los miembros 
tlé sus adversarios. Manejan estoques empapa- 
dos en sutil veneno, que dá pronta muerte á sus 
adversarios y algunos despiden un ácidoardien»* 
te que devora cuanto alcanza. 

Enrique Pues entonces , ¿quién se ha de ar-* 
rimar á esos Señores? 

El padre. No creáis por ese que infundan 
horror. Sob generalmente pacíficos^ y la mayor 
parle de ellos han sido criados para el placer. 



(n) 

Algunos exhalan perfumes esquisitos y el grata 
aroma de las fl(>re£. Otros despiden en la os-* 
caridad mas profunda una luz resplandeciente* 
¿Y qae' os diré, yo de sus vestidos? solo vién- 
dolos podéis conocer su pompa y magnificencia. 
Los hay bordados tan sutilmente y con, tale? 
matices en los colores, que ni aun por encanto 
pudiera hacerse una cosa igual Hay trajes cua- 
jados de esmeraldas, rubis, sáfiros y amatistas 
del gusto mas refinado , túnicas y uniformes en 
los que el oro , plata , coral y brillantes se aglo- 
meran , se mezclan y constituyen un mosaico 
de inesplicable armonía desconocida entre lo$ 
hombres. , . ^ 

Eugenio. Pero diga V. r ¿ son todos reyes y 
poderosos en ese pueblo? 

El padm. JSo sp os pase e^o por la imagina^- 
cion. Las clases inferiores, hasta los mas simples 
artesanos; van testigos de seda, purpura y ter- 
ciopelo, y Jos cascop de los soldados rasos yaii 
adornados de ondeantes penachos ^de una rique- 
za singular. Este fausto no produce discordias 
ni confusiones porque es involuntario. Todo tU 
inundo nace vestido de pies á cabeza , con su 
<raje pecujiar, el mas cpmqdp y adecuado, por 
consiguiente á la naturaleza son deudores de sus 
riquezas , ; y en esta parte todqs son igtiales. 

Todos. ¡Qué cosa tan prodigiosa ! 

El Padre. Esperad que no es eso lo mas 
prodigioso,, A,un me Jaita referir muchas de sus 
yentajas y en que términos saben aprovechar 



r (3ó) 
los materiales 1 de lar creación AlgtíhbSf saben es-% 
fiftér de ios vegetales un néctar delicioso que 
elaboran y depositan én celdillas simétricamente 
colocadas, y otros tejen, hilan y trabajan coft 
uña delicadeza esquisita qué \ tace hasta en sus 
¡menores obras. 

Eugemo. ¿Con que'tambien saben practica* 
jnuestras industrias y los instrumentos para 
tilo? 

El Padre. En sí mismos los llevan, y desM- 
pues de lo que ya os he referido , ^lió era de su- 
poner estuviesen privados de esta ventaja. Sier¿- 
ras, taladros, palas, picos, azadones y otros 
varios instrumentos emplean en la sabia econo- 
mía de su arquitectura, orden científico de sus 
fortificaciones, y recursos inájpredables de su es- 
trategia. Tambiéti cazan y pescan con singular 
destreza. 

Alejandro. Y no tienen algun defecto en 
cambio de tantas ventajas. Puede que sus sénti*- 
dos no sean tan perfectos como los nuestros. 

El Padre. Guárdate de hacer la compara- 
ción porque sériá niuy humillante para noso- 
tros. A veces suelen ser víctimas por la misma 
perfección de sus órganos. Perciben el menor 
ruido á larga distancia, y su taétó frecuente^ 
mente ejercitado há adquirido est rema sensibi¿ 
lidad. Sus ojos están puestos ál abrigo dé todos 
los accidentes esteriores por una córnea sólida 
y diáfana al mismo tiempo. Están dispuestos dé 
tai modo que abrazan á un mismo tiempo toda 



(3i) 
la circumferencia del horizonte , y m órbita rc^ 
gularmente tallada en facetas percibe los obje- 
tos por medio de una increíble multitud de vi- 
suales divergentes ? de las cuales cada una suele 
escitar una nueva sensación» En frn, es preci- 
so verlos vivir entre ellos para saber admirar 
sus muchas perfecciones. 

Eugenio. Pues yo lo he de ver sin remedía 
ninguno. 

Los otros niños* Y nosotros también.... va- 
mos, vamos. 

Enrique. ¿Pero adonde se halla ese pueblo 
desconocido? ¿ Habrá que ir muy lejos tal vez? 

El Padre. Ya os he dicho que ahora mismo 
podemos verle si queréis. Esta gente se halla 
en todas partes, en la tierra que pisamos, en el 
aire que ahora se respira y en el torrente que 
baña nuestras praderas. Habitan el cáliz de la 
flor que acaba de abrirse y la gota de roció que 
tiembla golpando de sus petalos. Giran con 
blando susurro sobre la arena y el césped del 
jardín se mueven y revolotean á los; rayos del 
sol. 

Yo os he hablado de los.... insectos H! 

No creáis que la pintura que de ellos acabo 
de hacer sea imaginaria: todo ai contrario , me 
he quedado muy corto en su descripción a la 
que aun pudieran añadirse mil particularidades 
interesantes. Pudiera citaros muchos insectos 
dotados de tan preciosas cualidades, de las que 
siempre resultan al hombre mas ó menos ven- 



tajas. Vosotros ya tenéis noticia de Jas ta¥<*$# 
laboriosas del gusano de seda y del producto 
útilísimo de los meloes, kermes y cochinillas;. 
¡No hace mocho que os hable de Ja admirable 
armonía que preside á los trabajos de las hpjr-r 
migas , y otro tanto y aun mas puede decirse de 
las abejas. ¿Y que' os diré yo de la estraña con- 
figuración de los mantis, orden y arreglo délos 
termites y claridad fosfórica de los lampiris? 
Los cerambis despiden uña fragancia deliciosa, 
y cuantas veces las inconstantes mariposas os 
han hecho correr en pos de ellas por el prado, 
atraídos de la vivacidad de sus colores, Las car 
sidas, crisamelas, los buprestes y otros co- 
lopteros ostentan en su traje todo el cambiante 
y reflejo de las piedras preciosas. La naturaleza 
se mezcla en la clase de los insectos cqh tanta 
profusión y variedad que la vida del hombre es 
corto te'r mino para conocer y profundizar todos 
sus detalles. He aqui lo qne siempre ha hecho 
tan interesante esta numerosa clase de los insectos 
y por lo que tantos sabios se han ocupado en su 
examen y clasificación. Vosotros aupque prín~ 
cipiantés debéis hacer lo mismo y y yo no en- 
cuentro campo ni mas risueño ni mas vasto 
que ofrecer a vuestra curiosidad natural, y al 
vehemente deseo que os anima de adelantar en 
este estudio. (F. Fernandez, Vülabrille.) 



"■■■ ■'■' 



'» > " M »f »' 



EDUCACIÓN PRIMARIA, 




Xo5 niños agricultores* 



Hace ya mucho tiempo que se enseñan a los 
niños del campo los preceptos de la religión y 
la moral; también se les proporcionan mal ó 
bien algunos conocimientos elementales de lec- 
tura, escritura y cálculo á los que se añadirán 
algunas lecciones de geografía, historia natural^ 
civil y dibujo. Después de estas nociones enviar 
rán al aprendizage á los que se destinen á las 
artes mecánicas, ¿como sucede que la agricultura 
no entra en este plan de instrucción elemental? 
¿Cómo concebir que este arte de primera nece- 
sidad, tan poco adelantado en España, no sea 
objeto en las provincias de un curso seguido, 
tanto mas útil cuanto que alli con facilidad pue- 
de reunir la práctica á la teoría? Acaso la agri- 
cultura debe enseñarse solamente en los libros 
y en las grandes ciudades? ¿no debia haber en 
cada provincia una escuela práctica elemental 
de agricultura y una granja de labor que sir- 
viese de modelo? 



(34) .., , 

El establecimiento de una posesión que sir- 
viese de modelo es una idea feliz que algún dia 
Se verá realizada; pero con algunaf dificultades 
no solo por los gastósjque originara siúo porque 
falta saber en el estado «actual de los espíritus 
si los cultivadores querrian incomodarse para 
ir á visitar la posesión modelo; y aun suponien- 
do que fuesen si sé hallarían en estado de en- 
terarse de los procedimientos que les esplicasen 
y el examen que hiciesen» Se puede añadir que 
siendo diferente el método de cultivar según las 
diversas localidades ó naturalezas de terreno^ 
el establecimiento dé una sola posesión no seria 
suficiente para los progresos agrícolas. 

Es preciso instruir á los habitantes del cam- 
po casi á pesar suyo, sin que lo echen de ver, 
inspirarles el gustó de las mejoras, y sobre todo 
convencerlos. Es preciso hablar á sus sentidos, 
que la miren, remiren, y examinen de cerca, 
que hagan sus cálculos y sus esperiencias. Me 
parece que sé llenarán estas condiciones crean- 
do en cada pueblo una escuela la que tenga él 
nombre que quiera será destinada á ia ense- 
ñanza de la agricultura práctica. Seria elegido 
para director el labrador mas hábil de la co- 
marca asegurándole ciertos honores y una retri^ 
buciori fija. 

Este proyecta parece dispendioso y gigantesco 
y sin embarga es de fácil ejecución si se desti- 
nase una corta porción de terreno del pueblo 
bien baldío ó de arrendamiento el que se podia 



(35) 

ensanchar con el tiempo según las localidades y 
las ventajas que se obtuviesen. Lo demás se 
haria por medio de brazos, bien débiles á la 
verdad pero activos y numerosos , hablo de los 
ijiños de escuela, trabajando bajo la dirécion de 

sus maestros y asistidos del hábil labrador cu- 

•> ... , 

ya elección hemos propuesto. Los esfuerzos in- 
dividuales de estos niños se^án poca cosa; pero 
en matsa ofrecerán p\ espectáculo y los prodigios 
de uj* ^njambre de abejas, 

Empezarán por cavar y aderezar sxj. peqae- 
§? propiedad; reunirán p<>r el otoño y d in- 
vierno, las semillas y hasta los huesos de la 
fruta que coman para sembrarlos á la prima- 
vera. Aprenderán á plantar, cuidar, podar e 
ingertas los árboles, Para ofrecerles bien pron- 
to algunos resultados que los animen y cauti- 
yen su atención, se empegara por plantar al- 
gunos álamos de Italia que creciendo muy pron- 
ta íes causaran un placer infinito. Ai lado del 
plantel habrá un campo pequeñito para hacer 
ensayos y esperiencias dé cultivo menos costo- 
sas, y que hayan sido recomendadas en las obras 
de agricultura, 

lie aqui to$o mi proyecto. Veamos ahora Iof 
resultajdos que espero obtener; Seguramente se- 
rán lentos y casi imperceptibles en los prime- 
ros años,- pero cuento con el tiempo y no deses- 
pero de nada; y aunque piis muctiaclíós de ocho 
á trece, años no produzcan grandes resultados, 
producirán á lo menos ventajas incontestables* 






L 



En primer lagar, asi que los niños conozcan 
el valor de un árbol y lo que cuesta «1 cultivó 
de una buena tierra por las fatigas y cuidados 
que esperimenten en sí mismos , perderán ése 
espíritu de destrucion que les es tan natural y 
les induce á asolar los campos arrancando todo 
cuanto les viene á.Ias manos. 

Sustraídos asi á la rutina y a las prevencio- 
nes , estos discípulos cultivadores ; ? se acostum- 
brarán á multiplicar los ensayos y adiriitir to- 
dos aquellos que les ofrezcan ventajas positivas. 
TJh buen resultado traerá otro en pos de sí, se 
aficionarán al trabajo, tomarán gusto á las la- 
bores agrícolas , con la edad este gusto se per- 
fecionará y se irá acrecentando á medida que 
las cosechas .y los goces se aumenten. Cuando 
sean hombres acabarán en grande lo que de 
niños han empezado en pequeño, y al cabo de 
una ó dos generaciones todo el pueblo será emi- 
nentemente agrícola; sera instruido, ilustrado, 
dispuesto á todas las mejoras que quieran indi- 
carles á mas bien inventarán y hallarán otras 
por sí mismos. 

Aunque parece que aqui no se trata mas qué 
de niños, estos impelerán á sus padres á las nue- 
vas ideas y por medio de la educación primaria 
se conseguirá completamente lo que por la apa- 
tía d otras causas no se consigue por las aren-r 
gas y exhortaciones de los libros. 

(& concluirá) 



f% l r\ r 'y i" 




'.*... 




DE HEROÍSMO. 



i 

i m it iM i 



El que haya leído las historias de Áquijes, 
Alejandro y Carlos XII sin duda habrá quedado 
admirado al oir las acciones estraordinarias de 
estos tres príncipes , que por una de aquellas 
contradiciones comunes del espíritu humano 
han .adquirido impropiamente el nombre de 
.h^'r^e^. Porque si analizamos á la luz de la ra- 
zón los males q^e sus proezas causaron á la hu- 
manidad y los motivos que los animaron en sus 
grandes y peligrosas espediciones, quizá vere- 
mos que no son acreedores á título tan honroso. 
En efecto, el primero fue un hombre violento, 
.feroz, colérico y vengativo. Embriagado el se- 
gundo de un amor desmedido de gloria , se 
abandonó á los delirios de un orgullo insensato, 
fue esclavo de los mas torpes placeres, y no tu- 
vo reparo en .derramar la sangre de algunos 
millares de hombres cuando se trató del logro 
de sus antojos. El ultimo fue cruel , obstinado, 
caprichudo, y prefirió arruinar su reino á la 
humillación de abandonar uno dé sus estrava- 



gantes proyectos. Dé siqíu se infiere que la va- 
nidad y el amor propio fueron el único móvil 
de sus acciones , y él hombre que obra por es- 
tos principios no merece él título de héroe* Las 
obras que á mi entender constituyen él verda- 
. dero heroísmo son aquellas que sojjré necesitar 
un esfuerzo del corazón nó ofrecen premio al- 
guno al que las ejecuta ni le proporcionan glo- 
ria ni aplausos. Si las batallas Se diesen á os- 
curas, dice un autor y creo que habria me- 
nos valientes i y yo me atfevo á añadir que si 
se supiese que las hazañas y 1t)S ictós de gene- 
rosidad habian de queda? ocultóá* habría muy 
pocos hombreé generosos. Guando Mücio Scé-*- 
vola pone lá manó en la llama/Guando Gua- 
ció se arroja con intrepidez a la siíná?V y 
cuando Regulo fiel á su palabra vuelve á €Sár- 
tago todofs tienen á la vista la áprol^tcfioft 
de sus conciudadanos, lá fama dé Su tíómb^éjr 
la admiración de su posteridad. Y si á ésftjs 
hombres que éspusiéron Su vida éti fuerza dé 
tales alicientes los honramos éorí el títbílo de 
héroes, ¿cómo llamaremos al qué sin íénér se- 
mejantes estímulos se vence 6 sí tíiistño en tér^- 
mifros no solo de perdonar á su enemigo sino 
dé espóner la vida por él y perderla ? La anéc- 
dota siguiente nos presenta Un ejemplo dé se^- 
mejante generosidad en una acción de qué quizá 
no hubieran sido capaz Áquiles, Alejandro ni 
Carlos XII, y tan gloriosa como las de los Ser- 
vólas , Régulos y Gureios. 



(39) 

Darán te el sitio de JNamur al principio del 
siglo pasado cuando la guerra de las potencias 
aliadas contra la JFrancia hubo en el regimien- 
to del coronal Hamiston un sargento cuyo nom- 
Jbre era Union, y un soldado raso llamado Va- 
lentín. Estqs dos militares hablan sido rivales en 
amor, y de resultas de sus particulares desave- 
nencias se habían hecho enemigos irreconcilia- 
iles. Uni<m que era de la misma compañía de 
Valentín no pprdia ocasión alguna en que pu- 
diese mortificarle y manifestar su encono, y 
aunque Valentín lo sufría iodo con resignación 
np dejaba de decir á menudo que perdería gus- 
toso la vida con tal que pudiese vengarse de su 
opresor. Había ya algunos meses que vivían de 
esta suerte, cuando un dia se hallaron los dos 
en el ataque del castillo , en cuja ocasión ha- 
biendo hecho los franceses una salida recibió 
Union un balazo en un muslo que le derrivó en 
el suelo, y temiendo que los franceses, que por 
todas parles cargaban á los aliados, le arrolla- 
sen y acabasen de quitarle la vida , acudid á su, 
enemigo diciendo: ¡ Ay Valentin! ¿Será posi- 
ble que me abandones en este lance ? Valentin 
al oír su voz corrió á donde estaba su rival, y 



cargando con él en hombros sin hacer caso del 
$uego del enemigo le llevo valerosamente hasta 
Jas alturas de la Abadía de Salsina, Alcanzóle 
_alli por desgracia una bala de canon , y sin to- 
„car al sargento le dejó muerto debajo de su ene- 
migo , a quien acababa de salvar. Olvidándose 



, 



este entonces de su herida se levanto como 
sesperado, y abalanzándose al cuerpo destrozan- 
do de Valentín, se estuvo un bfévfe rato abrazan- 
do con él , hasta que rompiendo un silencio mil 
veces mas éspresivO que las lágrimas y los ge- 
midos, prorrumpid en estos lamentos. ¡Ay Va- 
lentín , Valentín ! ¿ Con que tu mueres por mí^ 
siendo asi que yo te trataba con tanta injusti- 
cia? No, no es posible que yo viva después de 
tu muerte. No, ni puedo, ni quiero. En fin, 
viendo varios soldados que no habia forma de 
separarle, del cadáver de Valentín, á pesar de 
cuantos esfuerzos hicieron se los llevaron los 
dos, y mientras de esta suerte -se metían entre 
las filas, todos sus compañeros qué. no ignora- 
ban su enemistad lloraban de lástima y admi- 
ración. Llegado Union á su tienda lé Curaron 
por fuerza, pero ál día siguiente murió el infe- 
liz de pesar llamando continuamente á su bien- 
hechor Valentín. 

El autor ingles que trae este suceso propone 
al mismo tiempo la cuestión sobre quie'n de e$tOs 
dos militares manifestó mas generosidad , si el 
que espuso la vida por librar la dé Sú enemigo, 
ó el que no quiso sobrevivir a su libertador. 
Como está materia me parece digna de la aten- 
ción dé mis lectorcitos , y puede Contribuir á 
dar nuevo realce á las acciones generosas , \>tfe- 
ponemos nosotros la misma cuestión , ofr^cien-* 
do por premio, al qué fnejqr la resuelva "toda la 
colección de la Minerva encuadernada de lujo. 



Dando ademas en ella publicidad a! nombre y 
á la obra del premiado. 

El que aspire ai premio propuesto debe rer- 
mitir á la redacción en todo el presente mes re- 
suelta la cuestión en un pequeño discursi to, su 
nombre puede espresarlo en carta cerrada , y 
ademas poner en la cubierta el lema ó epígrafe 
que vaya al frente del discurso para no abrir 
mas que la qáe salga premiada. 




■ ■•••■■ ■ - 1 = 



£L ESCORIAL. 

M/i/i/t/ivra 

. . . , , 

Articulo primero. 
Aspecto general del edificio. 



En aquellos felices dias en que la España era 
la potencia dominante en Europa por la celer 
bridad que en armas y letras se habian adqui- 
do los españoles , ricos con el ofo que los empo- 
breció después. En aquel tiempo en qne un 
monarca apreciador de las artes hizo se estén- 



2 > 

diese á todas las clases del estado su inclinación 
y su aprecio, se trató de construir un monu- 
mento que atestiguase á la posteridad las vic- 
torias de los espafeotes* la gloria de la nación y 
la devoción y grandeva del mon&rea; Entonces 
fue fhMado el Real monasterio de S. Lorenzo 
det Escorial ¿ f Koy $e lé titula la octava mará*? 
%ítl¿£d# inundo* 

- Felipe II que había vencido á 1$ Francia en 
la memorable batalla de S. Quintín en i5>5j 
quiso erigir al invicto mártir español S. Loren- 
zo , en cuyo día se hábia dado la pelea , un mo- 
numento en agradecido recuerdo de su protec- 
ción. Deseaba adamas* «cumplir jej mandato de 
su padre Garlos 1 qué le habia encargadp antes 
de morir la construcción de un panteón en que 
reposasen con la magnificencia debida sus ceni- 
zas y las de los Reyes sus sucesores,. Con estos 
motivos tan' poderosos, déspílego 1 todo su poder 
esta obrará cuyo embellecimiento concurrieron 
de España y fuera de «lia los mas aventajados 
artistas. Púsose la primera piedra en i563, y 
concluyóse la obra en 1SS4 bajo la dirección de 
Juan Bautista de Toledo y su discípulo Juan de 
Herrera, famosos españoles, cuya ciencia subli- 
jiaey genio aüdai&e$tán consignados en todas las 
-pártes^de la okmi W& construyeron, Tuw Ja 
¿es¿racia Toledo de fallecer antes de ver reall- 
asados sus grandiosos planes, y x desde eptonces 
le sucedió su discípulo ^n la dirección de la fá- 
brica, sin que se cebase nada de menos la falta 



(43) 

€ef ntíwfrd/y^Sitfe ^s f el mayor «logib ^üe se 
puede hacer de Jéan> Be Herrera* 

La sitaaciDii del IdificiD m alple <dé los altos 
Ütó'ílfes Catípénta-tK^ , que ¿mié M$r peladar ci- 
mas dividen las nías -G^tíHaSv Eos contornos 
tófí iáírieíiGS y eufeiertóa de dilatados bosques ert 
tes Ipté Mtofá^kocá^v^^^W^W cuyas 
frescas: y cristólifás aigpas tuaen ^ wlgferl deiá 
irieM*7 Wtfá* y^ét^a^^te eénáider&ibteí estén- 
stófi AMes de Utegár *ál ! riíottósiérb^ yípól* la 
parte de tfrieiitfe esti »4a*éeltetósa g^atijilla de iá 
fhesnédá f para 4ée&&¿&é¿ tos religiosos eti m& 
-aiñetnís jardines, huertas" fuémesy acolados y 
s ob re todo en sus r es tan ques tan ricos dé pesca 
y tati ^mórescds rtÉPÉt émMch fóí^tíiaífdé ísfe- 
tas con téfcaderésyáí^^ y as&kitás ehlapra*- 
dera. 

Domina á tan delicioso ^áíi$a|e él *ttónasteti& 
tjne eleva sus sitóetfi^áítóM^s wms^^mm- 
sás torres con tina nóbteaá y m itrisíMfr'tietfíp 
xtria austeridad >s ét fetíi^* M)lo ^ietófotó se^ue- 
ide fortóar idea. Si hay algáta edificio que 
decársé digno de hospedar al Rey 4e\ -cíete f 
que debe imitarle en íá tierra les sin duda algttf- 
laa este que «s aun mkmo tiempo iglesia y pa?- 
lacio, corte y tnoiíasterio. íddé él está eóns¿- 
•t ruido de piedra bermqueSa la que tiéM tan 
fftarávtllósos cortes én algunas partes^ (espe- 
cialice ti te £ñ los tór^éáores qtie rodean la 'fcor*- 
nisa inferior de la iglesia) que parece que el 
granito ha abandonado su dureza para ceder al 




giro y disposición que han querido darle. JLúg 
tejados están cubiertos de plomo en los sitios 
principales , y en los restantes de pizarra , cuyo 
color oscuro hace resaltar *nas la blancura 
del edificio. Este forma un gran paralelógramo 
rectángulo á escepcioifc de un cuerpo saliente 
que hay , detrás de la capilla mayor por la jparé 
le de oriente, con lo jjue Ja planta ■? general 
tiene la figura de una parrilla con relación al 
martirio del santo titular. Lasí fachadas de nor- 
te y poniente están rodeadas de una espaciosa 
lonja embaldosada y guarnecida de pilares con 
cadenas de hierro, y aift^nW se hallan las car 
sas llamadas de oficios construidas con mate- 
rial semejante al del convento, por lo que pare- 
cen parte de el y contribuyen á hermosearle. 
En tiempo de jornada se establece la comunica- 
ción entre estas cásas-y feI r palacio por una ga- 
leria subterránea para precaverse de los vientos 
que soplan alli con estraordinaria vehemencia^ 
Las fachadas de mediodía y oriente están* ror- 
readas de unos jardines que contribuyan gran- 
demente á la hermosura de la obra. Son unos 
verdaderos pensiles pues están levantados en el 
aire sobre arcos de piedra sillería , y de trecho 
en trecho hay escaleras pareadas que se unen eñ 
la parte inferior en graciosas bóvedas que dan 
salida á la huerta. Eü los jardines se cuentan 
doce fuentes con su pina en medio de la que 
brota agua en abundancia para el riego de las 
plantas que florecen en los simétricos cuadros 



. (45) 
de boxes y de mirtos. Bien pueden las nieves 
cubrir las cumbres de la montaña, y los fríos 
aquilones soplar con violencia por la llanura 
que esto no impide que los dones de Flora se 
derramen con abundancia en estos jardinitos, y 
en el enrejado de hierro que carcunda la base 
del edificio, donde siempre se ven entretegidas 
flores, especialmente en el sitio llamado el Áfri- 
ca por estar completamente al abrigo. La huer- 
ta es muy grande y fértil , y en su parte alta 
hay un espacioso estanque rodeado de ante- 
pechos , asientos y con escalera para bajar des- 
de él á la huerta que se termina en bosque- 
cilios. Las fachadas del monasterio por esta 
parte del oriente y mediodía son mas iguales 
que las otras, porque no están interrumpidas 
mas que por un pequeño resalto, la del medio- 
día y la de oriente por el mango de/la parrilla 
donde está la habitación real. En la fachada del 
norte hay tres puertas para entrada del palacio, 
y en la de poniente, que es la principal del edi- 
ficio, hay otras tres para entrada dej colegio del 
conventó y la entrada principal del edificio, so- 
bre la que está la efigie de S. Lorenzo, y de- 
bajo las armas reales sobre piedra blanca. Fi- 
nalmente , las cuatro esquinas están flanquea- 
das por cuatro iguales» torres de mas de doscien- 
tos pies de elevación. 







ARTES. 

Origen de la arquitectura. 

/•* ,. . . < 

Laá primeras hatitacipnes de los hpmtres lían 
sido las rocag que los ponían al abrigo de la in- 
temperie 4e Jas estaciones, y las cavernas na?» 
turales donde hallaban asilo contra los «sima- 
les, á los que a veqes se veían obligados a dis- 
putar aquel alojamiento. jLas necesidad J, ..?£$ 
comodidades efe la vida les bicierpn practicar 
algunas mejoras en las groseras habitaciones 
que les ofrecía naturaleza; ensancharon las unas, 
dividieron la? otras forip^ndo aposentos cuyos 
muebles consistíala en un lecho de yerbas u ho- 
ias secas, y troncos de árbol ©or avenios y mé- 
sas. Jiil instinto del hombre que le incita a per- 
feccionar, y que apenas satisface una necesidad 
ya desea un nuevo bienestar hizo nacer el lujo, 



i 



N 

\ 



frecuentemente enemiga de lo necesario , y en 
seguida el arte que embellece y dispone las 
producciones de la naturaleza. 

. : A medida que se aumentaron las familias y 
poblaciones, las habitaciones m hicieron mas 
raras y mas difíciles de encontrar. §e hicieron 
escavacaciones en las montanas» pero como 
también se habitaban llanuras rasas* &q hicie- 
ron cavernas facticias de barro y estacas grose-p 
ramente reunidas por la estrernidad en forma 
de pirámides. Estas chozas que aun hoy día 
construyen los salvages, y se ven mas ó menos 
elegantes en nuestros campos fueron loa prinie^ 
ros ensayos de la arquitectura que mas tarde 
produjo las basílicas , palacios y templos cuya 
admirable estructura prueba ha&ta^ donde puede 
elevarse el genio del houibreu Hay mucha dis- 
tancia desde una choza de barro h&ste Ja cúpula 
del Vaticano ; pero en su eU$$ erft un Miguel 
Ángel el que reunió el primara peamos de n>a- 
dera y de piedras, trabados c$n ^rganiasa para 
levantar las paredes de u$a cabftñft. Qu$xiAq la 
cubrió de ramas y juicos* preseryándola 4e la 
infiltración de Jas aguas por una jdoble inclina- 
ción , entonces hizo dar un paso inmenso, Mife 
arquitectura. 

El conejo que ej$ca>va #u ^víenda, Ja gplpj^r 
Afina que forma su nido, «el ^oas^ojr que cons- 
truye casas, diques ypuent^s, ¿fueron Jos m#e£ r 
tros del hombre y ios ^ue psc^taron su espMjjqL 
de imitación? ¿ó bien h Acidad revelp 4 



nüéátrá especie el uso que podía hacer de sú$ 
facultades intelectuales para dirigir sus fuerzas 

fisicas ? 

La necesidad, gracias á la industria, solo 
obliga al hombre á ejecutar lo qué le es indis- 
pensable. El" hombre es naturalmente perezoso 
y prefiere contentarse con poeo antes que tra- 
bajar para adquirir mucho. Su energía provie-r 
ne de sus pasiones que escitadas por nuestra vi-* 
da civilizada han hecho nacer la ambición , el 
orgullo y las distinciones sociales que las ali- 
mentan sin satisfacerlas. Una cabana servia pa- 
ra dar abrigo á una familia, pero desde el pun- 
to que esta familia adquirid cierta importancia 
se ensancho la cabana no tanto por estar mas á 
gustó sino para probar su superioridad y su 
poder. Las casas reunidas formaron aldeas, vi- 
lías y luego ciudades, y de aquí las modificacio- 
nes de los edificios según sus diversos destinos. 
Las habitaciones de los ricos y poderosos debían 
distinguirse de las del vulgo, los palacios y los 
templos debían tener formas particulares ade- 
cuadas á su uso. Sin embargo, en los mas sim- 
ples objetos que han servido á la arquitectura 
primitiva se encuentran los elementos que cons- 
tituyen la arquitectura mas elegante y compli- 
cada. En los primeros edificios Jos árboles re- 
presentaban el fuste de la columna con su dis- 
minución gradual de abajo á arriba. Estos ár- 
boles puestos sobre piedras cuadradas para pre_ 
servarlos de la humedad y rodeados de una ate.. 



...... (i9 . 

dura que cubre la juntara del tronco y la pie-- 

dra nos ofrecen el toro, el plinto y la base, la 
piedra llana de arriba, y la otra circunvalación 
nos ofrecen el abaco , la gorgúera y el astragalo. 
En el cornisamento la viga inferior será el ar- 
qüitrabe, las estremidades de las vigas transver- 
sales, el frisó, y Ja viga superior la cornisa. El 
techo le forman largas ramas inclinadas hacía 
abajo y cubiertas de juncos, cañas, &c. : este 
modo de cubrir las habitaciones ha durado tanto 
tiempo que hasta el año de hyo de la fundación 
de Roma no le abandonaron los romanos. Has 
primeras cabanas de los galos eran chozas de 
forma cónica, y en tiempo de Cesar estaban 
construidas de ladrillos cocidos. 

Los pueblos del Ático fueron los que aplica- 
ron á monumentos duraderos combinaciones to- 
madas del sistema de sus habitaciones primiti- 
vas, que han servido de base á la arquitectura 
que cubre hoy la superficie del globo. 




FÁBULA. 

\4 fa$ <¡¥& *Q distinguen el verdadero mérito 
y la $Qnfmden con la ignorancia 



Reinaba en tro par^ge de Occidente 
Cierta león de tan bondoso genio, 
Qae jamás en su corte era el castiga, 
Del vicio torpeo del delitp, freno» 

Su gran clemencia y corazón sensible, 
Jira ya tal y con tan grave esceso, 
Qae convirtiendo en bien cuanto era malo, 
Cuidaba ai mal vasallo, como al bueno. 

Dispuso, pues, la fiera hacer un viaje, 

Y al cruzar por un bosque el mas espeso, 
De entre lo enmarañado de sus ramas, 
Un oso anciano le salió al encuentro. 

El benigno Monarca que tenia 
Bien seguras noticias del ingenio 

Y gran filosofía de aquel oso, 
Aunque de trato rústico y grosero. 

Ven , le dijo, á mi corte donde seas 
Considerado: deja estos desiertos; 
Serás en mi palacio tan servido 

Y respetado, como soy yo misma 



(5i) 

Dulcificado allí tu genio tosco, 
Se hará tu trato amable y placentero, 
Consultaremos todos á tus luces, 

Y la felicidad harás del reino.... 

Grande honor es, Señor, el que me ofreces; 
Yo te lo estimo, pero no lo acepto; 
Pues aunque esas ventajas me propongas. 
Para mí no naciste, Rey escelso. 

Todo es uno en tu corte bueno 6 malo: 
El mismo galardón sacan aquellos 
ue solo en las virtudes se ejercitan, 

ue los que al vicio se abandonan ciegos: 

Lo mismo adquiere el que anda estraviado, 
Que puede grangear el qi;e anda recto; 

Y el puesto mismo que hoy ocupa un sabio 
Se le quitas mañana y das á un necio. 

Yo me hallo aqui mejor entre las selvas, 
Donde á mis solas reflexiono y veo 
Qae quien al vicio castigar no sabe, 
No sabrá dar á la virtud el premio. 

Esto replica y los pesados pasos 
Hacia su oscuro albergue dirigiendo, 
Lé deja discursivo en su respuesta, 
Si es que no convencido de su yerro. 

" A tal desaire y digno desengaño, 
Con sobrada razón, se verá espuesto, 
Quien confundiendo la virtud y el vicio, 
Hace de aquella y este igual aprecio." 



EDÜCAQON DE CIEGOS. 

De los caracteres de relieve y de la lectura. 



Todos cuantos han intentado instruir á los 
ciegos, y que lo han verificado con feliz suceso, 
se han penetrado de esta verdad incontestable, 
que es iecesario hacer sensibles á sa tacto los 
objetos que se les quiere dar á conocer, y cuyas 
formas perciben por la vista los que ven claro. 
Deáde entonces todas las tentativas que se haij 
hecho han tenido por objeto el darles á conocer 
las letras de que nosotros mismos nos servimos, 
ó de componer para su uso las figuras arbitra- 
rias á las cuales se atribuiá un valor de con- 
vención* no siendo sino muy posterior mente 
cuando se imagino enseñarles nuestro alfabeto. 

Los primeros no eran otra cosa que el alfa- 
beto iliriense o esclavón modificado que comien- 
za como la mayor parte de los alfabetos anti-^ 
guos por las letras a, ¿, g, d, e, z,&c- , cu- 
ya invención se atribuye á San Gerónimo/ 
porque parece, que de él se sirvió el santo para 
la traducion de lá Vulgata. í 1 , 

Se habla preferido sin duda este alfabeto á 
todos los otros , á causa de la forma cuadrada 
de las letras que se las crcia mas á propósito 



(B3) 
que las nuestras para reconocerlas por ?1 } tacto. 
Kn seguida se hicieron letras móviles sobre pe- 
queñas tablitas de madera delgada, de cerca de 
i8 líneas de alto sobre 6 de ancho.. Se las, colo- 
caba en una plancha ó tabla, acanalada donde se 
las hacia resbalar las unas al lado de las otras, 
del mismo modo que.se ha practicado después 
respecto de las pequeñas, figuras de la lectura 
por eco. Este procedimiento muy defectuoso 
para ensenar á los ciegos, eslbastante bueno pa- 
ra facilitarles los medios de enseñar á leer a los 
de vista clara, ..,]. 

Con anas letras semejantes fue con las que 
Usher, arzobispo d 1 ,Armagh, qqe murió ;-j¿p 
Camberw;ell hacia el fin del siglo XVII le ense- 
ñaron sus dos tías que eran ciegas ^i). Desde $<p. 
siglo XVI se habían grabad^ ya ^tras dej ma- 
dera para instruir á los ciegos; pero en lugar 
de hacerlas salientes se fes hacia educabas ; }ós 
►dedos no palpaban el circuito ó contorno de las 
letras, verificándose esto ixiuy exactamente por 
-fes. de relieve ; sin embargo, sumergiendo 1q£ 
*dedos en los. huecos llegaban ajinque muy difí- 
cilmente á /percibir la forma de las letras. 
Cuando se imprimía sobre estas planchas las 
letras quedaban blancas y todo lo restante 
; negro (2) , 

- » 

(1) Biografía Británica , or the Uves , ofthe most eminent 
-pemons. London Í773. 

(2) Arte de escribir de Francisco Lucas dedicado á Felipe II 
Rey de España. Madrid un volumen en cuarto año de 1580, 



jifár&é^ féíHÉfrás %rába<t᧠éñ iháderá qué de- 
dic8 Í S. Ganrtoá Borróittétf; pero estas plancha 
<|üé rió eran ¡preferibles á las inventadas por 
Francisco Lucas ofrecían él mismo inconve*- 
nienté, cual es el de la Conexión de las letras, 
y por consigiiienté lá necesidad dé grabar otras 
tantas planchas como páginas, como se hace eti 
él dia por las impresiones estereótypas (i). 

En i64o un maestro de primeras letras dfc 
París , llamado Pédí*ó Moreaü , hizo fundir ca~ 
racteres movibles de plomo para el uso de los 
diegos; pero desanimado por las dificultades que 
encontró ó no queriendo hacer el adelanto de 
gastos que necesitaba esta empresa renunció á 
¿Ha , y se dedicó sfrlameiítie á hacer los puflzo- 
iíes y los moldes de caracteres nuevos según él 
¿listo de la escritura ;' descubrimiento qtíé le dio 
nombre en la tipógráíia. 

AesíSt epocá yá habían ensayado algunos eeld- 
sds en remediar Ta desgracia de los ciegos , él 
darles ideá'dé las letras, figurándolas sobr^e afí- 
chós acericos \ con agujas clavadas 'ú reve's. De 
este me'todo le resultaba al ciego una doble ven- 
taja , porque ál mismo tiempo que aprendia la 
forma de las letras ejercitaba sus dedos en re- 
correr por un ligero tacto la estremidad de estos 
puntos. Foreste ingenioso procedimiento es por 



(t) EgetyplaredipicisoftidiléttrédiMr. Cío Francés? 
co Cresci > Milanese , scritóre tn ^nétiáyin cuarto 15^5.' 



(53) 

el que la señorita Parades, de quien hablaremos 
mas estensamente en otro logar, aprendida leer. 

Se han hecho también letras movibles de 
madera parecidas á aquellas de que se sirven los 
impresores para los carteles ; pero todas estas 
letras aisladas tienen el inconveniente de no po- 
derse reunir en gran número, y no sirven, á ló 
mas sino para dar á los ciegos el conocimiento 
del alfabeto. 

Del mismo modo que se grita para hacerse 
entender de los sordos se cree también que es 
necesario presentar á los ciegos objetos de una 
gran dimensión á fin de que los perciban mas 
fácilmente , y esto fue lo que dio origen á las 
grandes letras de que se ha hecho mención ar- 
riba; mas se conoce que no se ha reflexionado 
bastante para conocer que el ciego que nopúe-*- 
de tener de los objetos qué toca mas qué ideas 
sucesivas debe necesariamente formar desde lue- 
go juicios diferentes sobre cosas, que aunque 
idénticas én la forma diferentes en volumen. Es 
metiésteír que haga un trabajo secundario para 
retiñir sils primeras ideas ; qué juzgue en fin por 
comparación después de haber recorrido toda lá 
serie de ideas intermedias* ¿No hacemos noso- 
tros lo mismo cuando vemos un diseño en mi- 
niatura ? No siempre le reconocemos inmediata* 
mente, y aun no le reconoceríamos del todo si 
la reducion fuese llevada mas lejos ? porque: lá 
sensación de uh coht es para él ojo lo que la c&? 
sacion de la resistencia es pura el tacto. 



El ciegor ¿fe Puiseaux sé servia de letras de 
madera con cola que reunía las unas con las 
otras por medio de una aguja ó pasador de me- 
tal qpe atravesaba cada cola o estremo, como 
los cerrageros ó herreros reúnen las letras i$ 
hierro de que se sirven para marcar los toneles. 
Esta forma de letras y el medio imaginado par- 
ra unirlas rayaba ya en una gran perfección; 
pero quedaba siempre por investigar para reem- 
plazar la escritura i la posibilidad de hacer es- 
tas letras de tal modo independientes las una* 
dejlas otras^que pudiesen levantarlas por sepa- 
rado y reemplazarlas por otras según la nece- 
sidad lo exigiese. Los primeros caracteres fue- 
ron fundidos por un estañero que los sacó muy 
imperfectos , porque ni tenia punzones ni ma- 
trices , y los saciaba en la arena. Después se 
ensayó fabricarlos al modo de los de ipiprenta. 
En lugar de los punzones se sirvieron para esto 
de caracteres, ordinarios, cuyo modelo se estam- 
paba en el plomo que recibia fácilmente, por- 
que este metal es mucho mas blando que la 
composición con la cual se hacen los caracteres. 
Se hacia pasar en seguida á estas especies de 
matrices una materia compuesta de partes igua- 
les de plomo y de bismuto; las letras venian á 
la izquierda por este procedimiento que en ti- 
pografia le llaman clisar , y de que se sirven 
frecuentemente par$ politlpar las viñetas, hacer 
medallones en pastas, &a Pero la aligación del 
plomo con el bismuto , que es fusible á un lige- 



(5; ) 
To calor , hacia que estos caracteres se desgas- 
easen con la mayor rapidez por el frotamiento. 
JEn fin, en 17,83 la sociedad filantrópica hizo 
grabar punzones en acero y saciar matrices con 
las cuales se fundieron caracteres en casa de las 
señoras de Fournier. Mr. de Rouil'le de Y Etang. 
entonces tesorero de esta sociedad pagó todo su 
coste. 

Sin caer enteramente en el error de los que 
habían querido dar en otro tiempo á los ciegos 
el conocimiento de nuestros caracteres , los fun- 
didores que saciaron hay ya mas de cuarenta 
años las primeras letras en plomo, las hicieron 
mucho mas grandes de lo que convenia, (cerca 
de seis líneas de altura) siempre, en la persua- 
cion que de este tamaño crecido se las¡ reco- 
nocerían mas fácilmente que las de dos líneas, 
por ejemplo, de que nos servimos en el dia. La 
esperíencia ha probado después que no es la 
magnitud sino la perfección de la forma de las 
letras la que ayuda á los ciegos á distinguirlas, 
pues que ellos reconocen perfectamente el mas pe- 
queño de los caracteres de imprenta (el sin igual) 
se sabe que cuando sus dedos llegan á ser insu- 
. ficientes aproximan los ciegos la punta de su len- 
gua á los objetos qcte quieren reconocer, y que 
entonces rara vez ó nunca se engañan. Recono- 
cidos estos primeros caracteres de una dimensipn 
demasiado grande, se grabaron nuevos pun- 
zones B saciando en la fundición del señor Va- 
flard un gran surtido de caracteres semejantes 



con poca diferencia á los de que nos servimos eñ 
d dia. i 

Los considerables cambios que se han hecho 
en los nuevos punzones que la administración 
del instituto de ciegos de París acaba de hacer 
grabar en casa del señor Lyons grabador y fun«s- 
didor de caracteres, no ha sido sino después dfe 
bien consultadas entre los mas antiguos discí- 
pulos ciegos, y combinadas sus observaciones 
han hecho reformas al parecer de la mayor uti- 
lidad. La e por ejemplo, está eíi el dia mas á 
lo largo cerrada que en las fundiciones prece- 
dentes , asi es que los ciegos no la confunden yá 
mas con la c ni con la o. Las dos piernas dé 
la u están más apartadas y de éste modo nó Iá 
confunden coii al 

En geiieral, las letras son mas huecas y sú 
dimensión en anchura que ha sido uti fioco au- 
mentada ha destruido los equívocos que existían 
y les ha dado al mismo tiempo mas gracia y 
solidez. 

El ínetal de que usaron en el instituto de cie- 
gos dé París para la primera fundición era dema^ 
siado blando, asi que los caracteres qué resulta- 
ron se desgastaron muy pronto, y por lo mismo 
én el material de la segunda fandióion mezclan 
ron una cantidad mucho mayor dé regulo que 
en lá primeraírLá proporción ordinaria es de 
Í5 á 1 8 &c. de antimonio sobre un quintal de 
aplomo , para los caracteres de impréáion. Está 
proportíon varia seguñ el calibré del táráciet: 



(59) 

se amñenta para los caracteres muy finos y dis- 
minuye para los que no lo son tatito. Los que 
han de servir á los ciegos sujetos á fuertes pre- 
siones se deben componer de una parte de régu- 
lo por tres de plomo á fin de resistir mejor á 
frotamientos. 

Los caracteres de que usan los ciegos no so- 
lamente difieren de los. de imprenta porque la 
letra está girada en otro sentido, y no es á pro- 
posito para imprimir en negro, sino aun mas 
porque la cola o mango es mucho mas fuerte 
que lo que suele ser mas ordinariamente para 
soportar una letra del mismo tamaño , y por-** 
que la letra descansa sobre un cuerpo tras- 
versal que iguala en estension los dos tercios de 
la longitud dé la cola¿ Esta parte transversal 
tiene por objeto detener las letras que sé colocan 
'sobre la lámina de composición , que se descri- 
birá mas adelante. 

En su origen semejantes las letras por la 
parte inferior á las letras ordinarias |no tenían 
cabria 1 ó solera transversal, y no estando man- 
tenidas sobre la plancha ó lámina, descansaban 
solamente sobré el fondo, lo que impedia tras- 
portar las planchaste un lugar á otro como lo 
hacen eü eldiá. El cabrio ó solera tiene aun otra 
tentajá , y es la de proporcionar un apoyo á la 
estremidad de los dedos y ofrecer por el con- 
traste de una superficie plana con una elevada 
el medio de conocer el relieve. 

Las 'letras están colocadas en una caja ancha 






■partida en diversos cuadritos,* semejante en todo 
á la caja de los impresores. Cada cajetín enciert- 
ra una clase ó suerte de letra. Los cajetines soij 
mas ó menos grandes, según las letras que se 
hallan en ellos sean de un uso mas ó menos fre- 
cuente. La caja principal está dividida en dos 
partes iguales: la inferior que se llama base de 
la caja contiene las minúsculas; la superior que 
es amovible coíño la base, encierra las letras 
capitales, los signos algebraicos, los paréntesis* 
las letras acentuadas, &c,&c. 

Esta caja está colocada ordinariamente sobre 
caballetes y ladeada de delante atrás , formando 
un ángulo de cerca de 4.5 grados, á fin que el 
compositor tenga la facilidad de llevar su mano 
á los cajetines aun los mas distantes de la altura 
dé la caja, sin verse obligado á ejercer grandes 
movimientos, y también porque de este modo 
las letras no resvaíen de un cajetín á otro. Pes 4 - 
pues de tomadas de los cajetines las colocan in- 

» mediatamente sobre la plancha de composición; 
mientras que en la tip igra fia el compositor co- 
loca sus letras en una regleta de hierro (el com- 
ponedor) que se alarga ó acorta según la esten- 

f sion que debe tener la línea. 

*V En el fuste de los caracteres que vían los cie- 
gos como en los caracteres de impresión regqr- 
lares, hay una huesea ó ranura que sirve para 
indicar la parte superior de la letra; el ciego $1 
sacarla del cajetín, en lugar de tocarla para re<- 

i conocer la posición íle la ranura, arrastra el ta- 



lio ó pie sobre el tabique inferior del cajetín , si 
éste no se tra va comprende que la huesea se ha- 
lla en lo alto , y que la letra está en la situación 
donde debe colocarla sobre la plancha ; si por el 
contrario, siente que la ranura le tropieza vuel- 
ve la letra entre sus dedos durante el trayecto 
que recorre llevándola de la caja á la plancha. 
Los compositores de vista clara hacen lo mismo 
que lo que acabamos de esplicar sobre el borde 
de su componedor. , 

El ciego no se engaña al tomar las letras de 
la caja , sino cuando estas han ca ido en los caje- 
tines trocadas ó equivocadas. 

La falta que resulta de esto, y que cometen 
también los de vista clara, se llama pastel, y 
consiste en la substitución de una letra por otra, 
lo que todo el mundo puede observar aun ea 
aquellas ediciones que han exigido el mayor 
cuidado. 

Ejercitados los ciegos en este genero de com- 
posición, adquieren bastante celeridad para tras- 
ladar á la plancha en el espacio de un cuar- 
to de hora de diez á doce líneas de volumen 
en 8.° ordinario. Este procedimiento que sirve 
originalmente para enseñarles á leer ha sido 
empleado después para enseñarles las lenguas y 
todas las partes de su educación. 

La plancha de composición de que se sir- 
Ten en el dia los ciegos es muy preferible 
á todos los medios imaginados anteriormen- 
te. Esta plancha puede ser mas q menos 



grande; pero no Sebe tener tampoco menos de: 
una pulgada de espesor ó grueso, y ha de ser 
de encina , roble ó nogal. 

En cuanto á la devolución de los carácter^ 
á la caja , se procede á ello como para los ordi- 
narios: él ciego toma entre el pulgar y el índice 
de su mano derecha, una ó muchas palabras á. 
la vez y llevando su mano por encima del caje- 
tín respectivo deja caer la letra que había toma- 
do de e'l para componer, lo que se llama distribuir. 

A los niños se les dan las primeras lecciones 
por el a , b , ir, &c. ; y á los ciegos por el con- 
trario se da principio á este estudio hacie'ndoles 
palpar el punto, después la coma , de modo que 
reconozcan la diferencia que hay entre el punto t 
y el punto con una cola por debajo, lo que cons-> 
tituye la coma; en seguida los dos puntos , el pun- 
to de admiración, el de interrogación , los parén- 
tesis &c. Se cuidará mucho de que comparen 
¿menudo un signo con otro, y de que toquen de 
tiempo en tiempo algún cuadrado (i)á fin de ha- 
cer mas sensible la forma de los signos. Enseguida 
se pasa al estudio de las letras ; se comienza por 
la O de las capitales ó mayúsculas é inmediata- 
mente se les demuestra la o minúscula con toda 



(1) Asi es como se llama un píe ó fuste de metal, encima de 
la cual no hay letra alguna y que por consiguiente > quedando 
por debajo del nivel de' las otras letras , no deja sobre el papel 
ni presión ni color. Hay cuadrados de diferentes anchuras , se 
Jes llama entonces según su espesor ó grueso cuadratines, y es- 
pacios. Los cuadrados sirven para formar los blancos. 



(63) 

la serie de las letras que nosotros llamamos sim- 
ples, /, ¿|*\/t rf,&c, y comparando muchas 
veces una letra con otra á fin de escitar el tacto. 

Se evitará que el ciego lea con las uñas , asi 
como también que no apriete demasiado las le- 
tras, á fin de que no endurezca la piel de su$ 
dedos , cuya pulpa debe ser blanda y sensible 
para sentir ó conocer bien internándola en los 
huecos ó vacíos la forma del relieve. 

Conocidas las letras aisladamente , se les en- 
seña á distinguirlas en vocales y consonantes, 
después á formar sílabas, palabras, y por últi- 
mo frases. Los deberes ú obligaciones se hacen 
después con estos caracteres como los de vista 
clara los hacen con la escritura. 




i"#Hf 



GEOGRAFÍA. 

Continua la descripción de las grandes divisiones 

del globo. 



El mundo marítimo , encerrado en el grande 
Ocee'ano , se estíende desde la punta de Achia 
Á U estreinidad occidental de Samatra (i) hasta 
la islita liuevaménte descubierta de Salas á 4* 
grados al este de la isla de la Pascua. (2) Su ma- 
yor estension de norte á sur es desde el cabo de 
Bennet en la isla de Aucklaud(3) hasta la isla 
rica de la plata (4). El mundo marítimo solo 
está separado del antiguo mundo por el estrecho 
de Malaca y el que se encuentra entre las islas 
de Baschi y el de Eormosa, que es una depen- 
dencia del Asia. Un largo intervalo separa la 



(1) A los 5 grados de latitud norte, y 93 grados 15 me- 
tros de longitud oriental, 

(2) Situada á los 27 grados 8 metros de latitud, y 112 gra- 
dos de longitud occidental. 

(3) A los 51 grados de latitud meridional, y 264 grados 
10 metros de longitud oriental. 

(4) A los 158 grados de longitud oriental, y 30 grados 
20 metros de latitud septentrional. 



(65) 

¿América del mando marítimo, pues entre la isla 
de Salas y la de San Félix ó la de Juan Fer- 
nandez, hay ana distancia de cerca de 5oo ler 
guas marinas: ademas estas mismas islas distan 
unas 8o leguas del continente; la de Salas por 
otra parte es una islita solitaria á 8o leguas de 
la de la Pascua que igualmente lo' está, y la tra> 
vesía desde esta última isla á la de Ducies, que 
se halla también sola en medio de los mares, e* 
de 24.0 leguas; en fin , de Ducies á las islas e*r 
Pitcairn y de Crescent , ó á las mas orientales 
del archipiélago peligroso, en donde verdadera*» 
itiente empieza la Polinesia, se cuentan aun 160 
leguas; de suerte que la distancia real entre el 
Nuevp-Mundo y él mundo marítimo es de j^ú 
leguas. La mayor parte de esta división del glo- 
bo está situada en la zona tórrida ; mas como to- 
da ella se compone de un gran número de tier- 
ras diseminadas sobre el Occe'ano, su tempera-» 
tura es mucho nías moderada que la del África, 
que estiende sin interrupción de un trópico al 
otro su ancha superficie. 

El mundo marítimo comprende un gran nú-» 
mero de islas y un continente de poca ostensión 
si se compara á los otros cuatro del globo. El del 
referido mundo marítimo está rodeado al este y 
al norte por islas vastas y prolongadas que se 
estienden en la dirección de sus costas; al nor- 
oeste hay otras grandes islas , o un inmenso 
archipiélago que llena el mar entre aquel conti- 
nente y el Asia; y en fin, hacia el este hay un 

5 



^numero tonsiderahle de pequeños archipiélagos 
d de grupos de islas y de escollos, que Guanto 
mas sé avanza en dicha dirección sóftítaas raros 
y están mas diseminados- Por manera y que esta 
gran división del globo se divide íiatürahnerite 
en tres partes distintas. La mas próxima al Asia 
se llama archipiélago de Notasia:é3tiéridese des- 
de la punta de Áchin át oeste hasta eí canal que 
separa Gerara, Timorlaut y las Molucas, del 
Papoü y de la Nuevd^-Gtiinea(i), y del medio 
dia al norte desde la isla Rottoal surde Timor 
(2) hasta las islas Baschi (3). Esta parte del 
mundo está situada entre los trópicos y cortada 
en dos por el ecuador; ninguna otra goza de una 
igualdad mas constante en la duración de sus 
4i$s y de sus noches y ni ofrece mas uniformidad 
en la temperatura y en las producciones/ que 
las regiones de queesta se compone. 

Laque mas se les asemeja en este puntó es la 
jPoJytiesia, que al oeste principia en las islas de 
iBeleW ó PaIaos(4)y termina al este en la isla 
de Salas (5), estendiéndose de norte á sur desde 



(1) A los £ grados de latitud norte , y casi 128 grados de 
longitud oriental. 

J (2¿ ;,A Iqs lí gradas de latitud meridional r, y 120 grado* 
de longitud oriental, 

(3) Á los 120 grados de longitud oriental ; y 21 grados de 
longitud norte. 

(4) Hacia ios 130 grados de longitud oriental 9 y 10 grado» 
ie latitud septentrional. 

(5) A Tos 108 grados de longitud occidental. 



la isla Rica de la Plata (i) hasta la de Curtís, ó 
hasta la llamada Roca de la esperanza (2). 

La Australia, que es la parte mas considerable 
del mundo marítimo, se compone del continen-? 
te de Notasia ó de Nueva-Holanda, y de gran- 
des tierras que lerode&n, a saber, el Papou, la 
Nueva-Bretaña , la Nueva-Irlanda, el Archipié- 
lago de Salomón, la Luisiada., la Nueva Zelan- 
dia, y otras de menor importancia. Se estiende 
de nordeste a sudeste desde la isla de Waygioi 
bajo el ecuador (3) hasta el cabo Bennet en ia 
isla de Aukland, á la estremidad del mundo 
¿marítimo, y desde el cabo Ijeeiiwin al oeste de 
la Notasia (4) » hasta el cabo oriental de la isla 
£aheinomanwe en la Nuejra-Zelaftdia. Esta 
parte del mundo está situada al sur del ecuador. 
JE.1 cantinéate que en ella se encuentra se halla 
dividido en dos jparte§ por el trópico de Capri- 
cornio, y la porción situada bajo la zona tem- 
plada, aunque casi toca á la zona tórrida,, se re- 
siente de la influencia .glacial del hemisferio 
austral, y esperimenta v al menos en las costas, 
una temperatura mas rigurosa que otros países 
situados en el Nuevo-Mundo á latitudes igua- 
les; y también cerca de la Nueva-Zelandia en 



(1) A los 3ft grados. 23 metros de latitud norte» 

(2) A los 31 grados de latitud sud. 

(3) A los 129 grados de longitud oriental. 

(4) A los 113 grados 15 metros de longitud oriental y y 31 
grados 26 metros de latitud sudeste. 



^ 



donde están las antípodas de Londres y de París 
el invierno reina casi sin interrupción. La na- 
turaleza, la dirección , y los efectos de los vien- 
tos que se esperimentan sobre la costa de la 
Notasia, hacen presumir que el interior de estas 
regiones desconocido aun, tiene como el África 
sus grandes arenales desiertos. 

La Australia y el Archipiélago de Notasia 
solo están separados por estrechos muy reduci- 
dos. Entre las últimas tierras de lá Australia 
en las nuevas hebridés, y las primeras islas al 
oeste deí Archipiélago de los Amigos, la trave- 
sía es de 5o leguas. Pero una cadena de pequeñas 
islas ó islotes unen él Archipiélago de Santa Cruz 
ó de Égmont en la Australia con el Archipiélago de 
los Mulgraves, que tiaqe parte de la Polinesia. 

Los tres Mundoís, cuyos límites acabamos de 
determinar, se aproximan por ciertos cabos si- 
tuados bajo el cielo ardiente del ecuador y eti 
las regiones heladas del polo ártico; mas por 
titira patt£ están separados por vastos mares, á 
los que ahora dirigiremos nuestra átenciop. Sá- 
bese que se distinguen cinco principales , el 
grande Occéano , el mar Atlántico, el mar de las 
Indias y los dos mares polares o glaciales; pero 
debemos dar á conocer sus límites , y de que 
modo se subdividen. 

Las magestuosas cordilleras de montanas que 
están al este del Asia y al oeste de la América 
trazan un inmenso semicírculo, y forman parte 
de los límites del grande Occéano: este mar, el 



(69) 

mas vasto de nuestro globo, se estiende desde el 

cabo de Hornos hasta el cabo Bennet en las is- 
las Auckland, y desde este al cabo Sur en la 
isla de Van-Diemen , donde termina su límite 
meridional. Las costas de Asia y de América 
que cercan este Occéano por todas partes, esta- 
blecen muy señaladamente sus límites orienta- 
les y occidentales, completándose estos por una 
línea dirigida entre el cabo norte de la Notasia y 
el estrecho de la Sonda, y por la que pasa por 
los estrechos formados por el cabo de Romanía 
y las islas que separan el cabo de Sumatra: 
los islotes de Inellin y de Okevaki, son como 
dos señales colocadas en el estrecho de Behring 
para indicar al norte la separación de este Occéa- 
no y del ártico. 

El grande Occéano se halla cortado en tres 
porciones por los dos trópicos ; la del mediodía 
tiene el nombre de grande Occéano equinoccial, 
ai norte del cual está el grande Occéano boreal, 
y al sur el grande Occéano austral. La mayor 
estension de norte á sur del grande Occéano, 
está entre el cabo Bennet en la isJa de Au- 
cklaud y la isla de Inellin en el estrecho de Beh- 
ring; su mayor dimensión de este á oeste se 
halla bajo el ecuador , y las dos líneas trazadas 
entre estos cuatro puntos son casi perpendica-^ 
lares. De todos los mares del globo el grande 
Occéano es el que ofrece la navegación mas di- 
latada por medio de los vientos^a lisios, y en el 
cual $a$ efectos son mas uniformes: esto da i 



conocer suficientemente la causa de haberse ha- 4 
liado poblados los pequeños grupos de islas es-' 
parcidas sobre sú superficie, y cómo han podi- 
do recibir con facilidad colonias de Malaca , de 
la China y del Japon y pues muchos de estos 
grupos están bastante cercanos á dichos países. 
El grande Occe'ano no tiene ningún mar medi- 
terráneo propiamente dicho V pero es en el que 
se encuentran mas golfos y mares mediterrá- 
neos abiertos. En la parte bófeal está el mar 
de Kamchatka qtie no tiene mas Salida hacia el 
norte que por el estrecho de Béhíiiig; mas al 
mediodía se introduce por un grafi tiuitiero de 
estrechos formados por los grupos de islas \\é& 
madas de los Zorros, de Andreariovski , de 
Aleoutskie y de Beaitíg: los tres primeros pue- 
den considerarse como pertenecientes á la Amé- 
rica, y el ultimo al Asia. La península de Kam- 1 
tchatka, las islas Kuriles, la de Seghalíen, la ; 
de Jesso y las florecientes islas del Japón, forman' 
dos mares mediterráneos abiertos 5 el de Ok- 
hotzh ó de Lama y rrias propiamente nouibra- J 
do mar de Seghattenj y el del Japón, que se 1 
Comunican por el estrecho de la Próuse i al sur 
del mar del Jápori el atrecho de Corea da entra- 
da al mar Amarillo formado por la isla Formo— 
sa y las Midjicosema y Liea-kleu. A la mis- 
ma latitud , bien que á la otra estremidad ha-* 
cia el oriente está el golfo pronlongado de Ca- 
lifornia, formado por la península dé este nom- 
bre y por la costa de Ame'rica. Descendiendo 



(70 

mas al mediodía entramos en el grande Occéa- 

no equinoccial, y penetramos en el mar de la 
China formado por las islas Filipinas , Borneas 
y Sumatricnses. En el archipiélago de Noiasia 
se encuentran muchos pequeños mares mediter- 
rános abiertos: uno de los mas notables está ro- 
deado por Java y las otras islas de la Sonda, 
Sumatra, Borneo y Célebes, se le ha nombrado \ 
mar de Java. Célebes, Borneo, las islas Sulues 
y Mindanao, el grupo de Sanguy y Gilolo, de- 
signan los límites de un mar mediterráneo abier- 
to y redondeado, que se ha denominado mar de 
Célebes: comunica con el dé Java al sur por el 
canal de -Macassar, y al norte por diferentes es- 
trechos con el pequeño mar de las Sulnes, for- 
mado por las islas de este nombre, Borneo, Pa- 
la wah y las Filipinas. Al sudeste del mar de. 
Java las islas de Flores, de Timor y de Timor-. 
laut, concurren con las, costas de la Nótasia ó 
Nueva Holanda á establecer los límites del mar 
de Timor, terminando al ¿este por el estrecho de 
Torres, y #1 oeste por una cadena de arrecifes, 
que al sur de Timor le separan del Occéano in- 
dio. Las islas de Auchlaud, la de Nueva Celan- 
dia, la de Norfolk, la Nueva Caledonía, las de 
Salomón ,, las nuevas Hébrides, la Luisiada el; 
Papou ó la Nueva Guinea y las costas de la No- 
tasia , forman un gran mar mediterráneo abitiv 
to al que los geógrafos no han dado nombre, y 
debe llamarse mar de Australia: este niar está 
dividido en dos por u$a cordillera de peligrosos 



, <7 2 > 

arrecifes qué á la altura del trópico se estiende 
desde las costas de la Nueva Caledoniaá las de 
la Notasia, separando asi la parte boreal situa- 
da en el grande Occéano equinoccial , de la par- 
te meridional que se prolonga en él grande 
Occéano austral. Al oriente de esta ultima par- 
te se encuentra otro pequeño mar mediterráneo 
abierto de figura Jriangular, cuyos límites indi- 
can la Nueva Caledonia, las Hébride?, las islas 
de Fidji, las de los Amigos, las de Raoul y de 
Gurtis, la Nueva Gelandia y la isla de Norfolk: 
nosotros le llamaremos mar de la Gelandia. El 
gran/mar equinoccial formado por las islas aus- ? 
trálias que están cerca del ecuador, y ks Filipi- 
nas, las Marianas, las Carolinas, las Mulera- 
ves, las islas de los Navegantes y las de Fidji, 
puede designarse bajo el nombre de mar de las 
Carolinas; estiéndese desde los 120 hasta los 
180 grados de longitud, y á 25 grados de la- 
titud á cada lado del ecuador. Las islas de 
Sandwich al norte, las Mulgraves al oeste, las 
de los Navegantes y de la Sociedad al sur , las 
Marquesas al sudeste , y otras islas é islotes 
señalan también vagamente un vasto mar me- 
diterráneo abierto de forma redonda, que se 
estiende entre los dos trópicos , y no teniendo 
nombre particular, le designaremos con él de 
mar de Cook: es el mayor de todos los mares 
mediterráneos abiertos del grande Occéano. Ai 
oeste del mar de Cook v las Carolinas al sur, 
b$ Marianas al occidente, las islas de Sebas- 



(;3) 

lian Lopes, de San Bartolomé, de los Perca- 
dores y otras al norte y al este, indican de 
un modo algo incierto los límites de otro mar 
mediterráneo abierto , al que se podrá dar el 
nombre de mar de las Marianas. Continuando 
hacia el oeste, estas mismas islas Marianas, 
las de Peléw, las Filipinas, las de Madjicose- 
ma , de Lieu-Rieu y del Japón , señalan muy 
distintamente un gran mar mediterráneo abier- 
to de forma obal, que se estiende al sur hasta 
Gilolo cerca del ecuador, y al norte mas allá 
del trópico de Gancer hasta el Japón y la isla 
dé todos los Santos á la estremidad de la Po- 
lynesia, le llamaremos mar de las Filipinas •.. 
El grande Occéano no presenta mas que dos 
mares mediterráneos abiertos, el que forma la 
península de Alaska y la cpsta noroeste de la 
América septentrional, que designaremos bajo 
el nombre de mar de Alaska , y el que se en- 
cuentra entre el gran brazo de tierra que ter- 
mina la América septentrional y la costa no- 
roeste de la meridional, que llamáremos mar\ 
de Panamá. 

El Occéano Atlántico, ei mas vasto de los^ 
cinco grandes mares después del grande Occéa- 
no , es notable por sus mares mediterráneos y 
sus golfos que parece corresponderse en el anti- 
tiguo y en el Nuevo Mundo. Este Occéano for- 
ma al oeste en la parte boreal de la América los 
mares de Baffin y de Hudson , y al este d sea 
al norte de la Europa el mar Báltico que $&*> 



senta los dos golfos de Botnia y de Finlandia; 
al occidente entre ambas Américas y á la pro- 
ximidad de los trópicos se encuentra el mar Me-< 
diterráneo abierto conocido bajo el nombre de 
mar de las Antillas, que dividido en dos por la 
península de Yucatán, ofrece el golfo de Méjico 
y el de Honduras. Al oriente, ixn poco al norte 
de los trópicos y entre las tres partes del Anti- 
guo Mundo está el mar Mediterráneo propia- 
mente dicho j igualmente dividido en dos por el 
cabo Bon en África , el cabo Sjaurello en Sicilia 
y la isla de Pantellaria; forma asimismo el gol- 
fo Adriático y el golfo abierto del Archipiélago, 
y por la doble aproximación de la Europa y del 
Asia , presenta el pequeño golfo abierto de Már- 
mara y el mar Negro, á cuya estremidad está 
el golfo de Azof. Las costas del continente de 
Europa forman con las islas Británicas un mar 
mediterráneo abierto que es el mar de Alema- 
nia, muy ensanchado hacia el norte; al este tie- 
ne comunicación con el mar Báltico por el ca- 
nal nombrado Skagger-B.ach y Cattegat , y con 
el canal de la Mancha al sur por el paso de 
Calais. Al oeste y en la América septentrional 
está el golfo de S. Lorenzo, y casi á la misma 
latitud al este las costas de Francia y de Espa- 
ña forman el golfo de Gascona; en fin , en el 
Occéano] Atlántico equinoccional se halla el mar 
abierto de Guinea, que no tiene ningún otro 
semejante que le corresponda al oeste. El Oc- 
céano Atlántico austral no tiene ni mares ni 



<75) s 

golfos notables, íll Occéano Atlántico se es- 
tiende de sur á norte desde Thale meridio- 
nal en la tierra de Sandwich (i) hasta el cír- 
culo polar ártico, que forma el limite boreal. 
El austral puede señalarse por tina linea que 
desde Thule subirá hacia el *mrte á la isla 
de la Circuncisión (2)^ que pasará después 
por la islita Dina (3) y se prolongará has- 
ta el cabo de las Agujas en la estremidad me- 
ridional del África (4). La mayor dimensión 
del Occéano Atlántico se mide por una linea 
oblicua dirigida desde el fondo del golfo de Mé- 
jico en la embocadura del Rio-Bravo (5) hasta 
el fondo del mar Negro (6). Entre los trópicos 
es en donde fcste Occéano se encuentra mas es- 
trechado por las costas de la América meridio- 
nal y por las del África^ que <efc este espacio se 
adelantan la una hacia la otra $ y en el interva- 
lo que separa sus cabos mas próximos las islas 
de la Ascensión, de S. Pablo , de S. Mateo, de 



(1) A te '60 grados de latitud) y 27 grados 40 metros de" 
longitud occidental. 

(2) A Jos M grados 20 metros de latitud sudeste > y 3 
grados de longitud oriental. 

(3) A los 41 grados 25 metros de latitud sudeste ■, y 18 
grados de longitud oriental. 

(4) A los 35 grados de latitud sudeste > y i 8 grados de 
longitud oriental. 

(5) A los 100 grados de longitud occidental, v y 26 grados 
de latitud septentrional. 

(6) Hacia los 47 grados de latitud septentrional , y 34 gra- 
dos de longitud oriental. 



O 6 ) 

Fernando Nof ova , y aun masa! mediodía las de 
Santa Elena y de San Martin de Vaes , reunidas 
entre sí por islotes y escollos, nos indican evi- 
dentemente una cordillera de montañas submari- 
nas que parece dirijirse particularmente entre el 
cabo de la Palmas y el de S. Roque: la línea que 
traza esta .cordillera corta oblicuamente el ecua- 
dor , y forma con él dos ángulos opuestos por sus 
vértices de 20 grados de abertura. Pero en elOc- 
céano Atlántico se encuentran muchas islas que 
no forman cordillera alguna, y que , lejanas de 
los continentes son unas tierras occeá nicas, di- 
gámoslo asi, que ni son bastante numerosas, ni 
están eti posición de formar mares mediterrá- 
neos abiertos como las del grande Occcano , y 
que tampoco pueden agregarse á ninguna de las 
ocho partes del globo terrestre. Las mas con- 
siderables de estas islas son las que componen 
el archipiélago de las Azores; tienen infinito 
número de rocas y escollos interpuestos al no- 
roeste entre el gran^ banco de Terra-Nova , y 
al sudeste entre las islas de la Madera y las Ca- 
narias. Las JJermudas (1) están aisladas: las is- 
las del cabo Verde en el Occéano Atlántico 
equinoccial están cercanas al África , y pueden 
considerarse corno dependientes de esle conti- 
nente; mas una serie de bancos y de escollos, 
poco comunes á la verdad , pero notables por 



(1) Hacia los 33 grados de latitud ,y á los 65 de longi- 
tud occidental. 



(77) 
su dirección, parece unir estas islas i las An- 
tillas ó al gran Archipiélago de América. En el 
Occe'ano Atlántico austral se encuentran di ver* 
sas islitas solitarias; tales son Saxembourg, 
Tristan de Acuña y sus dos satélites , la isla de 
Diego Alvarez, la de Gouph , la de la Circun- 
cisión , la nombrada Georgia por los ingleses, 
y Tierra de la Roca ó isla de S. Pedro por los 
franceses, y en fin la tierra de Sandwich, que 
es la última Thule de este hemisferio y la es- 
tremidad de los dos Occe'anos. 

Al norte las costas meridionales del Asia Val 
oeste las costas orientales del África,' al este las 
del Asia y las del archipiélago de Notasia for- 
man los líitiites del Occéano indio, que se es- 
tiende desde el mar de Bengala y los golfos 
arábigo y pérsico hasta el cabo de las Agujas 
en África y el cabo sur de la tierra de Van— 
Diemen: las líneas que ya hemos indicado en- 
tre el cabo de la Circuncisión , Vhale ó San- 
dwich , y la esfremidad del África entre el ca- 
bo sur de Van-Diémen, y el cabo Bennet en 
las islas de Auckeland completan los límites oc- 
cidentales y orientales del Occéano indio , y se- 
ñalan al mismo tiempo los que le separan del 
grande Occéano y del Atlántico. Para estable- 
cer el límite meridional tiraremos una línea 
que pasará por el cabo de la Circuncisión , por 
las islas del príncipe Eduardo (i) , por el cabo 



(1) A los 47 grados de latitud sudesU , y o¿ grado* £0 
metro* d« longitud oriental. 



de S. Jbfge eh la tierra de Kerguelen (i ) , y en 
fin, por el cabo sur de la isla de Van-Diemen 
ó de Tasmania (2)^ El Occéano Atlántico y el 
grande Occéano están separados por los Occéa- 
nos glaciales , ó solo se comunican por sus es- 
tremidades australes; mas el Occéano indio to*- 
ca á ambos por el sur * y asimismo al Occéano 
glacial ártico: todos los estrechos o canales que 
forman entre los trópicos; lm islas del archipié- 
lago de Notasia ?J y las costas del continente de 
este nombre son otros tantos pasos del Occéano 
indio al grande Qecéano., El primero al norte y 
al este está separado de los Otros tres occéanos 
por toda la estension de las tierras del antiguo 
Mundo, y adelantando sus aguas hacia el nort t 
entre la tierra de esta glande división del globo 
es como forma los mares, de Ornan o de Arabia 
y de Bógala, Entre las ám islas de Madagas- 
car y de Geylan hay una cadena de islas for- 
mada por las de Francia, de Barban , del Al- 
mirante y otras diversas islas* islotes y esco- 
llos que trazan al sur los liinites de un gran 
mediterráneo abierto, al cual daremos, el nom- 
bre de mar de Ornan % con el que se distingué 
ya^su parte septentrional , y que prolongándose 
al norte forma los golfos arábigo y pérsico : los 
otros límites de este mar al oeste, al norte y al 



(1) A los 50 grados de latitud sudeste ,. y 68 grados de 
longitud oriental. 

(2) A los 43 grados 38 metros de latitud, y 144 grados 30 
metros de longitud Oriental. 



(79) 
este, son las costas de Mozambique, de Zari- 

guebar, de Ajan , de Persia y de la India. El 
canal de Mozambique entre Madagascar y la 
costa de África , y el golfo abierto de Manaar 
entre Ceylan y la India, son como las dos en- 
tradas del mar de Ornan al sudoeste y al nor- 
deste; pero la última no es practicable para los 
buques mayores. El mar de Bengala que rodea 
al norte, al oeste y al este las costas orientales 
del Indostan , la de los Barmas , las de Malaca, 
Sumatra y Java tienen señalados sus límites al 
sur poruña línea dirigida entre el archipiélago 
de los Chagas y las pequeñas islas de Apularia, 
de los Cocos, de Bristhinas, y el cabo mas oc- 
cidental de Java. Jja disposición de estás diver- 
sas tierras indica evidentemente una cordillera 
submarina entre la isla de Java y el archipié- 
lago de Chacos que se estiende de este á oeste 
entre los 9. y 10 grados de latitud sur. El mar 
de Bengala comunica con el de la China y con 
el de Java por el canal de Malaca ; pero al nor- 
te de este canal el archipiélago de las islas de 
Nicobar y el de las de Andaman, señalan con 
algunos islotes y escollos entre el cabo Negra is 
en el Pegu, y el cabo de Achin en la isla de 
Sumatra una línea que demarca muy distinta- 
mente los límites de un golfo abierto encerrado 
en el mar de Bengala. Entre las líneas que es- 
tablecen los límites de Ips mares de Ornan y de 
Bengala , y las estremidades del Occéano indio, 
se encuentran algunas islitas solitarias como son 



(8o) 
CIoat.^B omeros, & Pablo, Amsteráam y N$]fcf 
tigat.El Occé^no indio hallándose casi .entera- 
mente situado entre los tróficos disfruta sobre 
toda su superficie la benéfica influencia de los 
vientos alisios y de los monzones: esta causa ha 
facilitado en todos tiempos las comunicaciones 
entre las diversas partes que le componen ; *y 
como de todas las razas de hombres que habitan 
sobre sus costas los árabes son los mas activos 
c inteligentes, se han estendido sobre las del 
África, l^s del Asia y las del Mundo marítimo 
que forman lo$ límites de este Oceéano y y no 
es de estrañar el que á pesar del silencio de los 
monumentos históricos ^e hallen} tantos indicios 
de relaciones seguidas entre crl Egipto y la Indi^t 
en una época muy remota y anterior á la de las 
conquistas de Alejandro el Grande* 




S ^^^^ ^^~ ^^^^^ ^^^ ^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^ ^ ^^^^^^^^TT^ ^^JP 



■e- 



XA BENEFICENCIA. r 



Sentimiento emanado del cielo, dulce inclín 
nación de las bellas almas, ¡divina beneficenciaí 
Feliz el mortal que vive bajo tu imperio y que 
te ha entregado su corazón. Feliz el que desem- 
ganado de las ilusiones de la vida, y de las lo- 
cas pasiones que degradan al hombre, abandona 
la corte y se va á las chozas campestres á con- 
solar á la humanidad doliente. 

Sin duda ha nacido entre los bárbaros del 
Caucaso , y ha mamado leche de una tigre el 
que" ve con indiferencia correr las lágrimas del 
infeliz y cuya alma de bronce cerrada á la com- 
miseracion rechaza con feroz alegría todo sen- 
timiento de piedad. 

¡Ah! como compadezco al hombre egoísta 
que solo vive para sí y al corazón avaro que 
atormentado noche y dia por la sed del oro, 
desconoce el £anto ardor de la beneficencia; in- 
sensato que se priva del mas puro y dulce de 
los goces : el placer de dar. 

Yo bendigo al Ser Supremo que me doto de 
un alma compasiva. Nunca" la prosperidad de 
nü semejante me fue indiferente, gozó de ella con 
entusiasmo y alivia mi corazón. ¡Oh! como por 

6 



4 contrario, ¡su infortunio^ me aflije y ator-^ 
menta! 

Todavía fné acuerdo y me acofdáré eterna* 
mente del dolor que sufrí á la vista de una des- 
consolada madre que llevaba al sepulcro á su 
hijo único. Hería el aire con sus gritos, sin 
que se apartase de su boca el nombre de aquel 
hijo a quién habla dado de mamar; le llamaba, 
íé hablaba aun y los sollozos sofocaban sus pa¿ 
labras. Todos lloraban hasta el sacerdote que 
no podía concluir las sagradas foraciones Hubo 
q[üe llevarla desfallecida y moribunda porqué 
quería precipitarse sobre el ataúd y sepultarse 
Viva en la tumba de su hija A$i se vé¡ a la tiér- 
jaa Filomela á la <jue el cazador ha robado el 
fruto naciente de sus amores, la infeliz suspira, 
y en bosque solitario resuenan sus. quejas pro* 
Idngadas. 

El <?ielo me ha dado poco pero pertenece a la 
indigencia. El trigo que crece en mi campo se 
siega para, ella s cqmo para mí. En el estío goza 
"la fresca sombra de mis bosques y en el invier- 
no bajo mi techo desprecia el furor de los aqui- 
lones. El néctar de mi viña, la lana de mis ove- 
jas, los frutos de mi vergel, todo lo parto con ella 
pws habiendo sentido él infortunio hay más 
placer en socorrer á los desdichados. 

Solo ambicionó las riquezas jle Átalo y de 

Creso para erigir uri templo a la beneficencia. 

5 Mi i no se verían los conquistadores r azotes de 

la humanutaf ni los ingratos que la deshonran^ 



(83) 

ni lo* monarcas opresores siempre armarlos del 
hacha del despotismo. X<as tiernas virtudes, el 
reconocimiento y la amistad fiel tendrían sólo 
§us altaos, 

Almas generosas , hombres sensibles y corrí- 
pasivos , vuestras estatuas llenarían este templo, 
yp mismo la? coronaria de laurel , y en aquellos 
jn uros sagrados se leerían vuestros ilustres nom- 
bres grabados por mi mano con letras de oro en 
marmol immort^l» 

Proyecto de un colegio normal de ciegos* 



En la Minerva de la Juventud Español han 
ocupado siempre un lugar de preferencia los arf 
líenlos destinados á la enseñanza de W ciegos 
5£a desde el primer numero se empezó á trataf 
tJe la singular disposición de los ciegos para la$ 
ciencias y las artes , de s$l estado mora] , de las 
facultades que en ellos se desarrollan 1 de pr#r 
eminencia , ,y del modo maravilloso con, que £§r 
íplen el sentido que les falta y salen del círculo 
estrecho qae Jal parecer 4es, rodea. La curiosa 
áriogra&a que también Se ha insertado basta p$rr 
ra probar que los ciegos no so# una calamidad 
para la sociedad, sino que las ciencias y áas-^r-t- 
¿es pueden sacar de ellos inmenso parjidíO , rsiei^ír 
<p?& que i®¿ pongan en práctica ío$ ipgmiosoi 
métodos in ventados para r ponerles en com un i- 



) 

caclon con él resto de los hombres. También se 
ha dado idea de los varios colegios establecido! 
eri países estranjérós, y del estado mas o menos 
floreciente de estos establecimientos y de los di^ 
versos métodos de enseñanza. 

Tan cuidadosa solicitud ha sido debida al ce- 
lo y constancia con que el editóir dé la Minerva 
sé ha ocupado ya hace tiempo de la educación 
de esta clase desgraciada ya la íntima convic- 
ción que siempre ha tenido de qué llegaría épo^ 
ca en que habia de mejorarse la triste condi- 
ción def los ciegos españoles: * 

No han sido vanas sus esperanzas , ni es ya 
una estéril compasión lo que inspiran éstos des- 
graciados. La filantrópica sociedad de Amigos 
del Pais los ha tomado bajo su protección , y en 
la actualidad se ocupa incesantemente en aten- 
der á su bienestar y mejora de su educación; 
acogiendo con benignidad las propuestas que al 
efecto la hizo el editor de este periódico ¡ que se 
gloria pertenecer a tan ilustre corporación. Pa- 
ra qué no pareciesen tan inverosímiles los ven- 
tajosos resultados que se prometían , era preciso 
comprobarlos con hechos , y en consecuencia no 
sólo la sociedad sino un considerable numero 
de personas de todas clases y gerarquias han 
visto con el mas vivo interés ai niño D. Faus- 
tino María Samaniego que á la temprana edad 
de ta años y con solo tres meses de instrucción, 
ya leia correctamente y con celeridad en am- 
bos idiotti as español y francés , formaba cantil 



¿lacles riumeVicas y periodos mas ó menos largos 
con caracteres tipográficos; escribía y esplicábá 
el mapa de España, todo bajo el método y con 
los instrumentos destinados á esta enseñanza. 
Desde que éste niño tnvo el honor dé trabajar 
delante de la sociedad ha. continuado sus rápi- 
dos adelantos, y ya en el dia ejecuta las cuatffc 
primeras operaciones aritméticas yiempiefca co¿ 
las reglas de quebrados. 

En vista de estos adelantamientos la sociedad 
Matritense acudió á solicitar del Gobierno se 
estableciese en esta corte tin colegió normal de 
individuos ciegos de ambos sexos , en el que 
puedan recibir una educación esmerada y po- 
nerse en estado de comunicar á los demás los 
conocimientos que hayan adquirido, difundien- 
do asi por las provincias los beneficios de esta 
invención , de que nosotros hasta la presente 
hemos carecía '.'íEíf G<^e^o ^di#iáendó las 



ideas de la sQciedM,como tfrú j^opfetüe su ins- 
tituto ha determinado se realice este proyecto, 
y por Real orden comunicada por el ministerio 
del Interior S. M. se ha servido mandar que se 
establezca el dicho colegio, dejando á cargo de 
la misma sociedad el plantar sus bases y deter- 
minar los gastos que sean indispensables, y que 
en tanto que esto se verifica y para que no se 
pierda tiempo en la educación de los ciegos sea 
admitido un cierto número de estos con la ca- 
lidad de estemos en una escuela práctica que 
debe establecerse interinamente» 



) 

Eti consecuencia de esta soberana resotudof| 
W mientras se trata de establecer el colegio nor~t 
mal con toda la perfección de que es susceptible, 
se abrirá la escuela práctica para ciegos de am^ 
tos sexos y y nosotros tendremos 4 nuestros lee- 
lores al corriente de su instalación y de lo de?? 
mas que vaya realizándose de este tan grandio- 
so y filantrópico proyecto. 







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- <3. V: 



MOSAICO. 



En Suecia un jdven convencido de haber 
muerto á un perro , ha sido condenado á cincuen- 
ta palos y Á llevar al pecho por espacio de siete 
años la inscripción siguiente: Monstruo inhuma^ 
ño y silvestre: buen pais es este para los perros* 



La gracia no es mas que la hermosura en 
tnovimiento. ^ 



Xa elección del cara de En si val , pequeña al- 
dea á media legua de Vérviérs, sé ejecutaba se-* 
*gtm una antiquíshna costumbre del modo si- 
guiente. El ipueblé estaba reunido en la plaza, 
por medio de la cual pasa un arroyo, y a cada 
candidato que se presentaba los que votaban á 
"su favor saltaban al otro lado deí arroyo, dé 
módó qué quedaba electo cura el que mas salta- 
rines contaba. > * 



Eñ Genova se há ejecutado eon graridfe 
aplauso por una compañía dé sordo-mudós uhá 
pantomima tü^o argumento és la historia de 



José 



Sí buscáramos ^cuidadosamente la causa ha- 
bitual de las equivocaciones de nuestros senti- 
dos , encontraríamos bien apronto los medios de 
repararlas. 



Se ha h^cho en Boloña y durante un fuerte 
temporal el ensayo de un barco de salvación 
para náufragos. Resistió á todas las pruebas, y 
loi marinos que lo ensayaron aseguran qué es 
insumergible. ^ 



El aSo penúltimo un gentil hor|iI|r^ polacq 
pilló en su propiedad cerca de Lemberg una ci- 
güeña y tuvo el antojo de ponerla un collar de 
fierro con esta inscripción. IJetcfwm^a ex JPplo- 
nia , y ta dio ,#n segui4a libertad. JÜ año pasado 
Ja misma cigüeña ha si% cogida, en el mismo 
lugar por.el polaca; pero cual fue su sorpresa al 
ver debajo de su collar de hierro otro de pro en 
ipxe decía: India cum dóñis remiftii cigpniam Po- 
Jlmis, Después de haber invitado a los vecinos á 
J|eer esta misiva dejó volar ál(mensagero alado. 



Se ha encontrado en lias minas de Kongsberg 
.en Christiania un pedazo 4<í pla^a pura que es 
¿tal vez el mayor que en nuestros dias se habrá 
¿|isto no solápente aili sino entodp §1 globo. Pe- 
sa i443 marcos. 



♦ I 



J& 







EFE ME II I DES 



í%«ps 



%1/M/l/H/W 

Mes de Junio. 



Jgu$os sabios pretenden que el róes dé juiúo 
,én l&tinJj/a/W fue?üamadq asiep honor de Ju- 
gjqs Brutas , (andador de la libertad y la repi*f 
,Jblica romana., 

En el mes de Junio se v0ri%á él solsticio del 
éstio, cuando el sal está en el signo de Cáncer, y 
entonces los dias son los mas largos del año, des- 
_pues van disminuyendo de día en diaV Este mo- 
mento del ano se I lama solsticio , porque el sol 
r c ? uando esta' cerca de este punto parece, durante 
.algunos dias, que tiene la misma altura meridia- 
na, y porque los dias antes y después del solsti- 
cio son de la misma duración como si el sol e*- 

e 



(9°) m< 
tuviese fijo , staret en él mismo paralelo al 
ecuador. Esto Jíroviene d^ qué Ja parte de la 
eclíptica que él sol describe en aquellos días es* 
tá casi paralela aj ^ecuador. 



El 2 4 de imiéy fiesta de S. Juan Bautista* 



S. Juan Bautista f precursor de Jesu-cristo, 
hijo de Zad*rwis y de Isabel^ natrió el año del 
mundo 4°o4 cerca de seis meses antes del na- 
cimiento del Salvador, un ángel se lo anunció 
á su padre Zacarías que no dando suficiente 
crédito á sus pal&bráls porqáé^su muger era ya 
anciana y estéril quedó mudo desde aquel mis- 
mo instante. Sin embargo, Isabel se hizo emba- 
razada y cuándo 1% Santísima Vir£fen fcft a vi- 
sitarla sintió al niño manifestar* su % gozó aun 
émtr& d§ éu vienta SL f Juan sfe retiró al desier- 
to y vivió de un modo muy austero. Su vesfiáo 
eran pieles de fcanielfósr y* su afltíaeírtó langostas 
y, miel silvestre El año 29 efe Jesucristo empe- 
zó á predicar penitencia en lá orilla del Jbrdan 
y ba&tizó á todos los qué venían a él La santi- 
dad: de §a vida hi&y ereer á lor judíos que él era 
>elí|Wfesías y pefo él les dijo qüeúó era digno de 
desatar la carrea del ealzadfr del qaé venia des- 
pués de él y quesera la víctóníá por excelencia. 
El celo de S. Juan fue la -causa de su muerte* 



la que le mandó dar Heródes porque 1^ r^pren- 
dia su adulterio con Herodias. 

La fiesta de S. Juan es de la mas remota an- 
tigüedad en la iglesia. Durante algún tiempo se 
celebraron tres misas en este día como en Na- 
vidad y era costumbre encender por la nocbe el 
fuego llamado de S. Juan. Én Bretaña la vís- 
pera de S. Juan por la noche se vé brillar de 
repente alguna hoguera en la cumbre de una 
elevada montaña , á poco brilla otra r luego otra 
y asi sucesivamente hasta que se llena el hori- 
zonte por todas partes. A lo lejos se oyen voces 
alegres , rumoF confuso ocasionado por los ins- 
trumentos del pais y los ^aracolés de los pasto- 
res que Fetumban de valle en valle; las }pvenes 
con sus vestidos de gafa acuden para bailar at- 
rededor de las hogueras de S. Juan porque las 
han dicho que si recorriesen nueve se casarían 
en aquel apo< 

Los aldeanos conducen sus caballerías para 

fue brinquen por encima de los tizones seguros 
e preservarlas de este modo de enfermedades. 
Entonces se ofrece á vista del viajero que pasa 
un singulaf espectáculo que consiste en largas 
filas de sombrías que saltan y brincan alrededor 
de las hogueras como si fuesen fantasmas dando 
gritos feroces y lejanos. 

En machas parroquias es el mismo cura el 
aue- va procesionalmeitte con la Cruz á encen- 
der el fuego de lar alegría. 

Los Bretones conservan con aran devoción 



(SO ;..« 

fin tizón del fuego de S. Jaañ qae dicen les li- 
bra de las tempestades. Se disputan ademas coi* 
ardor la corana de flores qtíé domina íá hoguera 
y algunas jtívenes llevan colgadas del cuello 
aquellas flores secas como tali>manes preserva- 
tivos de los males del cuerpo y las penas del 
aliña. 

En Brest el fuc^o de S. Juan tiene una fiso¿- 
fiomiá particular y mas fantástica todavía qufe 
en el resto de Brétáiía^ Al anochecer tres o cua- 
tro mil personas áciiden sobre él gíacis; niños 
artesanos, marineros ^ todos llevan en fa iría no 
una resinosa y encendida tea á Ta que ^óíftCfni- 
cati un rápido movimiento de rotación. En me- 
dio de las tinieblas de íáriodie, se divisan mi- 
llares de luces agitadas por rríáijos invisibles qué 
corréií describiendo círculos trillantes eñ el aire 
y riiil arabescos caprichos de juego. A veces las 
antorchas lanzadas por un brazo vigoroso, suben 
por los aires y luego ¿aen esparciendo muchas 
¿hispas luminosas como Una lTjivia de estrellas. 
Una multitud de espectadores sé pasea bajo este 
rofcíodé fuego V atraídos por la originalidad del 
espectáculo, hasta que dan el toque de retirada 
y levantan el puente levadizo , entórícés las teas 
van apagándose y desapareciendo strcesi va mente, 
la campiña ha quedado desierta y solo se oye 
el guien vive. 

En Poítotí para celehrar Ta fiesta de S. Juan 
rodean muy bien de paja eí disco de lina rueda 
de carreta t encienden la paja con una vela ben- 



(93) 

dita y después pasan la rueda inflamada, por 

todos los campos, que quedan fertilizados según 
las tradiciones dpi pais. 

En /Vlemánia y en otros países se ven aun 
muchas costumbres de este género, y de esta 
suerte mirando con atención lo presente, se des* 
cubren muchos vestigios y restos de lo pasada 



LOS HERMANOS DE LECHE, 



mmmm 



Hjbia en la isla de Santo Domingo ünjiom- 
bre llamado Áubert que comerciaba pucho coa 
los capitanes negro?. ; Ksfe, hombre que había 
llegado a la isla s^ma$ caudal que el qug es- 
peraba ganar, se hallaba actualmente wo y 
siempre compraba los esclavos mejores y wat 
robustos. Sus plantíos se habían ensanchado 
grandemente con los brazos de l^pp negros que 
tenia en ellos trabajando sin cesar. Por otro la-» 
do, era un hombre muy cruel y bacía trabajar 
a los negros niucjko mas de lo que alcanzaban 
$us fuerzas. Jos esclavos se morían pero esto á 
¿1 no le jpjportaba nada porque los reemplaza^ 
jmmcdíatamc nte , y había calculada que d^pues 
que un iic^ro había preducido iT^as del %b\ot 
que liabija dado per el, ya era evidente la ga- 
na ncia y desde entonces, podía morir. Cuando 
M r. Áubert raciocinaba asi consultaba solo á su* 






. , . fifi 

intereses, pero silmbiéra consaltado á su con- 
ciencia esta le hubiera dicho que Dios ha im- 
puesto otros deberes mas que el juntar grupsó 
Viudal, y que el oró si causa verdadero placer, 
cftiando' no es adquirido á costa de las miserias 
de la humanidad. 

Mr. Aubert tenia dfcs hijos de Stfs primeros 
anos de matrimonio, el mas joven tenia ya do- 
ce años cuando Madama Aubert parid otro 
muchacho, pero no pudó darle de mamar por 
su delicada salud. Buscaron para este efecto á 
una negra , joven , fresca , robusta , en fin que 
ofrecia todas las garantías <juíj el ajnor mater- 
nal ptíéde desear. La negra tenía tambí^rsu 
riiñitoque había nacido pocos dias arités q*úé Ju-^ 
Mo, el nina de su señora, f asi daba su pecho á to^ 
dos á; nú misirio tterílpo^ cuidándolos y acari- 
dánéoloS tó misino módfo ^ confundiéndolos en 
Éa éoifamn y haciendo hermanos á aquellos ni- 
ños que estraian su alhnéííto de un mismo ma- 
«auatiát^ olvidando en tai; igualdadf de su cohdi-i 
cion presente ? la disíáhóiá que jlébia separarlos 
en lo sucesivo. > * 

c Entre tanta la esclavitud de la negra íe^fflii 
figo: ftie considerada* eri éf íáñgo de cHá(|os del 
£oritiriarité , emptead?á ¿ir é| servicio interior dé 
lá casa , y Juan su hijo el hermario de leche de 
IrafaüAübért rio se separd efe su lado! Madama 
*A ribert & r * fuerza de ráegos hábia conseguido es- 
fas dos concesiones de su inexorable marido qu^ 
ifé lamentaba de mantener tíos bocas tari itiutílek. 



Julio y J^n cumplieron los doce 2^03 siem- 
pre amándose como hermanos. Jalio repetia á 
Juan las lecciones que sus^ profesores le habían 
ensebado, y Juan se aprovechaba de las lecciones 
de su amigo. Mas ¡ay! todo sonreía á la imagi- 
nación del jóveqí colono , todo era, placer para él, 
nádale afligía en su amistad, mientras que Juan 
iba aprendiendo de su madre la priste condición 
de las gentes de su color, los trabajos forzados 
á que estaban condenados, la, horrible agonía 
dé una existencia sin esperanza de alivio , y llo- 
raba la infeliz madre al contar esfto y ¡ Juanito 
lloraba con ella. Una noche la §$conttó toda 
anegada en laanoias^ hiriéndose el pecho y arr 
rastrándose pqrjei s^eJo pon todas Ja$ señales dp 
la desesperación. '^ f * ,,.. ^ ¡Mríi 

— Juan, le dijo asi que le vio entrar, mafiana 
será eí último de mis dias si tu no salvas á Mar- 
co Sey ano qqe debe rporir paaílana anjte^ de me- 
dioldia. -■- ¡ $p «padret fisclanaó Juan horroriza- 
do. --Sí, Jt4 padre que te ama tanto. .--Madire, 
respondió Juan : con calma ; pasad la noche tran- 
quila , mi padre será .salvo ó moriremos juntos 
Jp$ dos, .„ a . , 

Asi qué amaneció Juan fue á huscar á $ se 
hermano de teche y le dijp. "Julio es preciso 
salvar £ jni padre que va a morir, hoy» o de Id 
contrario mi inadre y yo moriremos pon él. 
. -- ¡Tu padre íj¿pues qpié ^s|o qw ha hecho? 
j>r£gunj<í ;5jj^ t ^r^ í $0 lq, s$^ per# es preciso 
Mvarfe. 



•PtSWf BiÉtí lé salváremos d de lo contrario 
moriré yo también conhgo, ptiesto que tu quier 
tes morir ton ¡el. Espérame. 

Julio corrió al aposento de sd' padre, le aorib 
ato, le acaricio, le hizo sonreír, /n fin cuándo le 
vid bien dispuesto le pidió él 1 perdón de Marco 
Séyano. Madama Aübert lfqrába de lerríür^ 
pero Mr. Aúbert el inflexible '"im quiso perdqriar 
diciendo que éu 1 hijo sería siempre qp rival color 
no. Julio salid tíiuy resentido y medita ndó : uo" 
proyecto en su cabera. / 

f — Mi padre no quiere perdonar, le dijo a 
Juan con vófc í'ésuelta: pero vente conmigo, v 
lio hay que desesperar por* riada. Eri seguida 
fueron sirí hablar palabra aí lugar dé la eje-I 
cucion. Había levantada una Jíorca y Marco 
Seyano estaba condenado á ser colado <}e [ella 
cabeza abajo; largo y cruel suplicio eq que no 
espiraba el séntéiMádo has{$ lá^ yeíníé ycüa^ 
tro horas de agonía. Estaba atado a un mar 
dero, desnüdd y -acardenalado Cftn tos latigazos 
que habían énsaqgrei|tádo su*s ^s^Jdas y. •&. 
pecho. * f 

Cuando lleca ron los dos hermanos , le deslía- 
i)an á M arfeo Seyánfy del madero para c mducirr 
le á su uHiirío tormenta. Julio sé abalanzo á él, 
% abrazó y mando qué" Ir pusiesen én libertad; 
el gefe de los esclavas titubÁÍ y pero ^cdrdá riló- 
se del genio de su amo ; qqisó llpvar adelante 
la ejecución, entonces Julio cbmpréKéqdíei^dé 
que iba i #er despreciado f sacó un puñal f de- 



¿¿láró qué se íe clavaria en el pecho si datan tiñ 
paso mas adelante. Esta audacia impuso al ¿efe 
de los esctavós^que rio ^ujsó ipinéfer/|i\ifi r prüe^ 
ha el valor 'desesperado del lujo de su amo. Ju- 
lio aprovechándose de este momento hizo ir con- 
sigo á Marco Se va qo adonde estaba su padre, y 
Jepilió delante <le esUí la escena c¡ue tan buejflí 
alecto háliia producido en el §efe tlé tos esclavos. 
Mr.' Auljert rechinó los dientes y levanto * ef 
brazo par ¿i herir; pero al ver dirigirse él f puñai 
hacia el líecHo de sri ' ' tiiicV. entendió su maño y 
fcl perdón de Marco Seyano fue '.concedido. 
f Seis ' nieses después de" este áconteciínleñííí 
fbs esclavos jurapientádós se unieron contra 4joJ 
blancos, declarándose libres* e independieh&i y 
asesinando ¿üáiitos caian 'en sus manos, r-sta 
Vía una velh^mza librribte de sus padecimientos, 
lasi es que se móstra barí sordos á todas las la— 
trima,s y los fufóos corno se Habían mostrado 
gordos cuando ellos habian pedido y Horadó 

>a íaitiiiia» Aubert se había 'refugiado en la 
montana que atraviesa la isla en toda su loriga- 
iud. Kstabapisegoros de qué nadie adivina ria la 
(entrada, pero nadie podía salir afuera , amena- 
^ados de 4á müerie ó de hambre, ó á hierro y 
fuego. Se óian mezclados los gritos de )¿s negros 
^fÚe}aéM&bcüs\ Á É¡é los asesinos y /de las yíctiiiias, 
*y póí" éntfe* las hendida ras' dé la roca se divisa- 
ba et incendio qiie^abí asaba todas las habitacio- 
'ries, ilu^riijriando iel ^orlzon^ con sangrienta y 
^fóríebre lt¿¿; Érá una horrible tempestad di <fai> 



róceriauy de .m^ijte^vlos esclavos que* recorrían, 
toda la isla el pañal .en unamapo y la antorcha 
en otra parecían una legión de demonios que a 
la voz de Dios hubiesen salido del infierno para 
castigar alguq pueblo rebelde. [ 

Maáama Aá|)ert estrechaba á sus hijos con- 
tra su corazón y por el los solóse temia porque en 
ellos solos tenía depositado todo su cariño. Mr. 
Aubert robaba a JJios. se lamentaba, implora- 
La el perdón; ¿ero no podía encanarse, sabia 
muy bien quesera la primera victima destinada 
¿ la venganza d^ligls'nbgrQs; era .preciso LtfRQfift 
era una sentencia sin apelacioay su conciencia, 
cuya voz escuchaba al iin , Je decía que esta 
sentencia la tenia bien- .merecida. 

Desde el primer grito de la ínjs^rr^ccion Jp«- 
lío no habla vuelto á ver á su hermano de leclu* 
y rio sabia que se había Hecho dé el, pero sin 
pensar en la sallad que podía esperar fie su amis- 
tad , quiso sufrir ta suerte de sii familia , ó la vida 
para toaos é él 3 sepulcro para todos: este era el 
último deseo de su buen corazón. 
I ? ya rías vece$ oye ron pasa r gn^pos tamul tuo- 
sps que proferían /con ^voz amenazadora el nom- 
bre de IVIr, Aubert; pero se fueron alejando poco 
á poco y solo sé oía el ruido confuso de la insur- 
región. Ya se acercaba la segunda ri(^che, y ha- 
cia diez y ocho, tíoras que aquella fernilia no 
había tomado ningunralimento. Una manoaihi- 
ga puso a la entrada de la caverna ,t¿p cesto d e 
fm&j pero este/speorro fue causa de su perdi- 



cioti , pu<»s los negros que espiaban este momen- 
to invadieron iinmediátamente la c&vjerna, se 
})recipilaron en tFOpél sobre aquella póbrq fami- 
ia degollando á cuautQs encontraban al paso, 
Julio cayó mal herido queriendo defeñ(|ér á su 
padre, y todos hubieran sido víctimas si nó hu- 
bieran acudido vol^od.0 Juanilo y su "padre, 
Marco Seyano qué habi^ sido, nombrado uno de? 
los gefe$ dé los insurgentes.; Juaíjilo corno apre- 
surado al que crel^ * cadáver de su hermano y 
poniéndole la maño Sobre el corazón noto quei 
palpitaba todavía.— «Gracias os doy ÍM<& mió, 
esclamó, mandando á los negros que por sen- 
deros escusados llevasen en sus brazos á Julio 
hasta la choza dé su madre, bajo cuya protec- 
ción pudo convalecer de sus heridas. 

Una noche salieron silenciosamente de la ca- 
bana y toda la familia se dirigió ocultamente 
hacia el mar par^^iw^r^^>un navio que 
pártiá para l^rppa. Llegados ai ijifcelle entra- 
ron en una barca qüí los habfo de llevar al na- 
vio anclado á cierta distancia. — Adiós buen 
blanco, le dijo Marcó Seyano , vas á volver al 
pais de tus padres/-— Adiós hijo mió, decía tam- 
bién a Julio, la negra su segunda madre. Adiós 
Juan, adiós hermano mío, decía Julio anegado 
en lágrimas. — ¿Cómo que adiós? respondió 
Juan ; no, no, yo me marcho contigo, ¿no esta- 
mos ya convenidos en que hemos de morir jun- 
tos? pues bien; para cumplir esta palabra es 
preciso que no nos separemos. 



Los Ao$ se embarcaron juntos y Juan, que ya 
tenia el consentimiento de sus padres , hizo tras- 
ladar i bordo un paquete t muy, pesado Este es 
todo el caudal que robaron á tu pa¿rlrc e! día de 
la insurrección. " Dijo Juaniío á Julio, (e per- 
tenecede Justicia y jo estoy encargado de en- 
tregártelo. 

"~ Detfde entonces h^n y i vi Jo juntos en un pue-* 
b!o de! mediodía de la Francia, su annstad nun- 
ca se ha al lenulo y siempre si han ainado como 
hermanos estos dos niños alimentados á un mis- 
mo pecho, 





EL COMERCIÓ ÜE NEGr£)& 



Antes de la introducción del Cristianismo cfí 
'Europa , existían en lodos los países civilizados, 
esclavos ó sean hombres veqdiíjosj comprados 
por oíros hombres y condenáis bajo pena de 
muerte á servir hasta el últirno suspiwal que 
los ha comprado Al principio ípis (^íavo^ eran 
los enemigos hechos' prísior^rpsi á^spu^s de 
la victoria; pero com^ los hijos de estos ¡esclavos 
sufrían la suerte de sus padres, bien pronto fae 
in me oso s u número. 

La caridad que, es ta primera ley del Cristia- 
iiisfiK) debía poner urí término á esta cruel ley 
del más fuerte; y poco á poco . h> esclavitud fue 
abolida en todos los países Cristianos. Entonces 



( IO ¿) 

no se vieron en Europa mas esclavos que los 
cristianos que éáian" el* »p©der 4 e los moros y 
viceversa. 

Cosa increíble fue el q&e se intentase resta- 
blecer la esclavitud en Hombre de la misma re- 
ligion^gue f la había ábsida, Los portugueses 
redujeran los primeros á los negros al estado de 
e&élavitud pretendiendo convertirlos á la Reli- 
gión Cristiana, siendo asi que solo trataban de 
enriquecerse con tan horrible comercio. 

El descubruniento del Nuevo Mundo por 
Cristo val Colon y de todas las islas que fueron 
luego jre.co¿nocídas- ó conquistadas por, 4i versos 
navególes, dio á este tráfico uña éstéñsíon in- 
creible; y desde que se reconoció que los blan- 
cos eran incapaces de resistir un trabajo sosteni- 
do bajo el sol dé los trópicos, todas las tierras 
del Nuevo Mundo ocupadas por europeos fue- 
ron cultivadas por esclavos negros comprados en 
las costfasr de África. Los barcos negreros siem- 
pre anclaban de preferencia cerca de la frontera 
de doseát&dos que se hacían la guerra; porque 
á cambio de aguardiente, que les gusta mucho á 
los negros, les vendían muchos prisioneros. Los 
resultados dé este comercio fueron sostener fa 
desolación y Vá barbarie en la vasta estensíon efe 
las costáá afrtcárfás!. Estos pueblos infinitamen- 
te mas avanzados en la civilización que los na- 
turales díe 14 América y tal vez mas que los 
pueblos situados al norte dé Europa , han re- 
trogradado á un estado funesto á causa del comer- 



(io3) 
icio de negros. B^ suerte que sbío en lo interior 
,J ¿oniiriénté americano á ttqndé los Europeos 






lian podidp tíehfet^r, háji .éneoritradó, tiéyrák 
cultivadas >' (hastíes bien construidas y áe ? do- 
m erció,' cpmo Scgo, Jeiine y TémbÓctou; éii una 
palabra, ia Civilización ha pecho pifogresos nota- 
bles érí él centra de %pricá mientras <jüe las 
costas Sé^aílán ttf uí^esíactó dompíeto de liar- 



1 En ef 'Momento éri qae él ^desgraciado ilegro 
les 1 le vado á I ba reo d'esa pá réce s toda f ííistinclón; efe 
clase V &é fmMñ dé riada á¡¿ cuíidaeT conrereíao^ 
"<£, ni aún ^scScfiá s sas qije}aU Luanuo se ponen 
los esclavb^á éicávar el terreno de los pfaMÍos 
dé azuca^V los colocan dé frente como ttópás en 
parada: HétraS ptP ellos §élM)éán los sbbiiestsln^ 
íes regulártrietítfe lén prdpprclop (íe uno" para 
Cádá veinte^ n^^r^>s¡, pné^ if ve¿és fa lihea suefe 
Constar dé~ óefcenta de freófe T*aía sobrestantes 



se escogen siempre negros yíeps todavía \vjg&— 
rosos y éndureciqos por sus propios sufrimien- 
tos. Cádá uno dé ekds" 4oí>résCá|ítes tíeríe en la 
mano ó colgado' del cuello 1 ün; látigo largó, 
gruesa fuer(eiiíeiite trenzada , Sü ctíasquídpSe oye 
# gran distancia, y cuándo afqarizá siempre Mee 
"¿aliar lá sáriáré. Estos 'tiestos están autnrizádps 
-para sacutKr a los esclavos en él momento ¡que 
lo crean opóftúító Un mas preámímlo ní adver- 
tencia. Cofrio íós plantíos están siempre en línea 
recta toda la línea de los trabajadores avanza á 
líti ^iempo/y á un tiempo se han de reiríáfkrtó- 



das tas secciones deVtérrénp/ Asi |g^ C^njQÍpne| 
del sobrestante son animar á la tropa y cuida^ 
dé 'que en toda la línea ningún esclavo macho 
¿r hembra, viejtf o joven, fueirte á débil se deje 
adelantar por los otros y, desmaye t ep su traba- 
jo. Látigo en ipano reanima á los- tardío^ y exL- 
ge nuevos esfuerzos de los mas débiles, paj^a .jalo- 
near siti cesar la tr^ojp^. ELqpie ge Retiene á dp^- 
carisar ó á tomar aliento recibe al instante ma 
latigazo: todos del>en trabajar y parajrse á un? 
inísmo tiempo. Videros que han estado cn^ 
isla de Francia > dicen que no pasaba un instan- 
te sin oírse el /chasquido 4^rMtijgQ^i) : |.osdiv^* 
sos j^tótiQS. ^^ste^mi^o brutal de hacer trabaja 
a los negros , , extinguiendo eni ejlo§fto4a idea j||2 
emulación , jtpd^ ^síjeranza dq .obtener la apro^ 
j|araon*o la c^nten^áe sus ¡wjqs,, al paso que 
redti ccíá aquellos homl/res á la ? condición del 
bruto!, es la causa principal de la decadencia de 
la raza negra en las colonias. 

Si-no teniiera horrorizaros amiguitos mi(% 
yo os coBíaria' muchos ejemplos de horribles s^- 
plicips "mandados por los blancos. El suplicio del 
látigo se prolonga á veces con atroz barbarie: 
atan al paciente desnuda á una escalera y le dan 
hasta quinientos latigazos con. aquel azote formi- 
dable de carretero. ?í pesar de los, esfuerzos de 
los /coloiio^ para asiijiilar lo^ negros, á los m^s 
viles ariimales, nuáca lo han podidp conseguir. 
lina anédócta os va^ probar que' conservan aiyi 
en ia esclavitud ei senUinieuio de su dignidad- 



, fíosy 

oíT'BtitWTvafids itiegros cómpralos páfá cultivar 
un jplantío, se hallaba una que parecía enfermi- 
zo. Era jóveni todavía y había sido Rey en uíi 
cantón de la isla de Madagascar; un ejercito 
ítfue él mandaba fue destruido en batalla y cayó 
~en manos de sus enemigos que le vendieron. En 
atención á que hábia sido recomendado , solo te 
destirtarort á qué cuidase del ganado ; {¿ero él- er*a 
negligente y siempre se mostraba orgulloso. Una 
líoehe qué estaba de guarda del éetfrral dejó qué 
robasen mas de 120 aves domésticas, respon- 
diendo apenas á las reconvenciones que le ha- 
rían y rii aun se dignaba ^escusáf se. Ei colo- 
tío picado de esta audacia le condenó á veinte 
yeiricó latigazos , y estuvo alli durante la eje- 
cución con ánimo dé perdonarle éfi éuanto oye- 
se sus lamentos. El negro rio dio un grito si- 
quiera pero al sexto golpe, volviéndose hacia su 
amo le dijo: Blanco, concédeme el perdón y has 
He saber, que hasta ahora iré se le he pedido a 
nadie. El colono admirado de tanta fiereza mari- 
dó que le desatasen y le envió ál campó. Para 
justificar tantas crueldades, los colonos han sos- 
tenido é impreso- "que los negros son una es- 
pecie particular de hombres inferiores á los 
blancos, y que la supresión del comercio, les 
seria funesta , perjudicial y aumentaría las cala- 
midades á que están sujetos en su país nati- 
vo.-" Se sabe sin embargo quede este reba- 
ño de esclavos han salido generales, legisla- 
dores y hombres de estado. Se ha visto alga- 



«os de ellos ti escribir en ana lengua quef no 
era la .suya eop una nobleza, elegancia y prer- 

, cisión qqf?npf>se eqtuentra, siej^pr^ eai aquellos 
que rehusan ¿los negros el título de hombre*^ r> 
jjn^jfó?gfef$ fíe; nacipneá eiírdppas decidid 
fuese abolido -cá comercio ■-, de. negras -, pero esr 
to no ii^44é •>$&& algunos l^rí$bre£ ambiciosos 
continúe*} es^^ftitídrcio, c$n É e f t riesgo de vjér 
confiscada^ $$%,jwfe^^ 
condenadpi agraves penas, Jjqs europeos bien 
pueden abolía esclayitud pero loa. africanos 
interesa^ 0x\ servarán largo tieplpp la cos- 
tumbre de vender á sus sei^ej^ntes, E?s tan gu$r 

¿oso el viyirsijpt trabajar y el tqner á cargo de 
otro el cuidado dé su subsistencia, xme cada :ner 
gro hace Jo posible por tener sus servidores. T^- 
da su ambición se reduce á tener doce d quin- 
ce negros ^cujg^dos en sus plantío^ Están mal 
vestidos, y fr£%j$n mucho pero nq son ^nal- 
tratados. Ti^ti^S q#e proveer por sí mismos á 
sa subsisteppíí^ y para este efecto tienen desti- 
nado un C3$ipo particular. ' 



r%*\ *(* ■'■■■ 




LOS TROVADORES. 



ft/Í/Íl/1/ll/W 

l^uando se ve á los bárbaros y salvajes can- 
tar sus dioses, sus hazañas y sus amores se per- 
suade uno fácilmente de que la poesía es casi 
tan natural al hombre como el lenguaje , el can- 
to y las pasiones* El compás agrada á sus oi* 
dos , espérimenta que sus ideas y sus sentimien-* 
tos adquieren una fuerza de espresion que con~ 
mueve mas el corazón y que por la cadencia, 
el numero ó la rima se graba mas en la memo- 
ria. Por una afinidad natural, el canto se une 
en seguida á las palabras, las fija en cierto mo- 
do y da consistencia á los pensamientos. 

Un ejemplo basta y este nunca deja de pro- 



( «o8 ) 

áucir sos efectos, para que los versos sean aún 
en un pueblo sin leyes, el lenguaje de la nata* 
raleza apasionada; al instante se forman músi- 
cos y poetas y la multitud de su eco. Tal es 
síri duda la marcha del entendimiento humano 
puesto que en todas las naciones los poetas han 
precedido siempre a los prosadores. En Grecia 
y en Roma los primeros historiadores y filóso- 
fos escribieron en verso, y la poesía fue varias 
veces el órgano de las\ leyes; en fin entre los 
galos medio salvajes todavía, los bardos con 
»us canto* guerreros escitaban al combate y 
producían los héroes. 

Bajo un hermoso cielo, en un pais favoreci- 
do por la naturaleza donde la calor del clima 
escita el entendimiento sin debilitar el cuerpo; el 
gusto á la poesía debe ser mas vivo que en otras 
partes y mas fértil en producciones. Ea aqui lar 
que ha sucedido principalmente en nuestro pais 
y en las provincias meridionales de Francia com- 

{ Hendidas baje* el nombre de Provenza, porque 
a lengua provenzal era común i todas. Arin- 
que el primer trovador conocido Guillelmo IX, 
cofide de Poitou y duque de Aquitania, haya flo- 
recido en el siglo Xllnosé puede dudar que tu- 
vo- predecesores , las- gracias de su estilo supo- 
nen un arte ya cultivado. Sin embargo, dlesde 
su época data la poesía provenzal porqué en- 
tonces fue cuando tomando un rápido vuelo 
penetró en las cortes, causando la admiración y 
las delicias de gran parte de Europa 



Bien pronto se aumentó el número de estos 
poetas designados con el nombre de Trovadores. 
Nombre á la verdad digno del saber, pues és- 
presaba la facultad de hallar ó trovar, en una 
palabra , el genio mismo. Solo el ejemplo de 
un principe como el conde de Poitou debia es- 
citar su verbosidad y su emulación. Otros mu- 
chos principes y grandes varones fueron para 
ellos en lo sucesivo modelos ó protectores. Kn 
las cortes y en los alcázares hallaron fortuna , pla- 
ceres y honrosa consideración que es mas toda- 
vía. Las hermosas cuyo me'rito y encantos ce- 
lebraban estas divinidades terrestres de la ca* 
ba Hería los acogieron con estraordinaria gene- 
rosidad y á veces con el amor. 

Entonces se vio á los poetas desear SU3 favo* 
res y ambicionar su gloria mas no emplearon 
todos los mismos medios de conseguirlo, unos se 
espresaron con mas elegancia y finura, y otros 
con majs fuerza y precisión. Los unos perfec- 
cionaron el mecanismo de los versos, los otros 
crearon nuevos ge'neros de poesía. A veces las 
gracias daban tono al sentimiento y otras la 
ficción y el diálogo suavizaban la moral. El 
gusto ceso de ser esclavo por áecirlo asi de una 
rampante rutina, siguió los progresos de las 
ideas abrazando una infinidad de objetos antes 
desconocida, de aqui la variedad en los géneros 
de composición, que una esterilidad uniforme 
había hecho insípidos. Entonces empezaron las 
camiones , las novelas tí cuentos, las sirvmU* 



■■.(•no) 

poesías histéricas p satíricas, las pastorelas es* 
pepe de idilips galantes, |os tensos ó juegos par*? 
tidoS) diálogos o coplas alternativas en las que 
dos trovadores se atacaban y se respondían acer- 
ca de una cuestión de galantería. 

Estas obras de los trovadores no son precio- 
sas solamente como monumentos literarios, si~ 
no que son aun muy interesantes ¡bajo el as- 
pecto histpricp, porque los poetas eran natu- 
ralmente los pintores de la sociedad. Lo que 
observaban* lo que pian, los grandes sucesos de 
su época, las costumbres, las modas, las opi- 
niones dominantes, las pasiones nidificadas de 
tantos modos, eran naturalmente el argumen- 
to y el ornato de su$ composiciones. Se encuen- 
tra en ellas principalmente aquel entusiasmo y 
aquella bravura ardiente que caracterizaba á 
la nación y aquella famosa galantería que era 
uno de los principales móviles de la sociedad. 
A ella se debe atribuir el establecimiento sin- 
gular de las Cortes de funor y en las que las 
hermosas damas decían gravemente de los aman- 
tes. Ningún poder se ^treyia á contradecir, ó á 
apelar de estas sentencias. Los amantes em- 
plazados ante este galante tribunal hubieran 
sido vilipendiados, si hubiesen desconocido su 
autoridad ó se hubieran sustraido i la puntual 
ejecución de estas sentencias en última instan- 
cia. Esta especie de inquisición de que solo es- 
taban amenazados los falsos y los inconstantes, 
se hizo tan celebre en el continente, que hast^ 



los mismos reyeá se disputaban el honor de de- 
sempeñar las funciones de príncipe de amor (ó 
presidente) desempeñadas alternativamente por 
el emperador Federico, el rey Ricardo, el Del- 
fín de Auvernia y los cqindes de Provenza, Los 
consejeros de este singular parlamento, eran 
elegidos entre las damas mas célebres por 5U$ 
gracias y talento. 

El secretario encargado de fijar los emplaza- 
mientos á petición de los amantes quejosos se 
llamaba el Viguier de amor» 

Los trovadores á quiéii se daba el nombre de 
maestros de la gaya ciencia, amenazaban con 
sus relaciones y los cánticos l,as tres beladas que 
precedían á la sesión de la Corte de amor, y en- 
tre aquellos, poetas mas célebres sé puede citar 
al Conde de Poitou , Ricardo coraron de león 
Blondel, Pensavin y Pedro Cardenal. 

S¿&? embargo Ja historia de los; |it)v.adores fio 
e$ -la^ga ^ porque s su gloria que Jiabia empezado 
exH el siglo XII ño tardó en eclipsarse cuando á 
fin ¿del siglo XHI P^tnte hizo tomar rápido vuelo 
á la lengua italiana que Bocaeio y Petrarca 
acabaron de hacer célebre. La Jispaña y la Fran- 
cia tenian también sas poetas que se empeña- 
ran <en ; enriquecer su historia patur^i idioma 
nacional y bien pronto hicieron caer $n el olvi-? 
do á 1q§ tr<)v^d(?resf y su lenguaje por otra par- 
ta en las filas 4e.lostrot^4orfe§ empezaron a in- 
traducirse muchas gentes sin vocacÍQn y sin ta- 
I^itqfifue contribuyeron á hacerlos desaparecer 



éo el siglo XIV. Se hablan envilecido por sut 
desórdenes hasta tal punto que algunas vece* 
fueron arrojados con oprobio. 

BIOGRAFÍA, 



Abraham Gonsley, célebre poeta ingles, na-* 
ció en Londres en 1681. Su padre que era un 
tendero murió poco antes que él naciese, y la 
madre consiguió que entrase pensionado por el 
Rey en la escuela de Westminster donde se 
distinguió por su estraordinaria disposición á la 
poesía. A los trece anos hizo imprimir un vov 
lumen que entre otros poemas, contenía la his- 
toria trágica de los amores de Píramo y Tiibet* 
Se nota en sus poesías vigor de estilo, elevación 
de pensamientos y un cierto carácter filosófico y^ 
sentencioso. En i64.3 Gonsley despedido por el 
parlamento dpi colegio de Cambridge donde era 
maestro en artes, fue secretario del conde de 
San-Albans y siguió á la Reina en su huida á 
Francia donde escribía y descifraba los caracte- 
res secretos de su correspondencia con Garlos I: 
después de haber hecho en servicio del Rey va- 
rios viajes peligrosos volvió á Inglaterra con 
Carlos 11 asi que murió Gromücll esperando ver- 
recompensados sus servicios. Engañadas sus es- 
peranzas y disgustado del mundo se retiró á una 
granja que tomó en arrendamiento, pero dis- 
frutó poco de m retiró pues murió en 1667 á 



(,*3) 

los 49 aftos, y fue enterrado con gran pompa en 
Westminster. Era un hombre de un carácter 
modesto, igual y templado por una sabiduría 
que se nota en sus -esrrí tbs. Su conversación era 
sencilla, amable y sin pretensión alguna. Loa 
ensayos en prosa que acompañan á sus diversas 
poesías, son notables por una elegante natura- 
lidad y muy distantes de la afectación que atri- 
buyen á sus versos. 

Arte de no dejarse engañar ó sean consejos á 
ivs que habitan en Madrid y otras capitales. 



1 .• Nunca duermas eu la diligencia, á nú 
ser que vayas solo y seguro de toda tentativa 
de robo. Lleva el menor equipaje que puedas p 
asegura su valor» 

2. Existen en Madrid muchos individuos, 
que arman todas las mañanas veinte mil lazos 
á los demás para vivir i su costa. 

3.° Si te ves en alguna gran concurrencia 
de gente, ten cuenta con tu relox y tú pa- 
ñuelo. 

4.:° Si has de recibir un criado no te deje$ 
seducir por certificaciones honrosas que pre- 
sente, pregunta tú mismo en las casas que há 
servido, y aun con esta precaución no te res- 
pondo de* nada. 

S.° En~ las calles y sobre todo de noche no 



(■"O 

permitas <jue nadie se acerque á tí y camina 
aprisa. 

6.° Cuando hayas recibido dinero no se lón- 
digas, á nadie ^ y si vas á cqmprar alajas u ob- 
jetos preciosos , hablan bajo con > el mercader ó 
espera que no baya nadie en la tienda, ■ , 

7. Que las muge res se guarden de llevar 
cosas de valor en su bolsa ó ridículo 7; que no 
hagan sonar el dinero que contiene^ que no le 
cuelgue en el respaldo de su silla ni le lleven al 
teatro ó entre la multitud. 

8.° Es peligroso y ridículo Jlevar su nom- 
bre manuscrito ó impreso dentro de la copa del 
jsombrera. 

9. Mira y remira bien la contraseña que 
te entregan cuando dejas tu bastón q tu para- 
guas á la entrada 4e los edificios públicos. 

*<?<, Es una vanidad casi ^siempre castiga- 
da el llevar botones de oro ó plata en los ves- 
tidos. - 

ii¿ Infórmate si tus criados, juegan á la 
lotería, en casa de afirmativa averigua^Ljuegan 
mas de lo que permite m salaria 

12. IJn portero que tiene inteligencia, oí- 
do fino y vista escelente, es un hombre precioso 
que puede evitar muchos fraudes, y hacer gran- 
des servicios á los vecinos de la casa que guarda. 

1 3. Desconfíese de ciertos naendigQS, aquel 
hombre sin piernas echará á correr asi que ha- 
yas pasado, el ciego verá claro y la herida des- 
aparecerá con el papel pintado que la represen- 



(»5) 

iá. Los verdaderos indigentes no suelen estar eft 
la calle. 

1 4- Nunca juegues en los villares públicos 
sirio con personas de satisfacción. 

1 5. ' Si te ocurre una idea útil y lucrativa 
qup deseas esplptar, ó haces algún descubri- 
miento de que desean aprovecharte solo, no se 
le confies á nadie porque perderías el fruto de 
tu trabajo. Esta es una estafa que acontece va~ 
rias veces. 

1 6. Huye en generíd de todas las compras 
muy baratas, como cadenas de seguridad, bas- 
tones de bambú, bujías de esperma y luego son 
de sebo, paño finíámo y luego esta picado y 
reteñido. 

17. Si tienes ¿diamantes ¡ ocultados en un 
mueble pesado que no pueda transportarse y la 
mujer engalanaba qué se halla entre mucha 
gente, tenga cuidado con los pendientes que lle- 
va enlas orejas. 

18. Ten siempre luz encendida por la no^ 
che para un jeaso imprevisto de enfermedad, ro- 
bo ó incendio. 

19. Si ganas en el juego, á nadie manifies- 
tes tu ganancia ; si acaso te preguntan recurre 
á las formulas prdinarias de ni pierdo ni ga- 
no: "estoy como al principip;" porque sino lo 
haces asi pretendidos amigos, vendrán á pedir 
les prestes cantidades cuya memoria olvidarán 
luego, 

20. Nunca vayas en coche á casa de ciertos 



*»6) 

mercaderes, ó si vas ten cuidado tic bajar abor- 
ta distancia de la tienda. 

21. En cualquiera empresa que sea, tío te 
contentes con ser accionista tan so f a mente. Ten 
derecho á tu dirección y adminisl ración de los 
fondos si quieres qug tus intereses no salgan 
perjudicados. 

22.. No te cases con mujer &\$ dote, pero 
tiembla de llevar en dote á toda una un fa- 
milia. 

23. Si tienes que vender alguna heredad 
cerca de alguna gran población , bajo pretesto de 
comprarla mas de un parásita vendrá á pasear- 
se en ella, á instalarse en vuestra casa y á que- 
darse á comer. Para evitar este abuso no reci- 
bas mas que á las personas que traigan especial 
recomendación. 

24. Nunca seas padrino mas que de tus 
hijos. El mas pequeño bautizo acarrea un gasto 
de mil reales al que quiere portarse como ca- 
ballero. 

2 5. Nunca dejes traslucir la verdadera si- 
ma á que asciende tu caudal. 

26. Que' quiere don Fulano que sabiendo 
que tratas de vender el caballo, te le vuelve fa- 
tigado habiéndole pedido solo para probarle. No 
tenia gana de comprarle sino de ir gratuitamen- 
te al punto que necesitaba. 

27. Es una necedad dar dinero por ver lo 
que mas tarde se ha de ver de vaide, como 
cuadros, objetos artísticos &c 



38. Cuanto mas tardes en cambiar una on- 
xa de oro, mas sentirás desacerté de ella, es uri 
hecho de resistencia , de lo Contrario la moneda 
corre' y se escapa insensiblemente entré' los 
dedos. 

29. Nanea recibas dinero sin contarlo, y 
asegurarte de que no hay monedas falsas. 

30. Desconfia de m uchas i ti venciones llue- 
vas, como chimeneas <£ie calientan sin lefia,, 
mármoles facíícios, botas sin costuras y meto-* 
dos que de un niño de díe¿ años, hacen un aca- 
démico en menos de tres meses. 

3 1. Mas cuando eí aso y la vtte publica 
hayan consagrado como útil una nueva inven-* 
cíon entonces apresúrate a aprovecharte de ella 
y á darla á conocer. 

3a. Si tienes algún pariente ó amigo en el 
comerció, no hagas machas compras en su 'fien* 
da sí quieres llevarte bien con éf. 

33. Cursó de tal lengua en doce lecciones, 
de música en diez y de pintura en seis lecciones 
es puro charlatanismo. 

34. Cuando compres plantas, tiestos y flo- 
res lozanas, puedes ir. en la inteligencia de que 
á la semana siguiente ya Se habrán 5 Secado en- 
ponzoñadas pof la cal que habrán -puesto en el 
fondo del tiesto para activar momentáneamente 
la vejeíaciop. 

35. Kico ó pebre si tienes necesidad de 
tte*ir un notario, un abogado ó un agente para 
tus negocios, mírate mucho en ello y aun así 



(ii8) 

ño dsjes de inspeccionar la marcha de las ope- 
raciones que le hayas confiado. 

36. Guárdate de toda espacie de rifa aun 
desaquellase que por una peseta promenten un 
millón de ganancia. Pues en el fondo no hay 
mas que mentiras y socaliñas. 

3j. Nunca digas adonde ésta tu testamen- 
to, ni lo que contiene. 

38. Huye cuidadosamente de las casas de 
juego. Piensa que en resumidas cuentas ningu- 
no sale ganancioso, sino los que esplotan ó di- 
rigen la banca. 

3g. Mercaderes por menor, desconfiad de 
los aposentos de las fondas y casas de huespe- 
des que tienen dos salidas, porque fingiendo que 
van á buscar el dinero se marcharán con la 
mercadería. 

4.O. A menos de ser rriuy rico ó muy po^ 
Üre, no se debia nacer ni morir en Madrid. 





LOS NIÑOS AGRICULTORES. 

Conclusión del articulo anterior* 

t %¡%¡vm¡w- 



■*§ 



Hemos dicho que los niños empezarán ppt 
plantar alamos .estos á los cuatro o cinco anos 
estarán bástanle fuertes parausar plantados á la 
largo de las heredades y caminos déla comar- 
ca que cubriránlmn su apacible sombra. Cádáí 
niño pmefeflátitar dos áAóletfpor lo áienos? 
desde octóbrfe sbasta ^febrero V una escuela de 
cincuenta in^chaehos plantará icieñ árboles ca- 
da año y^ po$ l údüsigúieMe "dos mií erí veinte 
anos* que darán nn producto regular auíiqué? 
nú sé corteifc lueg#mas que ciatíip et* cada uü 
año* Se : abandonarán las cepas ó espigones ' á 
los pobres; íbajOf la condición áe sacar todas la» 
raices para feacer nuevo plantío efí aquel sitiov 
También fos \ iliños pobres, deben tfparticipar dé* 
los productos r ?y eomprarlfes libros > pizarras y^ 
lápices del i producto de la poda anual. 

Hasta ahora no Se ha hablado mas que éfc 
álamos , pero los .árboles frutales seria» mm 



mucho mas productivos por W cosecha que da- 
rían todos 5 los años. Aun en un terreno seco* 
árido y, estéril se pueden hacer ensayóos de estos 
plantíos escogiendo otros árboles como robles, 
hayas &c. 

Para escita r á los muchachos á que trabajen 
con, ardor, es preciso algún estímulo Cad&= ár- 
bol debe tener su número, y los niños sabrán 
el nú meco- del que les pertenece, concediendo 
premios y recompensas particulares á los que' 
hayan cuidado mejor de su plantío Un libro, 
una estampa ú otro agasajo basta á entretener 
su ardor en todo el año. 

Mayor dificultad debe esperarse para la eje- 
cución de este proyeet<|, dé parte de los padres 
en tanto que no se persuadan de que es tari 
útil á sus hijos como al interés general. Unos 
|e rechazarán desdeñosamente diciendo que sas 
hijos no han nacido para cavar la tierra ,< y otros 
dirán que mientras trabajan rompen los vestí* 
dos y los zapatos. Se dudará de las ventajas de 
la escuela, se burlarán tal vez de ella como se 
burlaron del primero que intento construir un 
barco de vapor, ó sacar azúcar de la remolar 
<jha &c. pero mas tarde los que no quieran* ren- 
dirse á las observaciones cederán á las instan-t 
cias ; de sus hijos , *jue se verán humillados 
y excluidos de todas las recompensas concedidas 
á los otros. Si los maestros en los pueblos- fue- 
sen labradores por gusto ó por necesidad se 
presentarían con piarer i esU enseñanza t cn ~ 



("O 

*onces debía aumentárseles un poco su módica 
pensión , y que los inspectores que fuesen á vi- 
sitar el plantel ó terreno de ensayos , íes conce- 
diesen aquellos auxilios que pidiesen. 

Que los pueblos iuteresen á los maestros o 
á otra persona en estas plantaciones, conce- 
diéndoles una pequeña retribución sobre el pro- 
ducto de los árboles que hayan ayudado á plan- 
tar. Esto los dispondrá á hacerse instruir por 
algún jardinero y á procurarse buenos libros 
de agricultura. Podrán también durante el es- 
tió ó las vacaciones cuando hay menos discípup 
los ir á tomar algunas lecciones y á instruirse* 
en alguna granja ó posesión que sirva de mode- 
lo. Si por una feliz combinación hubiese eh 
cada una de las escuelas normales de provin- 
cia un profesor de ciencia agrícola , los maes- 
tros podrían introducir escelentqs métodos de 
agricultura en los otros ramos de la , instruc- 
ción primaria. Siendo de este modo un plan- 
tel que serviría de modelo á las escuelas se- 
cundarias agrícolas* 

Estas ideas que se han espuesto brevemen- 
te no tienen por objeto formar uña ilusión en- 
gañadora ¡ sino que descansan sobre hechos po- 
sitivos. Basta considerar la propensión que los 
muchachos tienen á romper é inutilizar, ár^ 
boles plantíos , vallados &c. sin que basten con- 
sejos ni reprensiones > pero qué si se les inicia 
en los derechos de propiedad y en las ventajas 
de la agricultura cambian de disposiciones y de 

8 



carácter, y se remedia este desorden en tér- 
minos que los niños trabajan y en pocos años, 
un terreno inculto se vé cubierto de árboles 
que abrigan a su sombra á los padres, y lle- 
nan de placer á los hijos que los han plantado. 

ENANOS CÉLEBRES. 



Entre los hombres notables por su pequenez 
cuya •memoria han conservado los anales de la 
ciencia hay algunos que han adquirido cierta 
celebridad. Tales son Jeffery Hudson que fue 
presentado en un pastel, á los ocho años de edad 
á la Reina de Inglaterra por la duquesa de 
Buckingham. A los treinta años de edad tenia 
17 pulgadas de altura. Cuando era joven y un 
dia que hubo fiesta en palacio, se le vid salir 
del bolsillo de uno de los convidados con gran 
sorpresa de los espectadores. Este enano hizo 
muchas fechuría^ celebradas por Davenant en 
el poema titulado la Jeffereida. — El enano 
Bornilauski gentilhombre polaco célebre en Eu- 
ropa por la variedad de sus talentos; escribió él 
mismo su historia. — Bebe, nacido en bosques, 
fra tan pequeño que le llevaron á bautizar en 
Un plato guarnecido de lana floja y su primera 
cuna fue una gran zapatilla forrada de pieles* 
Examinado á los cinco años por el médico de la 
duquesa de Lorena, pesaba ndeve libras y siete 
onzas. Fue llevado á la porte de Estanislao y 



trataron de darle alguna educación pero él nun- 
ca supo aprender á leer y lo único que hacia era 
bailar y llevar el compás. A los quince años 
empezó á esperimentar como una vejez prema- 
tura, hasta los veinte y dos años que murió. 
Entonces tenia 33 pulgadas de alto y le habían 
casado con una enana llamada Teresa Sonvray 
que existia aun en París en 1822. 

LA IMPERIAL TOLEDO. 



Toledo es una ciudad muy curiosa, digna de 
ser visitada y estudiada, por su situación ex- 
traordinaria, sus recuerdos históricos y sus pri- 
mores artísticos. Su situación es en la cumbre 
Je una estensa montaña reducida á una penín- 
sula por el Tajo, que describe un semicírculo á 
su falda y contribuye á embellecer ésta escena 
con su clara y caudalosa corriente. Sufre el rio 
muchas modificaciones al pasar junto á la céle- 
bre ciudad : ya viene silencioso y oculto entre 
sombrías arboledas, hasta que adquiere ruido y 
movimiento en las presas y molinos de ambos 
lados de la ribera ; ya corre sombrío y profundo 
•recogido entre elevadas rocas de granito tapiza- 
das de musgo, ó baña los cimientos de los an- 
tiguos torreones. Pasa magestuosamente bajo dos 
altos y fortísimos puentes; el dé Alcántara y el 
de San Martin coronados de torres con sus cor- 
respondientes almenas, y estend ¡endose fuialmen- 



te por una anchurosa vega, manifiesta sus aguaS 
tranquilas y tersas como un cristal que refleja 
los rayos del sol. En esta deliciosa vega y á la 
orilla derecha del Tajo está situada la Real Fá- 
brica de Armas, la que por su sencilla arqui- 
tectura, por el jardinito que tiene immediato y 
frondosidad de los contornos, parece vista á lo 
lejos una casa de campo ó quinta del placer- 
Toledo tiene todos los caracte'res de una ciu- 
dad grande, eclesiástica, residencia constante 
del Primado de las Españas. Se presenta al via- 
jero erizada de las numerosas' torres y cúpulas 
de sus numerosas parroquias, capillas y monas- 
terios^ La arquitectura de estos edificios partici- 
pa del gusto reinante en la época en que fueron 
construidos; pero los mas cuentan una respeta- 
ble antigüedad y está^i ennegrecidos con el bar-* 
niz venerable de los siglos. La Catedral, uno de 
los primeros templos del orbe cristiano, cuyo re- 
cinto fue santificado con la presencia de un San 
Eugenio, Santa Leocadia , San Ildefonso y aun 
de la misma Virgen, participa de toda la magni- 
ficencia , de todo el lujo y afiligranadas labores 
del ge'nero gótico. Sus cinco naves altas y espa- 
ciosas, sus robustos pilares de catorce columnas, 
sus numerosas y adornadas capillas; sus venta- 
nas y rosas caladas* con vidrios de los mas vivos 
colores, su media luz piadosa y melancólica y 
mil y mil cosas que ahora es imposible enume- 
rar, todo contribuye á herir vivamente la ima- 
ginación del que por vez primera la contempla 



© asiste á presenciar la solemnidaa y fáustd 
con que alli se celebran los oficios divinos. Su. 
torre fuerte y cuadrada én su primer cuerpo, ci- 
lindrica y calada en el segundo^ alza su frente 
gigantesca sobre todos los edificios que la rodean 
y sobre las tortuosas y desiguales calles de la 
población/Éstas calles estrechas y sombrías in- 
dicios manifiestos de la dominación árabe í ei| 
Toledo, contienen edificios de poca apariencia 
en lo esterior ; pero que interiormente ocultan 
limpios y anchurosos patíos y cómodas habita* 
ciones. : mlUí} f>p&v $$%$ 

El esplendor de Toledo tomo utiaciudad^e- 
gia cabeza d!e las Españas y sd preponderancia 
política f como residencia de los Monarcas y so; 
corte ya hace tiempo que han desaparecidos ÍLos 
monumentos con que tes gó&ó$' s enriquecieron 
su ciudad predilecta tambienhan perecido, y por 
maravilla se conservan en la vega las ruinas del 
Circo máximo , único vestigio de la grandeza de 
esta ciudad ■ cüatido - estaba érí poder ^ de los ro* 
mapos. Su suelo ha sido tan' Removido y sobre 
él sé han aglomerado tantas y ^táh diversas ge~ 
ner^cionés que las últimas hafr f borrado la me* 
mória de las primeras. Ademáis las guerras san- 
grientas y ías revueltas civiles han contribuido 
á (estender ésta decadencia á otros muchos ramos, 
de modo que se puede decir que la ciudad en su 
actual estado solo manifiesta lo que fue en algún 
tiempo. Díganlo sino sus fábricas y manufactu*- 
ras reducidas casi á la nulidad | su comercio ol~ 



íéátf 

vidado , la ausencia de los potentados españoles 
qae antes en ella residían, tantas mezquitas, 
construcciones modernas que se abrigan á la 
sombra de ruinas respetables y su antiguó Ai-» 
cazar yermo y destituido de su gloria. Este sun* 
tuoso edificio, el único que 'ha quedado de los 
antiguos Alcázares de Toledo, está situado «n el 
punid mas elevado dé la! población- á tai que do-? 
mina completamentev Su planta és cuadrada y 
en ; sus cuatro ángulos está flanqueado por tor* 
res también cüa^rafe- AI entrar por el pórtico 
de este vasto edificio, se siente uno detenido 
invóluritariaiaent$ son él interésenle? eUadrojque 
se presenta á la vista y con los rec$er$os histó- 
ricos que se agolpan á la imaginación. Un patio 
verdaderamente grandioso, en cuyo fiante y por 
entré la columnata de; un pórtico, espacioso se 
divisa el recinto que ocupa la escalera y el que 
antiguamente ocupó la capilla es lo prijnero* que 
sé desarrolla á vistárdel espectador* fia; desapar- 
ecido; la alt£ cúpula que cubría la escalera y 
su balustrada y adornos ; pero aun se conservan 
los escalones que son losas de grafito de diez y 
nueve pies de largo* La arquitectura es corintia 
en la niayor parte, y Jas pilastras ^molduras y 
cornisas campean admirablemente: sobre fondo 
4e ladrilla encarnado* Hay salas de todas di- 
mensiones» y formas geométricas * galerías, bó- 
vedas» cisternas „ su bterráneas espaciosos y cu- 
riosas escaleras de piedra en caracol > cuyos es» 
calones enfilados en un mismo eje central giran 



en sentido inverso y constituyen dos ramales 
que van á desembocar á puntos muy distintos. 
Por consiguiente aunque á un mismo tiempo 
una persona suba y otra baje por una de estas 
escaleras no pueden encontrarse ni aun llegarse 
á ver. En fin este Alcázar fondado por don Al- 
fonso el VI que nombró por su primer Al- 
caide al famoso Rui Diaz de Bivar; reparado y 
engrandecido por los Reyes sus sucesores ?i tan 
ruidoso en ¡tiempo de las comunidades y otras 
épocas de nuestra historia se halla hoy día en 
el mayor abandono , desde que fue casi destrui- 
do en la invasión de los franceses. Falta toda 
la techumbre r puertas, ventanas &c: ep ma- 
chos sitios se halla interceptado el paso y ei* 
otros no se puede pasar, sin riesgo evidente dé 
desplomarse. IS T o se pueden contemplar sin dolor 
aquejas ruinas que aun cayendo parece b eje- 
cutan con jdjgnidaÜ y grandeza. Próxima al Al- 
cázar y en el convento de capuchinos se halla 
la cueva que sirvió de dura cárcel á la gloriosa 
virgen Santa Leocadia, y en la que se veu los, 
séncil!os¿ sepulcros de los Reyes godos Wamba 
y Recesviníp. Hay ademas otros muchos lem- . 
píos en la ciudad.* célebres por su antigüedad y 
sus recuerdos, como San Clemente» N- S. del 
tránsito, San Roncan con su püa en que fue? 
bautizado , San Ildefonso y su alta torre err 
la que fue proclamado don Alonso el octavo, 
con la ayuda de los nobles de Toledo. Extra- 
muros merece citarse la Basílica de Santa Leo~ 



¿ádia de la vega, donde estuvieron primera- 
mente las reliquias de la Santa y donde se con- 
gregaron mu¿hos de nuestros concilios nacio- 
nales y provinciales. 

Los monumentos que hoy dia contribuyen á 
la grandeza y embellecimiento de la ciudad son 
debidos en la mayor parte al celo de sus arzo- 
bispos. Ellos fundaron muchos de los templos 
que hoy existen. El arzobispo don Rodrigo ayu- 
dado del santo Rey don Fernando, reedificó la 
catedral con la magnificencia que hoy vemos en 
el mismo sitio que ocupaba la mezquita mayor 
dé los moros, y donde antes estuvo la primiti- 
va y santa iglesia desde los tiempos de Recare- 
do. El cardenal áon Pedro González de Men- 
doza fundo el hospital de santa Cruz (casa de 
niños expósitos). Obra digna de aquel prelado, 
pues solo viéndolo sé puede juzgar adecuada-* 
iriénte de la perfección y delicadeza con que es- 
tán ejecutadas las platerescas labores de la es- 
calera, claustro principal y arquitectura mixta 
del edificio. Don Juan Martinez Silíceo fundó 
el colegio titulado dé las Cien-doncellas , en el 
que hay trozos bonitos de arquitectura; especial^ 
mente el patio principal de orden corintio y 
y lindas proporciones. El cardenal don Juan 
Tavera. dejó perpetuado su nombre en el gran- 
dioso hospital de san Juan Bautista , titulado de 
afuera por estar situado en el arrabal. Esta obra 
encomendada ai famoso Herrera, revela á cada 
pasó la seriedad y grandeza que caracterizan á 



0*9) 

las obras de aquel insigne arquitecto. El señor 

Lorenzana de gloriosa memoria , entre sus mu- 
chas y útilísimas obras, dejó en Toledo el hos- 
pital de enfermos dementes y la universidad. 
La distribución interior de estos dos edificios 
responde exactamente al objeto a que se desti- 
nan, sin embargo de la poca estension del ter- 
reno. Se nota esto principalmente en la uni- 
versidad, la que estando ademas muy elevada 
sobre el nivel de la calle, y no teniendo á su 
frente alguna plaza que sirva de desahogo, no 
puede lucir como debiera su faéhada y lindo pa- 
tio de orden jónico y piedra berroqueña. Por 
último, el actual cardenal arzobispo empezó la 
obra de un grandioso seminario. 

Estos y otros varios edificios de Toledo, con 
sus recuerdos históricos y los objetos artísticos 
que un curioso debe visitar en sitios públicos y 
reservados, pueden suministrar abundante ma- 
teria de algunos artículos, mas por ahora ter- 
minaremos el presente hablando de un suntuo- 
so templo que nadie debe salir de Toledo sin 
haber visitado antes. Tal es el convento de san 
Juan de los Reyes , titulado asi por ser funda-* 
cten de los católicos reyes don Fernando y do- 
ña Isabel á consecuencia de una promesa, y en 
memoria de sus triunfos. Es de religiosos fran- 
ciscanos, y en él recibió el hábito y profesó el 
ilustre cardenal arzobispo Jiménez de Cisne- 
ros. Los antiguos retablos, alhajas y riqueza del 
monasterio perecieron en tiempo de los france- 



'. < I30 > 

ses que lo incendiaron y arruinaron casi todo. 
Del claustro principal solo ha quedado la mi- 
tad, que en clase de arquitectura gótica y en 
punto á bien acabado nada deja que desear. Lo 
mi uno sucede en la iglesia, clara, alta y espa- 
ciosa, en la que hay que notar principalmente 
la comprimida bóveda que sostiene el coro y 
las dos tribunas de los lados anteriores del cru- 
cero con barandillas caladas y el pilar que las 
sostiene cuajado de menudas: y primorosas la- 
fcores. También son dignas de atención en el 
claustro las orlas, que esculpidas en la piedra 
terroqueña , representan diferentes animales, 
pájaros» reptiles, arbustos, flores j cardos sil* 
vestres &c. tanta naturales como fantásticos, 
caprichosamente mezclados sin que esto perju- 
dique á la simetría del con junto. En todos los 
pitares hay su repisa coa la estatua de un san? 
i© de la orden 5 ,; cubierta de un doselillo traba- 
jado cual si fuese de filigrana¿ Tanto el claus- 
tra como la iglesia , fachadas esteriores y cuan- 
to aun queda de la obra antigua ¿¿reúne lo gran» 
dioso y sublima del conjunto con Ja minuciosi- 
dad y acabado de los detalles. Este y otros mu? 
chós monumentos de aquellos; tiempos, nos 
neVelan una época de prosperidad de Ja que 
desgraciadamente nos hallan os muy lejos. 

Fi Fernandez Villabrith. 




DIÁLOGOS DE HISTORIA NATURAL. 



Diálogo 3*=~La& Flor$& 



Ü 



La madre. Cuan agradare aparece el mes 
Ae mayo pasados los rigores del invierno. La 
naturaleza se maestra risueña y fresca comp 
Vosotras mis queridas niña^ nos atrae y nos 
convida á estudiarla. Vamos f poneos vuestros 
^ombrerilos de paja para que el so l no dañe á 
Ja blancura de vuestro rostro y seguidme por 
Jas praderas esmaltadas de flores que debemos a 
la vuelta de la primavera. En e| campo es don- 
de se respira et aire puro y fresco, y se dis- 
fruta del gorgeo de l>s pajaritos que cantan 
alegres en los arbolillos que empiezan á brotar. 



(i3a) 

Sentémonos á la sombra en este banco de césped. 

Isabel ¡Oh! cuantas flores se ven en la yer- 
ba, las hay blancas, amarillas, azules, encarna- 
das grandes y chicas. 

La madre. Si queréis ir á cogerlas, andad 
y haced un ramillete. 

Eugenia. Sí, sí, vamos. Qué bien que hue- 
len. Yo creía que estas flores solo se criaban en 
los jardines, y me alegrara saber los nombres 
de todas ellas. 

La madre. No solo los nombres sino que 
debias profundizar un poco mas la ciencia de 
los vejetales. La flor mas sencilla de las que 
■veis , debe escitar en vosótras-él mas alto inte- 
rés. La flor es la parte mas agradable de la 
planta, y la que encierra los órganos de la fruc- 
tificación; se compone del cáliz, corola, estam- 
bres y pistil^: la flor se llama completa cuando 
tiene todos estos órganos , é incompleta cuando 
carece de algunos de ellos. 

Eugenia. ¿Cómo se llama este estuche ver- 
de que cubre la mitad de la flor? 

La madre. Ese estuche verde es el cáliz, 
que es la cubierta: esterior de la flor y lát 
que la abriga y defiende, y estas hojitas conte- 
nidas dentro de él se llaman petalos , que reu- 
nidos forman la corola. La corola es la parte 
odorífera de la flor, sus formas y colores sóíi 
muy variados y las variaciones del color reci- 
ben de la temperatura unas alteraciones que no 
quiero describir aqui porque solo pretendo di- 



■fi33) 

Vertiros. El color de las flores procede mas de 
la organización primitiva de la corola que de 
otra causa. Sin embargo, si se riegan las plan- 
tas con sucos colorados se consigue mudar sa 
color á lo que contribuyen también el calor, y 
la luz. En la corola hay dos cosas que conside- 
rar el petalo y el nectario. Los petalos á veces 
son muchos y la corola se llama polipétala, á 
veces no es mas que «no solo, y se llama mo- 
nopetala, y cuando no los hay se llama apétala. 
El nectario es la parte de la corola que contie- 
ne el suco que se disputan las brillantes mari- 
posas y las útiles abejas las que hacen con el 
aquella materia tan dulce como vosotras sabéis 
muy bien. 

Isabel Yo nunca he visto á las abejas venir 
á sacar ese suco que usted dice para elaborar 
la miel. 

Eugenia. Pues mira ahora mismo una en 
esa flor. 

La madre* Miradla bien como trabaja mas 
no la toquéis porque pincha fuertemente con 
un aguijón. 

Isabel. Lo mismo mete la cabecita en los 
huequecillos de la flor, que yo meto mi dedo en 
el dedal. Anda, y ahora coge un polvillo ama- 
rillo y se lo lleva en las patas. Mamá venga 
usted á ver esto que esta muy curioso. 

La madre. Yo lo tengo ya bien visto. Sir- 
gamos examinando las partes de la flor. 

Eugenia. — (Diga usted, ¿y qué son estos que 



(«34) .„ 

parecen hilitos con un botoncillo amarillo á 
la punta? 

La madre. Son los estambres ií órganos 
masculinos de la flor, algunos son sensibles y 
esperimentan un movimiento convulsivo como 
la sensitiva cuando se les toca en la base. La 
forma del estambre es la de un filamento que 
tiene en si estremidád un botón llamada ante- 
ra. Esle botoncillo contiene un polvo fecundan- 
te que los botánicos llaman Folien, y á este pol- 
villo que sale en la madurez de la flor debemos 
que renazcan las bonitas flores que nos deleitan 
con su perfume , y que contribuyen á vuestro 
adorno colocadas en vuestra pura frente y en 
vuestros rubios cabellos. 

Eugenia. ¿Y esta cosita que hay en medio 
de la flor para qué sirve? 

La madre. Es el pistulo ú órgano femenino 
de la flor* se compone de tres partes, ovario o 
germen estilo ó estigma. El ovario está abajo y 
contiene los granos, el estilo es un tubo cilin- 
drico puesto sobre el ovario, y el estigma colo- 
cado sobre el estilo recibe el polvo fecundante 
de los estambres. Cuando la corola cae ó se Se- 
ca, el ovario va engrosando y se hace una cáp- 
sula, esta cápsula toma el nombre de pericar*- 
pio v de aqni proviene el fruto. 

Isabel. Vea usted cuantas cosas que tioso*- 
tras no sabíamos y aun habrá mas que saber, 
¿no es verdad mamá? 

La madre. Sí hijas mias muchísimo , y la 



(i 35) 

división de las plantas mas por hoy no quiero 
faitear vuestra memoria. Tal vez otro dia os 
hablaré de la rosa y de otras flores que os gus- 
tan tanto» y en las que hay que examinar ade- 
mas del arte y complicación, la mas maravillo- 
sa estructura. Admiraremos la variedad y mag- 
nificencia de estas producciones de la naturale- 
za que todas revelan la grandeza y poder del 
que las ha criado» 

LOS PERROS CÉLEBRES. 



Yo creo que mis lectorcitos habrán hallada 
algún intere's y recreo en las historias que les 
he contado hasta la presente ,, y creo habrán no- 
tado que por temor de que estas relaciones unas 
en pos de otras sean algo monótonas, he tenido 
cuidado dé variarlas en lo posible ^acompañan- 
do ana anécdota trágica, con otra en la que 
domina la sensibilidad y alguna otra burlesca 
y alegre. Yo seguiré esta misma marcha en to- 
do lo que me resta deciros de los pobres perros 
á quienes quiero que cuidéis mucho. Ahora os 
voy á citar un rasgo de sangre fría y de valor 
que ha sido comprobado por testigos dignos dé. 
fe e' inserto en los periódicos ingleses, sin lo cual 
yo no hablaría de el, pues no quiero decir mas 
que la verdad exacta» 

Un artillero de Dublin tenia un vigoroso 
perro lebrel, llamado Mustafá. Criado desde 



pequenito en los campos dé batalla siempre 
acompañaba a sa amo y permanecía impasible 
en medio de los combates. En las acciones mas 
acaloradas permanecía sin moverse detrás del 
canon con la mecha encendida en la boca. En 
la batalla de Fontenoy de que ya os he hablado 
en el momento en que las tropas francesas rom- 
pieron el cuadro de los hannoverianos, el amo 
de Mustafá cayó herido de muerte , pues le 
había alcanzado una bala en el momento que 
se disponía á hacer fuego al ^enemigo. Al*vér á 
su amo tendido en tierra y cubierto de sangre, 
el lebrel da aullidos de desesperación. Al mismo 
tiempo una compañía de franceses venia á paso 
redoblado á apoderarse de la pieza cuyo$ artille- 
ros habían puesto fuera de combafé. Mustafá lo 
nota, y sin duda á fin de vengará su amo y lle- 
vado de un instinto sobrenatural agarra con los 
dientes la mecha que aun permanecía encendi- 
da en manos del artillero muerto y puso fuego 
al canon cargado de metralla, setenta hombres 
quedaron en el sitio y el resto huyeron con el 
mayor desorden. Después de tan brillante gol- 
pe, el perro volvió á tenderse tristemente junto 
al cadáver de su amo, l^me sus heridas y per- 
manece alli veinte y cuatro horas sin comer 
ni beber. Al fin algunos camaradas del artillero 
difunto lograron arrancarle de allí y le volvie- 
ron á Londres donde fue presentado al Rey 
Jorge II que le concedió una pensión alimen- 
ticia como á un valiente servidor, 



En oposición al --heroísmo de este perrb voy 
i contaros ahora las travesuras de un pero de 
aguas, fue muy culpable como vais á ver T pero 
estoy seguro que no le culpareis á el sirio á suamo 
que le había dado una educación viciosa en lugar 
de dirigir al bien sus inclinaciones naturales. 

En tiempo de Luis XIII, vivia en París un 
pintor llamado Dumesnil. En aquek tiempo los 
artistas no ganaban tanto como en el 'día y es- 
pecialmente los de un talento mediano no tenian 
las salidas que hoy tienen, por lo que Dumesnil 
llevaba una vida llena de privaciones y de miseria. 

Falto asi de todo lo necesario y sin tener 
muchas, veces que comer Dumesnil imaginó áii- 
üfcar á su perro único compañero de su miseria, 
y de cuya astucia y fidelidad tenia repetidas 
pruebas. Le ejercitó en cin género de caza muy 
particular, es decir, que le enseñóla arrebatar' 
áíguna ave. asada dé ios mostradores de íos'íbn->» 
distas y pasteleros* Corno tenia su parte en el 
hotin «stp ocupación agradaba mucho al 'perro 
que cuidaba de que no faltasen provisiones en 
hJ mesa de su; amo. Esta industria continuó 
por algún tiempo, pero gracias á la Providencia 
que nunca permite quede impune una mala ac- 
ción , nuestros dos ladrones fileron pillados in- 
fraganti en el momento en que el amo detras 
de una esquina tomaba de boca de sn perro un 
gordo capón asado que acababa de atrapar. 

Conducido ante el comisario del cuartel pre-^ 
gantaron á Dumesnü poique se /.ejercí í aba ea iau 



( *38 ) 
culpable industria. Yo respondió él con orgullo, 
yo soy hombre de bien y no he robado nada, 
por vos mismo no, pero por ministerio de vues^ 
tro perro que es preciso hayáis aficionado á tan 
vergonzoso ejercicio.-Si mi perro es ladrón, eso 
no tiene qae ver conmigo, que le juzguen y 
que le ahorquen. Indignado el comisario de tan- 
ta audacia, mandó que condujesen á la cárcel á 
Dumesnil. Este asustado del giro que tomaba el 
negocio pidió decir francamente la verdad. Ha- 
blad dijo el magistrado que yo os escucho. Pues 
bien señor, yo soy pintor y hace ya tiempo que 
deseo representar 4 al natural un perro que pi- 
lla furtivamente una ave y he aqui porque me 
han sorprendido acechando las operaciones de 
mi perro. Este tono burlesco de parte de un 
hombre acusado de robo indignó al magistrado 
que mandó que Dumesnil fuese en el acto con- 
ducido á Bicetre. Esta orden se ejecutó pero el 
perro á una insinuación de sa amo, atrapó en 
las mismas barbas del comisario, el capón asa- 
do que estaba puesto sobre su bufete como 
cuerpo de delito y le llevó en triunfo hasta la 
prisión de Dumesnil. 

Olvidemos este perro y sus malas costumbres 
y volvamos la vista á otros cuadros en los que 
solo haya elogios que dar. 

Lis muí tañas de Suiza están en muchos lu- 
gares cubiertas de una inmensa cantidad de 
nieve, estas nieves cubren hondos precipicios 
siempre funestos á los inexpertos viajeros. A 



..(«39) 

veces estos prodigiosos cúmulos de agua con- 
gelada se elevan hasta las nubes y como úni- 
camente tienen por base el borde escarpado de 
la roca puntiaguda, el menor movimiento les 
hace perder el equilibro y desprendiéndose de 
improviso caen con el ruido del trueno y se- 
pultan á los hombres y caballos sin esperanza 
de remedio. Para obviar en lo posible los pe- 
ligros que ofrecen estos lugares innacesibles y 
silvestres, se han fundado hospicios en los que 
los estraviados viajeros puedan hallar un asilo 
y socorros eficaces. 

Los hombres benéficos que sirven en estas 
casas hospitalarias, crian grandes perros que 
acostumbran desde pequeños á rondar por los 
estrechos y tortuosos senderos. Estos inteligen- 
tes animales llevan colgada del cuello con una 
cadena de hierro una botella de aguardiente que 
van á presentar á los viajeros errantes en me*- 
dio de las neveras; después cuando el licor con*- 
fortante los ha reanimado un poco, los perros 
guian sus pasos hacia el hospicio en el que en- 
contrarán calor y reposo. Admirad queridos 
niños lo que pueden una beneficencia activa y 
una ilustrada filantropía. 

Una noche en que uno de los alanos del hos- 
picio hacia su ronda acostumbrada, encontró 
á un niño de seis años cuya madre acababa de 
despeñarse al fondo de un precipicio. Penetra*- 
do por la vivacidad del frió, extenuado por el 
hampre el dolor y la fatiga, la pobre criatura 
staba tendida sin movimiento en medio del 



04o) 

camino sin tener fuerzas mas que para gemir 
y llorar. El perro corrió hacia él y levantán- 
dole la cabeza, le enseñó la botella que llevaba 
para uso de los viajeros. El niño que no com- 
prendía la naturaleza de estos ofrecimientos, 
tiembla de miedo y reúne sus fuerzas para re- 
troceden El perro lo adivina todo y para ani- 
mar á la pobre criatura, levanta una pata muy 
dulcemente y la pone con mucho tiento sobre 
los pies del niño y le lame las manos entor- 
pecidas por el frió. El niño tranquilizado con 
tan amistosas demostraciones hace un esfuerzo 
para levantarse pero su cuerpo medio helado, 
cae como un plomo no puede moverse y va á 
morir. El perro conoce la debilidad del niño y 
apiadado se acerca á él todo lo mas que puede 
se baja hasta dar con el vientre en tierra, y 
por sus miradas y ademanes da á entender al 
niño que monte á caballo encima de él. El ni- 
ño en efecto monta lo mejor que le es posible 
y tendiéndose sobre el lomo p^sa los brazos al 
rededor del cuello del animal. Este le condujo 
con las mayores precauciones hasta el hospi- 
cio donde los cuidados mas solícitos le volvie- 
ron á la vida. 

Esté rasgo inaudito de inteligencia y bondad 
produjo en el pais la mas viva sensación. Un 
propietario rico y benéfico hizo pintar esta 
escena interesante y quiso servir de padre al 
huerfanito. El cuadro ! que representa este suce- 
so adorna hoy día una de las salas de aquella 
casa hospitalaria. 




SINGULAR AVENTURA. 



Un crimen horrible acompañado de las mas 
románticas circunstancias, se ha cometido en 
Francia á últimos del año pasado. r| 

Mr. Simón cura de una aldea del departa- 
lamento de Loire volvía un anochecer á su cura- 
to, tranquilo sobre su caballo, cuando de re-* 
pente y en la orilla de una laguna se vio asalta- 
do por tres malhechores. Siéndole imposible ha- 
cer alguna resistencia, el pobre cura se dejo 
despojar del dinero que llevaba para socorro de 
los pobres, de su relox de oro/ de su caballo y 
parle de sus vestidos. Verificado el robo los la- 
drones se escaparon, dejándole tiritando á ori- 
llas del agua pero contento poique le dejaban 
con vida. Ya se disponia á volver á su domici- 
lio cuando vio que los ladrones volvian hacia 
él. Estos miserables habían conferenciado y te- 
miendo que el cura pudiese descubrirlos hablan 
formado un designio atroz. Rodean de nuevo al 
pobre eclesiástico y le declaran que su seguridad 
personal les obliga á desembarazarse de él; en 
consecuencia que encomiende su alma á Dios y 



se prepare á morir. Únicamente dejaban á su 
elección el género de muerte , si quería fuese á 
garrotazos ó ahogado en ei estanque. Después 
de una inútil resistencia y de súplicas mas inú- 
tiles todavía > Mr. Simón acordándose que sabia 
nadar y que alguna circunstancia imprevista po- 
día socorrerle se decidid por la laguna. Entonces 
le desnudaron le ataron las manos y una enorme 
piedra al cuello y después de haberle precipita- 
do en «l agua los asesinos se retiraron lleván- 
dose el caballo , y creyendo disipados todos los 
indicios de su crimen. Llegaron á un mesón á 
media legua de alli , pusieron el caballo en la 
cuadra, cenaron y se acostaron como gentes de 
conciencia tranquila. 

Entretanto el desgraciado Simón luchando 
con la muerte pero ayudado de la Providencia 
había conseguido sacar una mano del atadero 

]r con ella desatar la soga que estrechaba su cuel- 
lo , y animado por la seperanza de verse libre em- 
pleó el resto de sus fuerzas para salir á la orilla 
lo que consiguió al fin muerto de cansancio y de 
fatiga. Después de haber dado gracias á Dios por 
haberle salvado tan milagrosamente se decidió á 
implorar la hospitalidad en la primer casa que en- 
contrase. La Providencia le conduce á un mesón 
llama y una criada se asoma á preguntar que 
busca á aquella hora. Pide la hospitalidad y so- 
laré todo una cubierta para que al entrar pueda 
ocultar su desnudez. La criada le echa una 
manta y como la puerta principal está cerrad^ 



le abre la de la corraliza. Entra, y al pasar 
por delante de la cuadra oye relinchar de ale- 
gría á su caballo que probablemente le había 
reconocido por el olfato, Mr. Simón maravillado 
entra en la cuadra y reconoce á su fiel caballo; 
entonces llama al posadero y le pregunta si se 
han alojado allí tres homhres de tales y tales 
señas. El posadero responde que sí, y contán- 
dole Mr, Simón su aventura, van á buscar la 
gendarmería y un momento después los ladro- 
nes cargados con su robo son puestos á dispo- 
sición de la justicia. Esperan su castigo en la 
prisión mientras que el buen párroco da ince- 
santes gracias á Dios por haberle librado de una 
muerte cierta. 




r 



FÁBULA, 



La Abeja y el Zángano. , 

Una abeja ingeniosa 
Se dedicó á formar 
Las celdas con mas orden 
Con mas arle él panal 
Un zángano la atísv'a 

Y con cierto ademan 

De hacer muy poco aprecio 
Dé su sagacidad; 
"¡Pues! (dice) ¡Vaga tela! 
No está malo.... Sí.... Ya... f 
Pero .. ¿qué se yo?..,, no halla 
Nada particular. 
Si yo quisiera.... es fácil 
Eso y aun mucho mas. 
Todo es ponerse á ello..,. 
Otra\vez.... ya verán.'* 
La diligente Abeja 
Que lo buba de escuchar 

Y á fondo conocia 
Al ocioso rival, 

Se acerca y le interrumpe? 
"Calle el torpe haragán, 
Si nada bueno ha hecho , 
Ni de hacerlo es capaz 
¿A qué viene ese tono *> 



(i45) 
De maestro?.... mas ¡ah! 
Que asi aparenta industria 
A los que no sabrán 
Que es un flojo un inútil 
En nuestra sociedad. 
Una de dos (concluye) 
O haga una cosa igual 
Q nú vuelva en su vida 
El necio á criticar* 




• . - \ 



■ ■■ i 




HISTORIA NATURAL. 



* 



Cultivo y virtudes de la rosa. 

A pesar que los rosales no exigen un cultivo 
ni uy delicado, todos los sitios y todos los cli- 
,na s no les convienen igualmente. La mayor 
parte aman los terrenos pedregosos y descu- 
biertos , otros piden los hiífpedos y fcios y hay 
algunos que en ^1 invierno necesitan guardarse 
Cn la estufa. En un terreno seco las rosas son 
mas odoríferas y mas subidas de color y en un 
terreno húmedo son mas bajas de color y mas 
tardías. No se deben plantar los rosales ni du- 
rante las heladas ni las fuertes calores, tampoco 
se deben poner á la sombra, ni en cajas de ma- 
dera atendida la gran cantidad de sus raices. 

Las rosas son mas ó menos coloradas , mas ó 
menos odoríferas según que están mas ó menos 
espuestas al sol o que la estación es seca ó llu- 
viosa. Aunque se puedan plantar rosas en to- 



\ 



( 1*7 

das estaciones escepto durante las heladas y los 

fuertes calores, con todo en los países meridio- 
nales si se quiere que den flores en el mismo 
año es preciso que los pies que se transplantan 
hayan dado ya flores, que no sean muy viejos 
y tener cuidado de no descabezarlos Mas si no 
se les replanta inmediatamente antes ó después 
del invierno es de toda necesidad acortar las ra- 
mas y regarlos frecuentemente. La sangre de 
los animales es escelente para facilitar la fecun- 
didad de los rosales. Si con esta sangre se mez- 
clan cenizas de otras plantas y nitro se tendrán 
Tosas de un tamaño y forma sorprendentes. 

Todo el secreto para tener rosas precoces 
consiste en cuatro cosas: i.° animar y fomen- 
tar el botón para que no se abra demasiado 
tarde: 2. se necesita un lugar templado : 3/* un 
alimento succulento: 4--° es preciso que este ali- 
mento convenga á la especie de rosal donde se 
hace la prueba. Para tener rosas en el invierno 
es preciso arrancar los rosales cuando empie- 
zan á brotar y trasplantarlos á tierra menos 
fuerte. T)e este modo dará en el invierno las ro- 
sas que debían brillar en\la primavera* 

El medio mas seguro para dar á una rosa el 
color ó el olor que se desea es cortarla en tiem- 
po seco antes que se haya desarrollado y de- 
jarla abrirse en un líquido cargado de la sus- 
tancia odorífera ó colorante que se quiere ofre- 
cer. Si se quieren volver blancas las rosas de 
otro color bastará exahumar con azufre los ca- 



(i48) 

pullos antes que se desarrollen. Por este secre^ 
to se pueden tener en un mismo rosal y aun 
mismo tiempo rosas de diferentes colores. 

Debemos creer que cada especie de rosas tie- 
ne propiedades particulares, pero la esperiencia 
no nos las ha dado á conocer. Con las rosas se 
hacen aceites esenciales , jarabes ó aguas, electua- 
ribs &c. La rosa de cien hojas es astringente for- 
tifica el estómago é impide el vomito. Las ro- 
sas blancas son desicativas analépticas y refres- 
cantes. La rosa encarnada sirve para hacer el 
agua de las nueve infusiones que se administra 
en las pociones purgantes en cantidad de dos 
onzas. 

Modo de conservar las rosas frescas durante 

todo el invierno. 

Escójase arena de la mas fina y pásese por 
tamiz hasta que quede bien igual* y menudita, 
después se lava en agua por que se purifique 
de todas las partículas terrosas y se deja secar 
al sol. Las rosas que se quieren conservar se 
van colocando en cajas de cartón ó de hoja de 
lata bastante anchas para poderlas poner con 
la mano y que sean dos pulgadas mas altas que 
las flores. Lle'nense de la arena preparada has- 
ta la altura de la flor y todo ai rededor de los 
petalos, de modo que no se contrarié su posi- 
i cion natural ; que la superficie cóncava este bien 
i lena de arena y la convexa cubierta sin dejar 



hueco ninguno. La arena no debe pasar de 
cinco d seis líneas por encima de las rosas; 
cubriéndolo todo con un papel agujereado. Des- 
pués se esponen al sol, ó se ponen en una es- 
tafa ú horno donde se haya acabado de sacar 
el pan , y al cabo de tres ó cuatro dias se sa- 
can las rosas enteramente secas y con todo ei 
brillo de sus colores naturales. Para conseguir- 
lo es preciso observar tres cosas principales, 
escoger y preparar bien la arena, entretener 
un grado de calor lo mas constante que se pue- 
da, y colocar las flores eñ las cajas de modo 
mas conforme á la naturaleza. 

LAS ROSAS. 

Idilio de Áusonió* 

La primavera florecía* 'el -cielo todavía cu-* 
bierto ligeramente de las sombras de la noche, 
y el aire fresco de la mañana invitaban á go- 
zar de los primeros rayos del sol, cuando yo 
vine á pasearme entre las flores de mis jardi- 
nes. Las lágrimas de la aurora se habían reu- 
nido sobre las hojas de las plantas que se ago- 
viaban con su peso. Mis rosales orgullosos por 
el cuidado <[ue yo tengo de ellos desarrollaban 
sus corolas á los primeros rayos del dia y es- 
tuve dudoso si atribuiría á la aurora; ó la rosa 



(i5o> 
los brillantes ¿olores que las embellece» porqué 
la existencia de la amante de Citon como la de 
la reina de las flores solo dura un dia. Yo cre-« 
eria al menos que ambas tienen igual olor pero 
que la una le exhala en los aires mientras que la 
otra lo prodiga en la tierra. Es bien seguro que 
la madre de los amores ha teñido á ambas 
igualmente con la púrpura mas bella. 

Tuve el mas vivo placer en aquel instante al 
considerar las diversas transformaciones de mis 
rosales: aquel presentaba un capullo provisto 
de su verde cubierta y este mostraba otro que 
apenas dejaba entreveer sus brillantes colores* 
No lejos de alli otro manifestaba la estremidad 
de la corola mientras que otro mas adelantado 
parecía al desarrollar sus rubicundos petalos 
que invitaba á contarlos; manifestaba también 
con orgullo su seno sombreado de estambres 
dorados , ¡ mas ah ! apenas abierta ya la vi marchi- 
tarse y sus hojas descoloridas cayeron rovolotean- 
do al suelo. Yo gimo por la cruel y rápida impre- 
sión que el tiempo produce en tan bellas flores. 
El instante que las ve nacer dije para mí, al- 
canza al que las ve concluir su existencia ¡ tan- 
to explendor dura solo un momento! ¿la natu- 
raleza nos ha de privar asi de sus dones cuan- 
do empezamos á gozar de ellos ? La rosa tan 
bella solo dura un dia y el astro que por la 
mañana admiró su juventud y su frescura la 
encuentra por la noche consumida de vejez. Sin 
embargo, somos injustos por quejarnos de la 



corta duración de esta flor encantadora pues 
todas las mañanas brotan Otras nuevas que pro- 
longan su duración. 

Jóvenes no olvidéis que la rosa e¿ pasagera, 
solo hay un tiempo para cogerla y las rosas del 
placer son pasageras Como ella. 

Investigaciones estadísticas sobre los sordo 

mudos. 

El Abate de L* Epee' calculaba el número 
de sordo-mudos en uno por cada 6oóó habi- 
tantes y aun se tenia este cálculo por exagera- 
do. Los censos que se han hecho después cotí 
mas exactitud, comprueban un término medio 
de un sordo-mudo por cada iSotí á i6oo ha- 
bitantes. Algunos economistas han atribuido 
este acrecentamiento á la dépravátíon de eos*» 
tumbres que hace sufrfr á los ttinós, 1& pena 
del desarreglo de sus padres. Lejos de admitir 
una causa tan deplorable, düdaátóí Kjne real- 
mente el numero de seMo-mudos áea hoy mas 
considerable que eti los tiempoá pasados. Anti- 
guamente las fatüffias se avergonzaban de ha- 
^er dado el ser á individuos tan degradados en 
la pública opinión, que los ocultaban como una 
cosa indecorosa. Por el contrario, después que 
la instrucción puede vol verlos á lá vida social 
y aun hacer que se presenten con honor, los 
mismos padres se apresuran á presentárselos á 
los maestros. 



(i 5*) 
Poca admiración causa este número de sor-? 

do-mudos si se considera la delicadeza y la 
complicación de las partes que constituyen el 
órgano del oido. Este órgano se compone de 
huesecillos delicados con tan exquisitas articu- 
laciones que se ponen en movimiento con ia 
mas débil vibración sonora, y que trasmiten 
asi ai cerebro por el nervio auditivo la sensa- 
ción que han recibido del tímpano. La mas 
ligera alteración en la estructura ó en el juego 
<^e estas partes 1ap finas, tan iitipresionalrles, 
tan sensibles acarrea la sordera que puede de-. 
terminarse. aun mas prontamente por la pará- 
lisis del nervio. 

La causa inmediata de la sordera congeiúta 
(de nacimiento) parece que estará siempre ror- 
reada de misterio. La sordera^ accidental que es 
mas frecuente proviene de diferentes causas 
fortuitas, de enfermedades cutáneas , de erup^n 
dones, inflamaciones, escrófulas, convulsio- 
nes &c. Sobreviene mas particularnítnte en lo$ 
primeros años de la vida f porque en esta eda4 
la cabeza es e] principal laboratorio de la-pa-r> 
tqraleza; l$ cabeza en el niño; es el -sitia de fyq^ 
cuentes erupciones y el centro de las afección 
lies nerviosas. uMas entre las causas de la sor-, 
dera debe ocupar la primera línea, fia influen- 
cia de los climas, y las localidades. Entre lo$t 
hechos detallados recogidos por el colegio de 
sordo-mudos d$ Paris , se cita un^ familia que 
de ocho hijos contaba cinco so a Jo-mudos iQd&$ 






tinco nacidos en una casa húmeda y mal sa- 
na; La familia que la había habitado ante- 
riormente de tres hijos que ha Lia tenido , los 
dos eran sordomudos (i). En los países monta- 
ñosos en que abundan las aguas y arboledas, es 
donde se encuentran mas sordo-inudos. La Sui- 
za, en este pais, es una.de las comarcas mas 
desgraciadas porque alli la proporción es cons- 
tantemente de i á 5oo, y todavía observaremos 
una gran desigualdad en los diversos cantones 
tomo se echa de ver en el cuadro siguiente 
formado por Mr. Bernoulli de Bale* 



■ ' II I II I II I II I M il I I »| ■ ■ 

" . •• j .1 ,. , « ■ 
( 1 ) Muchos casos se podrían citar éñ nuestra Península 
tíe casos setóejátttes entre fos pocos sordb-mudos que ha con*- 
lado siempre el colegio de Madrid, tuvo aun tiempo dos nero- 
nianos sordo-mudos, Antonio y Mariano Gutiérrez, naturales 
de Segovia y ámhos eu el diá oficiales de platero. A estos siguió 
Francisco Serrad illa natural de PlaSencia que tenia también 
una hermana muda. Después hubo otro llamado Antonio Aguir- 
re, hijo de don Tiburcio capitán de granaderos del provincial 
áe Toledo, que eran tres hermanos mudos. En la actualidad 
existe en el mismo colegio un tal Buiz hijo del sargento 1.° de 

Í granaderos de la guardia real provincial de la compañía de Ma- 
aga que dé siéfe hijos que había' tenido los* cuatro eran mn- 
dos, con la particularidad de haber salido á luz alternativa- 
mente uno con todos sus sentidos y otro defectuoso. Muchos 
son los casos que se podrían referir, dé familias señaladas con 
«sta* doble desgracia, pero sería dilatarme demasiado y solo 
desearía que esto diese motivo para que celosos profesores hi- 
ciesen algunas investigaciones fisiológicas sobre asunto tan 
digno de atención. 

El Edictor. , 



10 



0*4) 



;.• 



Cantones. Población^ Sordo-mudos. Relación en núm. 



Zurick. . . 


220*000 


ÍU 225 


1 . . 


1000 


Vaud. . . . 


1 55,ooo 


. . 1 52 


1 . . 


1000 


J33L1G» • • • •' 


5o,ooo 


. ,. roo 


1 . . 


5oo 


Árgovia. . 


íboyoop • 


¿íl 3oo 


1 . . 


4oo 


Berna. . . .' 


35o,opo* 


. . 1600 


1 . . 


35o 






S&i&olá ^^^édm/i^&i^et'ú país de Berna 
tocfo cortado de altas montañas y profundos va- 
lles ofrece el mayor número de sordo-mudos. 
En el pais dé Váutf y cantón de Zurich que tie- 
nen' pocas- montañas ,* esta- enfermedad no es tan 
común: L& misma desigualdad que se nota en 
la repartición de sordo-mudos en los diferentes 
cantones 1 se - reproduce en los diferentes pueblos 
de un mismor cantón. Asi de 122 pueblos del 
cantón de Vatíd ,68 no tienen sordo-mudos» 
Hay 5o que solo Stieiien uno o dos sordo-mudos, 
mientras que; en' los otros cuatro pueblos se ha- 
llare ciento repartidos? e» la proporción siguiente: 



Fuefclos. Población;* Sordomudos. Relación. 



|MM^W> tmmmmmm 



' ," ■■! *> '>■ J"' i ) 



Aubona. . . . 6,638 

Valle.. .. :. 3, 9 38 

Peterlingen.. 6,og5 

Moudon. . . . 6,602 



20 
12 

25 



43 



1 . . 333 
1 . . 328 
1 . . 2^4 
1 . . i53 



O 55) 

En el cantón de Zarich ; el pueblo de We- 

jpaeh entre 698 habitantes cuenta 11 sordo-mu,- 
dos; es decir, un ^ordo-n^udo por cada 63 habi- 
tantes. Parece que hay localidades $n que esta 
proporción es mayor todavía. I^a. gaceta de Nue- 
va York asegura que en el ÜMuevo-Hampsthire, 
se encuentra un sordo-mudo por cada cincuen- 
ta ha hitantes en la población negra. 

El colegio de sordo-mudos de Hartford en el 
Connecticut, fundado en 1816 por Mr. Gallaq- 
det y que es de primer orden entre los^ de este 
género y ha dado en sus informes anuales ql 
primer ejemplo de investigaciones estadísticas 
*le sqrdo-mudos. Este establecimiento de^de su 
fundación hasta 1839, h# íec|l^ido 279 alunjr 
nos , 1 23 hembra y 1 §7 varpnes. J)e este nu r 
mero 116 sordo-mudos de nacimiento, 1 35 que 
habian perdido el pido en sus primeros afiqs , y 
28 cuya enfermedad no tq$ia ^origen conocida, 

De \m 1 35 discípulos de sordera accidenta!, 

1 5 habian perdido el oído ppco después de sp. 

nacimiento, 29 en el primer apo, 6$ ep^re u$o 

y cuatro anos, i4 entf§ cuatro y cinco, 9 e%- 

•tre cinco y siet#anos. • 

De 44. casos dp sordera bien pronunciada 22 
provenían de la fiebre escarlatina , 6 de fiebres 
intermitentes , 7 de sarampión , 2 de afecciones 
cerebrales, J¡ de viruelas, i de pasmo, | de la 
detonación de un canon, y cuatro de caídas 

¿rayes. 

Jk b* 54 sordo- mudo*, de qji£ ífiforgia el 



colegio de Praga, 19 son sordos de nadmiebto 
y 35 io son á consecuencia de enfermedades ó 
accidentes. De estos treinta y cinco ilisfeípmlos 6 
se quedaron sordos en el primer año de sa na- 
cimiento, 9 en el segundo, g éti el tercero, 2 
en el cuarto, 2 en el sexto, dos en el séptimo &c. 
El colegio de Leipzig tenia en i83o 5i dis- 
cípulos , 22 sordo-niüdbs de nacimiento y 2<| 
sordos desde sus primeros años. De estos últi- 
mos í4- perdieron ^oido por láffiebre escarla- 
tina, 6 por las viruelas , 2 por fiebre nerviosa, 
i por un golpe en l la cabeza , 1 por resfriada, 

1 de resultas de convulsiones, /y £ por causad 
desconocidas. De estos mismos discípulos 4 Ra- 
bian perdido el/oido en el primer año, 10 en 
el segundo ,8 en él tercero, 3 en ek cuarto, 

2 en el quinto. 

Estas investigadónes demuestran q^e la sor- 
dera accidental es todavía mas frecuente que la 
cóngénitá y qué sobreviene por lo regular en 
los tres ó cuatro primeros áñds, <2omo prbvle- 

c ne las mas de las veces dé erupciones cutáneas, 
de enfermedades inflamatorias y de la "in^aluF- 
bridad de las habitaciones , se comprende qrte 
proporcionalmente «debe manifestarse mas en 
las familias indigentes en que los niños están 
mal alojados , mal vestidos^ alimentados y cui- 
dados. La sordera de tnaci miento puede referirse 

*á dos causas principáis f a tíñ vibio^iüigánico y 
á la insalubridad de los lugares. 

Aun éh él mismé qíttfó en <$M l&4ottfer& pro- 



viniese cíe nn vicio orgánico , no se podía pro-¿ 
piamente hablando decir que es hereditaria;, 
porque es muy raro que un sqrdo-mudo trans- 
mita su enfermedad á sus hijos. Se han visto 
sordo-mudos casados con sordo-mudas cuyos 
hijos oyen y hablan. Mas suele á veces suceder 
que la misma enfermedad se manifiesta en las 
ramas colaterales. Muchos sordo-mudos tienen 
tios, tias y primos con el mismo defecto y en«~ 
tonces la sordera casi siempre es congénita. Esta 
Ta acompañada á veces de circunstancias dignas 
de atención. En muchas familias.se vé una su* 
cesión regular de hijos sordo-mudos y de senti- 
dos expeditos. La misma madre después de pa- 
rir un sbrdo-raudo suele dar á luz otro niño 
que goza de todos sus sentidos, después viene 
otro sordo-mudo y asi alternativamente , hasta 
los ocho, diez y doce hijos en algunas familias. 
- El doctor Deleau uno de los médicos que 
mejor han tratado las enfermedades del pido, 
hace mención de una muger de la Bóchela que 
se quedaba sorda en cada embarazo , pero en 
«cuanto jtaria cesaba la sordera y todos sus hijos 
-eran sordos; El hecho irías notable tal vez que 
nos ofrecen las anomalias de la sordera, se halla 
^consignado en el informe anual (1828) del co- 
legio de Hartford en los Estados Unidos. Halla- 
hanse entonces en aquel colegio dos hermanas 
sordo-mudas con catorce primos ó primas sor- 
do-mudos. Todos los diez y seis primos deseen** 
dian de una misma bisabuela que gozaba de 



(xM) 

todos sus sentidos. Lo más notable en este hé-# 
cho es qué '.no sé hallaba un «ordo-mudo entnf 
tos hijos ó nietóá dé está bisabuela, y asi á la 
tercera generación era cuando su descendencia 
sé véia acometida de esta enfermedad. " 

El censó másr exacto que poseamos tocante á 
Sordú-múdos há sido hecho en Prüsia de arden 
del gobierno en tres épocas diferentes; El de 
l8£5 daba* €^8© soMo-múdos, el de 1827, 
S^l^f^^^^íS^^^WéSi Es evidente que el 
tstesó del ultiiíio estado proviene de haberse 
ejecutado el cétiso con m᧠éx&^itwd. -Eti los 
distritos cíe Ak ía Gftfojteiíé -y de Dusseldorf 
Solo s§ éneáéníi^ uW séf do-mt¿fo por 3ooo al- 
iñas, lia proporciones casi friple £ti los distri* 
ios dé Ráeñigsbérgy de "Gtimbirinen y de Er~ 
furt puesto q&é sé atienta rln «ofdo^mudo por 
¿ádá k úoú habitantes. * 

Se lía procurado tártíbien determinar la re- 
lación qué existe entré el náun^ro de sordo-mu?. 
dos y él éé soráé- Mudas; pero no se han podi¿- 
áq Wuinir sobré éste objeté dd^ünietfl^s compe^- 
téhtéSj únicamente és probado qué el número 
$é ^rdd^mddós ^s Memoré süpericrr al de sor- 
áó-tóádás. 

Hé aqui él Resumen dé \&s censas practicado® 
fen diversos países hasta él ^dia. 



(' 



PAÍSES. Población. Sor Jo-mu J. Relación. 

Suiza. 

Cantón de Zurich. • 
— — de Vaud. . . . \ 

— de Vale. . . , .> 895000 J1777 .1 * 5o3 

— de Argoyia. . . J 
— - de Berna. 



• f 



Alemania* 

Gran duc. de Badén 1108000 *j8S 1: 559 

Wurtemberg. . . , *55o2i5 xaSa 1 : r ia4° 

«Bavieriu . . . . . f 4o^7°°° 2908 1: i388 

?Prusia. . . • . . „ , 13726823 8223 1 : i548 

*Hesse electoral. . . . 55oooo 4°° 1; *37$ 

Ducado de Nasau. . 3tioooo aio 1 : \&$ 

Duc. de Brumswick.. aó6ooo 176 1: 1170 

£&. : .; : :j ••««»«■ Í¥ ¿ . 

Dinamarca. . . 1800000 1260 1 : 171* 

Irlanda. . . . . . 6000000 33oo 1 : kjp* 

EstadoS-Unidos.. 12000000 6000 1 : 2000 



t%. 



Total. . . . 47^^9*9^^ 29853 1 ■: i585 

iLMmmmmm M^mmM^m»¡a BBmBsaammx^a^m^ti^BmmamaBamKm 

Este cómputo tíos' ofrece un* sordo-mudo 
por cada l585 habitantes, resultado que se 
aleja miiy phco del que ofrece la estadística de 
Ja Prusia* Se podía mirar este xütinjo como el 



que sq acerqa mas á U verdad, porque los otros 
éehsos no han sido hechos con la misma exac- 
titud, y es probable que un gran número de 
sordo-mudos se hayan escapado en las prime- 
ras investigaciones, conforme se notó en Prusia 
en 1827 y 28, Es probable qué si investigacio- 
nes^ ijl|eriores deben njodiíicár la proporcioa 
en yWqJ? se ^ P^ ra darnps u $a proporción 
mayor todavia. Si tomamos esta proporción ge; 
neral^por base de los cálculos se contarán en 
Francia mas de 20,000 sordo-mi¿los y nías de 
1^0,009 en Europa, r f g 

En el ministerio dz Mr.^Montalivet padf$, 
fue cuando se hizo en Francia el «primer censp 
áe sordo-mudos. Hace algunos* anos que se han 
pedido nuevas noticias por el ministerio; pero 
hasta la presente sqIo las han remitido cin- 
cuenta y seis departamentos y muchos de ellos 
de un modo incompleto. |£l total presentaría 
r y 833 sordo mudos, número evidentemente pe- 
queño y qq.e solo h^ria subir ^1 número de 
«ordo-mudos en Francia á 1 2,000 mieqtr^s que 
investigaciones particulares perfectaujente de 
acuerdo con las de otros países permiten elex#r 
éste cálculo á 20 ó á 22,000. 

Ciertas localidades de Francia son bajo egfe 
aspecto casi tan maltratadas como la Suiza: en 
^Córcega se halla un sordó-mudo por cada 65o 
f almas ^ casi lo lilis mo sucede en el Avegron y 
todavía rtias eú algunos sitios de los Ardennes. 
Una estadística general de sordo- mudos tenien- 



( *6^) 

d© presentes las particularidades locales y las 
causas presuntivas de la sordera, presentaría 
útiles observaciones. Esta estadística seria muy 
interesante en España por las grandes varieda- 
des del clima y la topografía. Se vería entonces 
tal vez (pero esto es una opinión puramente 
hipotética ) que en el mediodía las sorderas pro* 
vienen mas particularmente de afecciones ner* 
víosas, mientras que en el norte serán mas biea 
consecuencia de enfermedades cutáneas ó d$ 
congestionesjxjfjamatorias. 






2 i 




i M 



■ 'l' .L- 



j>l ¡i ' r ^ i r i i- * i ¿jm S5|? 



RASGOS QUE PRESENTA JLA HISTORIA, 






Será mi mas grato ejercicio 
J£i*sal¿ar la virtud , deprimir el vicia. 



Amables Jóvenes que leis estas líneas, conce^ 
ded conmigo up tributo de gratitud^á la ciencia 
madre que va á enseñarnos los caminos de la 
virtud y de la gloria. La historia ., esa antorcha 
que nos ¿lamerá en la oscuridad de los siglos 
que pasaron; es^i bélica pintora que describe con 
sus colores reales cuanto ha sucedido, y los 
hombres tajes ^ualjexistierop T nos presenta un 
gran cuadro, En él se ven los retratos de los 
hombres mas apreciábles por sus virtudes mo- 
rales, los mas abominables por sus odiosos vi- 
cios, los rnas fayorecidos de Ja fortuna, los mas 
perseguidos por la desgracia. Vense alli hijos sa- 
crificar su existencia por sus padres, jóvenes 
inmolarse por no sobrevivir já Ja perdida de su 
honor, otros dar su vida en el altar de la pa- 
tria , y otras lanzarse impávidas §n la pira que 
reduce á cenizas los restos de un esposo amado. 
Tal vez en la sombra de un conquistador cele- 



X i€3) 
$>r€ í veremos tm ^sfcqro particular ¡sostener Iqf 
estados que aquel se empeña en devastar. Ve- 
remos hombres glandes descender rápidamente 
al ihas humilde esta4p '• Veremos ¿ubir i uj| 
trono, el hombre mas oscuro de la plebej: Ve- 
remos otros que con soloá su$ esfuerzos han sa- 
lido de clase 4«4e«f'ÍDi:^ hart usurpado* coronas* 
han : trastornado imperios , han regalado cetros, 
harí gobernado el orbe, y en momentos han 
caido con todo el éstiiépub de sug conquistas, dé 
sus hazañas y de sus glofias, y ifean, sucumbido 
olvidados casi de Jes q&ie faeran, j&Q compañe-> 
ros y partícipes de su fortuna. .. 
^ Todo lo recorremos* todo l<5lyerai»os jóvenes 
amigos, todo lo observtaremo^? topeando suce-? 
sos que han sifloVv y añadiendo ó cambiande 
circunstancias % yo os presentaré ejemplos de 
las «tos heroicas l v$r|#dés ..,< y de ios vicios mas 
detestables: vosótnos elegiréis: Imitad aquellos 
qué os dicte la nobleza de vuestra alma, y dé-i 
sechad los qué repruehe el corazón* 



Articulo primero. 

La muerte de Remo. 

Habia mas de tres mil años que existia el 
inundo, cuando Rómulo y Remo hermanos ge- 
melos, hijos de Marte de Rhea¿ fundaron uns* 
colonia en las márgenes del Tiber del que $fc 



Kf^atí ilesbs cuándo el egoísta Amallo mandd 
que pereciesen én sus aguas:-- crecía diariameñ>-* 
té la colonia ; iban á domiciliarse^ en eHa mul- 
titud dé^ástores y aventuréis ¿Ibanos y latfe 
nos , qiie 'áüraidós por la novedad de ün esta- 
blecitfiieñto" echaban los cimientos de la gran 
ciudad que debia subyugar al orbe enterol Pá-^ 
*a dirigir los trabajos , formáronse dos bandos 
á cargo dé cada uno de losdds hermanos; Pero 
(¡triste certeza íjue de la división nace la ruina!) 
liada bando* fue una facción celosa de su gefe, 
y aspirante a darle el mandó superior de arri^ 
ios partidos. Los <íos príncipes eran ambiciosos, 
ÍÓs dos tetóán iguales derechos; mas Róuiulo 
conocía mejor los secretos dfe la malicia, y su 
corazón era mas propetíso{ a-1 doblez que el del 
desventurado Keñio. ^ia°c#ft sentimiento un 
gefe igual" á -él en poder , y naír amador los 
subditos cómo él ticú§mw¿QÉé le importa á Ró- 
mtrlo. el amor fraternal, que^le importa la jus~ 
ticia sino eéiá satisfecha su ambición? Oígá- 
mosle cuando entregado á sus reflexiones en el 
retiro de su tienda concibe y determina empe- 
zar su^refeiádé con el asesinato - de un hermano. 
¿ Por qué me atormentáis ideas ambiciosas? 
¿Por qué^me sugerís proyectos que naturaleza 
rechaza ? Sin vosotras yo seria feliz. La colonia 
Albana prospera favorecida de los altos dioses: 
me veo amado y respetado de miles de hom- 
bres.... hombres como yó: mi bermano sigue y 
secunda mis disposiciones : soy gefe de la imitad 



áejauestrás gentes: ¿qué pretendo pues ? Mi co4 
razón tiene un vacio, ¿he de llenarlo con sanr 
gre propia? Me horrorizo, Jove e¿ej;no; mas, 
¿cómo acallar el continuo clamor de la a mbi*- 
cion ? Deseo el mando supremo y h^ de conse- 
guirlo, bien que sea con un crimen. >El cadáver 
de mi hermano puede ser el escalón de mi trpr 
lio.... y lo será. Sofocaré en mi interior los afec- 
tos naturales, arrostraré los peligros que m^e 
obstruyan el pasó» y sacrificando una víctima á 
«riis deseos , reinaré.... ¡ reinaré \solo ! Idea pla-r- 
centera, rio te apartes de mi ji*iaginacion.o. 
¡reinaré solo!... ¡Dioses! permitidlo." 

Y sale de su inorada , repleto el .corazón ele 
siniestras miras : Busca á su hermano: quiere 
abrazarle antes que i se, verifique su resol ucion.... 
^Encuentra un $óldado; ¿dónde está Remo? le 
^pregunta. --Señor^ fuera de la ciudad; ha ido 
á salvar la vida á un colono de s víiestro bando. 
~Si tengo en mi poder las llaves de la ciudad, 
¿por dónde ha salido? - -r Señor , saltó el mura 
con facilidad; su corazón generoso no pudo ver 
indiferente á la muerte de un soldado de su her- 
mano. — ¿Saltó el muro? esclama casi alboro- 
zado Rómulo. Y en este momento se fijó el des-' 
tino de Remo: Toma, soldado, las llaves de la 
ciudad, ábrela i mi hermano, y guíale á mí 
presencia, ™ Obedece el ^misario, y Rómulo 
congrega al pueblo en la falda de una délas 
siete colinas. 

Llega Remo lleno de placer porque salvó u» 



hfcmbre* Rdftmlo lo ftbra^b lo acaricia r ;tañ^ 
teando yaéi^áño del acero. -^-Ciudadanos: dice* 
mi hermano, mi earo hermano , ha salvado la 
vida de un subdito mió y compañero vuestro: 
esta acción es loable tributadle gracias. Mil acla- 
maciones resuenan por todo el ámbito' del con-?- 
curso.... y restablecida la quietud, Rómuló pro- 
sigue. Remo ha conservado un soldado para la 
patria , pero bá cometido un delito imperdona-?* 
ble. Ciudadano^: los muros de un pueblo son 
sagrados : íoá dioses lo- ordenaron, y Remo ha 
infringido; el decreto" dé los dioses. Los princi- 
pios sociáléaí estrivan en la juMipia ; yo soy quiejí 
debe maritenérla y; f lo cumpliré. Colonos: la 
sangre de un hermano mé es' aprecíale, pero la 
justicia exige el castigo de los delincuentes. 

Dice, y ya su puñal se ha introducido pon el 
corazón de Remo infeliz, que cae regando copr 
sangre los pies de su hermano matador. 

G. F. 1L de Arttori/ 




■\*4 ■>*% 







C» ^>.'- «J> 



geografía. 



■"••••4*Tf#*"*^ 



Continua íá descnpehri de las grcnides divisiones 

del globo.* 



Las distintas divisiones del globo que temas* 
dado á conocer se distinguen todas unas de 
otras, no solamente por sus posiciones y por 
sus formas , sino también por* caracteres físicos 
y roprafes que le son particulares; .Naciones y 
mon u men tos | cuyo' origen* se pierde; en la noche 
de los tiempos ; grandes desiertos incultivables; 
países fértiles habitados por pueblos poderosos 



y civilizados; estepas (i) cubiertas pttv mimé-* 
rosas chozas de rancherías de pastores; el ele- 
fante* el caballo, el asno, el camello y otros 
animales domesticados para utilidad del hom- 
bre desde tiempo inmemorial : tales son los 
principales rasgos que distinguen el antigua 
Mundo de Ids? otrosí dos. E» el Nuevo Mundo 
por el contrario, tribus poco numerosas de ca* 
zadores salvages errando por la espesura de los 
bosques, ó á trave's dé praderas Cubiertas de 
hermdso verdor; colonias de pueblos^ dtílizados 
transportadas recientemente de otro hemisfe- 
rio; ciudades construidas hace pocos siglos en 
tnedio de grandes bosques tan antiguos como el 
sol que los ha producido; la iiídustriá del homr- 
bre luchando con ventaja contra una naturale- 
za jigantesca é imponente. En el mundo marí- 
timo grandes islas todavia poco conocidas , aun- 
que habitadas desde tiempos reníotoá por \yfflfo- 
chos pueblos civilizados, ubi continente desier- 
to, ó en el que solo se han hallado algunas fa- 
milias dispersas y en el estado del mas com- 
pleto embrutecimiento ; la especie humana es- 
trechada en Cortos aunque fértiles espacios efn 
medio del vasto Occéano, y presentando uña 



(1) Al traducir esta frase hemos tenido presente lá nota 
que sé halla en el tomo 1.° página 275 del Diccionario geográ- 

.fico universal que dice: "Estepas del alemán steppen , zurcido 
jorque forma una especie de gradación entre dos distintas cía» 

*te$áe terrenos (N.kielT.) i 



inczcla singular de las costumbres dulces y de 
la industria de la vida agrícola , con la indolen- 
cia y la ferocidad de los salvages errantes cua- 
drúpedos mas pequeños que los de los j otros 
mandos, de los cuales ninguno puede ser ni 
muy útil , ni muy temible al hombre. 

Cada una de las subdivisiones de estos tres 
mundos se distingue también por caracteres 
que le son propios: el Asia por sus variedades 
indígenas de hombres de diferentes razas, f>oi* 
sus grandes estados gobernados despóticamente, 
por sus fértiles países rodeados de desiertos, por 
su gran tigre rayado , y la cabra que da el al- 
mizcle: el África por sus Oasis (r), por sus 
tastos arenales que déyorá el sol, por sus enor- 
mes serpientes, por su alta y ligera girafa, por 
&úé moros pastores , tan feroces como estúpi- 
dos, por sus negros, tan pobres en un suelo 
tan fértil: la Europa por sus ricos valles, por 
sus deliciosas penínsulas, por la falta total de 
los grandes animales que no pueden crecer ñi 
multiplicarse, por sus pueblos cultos y sus gp- 
biernosí regulares: la América septentrional por 
sus gradúes bosques al este y sus vastos pra- 
dos al oeste, por sus dilatados mares interioren 
-y sus numerosos lagos, puf sus pueblos libres, 



— 



( I : )_ Distingüese coa esté nombre algunos pequeños cana- 
lones de Iri interior del Egipto > Íqs cuales aunqtier se hallan ea 
medio de soledades áridas y ardientes , son fértiles y tenmpU- 

IX 



( x 7°) 

y por la táriedad prodigiosa de naciones y dé 

religiones , que las desgracias y los crímenes del 
Antiguo Munido han conducido alü la Améri- 
ca meridional por sus altas y extensas éordille- 
i*as de montañas, por sus dos pueblos civiliza- 
dos vecinos y enemigos en este hemisferio lo 
mismo que en el otro, y ambos reinando sobre 
desiertos; por sus armadillos cubiertos de con- 
chas, sus vicuñas, sus llamas y otros ani- 
males, y por sus palmeras que dan la c^ra, 
colosos del reino vegetal que se elevan hasta la 
altura de 180 pies: el Archipiélago de Notasia 
por sus grandes y hermosas islas , por la mez- 
cla de tafttás naciones civilizadas y de pueblos 
táíí bárbaros, y. por lá variedad dé sus usos y 
Costumbres: la Polynesia por sus hermosos bos- / 
quecillos, la uniformidad de loa usos, la se- 
mejanza de las razas entre pueblos tan distan- 
tes, y lá pequenez de las islas que forman sus 
archipiélagos: la Australia en fin, por el as- 
pecto triste y "monótono de las costas de su 
continente, por sus horribles negros del Papou, 
por el estado de degradación moral y de debili- 
dad física de los salvages de la Notásia , por sus 
cisnes negros, sus kangurus, sus didelfos ó se- 
mivulpejas, y todos sus vegetales y animales 
desconocidos en los demás paises. _ 

Cada una de estas partes del mundo es tri- 
jbutaria de todas las otras; mas en las produc- 
ciones que cambian hay algunas que las carac- 
terizan aun mas particularmente. Asi la Euro- 



pa esportada todas partes las multiplicadas obras 
maestras de su industria , y las maravillas que 
producen sus artes perfeccionadas ; el Asia da 
sus diamantes, sus algodones, sus muselinas 
trasparentes, sus preciosos tejidos de Cachemi- 
ra, su ruibarbo, su té, su almizcle, su pimien- 
ta, su café, su ébano y otras maderas precio- 
sas; el África, sus trigos, sus gomas, su marfil 
y sus esclavos; la América septentrional [sus 
pieles, sus tabacos, su azúcar y todos los pro- 
ductos de agricultura ; la América meridional y 
el brazo de tierra intermedio entre ella y el otro 
continente del Nuevo-Mundo, aquella prodi^ 
giosa cantidad de oro y plata, objeto de la co- 
dicia universal, la quina, mas útil para el hom- 
bre, el rico cacao, la cochinilla y la preciosa 
caoba; el Archipiélago de Notasia, sus especias 
y la nuez; moscada; la Polynesia sus árboles 
de pan; la Australia sus plumas de aves del 
paraíso, y sus vegetales singulares y nuevos 
para el hombre, que crecen con mas vigor en 
la arena pura, y que trasplantados, cubrirán 
tal vez un día las selvas y las inmensas é in- 
útiles soledades del Asia y de la África , y rea- 
nimarán todas las partes del suelo agotado del 
Antiguo Mundo. 

Los diversos Occéanos ofrecen entre sí dife- 
rencias igualmente notables. El Grande-Occéa- 
no tiene §us millares de islas y sus mares me- 
diterráneos abiertos; el Atlántico sus profundos 
golfos y sus mares mediterráneos estrechados 



( l 7 2 ) , 

entre muchos continentes; el Occeano-Intlio, 

casi encerrado entre los trópicos, parece üij 
gran mediterráneo abierto , y se distingue tam* 
Lien de los otros dos por sus monzones. J£$te 
Occe'apo da sus preciosas perlas; el Atlántico, 
sus legiones de bacalaos y de otros pescados, y 
su. aceite de ballena; el Grande-Occéano, sus 
pieles de animales anfibios y sus pagqíficas y 
Curiosas conchas; el Qccéano-Atlántico baña las 
costas de las naciones mas civilizadas e indus- 
triosas, cnyos grandes navios le surcan ince- 
santemente; el Qcce'ano-Indio está rodeado poi* 
las costas en donde tuvieron nacimiento los pue- 
blos mas aütiguoá , y cercado de los mas ricos y 
dé los mas fe'rtiles países de la tierra ; el jQrran- 
deT-Qccéano raras veces cruzado por navios , ve 
flotar las barquillas de los salvages al rededor 
de aquellas partículas de tierra diseminadas sq- 
bre su inmensa superficie. Los dos Qcce'$nos 
polares solo nos son conocidos por las formas 
que les dan las tierras que están cercanas ; pero 
j$abpmo§ que el Occé^no glacial ártico está ro- 
deado de continentes, que no se penetra en él 
¿ino por estrechos, que no defiere mas que pot 
sú extensión de un mar mediterráneo abierto, 
y en fin, que se puede llegar hasta una latitud 
iriiuy elevada, solo distante del polo 20 grados; 
mientras que el Oqcéano glacial antartico- no 
está [estrechado pop ninguna costa , y estiende 
mucho í mas lejos hacia el sur su barrerá 
helada. - * ■» 



Si ahora consideramos el globo con r%sppct& 
j& su división en cuatro hemisferios, encontra- 
remos entre ellos diferencias mas características 
que entre las varias divisiones de que hemos 
hecho me'rito. La dirección principal de las 
montañas y la de los grandes ríos, es totalmen- 
te diferente' en los continentes del hemisferio 
oriental y en los del occidental: las produccio- 
nes de las tierras y de los mares situados á los 
mismos grados de latitud, tampoco son seme-^ 
jantes. El contraste es aun mayor cuando s§ 
observa el globo bajo otro punto de vista ; en el 
hemisferio boreal los continentes ocupan ma$ 
espapio que elOeceano; mientras que en el he- 
misferio austral parece que faltan costas para 
contener á la inmensidad de las aguas que cu-*- 
bren casi enterainente su superficie. No sola- 
mente el clima y las producciones de las tierras 
y de los m^res varían á cada latitud, sino qu$ 
ni aun el aspecto de los astros es el mismo. La 
duración del crepúsculo disrñinuye á medida 
que $e avanza hacia el ecuador; y solamente los 
que habitan entre los trópicos, ven dos veces al 
año el sol en su zenit. En el hemisferio austral 
líilcruz del s&r reemplaza la osa maypr» y el 
agrupaiiiiento de las grandes estrellas y algunas 
otras nebulosas dispersas , rivalizan ,^on el amor^ 
tiguado, resplandor de la yia láctea: espacios 
notables por una negrura estrema dan aqui á la 
bóveda celeste jana fisonomía particular. Cuan- 
do* el viajero del hemisferio boreal , transporta-* 



do al hemisferio austral, vé elevarse sobre el 
orlzonte la grande constelación del navio, d las- 
nubes fosfóricas de Magallanes, suspira al con- 
siderar que ha dejado, no solamente el suelo, 
sino el cielo de su patria. 

Pero estos dos hemisferios no han sido como 
los otros dos recorridos y cruzados enteramente, 
y aun no se ha dado la vuelta al globo de nor~ 
te a sur, esto es siguiendo la dirección de los 
meridianos, como se ha verificado muchas ve- 
ces siguiendo la del ecuador y sus paralelos: 
examinemos , pues, hasta donde se ha penetrado 
en los Occéanos polares, y veamos de señalar 
los límites de nuestros conocimientos maríti— 
inos. Desde luego haremos observar que los 
hielos se encuentran en estos mares bajo cua- 
tro estados diferentes: están reunidos ó separa- 
dos en grandes playas inmobles, ó repartidos 
en bancos de témpanos amontonados, ó en fin, 
estos bancos ó montañas de agua congelada es^ 
tan flotantes y son impelidas por los vientos y 
por las corrientes. Si los espacios helados tie^ 
nen mas de dos millas de diámetro, son llama-* 
dos de hielo; si tienen menos de dos millas y 
mas de media, se les llama bancos de hielo; y 
grandes témpanos si no eseeden de media milla 
de diámetro. 

(Se concluirá?) 



(»?5) 
MOSAICO. 



_..««*>*».• 



Én Gante ha sucedido un acontecimiento 
deplorable. Una madre dejó en la cuna á su 
niño de un mes. Habiéndole oido llorar acudió 
y vio con horror una rafa dentro de la ítma 
que después de haber mordido al niño en la 
cara se ocupaba en devorarle una mano. _ 



En Londres se ha concedido privilegio de 
invención á un artista que se propone acunar 
á los niños por medio del vapor. Su proceder 
consiste en la aplicación de esta fuerza motriz 
á una máquina encargada de comunicar un 
movimiento oscilatorio ala cuna de los niños- 



Durante et año de i833 se han recibido en 
la casa de niños espósitos de Paris 4^o3 niños 
de los cuales ^7^ indicados como ilegítimos. 
Han muerto i25o en la misma casa antes de 
Jpoderlos enviar al ama de cria. 



Habiendo caido enfermo- el repartidor del 
Neiv-Star periódico que se .pubJiea¿en Lóndre$, 
su hijo se puso á desempeñar su plaza ; pero 
como no sabia á casa de los suscriptores llevo al 



¡perrillo de sil padre para qae le guiase. El ani- 
mal iba delante <íeí muchacho parándose delan- 
te de todas las puertas donde había que entregar 
un periódico. 



tfñ propietario de Inglaterra ha arrendada 
unas pequeñas porciones de terreno á niños de 
la .clase pobre pero 'industriosa. Se les enseña £ 
sembrar, plantar y cuidar toda clase de vegetales 
que crecen regularmente en los jardines; los 
niños pagan una pequeña retribución al pro- 
pietario y lo demás pueden disponer de ello. 
Los productos no solo les sirven para vestirse 
sino para' ayudar" á sus padres. Cultivan la tier-r 
ra por mañana f tarde y en las horas de recreo, 
y deí aqui resultan dos ventajas , que los niños 
adquieren conocimientos preciosos en agricul- 
\ tura y ademas se preservan del vicio de la 
ociosidad. 



Un artesano del barrio de Monímartre? en 
Paris ha puesto en su muestra un letrero que 
dice: -- "Ruego al publico* que no confunda mi 
tienda con la de ese otro charlatán que ser 
ha puesto ees árente. % • 




EFEMÉRIDES 



Mes de Julia. 



JWWl/WI/l 



Julio en latín Julius, se llamaba asi en honor de 
Julio Cesar que había nacido el 1 2 de este raes. 
El quintó dia de este mes se celebraba la 
fiesta llamada Poplifugia^ en memoria de la 
retirada del pueblo al monte Aventino cuando 
los Galos se apoderaron de Roma. El sesto dia 
se celebraba la fiesta de la fortuna femenina fun- 
dada por la esposaí y la madre de Coriolano 
cuando obtuvieron de él la paz y salvación de 
la patria. El dia 28 se ofrecía á Ceres un sa- 
crificio de vino y de miel, y en lo restante del 



la 



(n8) 

mes se degollaban algunos perros en la caní- 
cula para alejar las grandes calores que comien- 
zan en esta época del año. 

En el numero de los fenómenos físicos que se 
realizan en Mayo es preciso contar la inunda- 
ción del Nilo, que se verifica á mediados del 
mes , cuya fiesta celebraban antiguamente los 
Egipcios* Las crónicas de Suiza señalan un su- 
ceso estraordinario acaecido en pl mes de Julio 
de 174.0. Los calores fueron tan escesivos que 
todas las neveras se derritieron y se presenta- 
ron á descubierto las cumbres de las montañas 
cubiertas de hielo eterno. Según, $1 dictamen de 
los naturalistas, este es uno de los mas terri- 
bles espectáculos que pueden verse. 




. 




\-r* t 


y tóíior 


4 








, , jsij-ufc' 


> ¡' 



JANE GREY. 



ó 



la Reina de quince años. 



na hermosa mañana íleí ines de Jhlítí *d<» 
i 553 sé vi8 fcorfer á todo el galope de %s ca- 
ballos kácíá él castillo de Sifori^Housse i*élsidéíí-| 
cia de Jatie i&rey (eií tas* cercanías dé Lonjíres^ 
veinte hombres qué j>o¿ Ú fojo dé ^s^ifojéisí 
parecían ser tódosf patfés del reino dé ítijijlálerM? 
La riqueza dé sus veíáiáds y la éiéléíiááfl ';cófií 
que caminaban daban á entender que estaban 
encargados dé alguna misión ihípof tarifé, érr espe- 
cial el que parecía gefé dé los demás qué marií- 
fes taba un rostro muy alegfé. Este éfá al an- 
ciano duque de SufFolk padre dé Jane CJrey. 

Asi qué llegaron al patio del castillo echa- 
fon pie a tiérf * y él áfticiáfib ^uqtie preguntó al 
mayordomo que s^alió á recibirle, ¿A dóide está 
ini bija? 

— En él járaiíi , séntír , le fue respondido. 

Jane Grey , ¿iRds' míos , éfá ubá joven de 
quiñée ánoá } célebre fk por sÜ héíih<fáuFá ? sfaÜ 4 



(*,30) 

virtaáes y su rara instrucción: griego, latín, 
fi!SiüS7 historia , todo lo había aprendido, des- 
deñando las futilidades que suelen ocupar á las 
jóvenes de¿su edad., Si! bello y gracioso rostro, 
chocaba por uña cierta egresión de profunda 
melancolía, que en ella parecía indicio de una 
predestinación á la deshacía. Habia ya refle- 
xión en sus pensamientos y en sus miradas 
puras y tranquilas^ su víMainfandia respeto y 
sorpresa, porque en aquella frente de quince 
años se leía que aquella. joven prometía mas de 
lo que suele el resto de las niugeres. 
( ,r Q^pflo. £u padre. f llegp $$}$b\ ejijel -jardín 
leyendo atentamente la historia de su ¿ais. ad- 
mirada del ruidp^pe sentía ? se encaminaba 
^á(^ v ^ lediílcío p^apr^untar lá causan cuan- 
do vio fy repente £l mismo d uqiie de , Sjiffolk 
que corría hacia elláf ^Padre mió! esclamo pre- 
qpitándasie en sus brazos., y la alegría filial ha- 
4ía brillar sus ojqs y palpitar su corazón, mien- 
tras le coUitaba de caricias. En esto el duque de 
^orthuinberland y los otros lores ingleses que 
acompasaban á Sufíblk entraron en el jardín é 
incíiqarw v .^u cabeza delante de Jane Grey, 
aff?C;t^ndo una actitud respetuosa y un nuevo 
ceremonial que la hizo goner pálida y estre- 
mecerse^ jl ; . 

Hija iriia , dijo entonces el duque , Eduar-* 
do VI ya no existe. — "Como esclamó Jane tan jo- 
ven! de solos diez y seis años, y derramó lágri- 
mas por la muerte de aquel príncipe con quien 



j «. tu ow¿* m to&;l.¿-Suoir i.faü'-a tÁ 2h@w&±$m 
haoia estudiada y iugaao en la infancia. 01 hija 

mia continuo el duque, .na tnhértó en Greén^- 
uich pero antes de morir na desheredado a sus dos 
hermanas Mana e lsabei y a 4i es a quien deja 
la corona o mas bien a tu madre que te cede síis 
de rectips v Sítié Grey ;, . nosotros sondamos ep tí 
á la Í\eiiia ofeiínlm el 

duque ^de Siiffolk §1 jd*e Northumbérlánil jr Tos 
otros señores doblaron lá Rodilla delante aeJá- 
ne , pero ella deteniéndolos les dijo: líH|ío mis 
señores, no, la qoroña'nóestá djestihádá para 
n>K Yo ie ¿bien páüfte^mip que algunás^qtas de 
sangre reát corren por Mas 1 , yeriásí de vuestra 
hija, pero Maná la Itérm^n^ de Eduardo e^Já 
que por derecho de nacimiento aél>e subir al 
trono aiptes gue ya... que suba.... Mía es la que 
cíete reinar.^ Éí duque de SuííolK frunció las 
cejas al oir estas palá^ras^y los demás señores ' 
admirados" de, éste renuncia inesperada i de tan 
liumildé y noble respuesta Vée miraban unos á 
otros con asombro cuándo el duqtie les suplico 
que saliesen yl^ dejasen solxr con la Rewq. &&) 
que ^tuvieron solos se ^m^enaen! probar a sa 
hija que él testamento .de Édtjárdp al crear $h¿' 
derechos había destruido los 'de Mam ; que la 1 
Inglaterna tenía en aquel momento los ojos fijo^ 
en ella y que ;ira preciso aceptar. Jane, le pre- 
gunto entonces llorando si creía <jue su lelicidad 
dependiese de una corona y anadio : — - "por lo 
que á mí toca ya hace tiempa i^ufe vagos pre- 
sen tiííüeii tos* me amenazaban con lo que ahora 



Pero era forzoso se cumpliese su destino.... 

Maria llegó en efecto; el pueblo de Londres 
que habiá recibido á Jane con indiferencia, 
aplaudió el regreso de la hermana de Ed ua rdo* 
El primer uso que esta hizo de su nuevo poder 
fue en vez de perdonar encerrar en la torre á 
la que ellaí llamaba usurpadora de su trono, ai 
duqie de SufFolk y á sus partidarios. La infeliz 
cautiva geíiiia etí la prisión en larincertidumbre 
de la suerte que la aguardaba. Maria aunque 
muger sin corazón y reina sin clemencia, no se 
atrevió al instante hacer morir á una joven tan 
interesante. Temía la indignación del pueblo 
que desde la caida de Jane, olvidaba su usur- 
pación y no pensaba mas que en sus desgracias., 
una ocasión favorable se presentó á Maria pa- 
ra que sin obstáculos ni temores pudiese sa- 
tisfacer los vengativos deseos qvie abrigaba en 
su flecho. Una conspiración estalló en favor de 
la infeliz cautiva, pero habiéndose descubierto 
éí complot, María contra toda razón acusó á la 
pfrfeicVnera de la torre de haber provocado la 
sedición, y Jane Grey fue condenada á muerte. 

¿Os diré' yo hijos míos, quíe para aumentar 
Ms angustias antes del día fatal hicieron colgar 
de ijegro los muros de su prisión? ¿que' todo lo 
'que la rodeaba -parecía llevar luto por la joven 
víctiríia en su presencia? ¡Pobre reina ! en me-, 
dio de t#dos ? estos lúgubres objetos, de todos 
éstos símbolos de muerte, parecía que asistía 
viva á sus exequias v y sin embargo este triste 



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(i 25) 

aspecto no turbaba su alma; al contrario el dia 
que estuvo cierta de la proximidad de su muer- 
te, volvió la tranquilidad á su corazón y fue la 
vez primera que desde su advenimiento al tro- 
no, disfrutó un sueño exento de sustos y temo- 
res. El dia de su muerte se adornó lo mejor 
que pudo, como si fuese á una fiesta; su rostro 
hermoso por sí, tomó un carácter de ? resigna- 
ción y dulzura celestial --que -le embellecía mas 
y mas. Mientras que los espectadores de sus 
últimos momentos lloraban sus infortunios, ella 
miraba tranquila el aparato de la muerte, de- 
claró públicamente la falta que* habia cometi- 
do al subir al trono, y murió á los diez y seis 
años con la sonrisa en los labios. 

Este hecho como otros muchos mas ó menos 
notables que la historia de los pueblos os con- 
tará algún dia, os prueba amiguitos míos, la 
inconstancia de la suerte, pero otra enseñan- 
za debéis ademas adquirir en este suceso: ésta 
pobre joven que no hizo mas qae pasar sobre 
el trono y que instrumento y víctima de age- 
na ambición pagó con su vida un puesto qué 
habia ocupado contra su voluntad, os prueba 
queridos niños cuan peligroso es salir de la es- 
fera en que la suerte nos ha colocadp y querer 
subir mas arriba de lo que nos es dado esperar. 
Es preciso que cuando seáis hombres que una 
noble y fecunda emulación os anime, porque la 
emulación bien dirigida es-la madre de todas 
las virtudes y talentos , pero es preciso guarda-» 



(Í2&) 

ró$ de las insensatas y falaces amjtáeiones que 
hacen emprender cosas ruidosas sin duda alga-» 
na , pero llenas de asechanzas y reveses. El que 
se empeña en forzar su condición , trabaja las 
mas veces en su desgracia* 

INSTRUCCIÓN PUBLICA. í 



«««♦>»•« 



Det>ei;e& da un maestra» 

El maestro ejerce un sacerdocio y no un>ofi~> 
ció; sus funciones son tod^s intelectuales, todas 
morales; sus relaciones son siempre sociales por 
que la vida empieza por el niño en los bancos 
de la escuela, y lo que le enseña la voz del 
maestro es la base de su porvenir. Después de 
este preámbulo > s§ concibe fácilmente que no 
debe haber vida privada para el maestro, puesta 
que toda su existencia está consagradla unos de- 
beres á que no puede faltar sin comprometer el 
éxito de sus Ureas y la dignidad de su carácter. 

El maestro debe considerarse como un padre 
de familia d como un Rey en el tiempo en que 
estos eran solamente pastores de hombres: debe 
* guiar á los niños y ejercer en ellos la mas acti- 
va vigilancia en medio de sus estudios, de sus 
recreaciones, durante su comida y aun en su 
sueño. Guardiap de la inocencia es responsable 
de la salud moral y física de los seres que le 



( -M7 ) 

están confiados; que debe presentar paros a la 

sociedad. Para conseguir este fip es preciso ar^ 
reglar el tiempo* establecer una severa discipli- 
na, castigar solo por precisión r y entonces con 
una equidad inflexible sin transigir con alguna 
consideración personal; nada produce peor efec- 
to en el espíritu de los niños que el castiga de 
una falta que no h^n cometido > d la absolución 
del delit^ de que m han hecho , culpables. En 
las ocupaciones alarias de clase es condición 
muy importante el orden y exacta distribución 
del tiempo y el trabajo. Sin orden no hay pro- 
gresos ni educación posibles. Este principio que 
es rigoroso ej*. to^os los métodos de enseñan- 
za , halla una aplicación mas directa en el sisr 
tema mutuo. El orden d<?be reinap en los me- 
nores detalles,, y acmi sobre lodo 4ebe aplicarse 
aquella máxima; "lun sitio para ca¿U, cosa, y cá- 
ela cpsa en su .sitio.!* , j , , 

Un buen maestro no ¿jebe sola mantener c£ 
qr<|en sino que debe eligir que las muestras* 
papel, plumas y Jibrp^opupen un sitio inva- 
riable; e$ preciso <ju$ los di^cípu|p? entren y 
salgan simultáneamente, sin ruMo, sin confu- 
siop f que el sil^n^ia mas profundo reine duran- 
te Io$ ejercicios r que el local este perfectamen-r 
te limpia y las rapaste los niños bien cuida-r 
das.? Estas se dirá que son menudencias, pero 
no )iay cosa por mínima que sea a gue el 
maestro no debadle la mayor importancia pue$ 
que la actividad es una de sus, condiciones mas 



("8) 
necesarias; tió desperdiciar nada útil es ana se^ 
guridad para un maestro de conciencia y ade- 
mas una garantía para las cosas mayores. Es 
precisó velar también para que no haya de- 
sórdenes en el porte de los discípulos, y que en 
ningún caso abandonen muclíoíi á un mismo 
tiempo la clase bajo cualquier pretexto que sea.* 
En la enseñanza y ejercido dé díase, el mayor 
mérito consiste en que nibgtin moviniiento se 
pierda para los discípulos; iéti lo que se mani- 
fiesta particularmente la ventaja que el método 
simultáneo y mutuo, llevan al individual. 

En una escuela en que la enseñanza está mal 
dirigida, mal combinada , éfi que los discípulos;* 
no están constantemente ocupados, la discipli- 
na padece, ".U instrucción es lenta, y ía educa- 
ron moral sin fuerza! Aconsejo á los maestros 
que várien las ofcupacibnes de tal modo que los 
niños naturalmente inclinados á ¡Fatigarse de 
tinas mismas cosas, nó sientan jamás la mono- 
tonía del trabajó, no obligarlos á permanecer 
decante de si(s libros inmóviles como estatuas; 
pero tampoco permitirles unas posturas que in- 
clinen á la indolencia. Es precisó contribuir al 
desarrollo de la naturaleza, tan enérgica en los 
niños, sin contrariar!^ en nada. Una cosa es 
comprimir y otra dirigir? Asi es como se per- 
vierte el carácter del discípulo atormentándole 
á todo propósito , pues por libertarse de tan pe- 
nosa contrariedad, pierde su ingenuidad y su 
franqueza, busca medios de dulcificar su sitúa- 



(«9> 

don y en breve se manifiesta maligno enbuste- 

ro , hipócrita y malvado. El maestro y todo lo 
que de él proviene le parece sospechoso, injus- 
to é insoportable: la escuela no es para él mas 
que upa prisión, todo lo que le prohiben tiene 
para él un atractivo indecible, y todo lo qu© 
tiene que hacer un suplicio, hasta el dia en 
que libre al fin va á pasear por el mundo sa 
incapacidad y sus malas inclinaciones. 

Por el contrario, si ^l maestro hábil sabe di- 
simular ciertas puerilidades, su voz es escucha- 
da cuando reconviene de veras, la dulzura or- 
dinaria hace sentir mejor la severidad mereci- 
da; los estímulos concedidos por el bien dan á 
ana simple improbación un carácter de consis- 
tencia que impresiona mas álos niños, y la re- 
compensa que hallan en el cumplimiento de sus 
deberes, da sus frutos, aun en el seno de las 
mismas recreaciones. Es de notar que el discí- 
pulo atento, dócil y trabajador es buen compa- 
ñero y será buen hijo, buen padre y buen ciu- 
dadano. En general la dulzura y bondad con 
los niños les da seguridad, no están retenidos 
por el temor, hacen un uso mas completo de 
sus facultades, y resultan ventajas inmensas pa- 
ra su instrucción. En ningún caso debe el maes- 
tro encolerizarse con los discípulos: es un punto 
importante asi como un rostro serio les impo- 
ne demasiado, uno móvil no les impone lo su- 
ficiente, el esterior es poca cosa sin duda algu- 
na pero es para el maestro lo que la acción pa- 



< i3 °> ,. ,, 

fa el orador, aumenta y da valora la palabra. 
1 La infancia es naturalmente impresionable y 
simpática, pero es cambiante y difícil de fijar; 
és preciso servirse diestramente de sus cuali- 
dades naturales para combatir los defecto! tam- 
bién de naturaleza. Asi es prudente no esperar 
nunca á que el alumno se fastidie en sus re- 
creaciones aunque sea acortándolas ó distribu- 
yendo las clases y separándolas por momentos 
de recreación. Las lecciones cortas y fuertes, 
valen mas que las largas y prolijas, lo que na 
se comprende bien al pronto, queda como ger- 
men en él espíritu para desarrollarse mas tar- 
de. Asi ai regañar á un discípulo porque no há 
penetrado el sentido de una lección ó lá sabe 
mal, hay que cuidar no se le castigue por nues- 
tra propia culpa, ya que hayamos presentado 5 
mal el asunto de la lección, ó que hayamos 
descuidado el presentarle de un modo capaz dé 
escitar el interés de la clase. 
"Interesarla los niños es un íñedio de desar- 
rollar su inteligencia y hacerles dar cada día 
un paso mas reanimando su celo y su ardor. 
Es preciso ejercitar su juicio y su memoria el 
uno por el otro, pero de preferencia el juicio. 

La instrucción es sin contradicion el objeto 
del maestro, sin embargo nunca debe difundir- 
la sino sancionarla por la moral. La instrucción 
hace los sabios y la educación moral los ciuda- 
danos. Es uií deber inspirar desdé luego á los 
niños el amor al trabajo y al orden, lá tcm- 



(.3i) 

planza, la economía, el respeto filial, la sumi- 
sión á las leyes; estas son las virtudes sociales 
que dulcifican las relaciones de los hombres en- 
tre sí. Por otra parte , de esta enseñanza mo- 
ral resulta una ventaja preciosa que dispensa 
de dar castigos corporales humillantes. El maes- 
tro no debe perder de vista que el niño será 
hombre algún dia, y asi es de temer, sacarle 
prematuramente los colores al rostro, asi la co- 
roza , férula &c. deben desaparecer de las escue- 
las puesto que las marcas dé esclavitud , bari 
desaparecido de nuestra legislación. Las recom- 
pensas concedidas á los estudiosos y honrados 
son ya un castigo para los que no las han me- 
recido; pero la lección mas útil, es la que el 
maestro da con su mismo ejemplo. Debe evitar 
los lugares frecuentados por gentes ociosas. Su 
reputación es la única garantía de las familias; 
solo conservando su estimación y el aprecio de 
las personas venerables, es como nunca alte- 
rará la autoridad que su palabra necesita , y no 
dificultará el respeto qué deben tributarle sus 
discípulos. 

• Los maestros son unos funcionarios que ejere 
cen la magistratura mas importante, porqu- 
vienea después del sacerdote , y á veces lé reem- 
plazan. 




Continua el paseo por las cercamos de la Hot 

y S. Frutos. 



M/lM/IWIf 



Era esta una especie de sima que asi la lla- 
man algunos solitarios habitantes del terreno; 
abierta al través de la peña de arriba á bajo á 
manera de un pozo desde la plaza superior o 
planicie en que rematan las peñas hasta la pro- 
fundidad de diez y seis <5 veinte varas, desde 
cuyo punto se abre lateralmente á la fachada pe- 
ñascal que da al norte sin que permita dar mu- 
chos pasos hacia adelante. En el corto asiento -. 
que forma esta sima ó abertura se registran di- 
ferentes plantas rio muy comunes en este país, 
como son entre otras la doradilla , asplenium 
scolopcndrum de Linneo , polípondium vulgare co- 
ronilla valentina de Cavan &c. &c. 

Vueltos i la «ribera del rio encontraron mas 



•delante and de los ñitim ért qat hicieron peni* 
tencia los tres santos hermanos mártires de Ca- 
ballar, S. Frátos, S. Valentín y Sta. Efógrínaa. 
Esta tiene una grotesca capilla debajo de una 
peña que apenas merece el nombre de tal s J * 
su pie sale descimiento de la peña ufl' fuerte 
raudal dé agua á cuyo impulso se rúmveivlk 
mismo una ttiáqttina^e batanar. Mafs abajo snbre 
lacinia déí thismo ángulo qué forman las peñas sfe 
divisa el S&ritu&riode S. íVutos, á cuya altura se 
^sube tí*é|fráfido*por la escalerilla que llarateri d¿l 
diablo j que viáta desdéla ribera del riel <¡to ca- 
be en la imaginación pueda supb^ftíe^ Ir pósi*- 
bilidad de trepar por unas rocas de ütfa kltnm 
csttoordinafia y que se presentan ináctesiélesá 
la vista. Siíl erinbargo; por i; élbré hay t¡W tte- 
par no sin én (cuidado kki<ém&o par* mk&ér 
tal menor desliz con ilri ^idgtf'inmtnétítfe *$» la 
Vida. Lilé^éídos *l áltinfidl ffeteió áé la jfcñá se 
encuentra %¡tf ^ «spadosó^bántál -que foríttá* la 
misma v donde él prior def^áritüatfo 4 cgltiVá al- 
gunas Abres y hortaliza, (qtie J én mí concepto 
pueden vetór tan adelantadas como eiíél dima 
de Afritea ) ápróVechándtí^ %uá 3e uiiai fóeiite 
que salé casi gota á gota de lo vtvo dé una peña; 
la que ccíetítari los naturales haber aparééid^alli 
por miía£W dé S. Frutos/Desdé áq^solé refcta 
un tercio páfc* sabir á la kltor* del ángiílo-só- 
2 bre que está%ndáda h¿ ígtéáiá y hábi tkciónés 
del prior y uaíís cuantos éffltmfa rimas pisando 
ya Ja altura 9» atraviesa tfnügrán; abertura ^br 

i3 



«Mi® detín?<?oiítífcpwii|ecitlo r q^ Rieren tat^ r 
Web tes naturales feaber sido efecto de $na gran 
cuchillada que dio al terreno S. Frutos yéndole 
al alcancé los saf raqenos que le perseguían , por 
ccty^f^€€ÍQi3b qiü344 <fP r $adp ,,tpdft ;:e}rr#ngulo sin 
tpoders^ cpstsaf ■ a$íla&te*, Xa t: indicada abertura 
ivkta foc la paM%r^ ^rt§ 4egpi£ hgji<*r sido 
TOÜJ5 «pr^íaiida^ n^^ppr . y^ladph^eV mediodia 
tiene pocas var^s d&^^foi^d^d^ .^l|á,|i(%>se ce- 
bada casi en sft tgA?J^4óQ e ^.^fit?i{l^(tfQ , dista 

Mi htUtmm y c m®Wmo mm¡mwsqtA pasos 

-pOTíJaení^ Uftna^ :^r^ Se) estrer^ejcfi l^pvista por 
el ladeíd^pchoi^ c^$Ld erar I*4gHlfí , 8* s^Utufa. 
queide^jalfese r^isípjiasta 4$f§#>§lr el hoij- 

^jvM^qpfíifimmñ^^ £°&fa$to focase, El 

cesibfe par ^%Jjj^ 

pues íampai f ¿fld^^£#&u#$ ¿ Mtííií>$4 ánguíp, 

§ieiadQ|defen<Jiblf5>|¿ p^sicipn 4e <^atit£ r&flj»- 
tin^rp^e y&n&ii^&dxiQy pqca xos|a. Xa iglesia 

es &$$&**# ^^ sp^¿jfor^ ppccj, sefgular ., ¡ ^in 
, .que ofrezca ningún^ particularidad- np^able de 
¿qué deb& hacerse m&ito. Lo q#é $%*& escita la 
«c^ripsidad 4e cu^lqui^ra que lp sftí>6 ¿e$ la cíjg- 
v cunstancia de una piedra cuadrada > de mármol, 

que e$tetg u en la peaaa deV altar , .debajo 4? la 

misma mesa; a la ^que han de dar, precisamente 
_ tres sueltas Io§ ^Jajadpsque qu^er^p conseguir 

que el Santo le? Ubre de su relajafipn, de que es 

( abogado. Caminando hacia la parte f occidental 

del áflgula, ya á su remate se «jncuejnira* Ips se- 



(«35) 

paleros de los tres Santos hermanos, según tra- 
dición de aquellos habitantes, qne se reducen á 
un espacio cortísimo, cerrado por liados y te- 
cho de piedra, en cuyo plano se ven tres aber- 
turas paralelas abiertas en la viva pena que pre* 
sentan las mismas dimensiones y configuración 
de un cuerpo humano, todo en un estado gro- 
tesco que no llama la atención. Tratando de ba-. 
jar el ángulo por codeos y sendas escabrosas se 
desciende á un bancal que forma la peña a su 
altura media , el cual, rodeando la fachada des- 
de el podiente hacia el norte, conduce, no sin 
grande asombro, al sitio que escogió S. Valen- 
tín para hacer penitencia, que precisamente se» 
halla debajo.de una solapa que hace la peña, 
desde donde, como un balcón, sé registra el rio 
á una profundidad considerable toda via. El san-*- 
tuario de Si Valentín que tendrá poco mas de 
tres varas en cuadro está ¿más curioso que. el de 
su hermana-, peno en el ultimo estado de pobre- 
za y rustiquez ; solo tiene de admirable su sin- 
gular situación debajo de unb gran masa peñas- 
cal que, se avanza en el aire á la mitad de la to-^ 
tal altara yaparte boreal del elevado ángulo so- 
hré que descáásá S. Frutos!, de forma que des- 
de dicho punto hasta el rio queda tanta altura 
como hay desde aili mismo hasta el santuario 
qué está en la oispide del peñasco. Después de 
registrado este pequeño pero antiguo monumen- 
to hay precisión de descansar todp lo que se ha 
caminado para descubrir el pequeño santuario 



(x36) 
áe <|iie se ha hecho relación, por la misma ga-; 
leria , banco ó bancal que forma la peña á su- 
a Uura media según se ha dicho, y concluido que 
ha sido este tránsito se desciende otra vez al rio 
por veredas mas ó menos tortuosas que hay en- 
tre riscos. 

Este fue el último te'rmino adonde penetró 
el padre de familias, y hallándose fatigado tu- 
vo el gusto de desalterarse con el agua cristali- 
na que sale de una ladera por entre peñas, que 
los naturales llaman la fuente del hierro. El 
nombre de la fuente lo acreditaba al parecer 
el sarro de color de hierro oxidado de que esta- 
ba barnizado todo el reguero por donde se des- 
lizaba la pequeña corriente que formaba el ma- 
nantial. En medio de aquella profunda soledad,* 
de donde á media tarde han desaparecido los ra- 
yos del sol, y donde solo se oye el estrepito de 
la corriente que rápidamente se deliza ó el graz- 
nido de aves carnívoras que anidan en los es- 
caños de las peñas, otra vez volvió á fijar su* 
miradas al verdor de aquellas laderas inaccesi- 
bles revestidas dé abundante peonia entre las 
que se distinguían algunas matas dobles , asi 
como numerosos alelíes semidobles de color 
amarillo, que espontáneamente se dan por aque* 
líos pensiles de la naturaleza. 

Llegaban ya ala senda que por precipicios 
les habia de sacar de aquel laberinto, cuando el 
otro de sus hijos llama la atención de su padre 






( l5 7) 
y hermano mostrándoles tinos ramagcs colgan- 
tes que pendian de una platota de tronco muy 
delgado que entrelazándose espiral mente á di- 
versos árbolillos llegaban hasta stxs copas , ha- 
ciendo ostentación de sus largos y hermosos flo- 
rones que por su figura poco ordinaria en las 
flores, no podia menos de llamar la atención. 
Ardian los hijos en deseos de saber que planta 
era aquella , y habiéndose acercado el padre á 
reconocerlos halló ser el humulus lupulus de Lin- 
nea, hombrecillo ó lúpulo en castellano. Esta 
flor les dijo , llamada vulgarmente Hublou por 
los fabricantes de cerveza , entra esencialmente 
en la composición de este licor, y le comunica 
el principal gusto y eficacia que los bebedores 
de él echan pronto de menos en cualquiera cla- 
se de cerveza de que no haga parte. Hasta ahora 
todo el Hublou que se consume en nuestras 
fábricas de cerveza ha solido venir de Alema- 
nia á un precio exhorbitante con gravísimo per- 
juicio de nuestra industria é intereses. Los es- 
pañoles sea porque no son generalmente aficio- 
nados á esta bebida por habitar un pais en que 
la naturaleza presta abundantes y variadas co- 
sechas de buenos vinos, sea por una falta de 
atención á servirse de cualquiera recurso de 
cuantos proporciona el suelo que pisan , han de- 
jado 'beneficiar este ramo á los estranjeros es- 
elusivamente , con menos cabo de los cortos in- 
tereses de muchas familias que dedicadas á sa 
recolección para surtir nuestras fábricas , halla- 



, . ( ¿38 >. . 

fian en el *an medio de subsistir honradamente, 
mucho mejor que pordioseando* Las riberas de 
este rio que pisamos producen una prodigiosa 
abundancia de esta planta que espontánea y na- 
turalmente se da en ella, muy suficiente para 
surtir todas las fábricas de Madrid á un precio 
cómodo, cuyos efectos alcanzarían notablemen- 
te á los consumidores de ellas. Mas no solamen- 
te esta plantaos comunísima en las riberas de 
este rio Duraton '., sino que se encuentra gene- 
ralmente por do quiera donde no alcance el 
diente de los animales hervíboros, que lo de- 
voran con gusto. Esta generalidad con que áe 
encuentra por cualquier parte "prueba d que en 
otro tiempo se cultivo muy en grande para la 
composición de la cerveza de que antiguamen- 
te usaron los españoles acaso mas que en el 
dia; d que la tierra de suyo es feracísima pa- 
ra criarlo. Yo he tenido ocasión de compa- 
rar esta flor del lúpulo d hublon que viene á 
Madrid desde Alemania con el que producen 
nuestras huertas, prados y riberas, y he notado 
con mucho placer la superioridad que llevi 
nuestra flor indígena á la exótica que nos vie- 
ne de Alemania ; el grandor de nuestra flor, su 
hermoso color respecto del de la exótica , su 
fragancia, la abundante lupulina contenida en- 
tre sus escamas la hacen en estremo preferible 
á la éstranjéra sea cualquiera el uso á que se la 
destine, y es de esperar que patentizada esta 
-verdad con el progreso de las luces , nuestro sa- 



bio gobierno recomendará yprote jera tt usb ¿é 

nuestro lúpulo para la fabricación de la cerveza 

ton exclusión del de Alemania que no podrá 

sostener la concurrencia del nuestro, 
na 

los perros célebres; 



-r* 









1 • . 



¿Creeríais vosotros amiguitos míos que un 
perro haya podido servir de agente á su amo y 
hacerle ganar mas de trescientos írnil francos? 
Pues este es un hecho acaecido hace sesenta 
años. Un negociante arruinado por desgracia- 
das especulaciones, quisa restablecer su fortuna 
dedicándose al contrabando; Escogió dé prefe^ 
rencia un género de mercadería, qefó 'acopase 
poco y que por su lujo pudiese ofrecer mas utif 
lidades, y partiendo á Flandes, compróceneajes 
y consiguió entrarlo de contrabando del modo 
mas ingenioso. > >^/ i 

Tenia un escelente perro de aguas ai que con 
arreglo á sus nuevos proyectos' hizo esquilar 
perfectamente. Envolvía al rededor de su cuer- 
po iodo el encaje que quería introducir y luego 
le revestía con la pul de otro perro del mismo 
pelo y (statura y ajustada tan exactamente que 
hubiera sido imposible descubrir el fraude. Re-* 
vestido asi el perro, ¡adeíante! le decia su amo, 
¡ adelante amigo mió! y entonces el atiimal par- 
tía tranquilamente, atravesaba las puertas d¿ 



Malinas! y y&lenciennes por entre los guardas 
mas activos y sagaces. Franqueada asi la bar- 
nú^i el -porro esperaba á su amo en el campo 
bastante lejos para no ser descubiertos de los 
guardas. Alli asi que venia su amo se respira- 
ba con libertad , s£ prodigaban afectuosas cari- 
cias y se almorzaba espléndidamente: después de 
lo cual, el contrabandista depositaba sus gene- 
ros en una casa segura para emprender un nue- 
vo «sdfije. Estas <»pef aciones salían también al 
negociante, queden míenos de cinco años ya ha- 
bia recobrado s^i caudal, y no cabe duda que se 
hubiera hecho poderoso, si la envidia que siem- 
pre sigue los pasos del hombre que prospera no 
hubiese venido á detenerle en medio de su car- 
rera. Ilib vepino suyo le denunció y en todas 
las puertas se observaba escrupulosamente para 
prender ó matar al perro cómplice. 
t':*l El perro continuaba siempre su maniobra y 
dotado de una astucia verdaderamente prodi- 
giosa sabia burlar todas las asechanzas. Le es- 
peraban en una puerta, pues desde lejos lo no- 
taba y echaba por otra. Si todas las salidas es^ 
taban guardadas á la vez, sabia procurarse una 
á pesar de todos los obstáculos, ya saltaba por 
las ímurallas y glacis, ya se escurría furtiva- 
mente entre las piernas de los caballos ó bajo 
algún carruage y siempre llegaba á su destino. 
Mas por mucha que fuese su inteligencia y sa- 
gacidad y no pudo resistir al género de ataque 
que se decidieron á emplear contra él. Una ma- 



(«40 

Baña que atravesaba á nado los fosos de Mali- 
nas le alcanzaron tres valas de fusil y desapa- 
reció bajo de las aguas tenidas con su sangre. 
Llevaba entonces sobre sí de ricos encajes por 
valor de mas de quince mil francos. 

Un antiguo militar retirado del servicio des- 
pués de haber recibido muchas heridas, tenia 
un perro que hacia con él todos los oficios de 
un fiel y honrado sirviente. Todos los dias des- 
pués de comer le traia su perro la pipa y el 
tabaco. Queriendo un dia embarazar al pobre 
animal , le pidió de que encender la pipa , se- 
ñalándole al mismo tiempo las brasas encendi- 
das del hogar. £1 perro se arrojó hacia la chi- 
menea pero retrocedió bien aprisa, vuelve de 
nuevo á la carga y siempre el caldr le fuerza á 
retirarse, ladra y se despepita y por fin se pa- 
ra como el que reflexiona. Y bien, le dice su 
amo, esta pipa ¿con qué la he de encender yo? 
entonces el perro va á un rincón de la pieza, 
arranca varios palitos de una escoba de abedul, 
los pone á la lumbre, y cogiéndolos en la boca 
por el lado que no estaba encendido va á ofre- 
cérselos á su amo con aire risueño. 

Todos los perros están dotados de un instin- 
to maravilloso, pero los naturalistas conceden 
al perro de aguas la palma de la destreza , raya 
un rasgo en favor de esta opinión. 

Un perro de esta especie que había en Pa- 
rís, había sido enseriado por su amo á llevar 
dinero; nn dia que estaba encargado de una co- 



(U¿) 

ihision de t&te género , le insaltaron unos ca¿ 
in aradas mohínos y faé preciso entrar en com- 
íate. Nuestro perillán era atrevido y solo de* 
seaba habérselas con ellos pero un grande obs- 
táculo detenia su ardor guerrero: tenia una mo- 
neda de cinco francos éñ la boca y sus adver- 
sarios aprovechándose de esta ventaja le hos-* 
ligaban pot* todos lados y le mordian muy á 
su sabor sin . tfüe e'l pudiese defenderse. En fin 
venciendo la Cólera á la prudencia corre á es- 
conder su moneda en sitio retirado v vuehe 
rápidamente sobre sus enemigos. Después de un 
porfiado combate el perro quedo dueño del cam- 
po de batalla y volvió muy sofocado al paraje 
f ¿n -que había. escondida su moneda , mas ya ha- 
bía desaparmdo. 

Con las orejas bajas y la cola entre piernas 
se volvía á su casa el vencedor muy aturru- 
llado, cuándo al pasar por la calle de Quin- 
campoix un sonido metálico vino á herir agrá* 
dablemente sus oídos. Era un banquero que en 
el cuarto bajo de su casa, estaba muy ocupa- 
do en completar las talegas del dinero. El as- 
tuto perro rio desperdició esta ocasión de re- 
parar su descuido, salta por la ventana dentro 
del aposento, pilla una moneda como la qüt 
J habi a perdido y vuelve á salir con la misma 
1 celeridad que había entrado, hallándose ya muj 
lejos cuándo todavía el banquero estupefacto 
do sabia lo que le acababa de pasar. 

Los perros dan frecuentemente i los hom- 



hres lecciones dé fidelidad, valor, afecto y rtt- 
conocimiento* ¿Creéis amiguitos que en el mas 
tierno amigo sé puedan hallar recuerdos tan 
sinceros y prolongados como fcn el perro cuya 
historia os voy á contar? Pertenecia á unos 
pobres labradores que vivían en paz del pro- 
ducto de sus tierras, cuya fecundidad aumen- 
taban á fuerza de trabajos y desvelos. Esto era 
^n las inmediaciones de Marsella* y cuando la 
peste que asofd esta ciudad, toda la familia 
compuesta de padre, madre y cinco niños fue 
víctima en menos de ocho dias del cruel azote. 
El perro solo á medida que iban llevando á 
sus desgraciados amos á su ultimo asilo, seguía 
desconsolado el ataúd y volvía á casa dando 
ahullidos espantosos. Cuando la muerte hubo 
del todo desocupado la casa, el perro inconso- 
lable no quiso permanecer en ella á pesar de 
que los nuevos propietarios que le ha hian co- 
brado cariño le acariciaba.ná porfía. El perro 
venia de dos en dos dias á tomar algún alimen- 
to con que sostenerse y se volvía inmediatamen- 
te al cementerio; Los aldeanos conmovidos le 
pusieron el nombre de perro de ios sepulcros. 

Era entonces costumbre enterrar los cadáve- 
res en su sepultura particular. Durante seis 
años que el pobre animal sobrevivió á sus amos 
permaneció constante y alternativamente echa- 
do sobre las siete sepulturas que contenían á lo? 
siete individuos de aquella desgraciada familia* 
Se notaba sin embargo que permanecía mas 



0¿4) 

tiempo sobreda sepultura del hijo mas pequeño 
que habia muerto de siete años, y le había pro- 
digado mil caricias infantinas. Se lamentaba sin 
cesar y escarbaba la tierra como si esperase 
volver á ver á su amiguito, velaba noche y día 
sobre tan caro depósito, y solo se separaba con 
sentimiento cuando el hambre le obligaba á ello. 
Este admirable proceder hizo venerar al perro 
de todos los habitantes de la comarca. Los do- 
mingos y días festivos los padres conducían á 
sus hijos hacia la sepultura de la virtuosa fami- 
lia , las madres llevaban á sus hijitas con la es- 
peranza de que tan sobresaliente ejemplo de ca- 
rino y fidelidad se grabase en su memoria. Se 
arrodillaban junto al pobre perrito acostado tris- 
temente sobre la tierra húmeda y esclamaban: 
— n Ved hijos míos , ved el perro de los se- 
pulcros." 

Habia en una posada de Besanzon tres gran- 
eles alanos destinados á velar de noche en los 
patios para alejar los malhechores. Durante el 
invierno y cuando no habia viajeros en la posa- 
da, los perros venían á colocarse á la lumbre de 
la cocina, habiendo adoptado un rincón del ho- 
gar donde no incomodaban á nadie. 

El mas joven de los tres perros se entretenía 
en jugar con otros de la vecindad, de modo que 
casi siempre llegaba el último á la velada. Sus 
¿amaradas tendidos cómodamente á lo largo, te- 
nían la impolítica de dejarle atrás ^ de modo 
que no podía sentir el calor del fuego. Esto le 



(«4$)- 

era tanto mas sensible cuanto que era en estrés 
mo friolero , y asi fastidiado de estar sieihpre 
detrás de los otros imaginó una astucia para ha- 
cer desocupar el puesto á sus descorteses com- 
pañeros. ¡:< 

Una noche que había llegado el ultimo, des-* 
pues de haber rondado mucho tiempo* para en~* 
contrar donde meterse: después de haber gruñid 
do y aun mordido bruscamente á sus' camaradasr 
para hacerlos nanearse un poco* va corriendo á 
la puerta y esparce la alarma ladrando con to-; 
das sus fuerzas como si hubiese algún ladrón é 
enemigo sospechoso. Ai instante los dos perro» 
solevantan y corren á reunirse á su compañero, 
mientras que ellos ladran á cual mejor, nuestro" 
friolero deja que se desgañi ten y viene á colo-^ 
carse junto á la chimenea. Él tuno repetía > esta^ 
estratagema cada vez que quería pillar sitio ^ y 
siempre los otros bobalicones se dejaban en- 
gañar, i 

Se han observado también en algunos perros 
rasgos de humanidad, valor, agradecimiento y 
moderación aun en el seno de la cólera, fuerza 
y orgullo ofendido. El gran .Conde tenia un per* 
ro danés que* le seguía con intrepidez en lo» 
campos de batalla. Unos oficiales que se pasea-: 
ban á orillas del Danubk^se divirtieron en ins- 
tigar varids perrillos contra ti danés del pr ínci- 
pe. ? Todos aqdellos animales jóvenes y sin espe* 
riencia avanzaron ladrando contra su enemigó 
y tu vieron la audacia de morderle. £1 grande y 



vigoroso hubiera podido de una dentellada ven*-* 
gar tan injusto ataque ; pero coma sabia hasta 
donde se estendian sus fuerzas ,no«se dignó ha- 
cer uso de ellas , y mostró su Superioridad de 
un modo mas vergonzo para sus adversarios. 
Agarró .á uno de ellos por el cerviguillo del pes- 
cuezo y le transportó tranquilamente al otro la^ 4 
do del rio 4 donde le dejó que ladrase á su sabor,- 
y volviendo á repasar la corriente hizo lo: mis-* 
mo con los otros {gozquecillos que quedaron ocu-* 
pados en sacudirse el agua de que estaban, inun- 
dados. ¿No se diriá que este perro sabia* quien 
era su amo y quería portarse como digno de él? 

También es notable que cuando un perro se 
halla dotado de *una cualidad que parece no dé- 
Lia hallarse en un animal, 4a 4iene desarrollada 
en su mas alto grado. . Es una observación que 
vosotros podéis haber hecho lo mismo que ye»* 
^oy á referiros por último un lejeaiplo muy cu** 
rioso. 

i Uu hombre entraba enr su casa á media no- 
che en tiempo de carnaval, disfrazado tan bu r-* 
lescamente que era imposible conocerle. Su mis- 
mo perro se engañó, y creyendo fuese un la-* 
dron se arroja sobre él y le muerde en una ma- 
no antes que el pobre diablo* tuviera tiempo de 
hacerse escuchar. ^ ~ 

Furioso por el engaño de su perro», dio una 
gran voz con el acento terrible de la cólera. En-*, 
tonces el pobre animal reconociendo su error 
iue í ocultarse bajo de la cama llorando como 



(*¿7) 
un chiquillo. El amo se acuesta y al despertar 

por la mañana llama á su perro con voz ami- 
ga y acariciadora; El pobre animal no responde 
y el amo admirado de este silencio, se levanta, 
mira... y se llena de profundo dolor al ver á su 
pobre perro tendido, muerto y sof >cado tanto su 
acción de la víspefSÍ aunque involuntaria le ha- 
bía penetrado de remordimientos y pesar. 

Verdaderamente él animal tío tenia culpa, 
habia cumplido con su obligación y es lástima 
que unos animales dotados de tan buenas cua- 
lidades^ leiig^f o&^mm ét ii#©^fte*e^la 
sin tener la razón -que compara. 



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* VIRTUDES DE LAS PLANTAS. 



Las plantas de un mismo genero 6 de una mis- 
ma familia tienen por lo regular las mismas 
virtudes ; estas virtudes dependen del desarrollo 
particular de las partes de la planta y de una 
proporción determinada en los principios que 
la componen. El me'todo que dispone ios vege- 
tales por familias , reunie'ndolos por la relación 
que hay entrólas partes que- los componen , es 
el mas útil á la humanidad y el mas precioso 
á la medicina. Sféirfe jante ttóe'tMof coloca al hom- 
bre en la feliz posición de substituir una planta 
á otra, y le dirijen casi siempre con seguridad 
cuando supone á un individuo del reino vegetal 
las mismas virtudes que á los de su género y la 
propiedad mas dominante de la familia á la que 
este individuo pertenece. 

Las Borragineas son plantas de hortaliza y 



todas son mas ó menos mucilaginosas ó gluti- 
nosas. Pasan todas en medicina por depurativas, 
vulnerarias y astringentes. 

Las Gencianas son amargas, un poco aromá- 
ticas y se reputan cBnío ¡Fortificantes. 

Las Apócimas son acres y cáusticas. 

Las Solanáceas son todas sospechosas , vene- 
nosas, narcóticas; la belladona, la mandragora, 
el estramonio son venenos reconocidos; lapa- 
tata es un buen alimento pero es necesario que 
se la prive del principio venenoso por el fuego 
y la decocción. 

Las Rubiáceas sotí todas diure'tlcasyaperitivas. 

Las Bruyeras son astringentes, en algunas 
partes se sirven del mirtilo en las tenerías, las 
bayas se comen. 

\ Las Cucurbitáceas son generalmente purgati- 
vas y refrijerantés. Su uso inmoderado debilita, 
da vómitos y diarreas. La coloquintida es diu- 
rética y purgante. 

Las Labiadas son aromáticas, tónicas, reso- 
lutivas emmenagogas, y en sus hojas residen las 
virtudes , mas el aroma varia en esta familia 
x¡;ue no es venenosa. 

Las Compuestas á escepcion de tres ó cuatro 
se emplean en la medicina. Son aperitivas, de- 
purativas y algo ardientes. Algunas son purga- 
tivas como el eupatorio. Ofrecen un alimento li- 
gero, aperitivo y poco nutritivo. 

Las Mahaceas son mucilaginosas, emolien- 
tes, lubrificantes, propias á templar la acrimo- 

«4 



(i5o) 
nia y á determinar la supuración. Algunas se 

comen. 

Las Cruciformes son acres , incisivas, anties- 
corbúticas, detersivas y diurécticas; algunas 
odoríferas y sirven mas de condimento que de 
nutrición. 

Las Rosaceas tienen frutos cuya pulpa car- 
nosa y suculenta es buena de eomer. 

Las Renunculaceas son cáusticas y algo ve- 
nenosas. El té debe tomarse con precaución; en 
el pais de su origen solo le usan al cabo de un 
año de desecación. 

Las Papaveráceas son mas o menos narco- 
ticas; mas esta propiedad subsiste en la sus- 
tancia gomosa extractiva y no en el aceite que 
se extrae de la semilla ni en el principio iuu- 
cilaginoso de ella. 

Las Ombeliferas son aromáticas , ardientes, 
propias á excitar el sudor, las orinas, las reglas, 
la leche y a disipar las ventosidades cuando cre- 
cen en terreno seco , que si crecen en terreno 
húmedo suelen ser venenosas. La cultura suele 
modificarías como sucede en el apio que sirve de 
alimento. En la raiz y en las semillas residen 
sus propiedades. 

Las Leguminosas son todas nutritivas, sus 
hojas sirven de pasto á Iqs ganados y las semi- 
llas de alimento para el hombre. Ninguna 
planta de esta familia es venenosa ni cáustica. 

Las Liliáceas contienen partes nutritivas en 
sus raices , mas el alimento se altera por pria- 



ripios venenosos lo que indican el sabor y el 
olor. Algunas pierden su causticidad por la coc- 
ción* y son alimenticias. 

Las Aroideas son ardientes , acres y aro- 
máticas. 
Las Palmeras llevan frutos sanos y comestibles. 
Las Orchideas son nutritivas y restaurantes, 
de su férula se estrae el salcp. 

Las Balisiems que crecen en países calientes 

son aromáticas, de un sabor agrio y picante, 

mas fuerte en las raices que enardecen mucho. 

Las Euphorbias son purgativos cáusticos muy 

violentos y á veces mortales. 

Las Amentáceas son regularmente astringen- 
tes; las cortezas del plátano, hetre y castaño son 
astringentes , febrífugas y anti-disente'ricas. Es- 
tas mismas propiedades tienen las hojas, aga- 
llas y botones. . 

Las Coniferas son resinosas, estimulantes y 
diurécticas, restableciendo las secreciones obran 
útilmente contra el escorbuto. 

Las Gramíneas son nutritivas. Las bestias 
trituran sus hojas, los granos chiquitos ali- 
mentan á los pájaros y los grandes al hombre. 
Casi todas son saludables. 

Los Heléchos son generalmente sospechosos. 
La mayor parte tienen un olor fuerte y desa- 
gradable, algunos son venenosos, y otros ape- 
ritivos , y otros nutritivos como el Sagou. 

Los Musgos tienen un olor desagradable y 
y son astringentes. 



('SO 

Las Algas se han recomendado como aperi- 
tivas y detersivas. 

Los Hongos son un alimento incierto y pe- 
ligroso se citan algunos casos funestos por su 
uso, mas es <le esperar que se determinará el gra- 
do de bondad ó malicia de esta planta. 





De la clasificación de las plantas. 



¡Seria imposible llegar á conocer mas de 60,000 
que se han descubierto, sino tuviéramos un mé- 
todo que nos dirigiese entre tanta multitud de 
especies* El artificio de este método consiste en 
reunir las plantas en grupos, según sus caracte- 
res esenciales. Siguiendo la elección de las par- 
tes de las plantas que han servido de base á es- 
ta distinción se pueden reducir á tres las clasi- 
ficaciones botánicas ; la de Tournefort, la de 
Linneo y la de Jussieu. * 

He aquí los fundamentos de cada una de estas 
distribuciones. Hay en la planta una multitud 
de partes diferentes como son flores , raices , ta- 
llo, hojas &c. Tournefort ha formado todas las 
divisiones de su sistema según la figura de la 
corola ó aquella parte de la flor matizada de los 
mas vivos colores, asiento principal de las mas 



; (i54) 

agradables sensacionse que procuran las plantas. 

Según estos principios las plantas están dividi- 
das en veinte y dos clases fáciles de reconocer 
por estar fundadas en los caracte'res mas so- 
bresalientes. La primera es la de las flores 
campaniformes ó en forma de campanas ; la se- 
gunda la de las infundibuh 'formes , ó en forma de 
embudo; la tercera la de las personadas que 
imitan un casco antiguo; la cuarta la de las la- 
biadas porque la disposición de su corola imita 
dos labios ; cruciformes que imitan una cruz de 
S. i\ndres; las rosaceas ó flores dispuestas como 
la rosa; las ombelliferas en forma de parasol; 
las cariophileas semejantes á los claveles ; las li- 
liáceas semejantes a las lises; las amariposadas 
que tienen la flor en forma de mariposa como 
las legumbres &c. La última clase comprende 
las flores que no tienen forma determinada, y 
por eso se llaman anómalas. 
t La clasificación de Linneo no se fija solo en 
la corola, penetra en lo interior de la flor y for- 
ma las distinciones según la forma de los órga- 
nos de la reproducción que ocupan regularmen- 
te el centro. Se les conoce en botánica con el 
nombre dé estambres y de pistilo, y según su 
11 limero, presencia ó ausencia se distinguen las 
diversas clases. Según este método todas las 
plantas están divididas en veinte y cuatro clases 
designadas por nombres griegos que espresan 
perfectamente sus caracteres distintivos. Prime- 
ra el ase monandria* que no tienen mas que un 
estambre; diandrias que tienen dos; triandrias 



(i55) 
tres , tetrandias cuatro, hasta las dodecandrias que 
tienen doce. De las dos clases siguientes la una tie- 
ne sobre veinte estambres , y se llama icosandria, 
y la otra que contiene un numero indeterminado 
sé llama poliandria. Las once últimas clases se 
distinguen por las relaciones que los estambres 
tienen entre sí y con el pistilo. De modo que si 
están reunidos en un hacecillo, forman la clase 
monadelphia, si están insertos sobre el pistilo la 
ginandria, y en fin las flores que al menos apa- 
rentemente no tienen pistilo ni estambres for- 
man la dltima clase de las criptogamas. 

Tournefort fundó su sistema en la fortna de 
la corola, Linneo en el número y disposición de 
los estambres y pistilo cuando Antonio de Ju- 
sieu publicó otro método de clasificación, fun- 
dado no solamente en las diferencias parciales 
de las plantas sino en las de las partes princi- 
pales. Esta circunstancia hace muy apreciable 
la clasificación de Jusien porque guía al cono- 
cimiento de la naturaleza de la planta mientras 
que los otros sistemas solo dan á conocer algu- 
nas de sus diferencias. Jusien estableció quin- 
ce clases de plantas divididas en diferentes ór- 
denes que constituyen lo que él llama familias 
de las plantas. Por lo demás estas familias re- 
presentan los órdenes en que Tournefort y Lin- 
neo distribuyeron sus clases, y estos órdenes en 
las clasificaciones que acabamos de indicar con- 
ducen á otras subdivisiones á los géneros, á las 
especies hasta el conocimiento de cada individuo. 



FÁBULA. 



Los dos jardineros. 

Tocóles por herencia á dos hermanos 
Un jardín muy ameno, 

Y cada cual su parte cultivaba 
Con diferente esmero. 

El mayor de los dos (Juan de buena almajo 

Mozo de gran talento, 

Gran charlatán, y de doctor preciado, 

Pasaba el dia entero 

En consultar el almanac del año, 

En observar los vientos 

Y el orden de las sabias estaciones. 
Quería con empeñe* 

Investigar la gran naturaleza 
Con todos sus misterios; 

Y entre tanto que el fatuo miserable 
Asi perdía el tiempo, 

Sus verdes espinacas y lechugas, 

Por la falta del riego, 

Quedaron abrasadas j sus higueras 

Al cabo se perdieron, 

De modo que el cuitado al fin del año 

Se encontró sin remedio, 

Perdidas sus verduras y frutales, 

Su bolsa sin dinero, 

Y atenido al socorro de su hermana 



C'5 7 ) 

Este siempre mas cuerdo, 

Levantábase al alba y muy alegre 

Cavaba con esmero, 

Y regaba su rico patrimonio, 

Sin malgastar el tiempo 

En penetrar inútiles arcanos; 

Con cuyo sabio medio 

Le sobraba el caudal y la alegría. 

Admirado en estremo 
El Señor Juan, le dijo: ¿en qué consiste 
Que , igual siendo el terreno, 
Hayas cogido tú tanta verdura 
En tu pequeño huerto. 
Tanta y tan rica fruta, y tantas flores, 
Cuando el mió está seco? 

Hombre , le respondió : muy poco tiene 
Que entender el misterio. 
Mientras tu discurrías, yo cavaba; 
Mientras tú , majadero, 
El calendario todo revolvías, 
Yo con mucho desvelo 
Regaba mi hortaliza y mis frutales 
Alegre y satisfecho 

Con tan pequeña ciencia, no aspiraba 
A saber mas de aquello 
Que debe asegurar mi subsistencia. 
De modo que ahora veo 
Que sin saber leer soy yo mas sabio 
Que tu y otros mil necios 
Que por saber tal vez lo que no importa f 
Olvidáis lo que os fuera de provecho. 




EL LINDO DON DIEGO, 



Cuando os recomendamos con tanta frecuen- 
cia queridos niños, la aplicación al estudio, no 
es con el objeto de que lo aprendáis todo en un 
par de semanas y embrolléis vuestra imagina- 
ción con nociones diversas que no sepáis coor- 
dinar. Todo al contrario, queremos constancia 
sí, pero acompañada de una moderación que 
vaya desarrollando poco a poco vuestras faculta- 
des , y proporcione á su tiempo los frutos mas 
saludables. A los niños les conviene: lo prime- 
ro desarrollar sus facultades fisicas, disfrutar 
buena salud y tener las mejillas bien encarna- 
das, la ciencia y el saber, los premios y el lu- 
cimiento vienen mucho después. Invertir este 
orden es siempre funesto, y he aqui lo que tra- 
to de probar contándoos la historia de cierto 
niño que manifestó desde luego mas inteligen- 
cia de la que cortipetia á su edad , pero que por 
falta de dirección solo ha sido una calamidad 



(i5 9 ) 

para él. Oyendo decir continuamente que tenia 
t una discreción prematura, se esforzó en ser 
hombre antes de tiempo , representó un papel 
que le era impropio, y ha malogrado todas las 
esperanzas. Persuadido de que un sugeto de, su 
clase no debiá alternar co ; los demás niños ra- 
ra vez se reunía con ellos, y si lo hacia alguna 
vez no era para reir, correr y brincar con ellos, 
sino para escitar la admiración y que le pro- 
digasen alabanzas. Fácil era entonces reconocer- 
le pues contrastaba admirablemente entre sus 
amiguitos. Estos llevaban la cabeza descubierta, 
el pelo tizado graciosamente y cayendo sobre 
su blanco cuello, la vuelta de la planchada ca- 
misa caida sobre la espalda y encubriendo parle 
del ajustado corpino. D. Dieguito (pues asi se 
llamaba nuestro joven ) .llevaba sus cabellos ri- 
zados artísticamente; no llevaba toríelete, cor- 
pino ó casaquilla sino un frac de largos faldo- 
nes, pantalones de tra villa, botas con tacones 
muy altos y sombrero de copa. Añádase el re- 
lox, cadena, guantes, bastón y se formará una 
idea del traje de nuestro héroe y del amor pro- 
pio que le dominaba. Sus compañeros acudían, 
se agrupaban, formaban corro al rededor de él 
y le contemplaban con la boca abierta como si 
fuese una curiosidad de la feria. En vano le in- 
vitaban a sus paseos y bailes de alegre movi- 
miento y risa estrepitosa, Dieguito iba á pasear- 
se al prado. Á'lli se le encontraba hacia el lado 
de los coches , haciendo frecuentes cortesías á la 



(x6o) , 

hora en que no digo correr pero ni aun anclar 
se puede, ni moverse á su satisfacción sin ha- 
cer daños considerables en el traje de alguna se- 
ñora. Alli ayudado de sus altos tacones se esfor- 
zaba sobresalir un poco entre el gentío ; porque 
es de advertir que aun con sombrero puesto no 
llegaba al hombro de los otros paseantes. Esto y 
el no tener todavía vigotes lé hacia pasar muy 
malos ratos. Tocante á los bailes solo le gasta- 
ban los de gran tono. A ellos asistía precisamen- 
te á la hora en que los otros niños se iban á acos- 
tar, y no salia hasta la madrugada con riesgo 
evidente de coger una pulmonía. Entonces era 
un gusto verle cual intentaba lucirse persuadido 
de que valia alguna cosa. Siempre sacaba de pa- 
reja en vez de alguna niña proporcionada á su 
estatura, á alguna joven adulta a la que condu- 
cía gravemente con afectada seriedad y la cabe- 
za erguida, bien que tampoco podia llevarla de 
otro modo pues se lo impedia la enormidad de 
su corbata. Tan ciego le tenia su amor propio 
que al observar que los circunstantes se habla- 
ban al oido creia era para prodigarle alabanzas, 
siendo asi que solo se burlaban de e'l ; y si por 
casualidad no les veia hacer demostración algu- 
na los reputaba ignorantes y muy inferiores a e'l. 
Todavia era mas insufrible cuando se introdu- 
cía en los corrillos de personas mayores y daba su 
voto en la materia, cuando apenas sabia de que 
se trataba. Criticaba los autores sin haber leido 
sus obras, y todo lo satirazaba sin consideración. 



(i6r) 

Se creía gran naturalista porque tenia un dicción 
nario de historia natural, en el que buscaba el 
término que le hacia falta; gran geógrafo porque 
leia un atlas; literato porque había oído hablar 
de clásicos y románticos^, músico porque asistía 
á las óperas. Esto le bastaba para hablar sin ti- 
fio de todas maneras, imponiendo á algunos pe- 
ro fastidiando á muchos mas que conocían qué 
todo aquello era mucho ruido y poca substancial 
Ni aun la política le arredraba , y era preciso 
hacer lo posible por no rebentar de risa al oírle 
hablar de la declaración de derechos, de las dis- 
cusiones y la representación nacional. Convi- 
dándole algunas veces sus amigos á jugar á la 
pelota se escusaba diciendo que aun no habia 
leído el Eco del Comercio, asi es que poco á po- 
co se fueron separando de él dándole el sobre- 
nombre de Lindo D. Diego por su figura y por 
sus costumbres. Acabó de hacerle insoportable 
la singular manía de dar la ley en todo y que- 
dar siempre con razón. ¿Proferia el más solemne 
disparate ? pues en lugar de volverse atrás y 
confesar su equivocación la sostenía con terque- 
dad , enfureciéndose cuando le oponían razones 
á las que no hallaba réplica. 

Acaso se dirá ¿cómo era que siendo D. Die- 
güito tan ridículo y dando tanto que reír en to- 
das partes no le despedían al instante de todas 
las sociedades ? Si solo fuera por D. Dieguito to- 
dos alejarían de sí á un insensato semejante; 
pero mediaban los respetos de su padre , sugetó 



de mucha influencia que podia ser útil en algu- 
na ocasión, y por causa del hijo nadie quería 
indisponerse con el padre. 

Para concluir con D. Dieguito voy á contar 
cómo se ha corregido ó mas bien dicho , cómo 
ha empezado á corregirse. Acostumbraba por la 
mañana antes de salir de su casa elegir y estu- 
diar un asunto para lucirse en aquel dia, y este 
viniese ó no á cuento él hallaba medio de intro- 
ducirle en la conversación y ostentaba sus cono- 
cimientos en una materia provocada por él , y 
cuyo valor ya tenia conocido. Aumentábase esta 
precaución cuando tenia algún antecedente del 
punto sobre que había de girar la discusión en. 
alguna, concurrencia. Un dia que tenia esta cer- 
tidumbre se dispuso de antemano para echarla 
de guapo, y como tenia que hablar con sugetos 
instruidos y pensaba contradecirlos, revolvió di- 
versos autores y escribió en un papel su plan de 
argumentos y de respuestas. Esta estratagema 
produjo su efecto, y sus calculadas frases le cau- 
tivaron por un momento la atención de la asam- 
blea , pero quiso la mala suerte que variando 
la conversación uno de los presentes preguntó á 
D. Dieguito admirado de su erudición si enten- 
día alguna cosa de poseía. Nuestro joven indig- 
nado de que se pusiese en duda su suficiencia 
en esta materia. Sí señor , respondió irónica- 
mente, y puede usted pasar la vista por esa 
composicioncilla. Al decir esto echó mano al bol- 
sillo para sacar las poesías; pero en vez de ellas 



(.63) 

sacó las apuntaciones que habia hecho por la 
mañana. No tuvo tiempo de advertir su error ni 
de repararle , porque su interlocutor ya habia 
asido del papel y lo estaba leyendo éñ votf alta. 
Aqui fue la confusión de D. Dieguito al ver des- 
cubierto el resorte de su falsa erudición. Quisa 
interrumpir la lectura pero le detuvieron, y pa- 
ra colmo de su humillación tuvo que escuchar 
cuanto el otro leía. "Si me preguntasen (aqui 
ponia la pregunta ), responderé ( ponía la res- 
puesta), y si insistiesen responderé esto ó lo 
otro &c. , según él tenia puesto en su papel. Ea 
fin, corrido y sin poder articular palabra se re- 
tiró acompañado de la risa general. Desde enton- 
ces empezó á corregirse, pero ya es tarde y los 
estudios de este joven darán frutos sin sazón. 
Por no haber empezado por donde debiera nun- 
ca conocerá el valor de la ciencia y permanece- 
rá en una tristeza mediana que ni será ciencia 
ni ignorancia. Hubiera sido el mas sabio y apre- 
dable de los niños, y será el ignorante é insípi- 
do de los hombres. ; Qué de infelicidades por ha- 
ber renunciado á la edad mas bella de la vida! 

JF. Fernandez Villabrille. 



DESCRIPCIÓN DEL ESCORIAL. 



ARTICULO II. 

El Panteón. 

JEl panteón tiene su entrada por el tránsito 
de la sacristía y está situada exactamente deba- 
jo del altar mayor, de modo que el celebrante 
pone los pie£ sobre la clave de la bóveda. Ba- 
jando veinte y cinco escalones de piedra berro- 
queña se ofrece á la vista del espectador el pór- 
tico de aquel fúnebre asilo. A pesar de que el 
local es algo estrecho, sin embargo reina la 
magnificencia en la forma de la puerta, de Ja 
reja de bronce dorado que la cierra, y de los 
adornos del mismo metal que la adornan. Es 
notable sobre todo el escudo de armas que hay 
encima que asi como las bases , capiteles y me- 
dallones esta trabajado con el mayor esmero y 
proligidad ; á los lados hay dos figuritas que re- 
presentan la naturaleza y la esperanza, con 
inscripciones alusivas. La inscripción del cen- 
tro espresa la intención que tuvo Carlos I de 
fundar aquella sepultura para sí y los reyes sus 



It65) 

sns snccsares, cp^a su hijo Felipe II empezó 
ya á cumplir el mandato de su padre, coma 
continuó la obra Felipe III y la concluyó Feli- 
pe IV, porque la obra del panteón aunque se 
empezó en 16^7 no se acabó hasta en i654 
1 trabajando en ella varios artistas entre ellos el 
celebre Juan Bautista Crescenci. 

Pasada esta puerta se entra en la escalera 
principal del panteón; cuyos treinta y cuatro 
escalones las paredes y bóveda son de pulimen- 
tados marmoles de Tortosa y de Toledo siendo 
de notar la maestría con que están combinados. 
Hacia la mitad de la escalera y en los planos 
de ella se ven las puertas de la sacristía del 
panteón y de la bóveda llamada de Infantes 
porque alli se entierran los individuos de la Fa- 
milia Real y las Reinas que mueren sin dejar 
sucesión. En esta bóveda está sepultado el ven- 
cedor deLepanto D. Juan de Austria hijo natu- 
ral de Carlos I, y el príncipe D. Carlos hijo de 
Felipe II, por lo demás no ofrece cosa mas no- 
table esceptq las puertas de la escalera que son 
de maderas finas. 

Otra puerta con reja de bronce da paso al 
recinto en que se conservan los restos de los 
monarcas españoles. EL panteón es de forma 
ochavada y tiene 36 pies de diámetro por trein- 
ta y ocho, de alto, no habiendo sido posible daiáe 
mas altura^ Al rededor y de dos en dos están 
colocadas diez y seis pilastras de orden corintio 
con basas y capiteles de bronce. Las pilastras 

i5 



(<66) 
son de mármol aunque algo deterioradas por la 
humedad del sitio, lo que se nota también en 
los mármoles y jaspes que adornan toda la pie- 
za. Todos los adornos, molduras y follages son 
de bronce dorado asi como los adornos de la 
bóveda. Pende de esta una grande y magnífica 
arana de bronce que contribuye a iluminar aquel 
recinto, asi como los candileros que sostienen 
unos angelitos fijos en las pilastras. Entre las 
pilastras hay veinte y seis nichos con otras 
tantas urnas todas iguales de mármol con ador- 
nos bronceados y descansando sobre garras de 
leones. En las targetas de las urnas se leen los 
nombres de Carlos I, Felipe II fundador del 
monasterio, Felipe III, Felipe IV, Garlos II, 
Luis I, Carlos III, Carlos IV y Fernando VII, 
aunque el cuerpo de este último monarca no 
está todavia dentro de la urna. Las urnas de los 
Reyes están á la derecha del altar que está á la 
cabezera del panteón , y al lado de la izquierda 
están las urnas de las Reinas doña Isabel, doña 
Ana, doña Margarita, dona Isabel de Borbon, 
dona María Ana de Austria, doña María Lui- 
sa de Saboya y doña Maria Luisa de Bor- 
bon. El altar tiene dos columnas estriadas de 
piedra verde y en el fondo iina gran lápida de 
pórfido. Ocupa el centro un crucifijo dé bronce 
pero la cruz dé mármol negro. Los adornos, los 
relieves y el frontal del altar son de bronce do- 
rado y de bellísima forma en la ejecución. 



n ....■ i i i 1 1 . )■> i n , ' > ' " i ' ' i • ' ' ' -"? ' , ' ..i —^ ^—— ■ ■ ' i 'i — 

RASGOS HEROICOS. 

MJVIMIWV 

ARTICULO l> 

Patriotismo. 

El amor á la patria, dice Chateaubriand t es 
un instinto connatural al hombre, el mas bello 
y el mas moral de todos los instintos. ? Este 
amor á la Patria * este sentimiento innato hasta 
en el hombre salvage, es .una -justificación de las 
luirás de la Providencia. Por esto se leen en las 
historiando todos los siglos , tantos ejemplos he- 
roicos de patriotismo. Por esto se sentó por 
principio , que antes que nosotros, antes que 
nuestros padres, antes qu$ lo mas amado es la 
patria. Chari sunt párenles ,>décia Cicerón , chari 
líber i , propinqui , familiares \ sed omnes omnium 
caritates y patria una complexa est. Y es cierto. 
¿Ay infeliz del que no tiene amor a la Patria! 
¿ á quién lo profesara? No creo que exista hom- 
bre por 'desnaturalizado que este' su corazón, que 
al nombrarle la patria, no sienta en su pecho 
un latido ^que? le exalte* Ejeniplos hemos visto 
de algunos que han llegado á odiar á sus her- 
manos , á sus padres , á jsu prppia vida f que 



(i68) 

han negado la existencia de un Ser Supremo; 
pero á la voz simpática de la patria necesita iu 

auxilio han corrido impávidos á ofrecerse en holo- 

* t 

causto por el único objeto que hiciera impresión 
en su ánimo indiferente á los sentimientos mas 
plácidos de la naturaleza. ¡Qué heroicidades! 
¡qué acciones magnánimas! ¡qué escenas tan 
brillantes nos ostenta la historia como conse- 
cuencia del amor á la Patria! Admiradlas jóve- 
nes amables, y consideradlas como emanadas 
de una reflexión que grabareis en vuestro inte- 
rior. El curso de la vida es breve, el dé la glo- 
ria es terno: ¡Eterno! La gloria de la inmor- 
talidad. 

Quisiera ofreceros todos los modelos que la* 
antigüedad nos dejó para imitar; pero ni cabe 
en lo posible, ni lo Conceptuó necesario. Gon el 
primero que os ponga á la vista quedareis per— 
suadidos de mis asertos. 

En una de* las guerras que los Romanos sos- 
tuvieron con sus vecinos , y después de la bata- 
lla con los Vegeñtinos* en que Arunte gefe de 
la caballería de estos y Bruto general de los 
primeros, cayeron en un mismo instante vícti- 
mas dé la furia cüú^qtté á la par sé embistieron. 
Porsena Rey de un estado de la Etturia, sé pre- 
senta en las inmediaciones de Roma al frente 
de numeroso ejército; acampa bajo los muro* 
dé la gran ciudad , y estrecha ardorosamente el 
sitio. Creyendo el senado que el peligro dismi- 
nuirla el celo patriótico, declara exentos de tri- 



(t6 9 ) 

buto á los ciudadanos mas pobres, dorante la 
guerra ; hace acopiar y repartir provisiones de 
trigo* y esto lé trae la generalidad. Resueltos 
los Románoá á vencer ó sepultarse en las ruinas 
de su patria , efectúan una salida contra Porsena. 
Mas este después de sangrienta acción, se apo- 
dera del Janiculo y dejando heridos á los dos 
cónsules, grita ¡Victoria! A esta voz aterrados 
los Piomanos huyen despavoridos á la ciudad, 
repasan el puente sublicio, las tropas victorio-r 
sas de Porsena se precipitan tras ellos ; ya van 
á entrar las murallas de Roma cuando Horacio 
CocléSi, digno descendiente ¿el subyugador de 
Alba, observa la confusión de, vencedores y ven- 
cidos. ¡Roinanós! grita con todo su esfuerzo; yo 
salvaré la Patria cortad el puente y cerrad las 
pnertas de la ciudad; ¡Valientes! sacrificad 
vuestras vidas , moramos nosotros y Roma viva. 
Dice y quedándose solo á la cabeza del puente 
da .terrible, muerte á cuantos se acercan. Larcio 
y Herminio, viendo el heroico valor de su ami^ 
go, se le agregan, y los tres solos oponen fuer- 
te barrera con sus cuerpos, y detienen millares 
de hombres victoriosos. En el ínterin el ejérci- 
to rh mano ha cortado el paso del puente y se 
encierra en la población. Los tres héroes ven ya* 
salvada la patria, cumpliéronse sus intentos; 
interceptada la comunicación nada les queda ya 
que hacer sino burlar al opresor: a rrójanse al 
Tiber, ganan la opuesta orilla cargados con sus 
armas tintas en sangre enemiga , y desprecian- 



( I 7°) 
do la lluvia de saetas que sobré ellos cae, llegan 

incólumes á la ciudad. 

Porsena perdida la esperanza de vencer en un. 
asalto, ha determinado convertir el sitio en blo- 
queo. Los Romanos sieuten ya los dolores de 
hambre cruel; se trata de capitular; pero ved 
alia un animoso soldado que quiere á la ves 
mostrar también su valor y su patriotismo. 
Mucio Gordo (que se llamó Esce'vola) creyendo 
que para libertar la patria , hasta el asesinato 
es medio legítimo, toma un disfraz enemigo, 
está ya en el campo de los Etruscos: adivina la 
tienda del Rey 7 se introduce , y en el instante 
su puñal ha inmolado ya una víctima. ¡ Mas, 
error fatal ¡Esta víctima era el Secretario, y no 
Porsena, contra quien* iba dirigido el agolpe. 
Vestidos ambos casi con igualdad , Mucio pa- 
deció «equivocación que no tuvo tiempo de sub- 
sanar , pero fue preso inmediatamente. Pregun^ 
tale el Rey, quién es, de donde viene, y por qué 
ha cometido un crimen. El intrépido joven, en 
medio de tumultuosa multitud, conserva juntas 
admirable serenidad , y la dulce esperanza de 
salvar á Roma, poniendo á Porsena en terror 
continao de la muerte que la quisiera dar. "Soy 
romano:" dice, y las miradas de los circunstan- 
tes demuestran la admiración : Soy el gefe de 
trescientos patriota* que hemos jurado dar vida á 
Roma , y ensayar nuestros puñales en tu cora- 
zón. No te libertarás r vil opresor de una nación 
grande : uno tras otro sentirás los golpes seguros 



de mis amigos que vendrán á reemplazarme', el , 
juramento de un romano es tan inevitable r como 
seria tu muerte r si hubiese recibido tu pecho el 
puñal que pasó el de tu Secretario. En cuanto á 
mí, mientras me llega tu venganza, yo castigaré 
esta mano que pudo equivocarse y asi expiará su 
error. Calla, y pone su derecha en un brasero, 
la deja consumir y reducirse 4 cenizas, y no 
muéstrala mas leve señal de dolor. 

La fanática intrepidez de Mucio, asustó á • 
Porsena. Est remecióse á la idea de que con ti- \' 
nuamente estaba espuesto al puñal di; un ase- 
sino. Desistió pues de sus intentos , y trato la 
paz conflos Romanos. Estos le dieron en rehe- 
nes diez jóvenes Patricios y otras tantas donce- 
llas, entre las cuales se contaba la hermosa 
Clelia, que siguiendo el ejemplo de sus conciu- 
dadanos, debió mostrarse amante de su patria: 
Desde el campo etrusco miraba con sentimiento 
los muros de Roma, sin que pudiese llegarse á 
ellos. "Haré un esfuerzo, decia, y me restitui- 
ré al hogar paterno: ¿ por qué no hé de gozar tam- 
bién de las delicias de la patria? Ocupada con 
esta idea, cree lícita su acción porque es vale- 
rosa, y en medio de infinitos dardos, se arroja 
al rio* alcanzando á nado la otra orilla, y vio- 
lando la fé de un tratado. Los cónsules la vol- 
vieron á Porsena , pero este viendo en su pro- 
ceder un rasgo patriótico y de valor, la conce- 
dió la libertad y á cuatro rehenes mas que dejó 
á su elección. 



Ved ahi jóvenes amigos , tres acciones heroi- 
cas en una sola página de la historia. Tales "lá? 
juzgaron los Romanos , mirándolas mas como 
efecto de ardor patrio, que con aplicación á las 
leyes dé la thoral y la justicia. Concedieron á 
HoracÍ9 y á Mucio tierras públicas, y levan- 
taron á Clelia uria estatua de bronce dando al 
segundo el norfibre de Escévola porque le que- 
daba solo lá mano izquierda. Ño obstante la 
intrepidez noble de Horacio , merecía mas que 
la tentativa de Mucio y la fuga de Clelia, por- 
que la una fue alevosa, y la otra opuesta á la 
cantidad de los tratados. 

(&. F. L. de A) 



BIOGRAFÍA. 



Addison. 



José Addison era hijo del doctor Lancelot 
Addison rector de Milston en el Wiltshire. Na- 
ció en Milston el i.° de mayo de 1672, y. él 
mismo dia de su nacimiento desesperaron de su 
vida, pero el cíelo se la conservo para felicidad, 
de la Inglaterra, cuyas costumbres mejoró con 
siis escritos. Durante su mansión en la univer-, 
sidad de Oxford se distinguió con algunos poe* 
mas latinos de una pureza clásica y una do-, 
cüeticia perfecta que fueron la base de su repu- 
tación. En i6g5 obtuyo 1^ protección poderosa, 
del Lord Sommers, guarda del gran sello \ de- ; 
dicándole un poema spjbre ima de las campañas 
del Rey Guillermo, y poco después obtuvo una, 
pensión de trescientas guineas para viajar por 
Italia. De aili escribió á JLord Staliíax una car-r 
ta en verso que fue generalmente admirada, Eu 
la muerte del Rey Guillermo JFue suprin^idala 
pensión del jóv|n poeta , volvió á Inglaterra y 
publicó sus Viajes. 

Dos anos después una /circunstancia feliz le 
abrió el camino de los honores. El Lord teso-* 
rero de Inglaterra pidió un dia á Lord Staliíax 
ie indicase uií poeta capaz de celebrar digna- 



(*7¿) 

mente la Tictoria que el Duque de Malboroug 
acababa de conseguir en Bleipheim. —Lord 
Stalifax nombro en el acto á Addison ; pero in- 
sistiendo en que el Lord tesorero enviase en su 
propio nombre un mensaje al joven favorecido 
de las musas, y este mensaje fue acompañado 
de mil demostraciones de consideración. Este 
poema le valió algunos nombramientos, y en 
1 7 09 pasó á Irlanda en calidad de secretario del 
Lord Lugar teniente. 

En 1713 dio al teatro su célebre tragedia de 
Catón que fue recibida con universal aplauso 
dé Wighs y de Torys. Esta pieza, una de las 
obras maestras de la escena inglesa fue traduci- 
da en casi todas las lenguas de Europa. El mis- 
mo Voltaire puso eü verso el diálogo sobre, la 
inmortalidad del alma. ¡En este mismo año Ad- 
dison con sa amigó dé infancia Stetee empeza- 
ron á publicar aquellos ensayos periódicos so- 
bre las costumbres, la literatura y la vida pri- 
vada de los ingleses, que tuvieron el insigne 
honor de corregir todo él pais. The Spectator tu- 
vo un éxito tan prodigioso entre todas las clases 
sociales que padres, maridos, mugeres y niños 
lé consultaban como un oráculo «acerca de sus 
respectivos deberes, y sé vieron femilias pobres 
privarse de su apetito predilecto para procurar- 
se los medios de abonarse á e'l. 

Una anécdota probará hasta que punto eran 
dignos de la confianza pública los hombres de 
ingenió asociados i tan noble empresa. Steleé 



< a 7 5 > 

acababa de ver muy aplaudida en el teatro ana 

comedia suya titulada Las Exequias. Una joven 
Lady que había asistido á la primera represen- 
tación , ignorando como toda la Inglaterra que 
el autor de la pieza nueva fuese uno de los re- 
dactoreádel Spectatqr, escribió al moralista cuo- 
tidiano denunciándole una frase que ofendía las 
costumbres. Esta frase en un teatro como el in-- 
gles debía pasar sin ser notada ; pero Addison y 
su amigo eran incapaces de sacrificar la moral 
á su amor propio de ^autores. Stfeleé insertó con 
elogio la carta de la joven crítica con un artí- 
culo en <jue atacaba enérgicamente la licencia 
del íéatírb, y ^órri¿*i# su pieza; - 

En W muerte de; la Reina Ana Addison fue 1 
nombrado secretario de la Regencia; En 1716 
se íbasó ton la cdiidesa de Warusick ; en 1719" 
fiie itótóbrádp secretario de estado ; pero su sa- 
lud^ défclínó notablemente desdé q[uéte iaómbra- 
ton"p3tr¿ cargo tan ifüportánte, y murió á los 
54ánpÍ! Addison es uno de los mas bellos ca- 
racteres que la Inglatera há producido ; sus es- 
critos y su vida fueron sin tacha; Et siguiente ¡ 
fragmento de su prosa 1 dará una idea del género 1 
festivo que los ingleses llaman kutnóur, y que' 
nosotros podemos calificar de jocoserio. 



. ¡, i 3 







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ÉL SUENO. 



"Wl »i 



e parecía hallarme transportado r á "I^gntra- 
da de Jos sombríos reinos, y. como observador 
interesado me introduje para pasar el tiempo 
en el triljunjil; de íVadamanjo; A la derecha del 
príncipe Cretense % que d^f^a jCjon su hermano 
Minos J^ .triste gloria de juzgar á las sombras, 
se hallaba el feroz ugier del* tártaro, y á sn de-, 
recha eljgraqi^so genio que : introduce á ^3 jus- 
tos bajo la^íspmbdas arboledas del Elisep v A f quel 
dia juzgaban á muchas, mjigeres, Yo quedé sor- 
prendido en, estremo deda, brevedad de aquel 
interrogatorio. j£l juez primeramente qpisq veri- 
ficarlo en m¡m.¿ y pregtipM sencillamente ^1^ T; 
lio sexo que tenia delante de sí. ¿Que' habéis he- 
cho? Todas las mugeres se miraron unas á otras 
y no supieron que responder. Entonces proce- 
diendo á un examen particular. -Señora dijo á 
una de ellas, vos habéis pasado 5o años sobre 



lá* tierra qué habéis hecho? -¿ Qdé he hecho? 
respondió lentaméntá la señora , en verdad que 
lio mé acuerdo muy bien, permitid qué recorra 
üri poco la memoria; -Después de media hora 
de reflexión declaró que había jugado á las car- 
tas J y entonces á una señal de Radamanto el 
úgiér del Erebo agarro su pre¿á. -Y vos señora, 
Continuó el juez dirigiéndose á una lánguida her- 
mosura; vos habéis dejado el mundo á los 2á 
años , r ¿que habéis hecho? -Muñecas durante 
los 12 primeros años de mí vida; y lo demás de 
ella lo he pasado leyendo novelas y comedias 
nuévasl 

He aqui un tiempo muy bien empleado; pa- 
sad a este lado izquierdo si os place....; á vos os 
toca ahora buena múser. 

PÍO se enfade usted señor, magistrado porque 
yo todavía rio tengo £o años cumplidos y he 
educado á mis hijos inspirándoles amor ai tra- 
bajo, los siete Viven todavía. Esto sin contar con 
upos quince mil quesos que he hecho con mis 
propias manos. He tlejado en el mundo para 
que reemplace mi iiija mayor que consuela á sa 
pádréV y que sabe mas de gobierno ele una casa 
que ninguna 'arrebataría del catón. - Radaman- 
tq$¿ sonrió con ésta ingenua respuesta , he hizo 
pasara la aláeana a su lado derecho. ¿, Y vos se- 
ñoritá j pregunto á ana 'linda jóyéri que se acer- 
caba , ; ¿ qu,é habéis hecho? - Yo os protesto se- 
ñor mío que no he hecho mal i. nadie, -No es 
eso lo peor ;' pero sepamos el bien que habéis 



(i 7 8) 

hecho. La joven bajo la cabeza con aire confusa 
y guardó el silencio. Los dos porteros se dispu- 
taban ya aquella sombra problemática cuando 
el juez dijo que no daría su sentencia hasta otro 
segundo interrogatorio sin testigos. 

Tocante a mí, dijo una vieja con cara de 
Cerbero que venia con la cabeza erguida y ojos 
atrevidos , yo he vejetado 70 años en un mundo 
perverso rodeada de vecinos execrables, de los 
cuales he murmurado con razón. He declamado 
con toda energía contra los vicios del prójimo. 
-Perfectamente , interrumpió Hada manto con 
ironía; ¿pero habéis velado sobre vos misma con 
tanta diligencia? -Eso era imposible , pues es 
tando tan ocupada con los defectos de los demás 
no tenia tiempo para pensar en los míos. 

Ya entiendo.... tomaos la molestia de pasar 
aliado izquierdo. -Ya tenéis 80 años, continuó 
el juez dirigiéndose á una octogenaria que Nega- 
ba, ¿qué habéis hecho en tan largo viaje duran- 
te la vida? 

— jÁh! muchas cosas que debiera haber evi- 
tado sin duda alguna , y ya estaba á punto de 
ar re pentirme cuando una muerte prematura.^. 
-Basta, basta, seguida la otra. Entonces vien- 
do á algunos pasos de alli una muger venera- 
ble, cuyas facciones aunque alteradas por la 
edad manifestaban la calma de una buena con- 
ciencia , la hizo la misma pregunta. u 

— Yo he sido la feliz esposa de un hombre de 
honor, al que he amado y honrado constante- 



(279) 

mente toda mi vida, respondió ella; he educado 
á mis hijos en el amor de la virtud , mi hijo 
primogénito es bendecido del pobre y respetado 
de cuantos le rodean, he visto pasar dias puros 
y serenos en el seno de mi familia, cuya felici- 
dad he aumentado. 

A una sonrisa aprobativa de Radamanto el 
genio que abría las puertas de marfil de la man- 
sión de los justos alargó la mano á la octogena- 
ria, cuyo rostro se volvió en él acto de una 
hermosura extraordinaria Al ver esta metamor- 
fosis, y deseando esperimentarla una joven se 
adelantó saliendo de entre la turba. 

— ¿Qué habéis hecho en los 20 anos que ha- 
béis estado en el mundo? preguntó el juez. -He 
recorrido los bailes y los espectáculos para ha- 
cerme admirar, contestó la joven atolondrada, 
y lo demás del tiempo lo he pasado delante de 
un espejo , ó haciendo cosméticos para conserva- 
ción del cutis. 

El guarda del erebo se la llevó sin ceremonias, 
y al momento se disiparon sus frescos colores, 
su frente se arrugó en tales términos que quedó 
horrible. 

Entonces oí un tropel de mugeres que se 
acercaba alegremente entre risas, canto y baile, 
deseaba ver el recibimiento que les hacian, te- 
jiéndome un poco que Radamanto habia de 
turbar su alegría; pero ellas metieron tanto rui- 
do que desperté. 




GEOGRAFÍA- 



/l/l/Wl/l/t 



Conclusión de las diferentes pattes del mundo. 



Lbok, que dio casi la vuelta entera á la z¿na 
glacial austral, no pudo penetrar en ninguna 
parte mas allá del grado 71 de latitud, y sola- 
mente en dos puntos logró llegar á esta altura. 
El inmenso cúmulo de los hielos del polo antar- 
tico se estiende hasta los 60 grados ; los enor- 
mes témpanos que se desprenden de muchos 
parajes , llegan hasta el grado 5o y á veces has- 
ta el 48 de latitud. Los hielos mas avanzados 
hacia ¿el ecuador se encuentran sobre los mares 




mas distantes de las tierras. Al mediodía del 
Grande-Occéano entre el cabo de Hornos y el 
cabo Sud de la Nueva-Zelandia, los hielos no 
entorpecen la navegación sino á la altura del 
círculo polar antartico: en esta latitud (i) al 
sur del referido cabo de Hornos es donde están 
los hielos fijos vistos por Davis. Cuando Cook 
llegó á los no grados de longitud occidental, 
avanzó hasta los 70 grados y 10 minutos de la- 
titud, en donde se vio detenido por llanuras y 
montañas de hielos : á los i^o grados de longi- 
tud occidental , entre los 63* y 68 grados de la- 
titud se abrió paso por entre innumerables islas 
de hielos. Al sur del occéano-indio una serie 
no interrumpida de estas islas se halla hacia el 
sexagésimo paralelo. En fin, al sur del occéano- 
atlántico, en donde los dos grandes continentes 
de África y América tienen las tierras mas 
avanzadas hacia el polo antartico, á los £o gra- 
dos de longitud oriental; Cook penetró hasta el 
grado 68 de latitud, y encontró llanuras de hie- 
los; desde^alli hasta la tierra de Sandwich há^- 
cia el trigésimo grado de longitud occidental, es 
decir, en el intervalo de 70 grados de longitud; 
Marión, Bouvet y otros navegantes han logra-* 
4o adelantarse hasta el grado 68 de latitud; pe- 
ro desde el i.° hasta el trigésimo de longitud 



(1) A los 70 grado* 30 minutos, y hacia los 80 grado» 
dé longitud occidental, 

16 



( *8^ 

oriental siempre 'se han visto detenidos por una 
barrera de islas y de vastas llanuras de hielos 
que obtruyen todo el espacio de mar compren- 
dido entre los paralelos 5o y 6o : al mediodía 
de la tierra de Sandwich, aunque mas allá del 
sexagésimo paralelo, las islas y las llanuras for- 
madas por los hielos, son mucho mas pe- 
queñas (i). 

El hombre ha podido sondear con mas resolu- 
ción y mejor éxito los misteriosos horrores del 
occéano antartico, que con los continentes veci- 
nos forma golfos profundos: uno de los 'pririci-* 
pales, el golfo de Arkangel ó mar Blanco, ha 



' (1) El capUan inglés tóeae, comandante del Bergantín 
¿Tilla, ha descubierto en 1§31 y 32 varias tierras hacía el po- 
lo austral, que según observó. forman parte de un vasto con- 
tinente ',' el cual se estiende desde los 47 grados 30 minutos de 
longitud oriental de Londres, hasta los 69 y 29 de longitud 
accidental. El 28 de febrero de 1831 hallándose á los 66 gra- 
dos y medio de latitud meridional, y á los 47% de longitud 
orientad de Londres, descubrió por primera vez una tierra á 
la que Hanoíó tierra de Endérby , y la observó todo el mes de 
marzo siguiente. Habiendo tenido que retirarse á la tierra de 
Yari-Difcmén , emprendió después un huevo viaje, y en el 15 
de febrero de 1832 estando á los 67 grados 15 minutos déla-* 
titud meridional y á los 69 \j 29 de longitud occidental de 
Londres descubrió otra tierra , á la que dio el nombre de isla 
Adelaida , y xlespues reconoció que estaba inmediata á otras 
tierras tiernas estension que se presume a£an parte del con- 
tinente austral. EÍ 21 de dicho mes desembarcó el capitán 
Biscoe en una espaciosa bahía de este continente , y tomó po- 
sesión en nombre del rey Guillermo IV, llamando á esta re- 
gión tierra de Grahan. De estos interesantes descubrimientos 
se ha dado cuenta á la sociedad Real de geografía de Lon- 
dres, (n. d*i r.) 



(i83) 
sido el teatro Je los primeros progresos del fco- 
mercio marítimo de los ingleséis, -que luego no? 
ha dejado de acrecentarse, y se manifiesta aun 
atorbicioso de conquistar después de haberlo in- 
vadido todo. Las islas horrorosas del Spitzerg 
que en este mar se adelantan mas allá de los 8c>' 
grados de latitud, han recibido colonias envia- 
das por compañías de comerciantes rusos; y al- 
gunos se han atrevido á pasar el invierno en es-< 
ta helada mansión para adquirir pieles. Al nor-> 
te de estas islas es por donde se ha logrado la 
mayor proximidad al polo. El capitán Phipps se, 
adelantó el 27 de julio de 1773 hasta mas allá 
del grupo de las islas nombrado las Siete-her-; 
manas (1), y por consiguiente á menos de 200 
leguas del polo; pero solo atravesando por entre y 
los hielos es como se ha podido llegar á este puíi-? 
to. Ellis los ha encontrado al este del cabo Fa- 
rewell , entre los paralelos 58 y 59; Forbisher 
á* los 62 grados sobre la costa del Labrador; el 
mismo Ellis en el mar de Hudson á los 63 gra- 
dos; Baffin en el mar que lleva so. hombre á los 
7-2 -y. 78 grados. Según Middleton la bahia dé l#; 
Repulsa lo mismo que él estrecho de Da vis i es- 
tán continuamente llenos de hielos. La islaBa- 
ren ó de los Osos á los 74 grados de latitud se 
halla rodeada de hielos flotantes ; estos obstru- 
yen las embocaduras de todos los ríos dejr Asia > 

■ ■ » 1 r - t . ■ r 1 .i 1 7 . , P ■■ n i t i ■ 

■ ■ ¡ - l ' ■ : I 

(2) A los 80 grádbsy i» tómuU* dfe-íalkwdi 



(«84 ) 

<ksde el Obyr-iíasta el Kovima. Beretitz ha en- 
contrado hieW flotantes á los 70 grados de la- 
titud cerca del estrecho de Waygatz, y hielos 
inmobles al este de dicho estrecho á los jj y 78 
grados de latitud. Entre el Spitzberg y la Nue- 
va-Zembla, se. estiende un vasto banco de hie- 
los también inmobles, reconocido por Wood; 
otro hay entre el Spitzberg y la Croenlandia, 
que los barcos de la pesca de la ballena encuen- 
tran constantemente á la altura de los 77 y 78 
grados , y aquellos pescadores le nombran Banco 

del Oeste. 

Según lo que acabamos de esponer es eviden- 
te que en el mar polar antartico el espacio in- 
vadido por los hielos es en superficie cinco ó seis 
vfeces mas estenso que la porción que ocupan al 
rededor del palo ártico. Dos causas concurren á 
producir este efecto ; la primera y la mas pode- i 
i&ifí es la porción de tierra que rodea el polo 
boreal, y en donde se fija y acumula mayor 
canti4ád de calórico; la? segunda es el de per- 
manecer el sol siete dias menos al año en el he- 
misferio austral que en el hemisferio boreal , se- 
gnn se ha observado ya hace bastantes siglos. 
* En el occéano antartico no se ha visto tierra 
susceptible de ser habitada ; en el occéano árti- 
co al contrario , ademas délos continentes que 
forman sus límites , se encuentra la vasta 
Groenlandia y el Spitzberg, que están frecuen- 
tadas"" por homhrés y por cuadrúpedos. Las is- 
las de Nueva-Sembla, aunque mas al sur que 



( i85 > 

el Spitzberg, parecen mas frías y mas exzmtzs 
de vejetaciófc: á la longitud de 1 4o grados ai 
éste enfrente del cabo de Sviatdi se han descu- 
bierto otras muchas tierras que son interesantes 
porque dan esperanza de poder llevar mas ade*- 
lante los límites de nuestros conocimientos : es- 
tas islas se han nombrado Pervoi y Utovol La 
tierra descubierta al norte de ellas por el mer- 
cader Liaikhof -, y que demasiado pomposa- 
mente se ha denominado Ñueva-Siberia , tiene 
montañas altas y dos manantiales de agua dul- 
ce, á los que se ha condecorado con los nom- 
bres de rios de Tzareva y Zumoveinaya: dícese 
que se ha encontrado en esta tierra marfil fósil 
y una marmita de cobre, lo que hace presumir 
que puede ser parte de un continente. Si se lo- 
gra llegar al polo boreal será por la Nueva-Si- 
beria, ó por el nordeste del Spitzberg, donde 
los holandeses pretenden haber visto una costa 
que señalan sobre sus mapas (i). 

Pero ¿quie'nes serán los que para tan atrevi- 
da empresa osarán arrostrar los peligros y ri- 
gores de aquellos climas para llegar aun punto 
del globo en donde no hay mas que un solodia 



( 1) El que mas ha avanzado navegando hacia el polo ár*^ 
tico ha sido el capitán inglés Parry , que en junio de 1827 pe- 
netró hasta los. 82 grados , 45 minutos y 15 segundos de latitud. 
Asi es, dice el' Diccionario geográfico Universal, que Parry 
llegó mas lejos que sus predecesores, á no ser que se de £4 á 
unas antiguas gacetas en las cuales se lee , <jue el capitán Wytt 
penetró en 1786 hasta el paralelo de los 89.° ($f. del T.) i{ 



, («86) 

y *nna solatrnoalie^n el año, y en donde el imán 
conductor ya no^pnedfc indicar ni el norte ni el 
sur ? ¿ Quie'a tendrá la rsuficienter intrepidez pa** 
¿ra< avanzar hasta en medio de áquellQs montes y 
dé aquellas pirámides de cristal* para plantar el 
pie;sobre las tierras en- que las escarchas amon- 
tonadas se confunden con las olas endurecidas 
por el frió: en doi$de las roca § se rompen y es- 
tallan con un ruido Semejante al ^el jrueno, so- 
Jo por la fuerza de los hielos interpuestos entre 
sus hendiduras? ¿;Quién no temerá esponerse á 
la oscuridad de aquella zona , en dpnde las lar r 
gas noches y las brumas ó nieblas negras y 
densas parecen que eternizan las tinieblas? Sin 
embargo, el disco plateado déla luna aclara 
por intervalos Isís sombras tenebrosas; la luz bo- 
real se derrama súbitamente como la de un vas- 
to incendio; ora salta como un conjunio de vo- 
ladores disparados á la vez; ora ondula á ma- 
nera de olas inflamadas, ó bien gira en forma 
de rápidos torbellinos: en la atmosfera todo está 
agitado, y sobre la tierra todo está inmóvil. Al«^ 
gunas vetes esta luz esparce sobre aquellas he- 
Jadas soledades, sobre aquellas nieves lejanas 
una claridad tenebrosa , un resplandor pálido, 
ttn color misterioso ,*un semidia mágico: el si- 
lencio mas absoluto reina en el espacio; sola- 
mente desde el fondo de la estension algunos 
ecos fúnebres y sordos repiten los roncos y sal- 
vages gemidos de las aves acuáticas, debilitadas 
por el frió , atormentadas por -el hambre y er- 



(i8 7 ) 
rantes en aquellos desiertos horribles Mas de 
pronto un súbito terror se apodera del atrevido 
viajero, óyese ün fuerte crujido; los montes 
de hielo se separan f se ajitan, se chocan, se 
quebrantan y puedan flotando y se dispersan en 
testos amenazadores; una muerte espantosa é 
inevitable parece que va á ser el ultimo térmi- 
no de los peligros que ha corrido, y de los su- 
frimientos que ha esperimentado ! 

De este modo el hombre ve cesar su impeV 
rió en las zonas -glaciales?" pero en las demás 
solo detienen su poderosa carrera las leyes qu£ 
rigen la metería , recorre el globo terrestre cor- 
ma su morada, y se señorea en él como en m 
dominio. La ambición, la mas insaciable dfe 
las pasiones , no ha permitido en tiempo algitr- 
«o que los límites de los estados y de los imr 
perios fuesen fijados por las divisiones físicas 
-que la naturaleza parece haber establecido en- 
tre los continentes,, las islas r y los diversos 
países que los compor,en k Sin hablar de los si- 
glos que han precedido á Alejandro, y cuya 
historia ríos es poco conocida r sabemos que ei 
conquistador macedemio había reunido en un 
sol6 impeVió grandes porciones del África % del 
Asia y dé la Europa; y que los griegos des- 
pués dé él tíéteítjaror^ largo tiempo sobre todos 
los pueblos situados entre el Nilo y el Oxus r 
entre el Danubio y el Indo.; Los romanos es- 
tendieron asimismo su vasto Imperio en las 
tres partes del antiguo mundo. Los árabes, 



(i88) 

después de Mahoma r reunieron también bajo 
una misma dominación el Tajo , el Nilo y el 
Eufrates: en; fin, los pueblos modernos de la 
Europa mezclan en sus divisiones políticas los 
tres mundos , las ocho partes del globo y los 
diversos occéanos. La inmensa Rusia reúne 
todo el oriente de la Europa y el norte del Asia, 
los otomanos reinan aun sobre las partes mas 
hermosas de la Europa , del Asia y» del África; 
sobre el Danubio , el Nilo y el Eufrates. La In- 
glaterra rige muchas y poderosas colonias si- 
tuadas en todas las partes del mundo; gobier- 
na eLIndostan, del que se ha apropiado mas de 
las tres quintas partes : es la potencia mas 
fuerte en Europa, por su influencia y sus ri- 
quezas, y en Asia solo cede á la China en 
cuanto al número de sus Subditos; pero escede 
en mucho á este grande imperio por la supe- 
rioridad de las fuerzas que m^nda* La España 
se esfuerza en mantener la dominación que ha 
ejercido durante algunos siglos en las dos Amé- 
ricas sobre los mas ricos paises de la tierra, 
y cuya estension. escede mucho á la que po- 
seen sus reyes en Europa. ( i ) El pequeño 
reino de Portugal reducido en el antiguo mun- 
do á estrechos límites , estiende también su 
dominación sobre una gran parte de la Amé- 
rica meridional. i 



(i)' fil autor «ftribia éüo hacia el año de 1816, (TV. del T.) 



< l8 9) 
La preponderancia comercial d política der 

ciertos países en diferentes épocas, ha produ- 
cido aquellaá famosas ciudades, fotos de civili- 
zación , en donde se reunían los pueblos , y 
que fueron como las capitales políticas y co- 
merciales de las diversas partes del mundo. 
Asi pues, durante el imperio de los asirios, 
Tebas y después Menfis, fueron las grandes 
capitales del África; Babilonia y luego Níni- 
ve, las capitales del Asia. Sardes, Tiro y Je- 
rusalen, se disputaron sucesivamente la pri- 
maria. Bajo el imperio de los persas Susa, 
Persépolis y Ecbatana suplantaron en Asia á 
Babilonia y Nínive; Cartago en África eclip- 
só á Menfis; y en Europa Siracusa, Rodas y 
Atenas brillaron casi al mismo tiempo. Las 
conquistas de Alejandro produjeron nuevas va- 
riaciones de esta especie; el pequeño puerto de 
Rhacotis se convirtió, bajo el nombre de Ale- 
jandría, no solamente en capital de toda el 
África sino también en la ciudad mas florecien- 
te del Mundp* Seleucia fue preferida á Babilo- 
nia, a Susa y á Persépolis ; y poco después jse 
elevó la gloria de Polibothra sobre las márge- 
nes del Ganges. 3No obstante el poder de los 
cartagineses se acrecentó al mismo tiempo el de- 
Ios- romanos. Roma, qae habia -llegado á ser la 
capital de Europa, lo fue también de todo el 
mundo civilizado después de haber destruido á 
Cartago La traslación de la metrópoli del im- 
perio romano á Bizancio , que tomó el nombre 



i 1 9°) 

de Constan tinoplá, convirtió desde luego ésta 
ciudad en la capital del Mundo ? y Roma eni-a- 
pézó á declinar. Ctesiphon edificada por los par* 
los junto á las ruinas de Seleucia, llegó á ser 
la capital del Asia central; pero luego fue poco 
á poco abandonada y se dio la preferencia á 
Pagdad, qué se hábia construido á poca dis*- 
tancia de los muros de aquella: Bagdad bajo el 
imperio de los califas fue no solamente la ca- 
pital del Asia, sino la de las tres partes del 
antiguo Mundo, y adquirióla preeminencia que 
habla poseído en otro tiempo Babilonia, Ale^ 
jandría y Roma. Alejandría declinó rápidamen- 
te y el Cairo r poco distante de la antigua Men- 
fis , fue á su vez la capital del África. En Eu- 
ropa no fueron las capitales de los estados mas 
poderosos, pero sí las de las repúblicas comer- 
ciantes tales como Venecia, Florencia, Ham- 
hurgo y Amberes, las que adquirieron desde lue- 
go el mayor esplendor. Roma convertida en ca- 
pital del mundo cristiano* pudo no obstante 
luchar contra todas las causas de su decadencia 
Las conquistas dje Jengis-Khan y de Tamer- 
lan dieron lugar á dos nuevos centros de reu- 
nión, á dois nuevas capitales, Samarcanda y 
Cambelech ó Pekín: la priftiera- deeayó rápi- 
damente, la segunda no ha cesado de acrecen- 
tarse. Bajo el reinado de Gha-Abbasv y duran- 
te los tiempos nías florecientes de la Persia, 
Yspahan y Chiraz, antiguamente lugares os- 
curos, sustituyeron como capitales á Babilo- 






nia, á Nínivey á Seleticia, á Ctesifon y á 
Bagdad. 

En. nuestros tiempos modernos París, Lon- 
dres y Consta nt inopia pueden* considerarse co- 
mo las capitales de la Europa ? la última de es- 
tas ciudades tiene también dos arrabales en Asia 
y como el imperio, cqya metrópoli es, pertene- 
ce á estas dos partes del antiguo mundo. Calcu- 
ta, Pekin y Cantón son tas capitales del Asia 
oriental.! El Cairo aunque ha perdido mucho de 
su antiguo esplendor , es aun la \sola capital "del 
África. Tombuctu ,que en el centro parece ser 
un gran punto dé reuoion, y adonde concurren 
^s cara bañas deoéasi todas las partes de este vasto 
continente, solo se conoce por las relacionen ée 
ios mercaderes que el deseo de comerciar ha 
conducido alli (i). Méjico; Nueva-York y Fi- 
lad el fia son las tres ciudades principales déla 
América septentrional: En la meridional hay 
pocas ciudades considerables^ pero Quito y Lio- 
rna al oeste , el Potosí en el centro , S. Salvador, 
Rio- Janeiro y Büenos^Aires al esté, pueden con- 
siderarse como cabezas de los países respectivos 
en que se hallan colocadas; por lo menos son 
las ciudades mas notables de esta parle del 



(1) Én febrero dé 1828 el viajero francés x Mr. A- Caitté 
llegó á la ciudad de Tombuctü en io; interior del África /y á 
su regreso á Francia á fines del mismo ano recibió el premio 
que la sociedad de geografía de París había prometido al pri- 
mero qué llégase á ella. (IV. del T.) 



Nuevonmundo* No puede existir centro cons- 
tante de reuniones entre pueblos no civilizados; 
per¿ Pucrto-Jackson sobre la costa oriental de 
la Notásia, parece destinado para ser un dia la 
capital del Mundo marítimo, si la civilización 
hace progresos en esta grande división del globo. 

Qtro& puntos hay que parece pertenecen me- 
nos á las regiones en que se encuentran, que á 
las diferentes naciones que profesan la misma 
religión, y a las que una devoción particular 
conduce á ellos: se los pudiera nombrar capita- 
les eclesiásticas de la tierra. Estos parajes recla- 
man nuestra atención, pues tienen grande in*- 
- fluencia sobre los progresos de la civilización, 
del comercio y de los descubrimientos geográfi- 
cos: tales eran entre los antiguos Pesin un tes, 
Belfos y el templo de Júpiter Ammon en una de 
las Oasis del Egipto; tales son aun hoy la Meca 
y Medina en la Arabia; Jerusalen en la Siria; 
JBenarés en la India ; Lassa en el Tibet , donde 
reside el gran Lama; Bagdad , donde tos suce- 
sores de Mahoma fijaron su residencia: en fin, 
; Roma, cuyo soberano es el gefe de la religión 
católica. El Nuevo-Mundo y el Mundo maríti- 
imo no tienen estos lugares venerados, y estd 
solo basta para probar que la civilización es re- 
ciente en estas partes de la tierra, puesto que 
ú ningún paraje de ellas se dirijen tales refcuer- 
dosr, cuyo origen se pierde en la noche de los 
tiempos. 

Ei imperio ruso en Europa y en Asia; el 



imperio español en la América meridional, y 
en la septentrional (i), son los doá unas vastos; 
pero no los mas poblados del globo. El primero 
se estiende desde el Niemen hasta la estremidad 
Kamtchatka, y abraza de este á oeste 160 gra- 
dos de longitud; pero bajo un paralelo medio, 
cuyos grados son de 3o millas, 6 de la mitad de 
los de un círculo máximo. El imperio espa- 
ñol en ambas Américas se estieíidé de sur á 
norte desde el fuerte Maulin sobre las ¿oslas de 
Chile, enfrente del archipiélago de Chiloe hasta 
la misión de S. Francisco en la "Nueva-Cal ifor- 
nia: está comprendido énire los 42 grados de la- 
titud austral y los 38 de latitud boreal: loque 
forma una estension de 80 grados de un círcu- 
lo máximo, é igual de norte á sur á la de la 
Rusia de oeste á este. Pero el imperro Chino 
que cuenta 80 grados de longitud , ó cérea dé Go 
grados de un círculo máximo en está dirección, 
y 35 grados de norte á sur; es de todos los im- 
perios que existen actualmente sobre la tierra el 
que contiene mas población, y tambieri el solo 
cuyo gobierno ejerce una autoridad reconocida 
sin oposición sobre tan vasta estension de terri- 
torio ; pues una porción de los países que perte- 
necen á la España en el Nuevo-Muñdo está 
realmente en poder de los salvajes, y muchas 
tribus del norte del Asia no están enteramente 
sometidas á la Rusia. 



- 



(I ) Véase la nota de la página 45, (N, del T.) 



(*90 

De los baños y su utilidad. 



La esperiencia de muchos siglos nos mues- 
tra que los baños son indispensables á la con- 
servación de la salud. El ejemplo de los anti- 
guos que tenian baños públicos y particulares, 
la costumbre de bañarse casi generalmente adop- 
tada en oriente que está fundada en la religión; 
y la política, costumbre que en los pueblos aun 
no civilizados, ha degenerado én necesidad to- 
do lo que han dicho y dicen los médicos de las 
ventajas de los banfos frios debian ser para no- 
sotros razonéis p^dero^as que nos indujesen á 
adoptar su práctica, (i) 

Uri motivo muy poderoso en favor d$ los 
>años es la salud que no puede conservarse sin 
nnai gran limpieza. Escuchemos sobre este asun- 
to á un médico celebre. 

"Mientras gozamos de salud, nuestro cuerpo 
evapora una sustancia viscosa qpe S£ pega á Ia r> 
piel y que reunida al polvq en Jos, sitios que 
estafa al descubierto produce la grasa. Es cons- 
tante que las partes del cuerpo que están al 
descubierto esperimentan mayor transpiración 



— 



Es muy interesante cuanto dice acerca de la antigüedad 
nulidad y necesidad de Tos baños generales. La Gaceta Medica" 
de Madrid del 27 efe Junio dé 1835. ' 



que ras que no lo están. Los vgstidos no impi- 
den que el polvo penetre hasta la piel ; pero es- 
tos mismos vestidos gastados por el movimiento 
y frote continuo depositan sobre la piel un pol- 
villo que reunido i la transpiración forma una 
costra sobre el cuerpo. Rcsulí* de aqui que el 
rostro, cuello 7 manos y todo el cuerpo están 
cubiertos de una grasa densa que detiene la 
transpiración cerrando los poros. Para remediar 
esje iacon veniente es preciso bañarse de con- 
tinuo. ■* 

Está demostrado que gran parte de las en- 
fermedades provienen de la falta de limpieza y 
transpiración detenida , que es la consecuencia 
inmediata. Se evitarían muchos males á la hu- 
manidad, introduciendo los baños en las fami^ 
lias y propagándolos por medio de estableci- 
mientos públicos. Los baños fríos son uno de 
los medios esenciales de una buena educación 
física, y los creemos casi indispensables en las 
escuelas publicas y colegios par típula res. Tal vez 
nos dirán que no en todos lugares puede hatfer 
%ños por la falta de agualde vigilancia &c. 
pejro todas estas ^objecciones solo sirven para 
manifestar que no hay una voluntad bien deci- 
dida, y que saqada la enseñanza se consideran 
las demás p4f t$g j<je la educación CQC* una indi- 
ferencia verdaderamente vituperable. La venta-, 
ja- que resultaría á la juventud de los baños 
Crios es indudable Aum$ntaaja¿ íuerza muscu- 
lar , endurecen el cuerpo contra el frió, acos- 



tumbrati la piel á la influencia del aire y faro** 
recen la transpiración. Templan también en los 
grandes calores el ardor de la sangre y la hacen 
circular mas libremente. 

He aqui las precauciones que es preciso ob- 
servar bañándose. 

I o . El agua de rio es preferible á la de los 
estanques porque es mas agradable. 

2 o . Es bueno bañarse por la mañana tem- 
prano y nunca inmediatamente después de ha- 
ber comido. 

* 3°. Se tendrá cuidado de que los jóvenes no 
entren en el agua hasta que se hayan refrescado 
comp'etamcnte. 

4°. Se les hará que entren dé un brinco en 
el agua para que se mojen por igual, sin esta 
precaución la sangre se le subirla á la cabeza. 
Los que no puedan hacerlo asi que se mojen la 
cabeza antes de entrar. 

5 o . Cinco ó diez minutos bastan para re- 
frescar el cuerpo y fortificar los nervios. 

6 o . No hay que privarse de la ventaja de 
los baños por temor de las toses y resfriados 
porque estos accidentes serán muy raros en los 
jóvenes que se acostumbren al agua fría. 

7°. Asi que se salga del agua se secará bien 
el cuerpo vistiéndose en seguida. Es bueno dar 
un paseito después del baño. 

8 o . Para bañarse no se tendrá mas ropa que 
anos calzoncillos de tela que bajen hasta medio 
muslo. 



Hif aqui lo que temamos qrxe decir de la uti? 
lidad y efectos saludables de los baños, 
i 

-. 

t * * -- • > - 

Diferentes modos de nadar. 



Las personas que no.. -saben nadar deben en- 
trar en el agua con dulzura y precaución. Si¿ 
frialdad nos incomoda en efecto en la primera 
entrada y aun en medio de; las calores del es^io. 
Es preciso acostumbrarse insensiblemente y 
vencer por grados la e$pecie : de terror insepara- 
ble del primer estremecimiento que causa la 
frialdad del agua. Xa prudencia exige que al 
principio se tome un gnia esperimentado y bar 
bil que indique los principios mas seguros y 
advierta al mismo tiempo los peligros qqe hay 
*jue evitar. Lo primeco debe ¿reconocerse cuida- 
dosa mente el sitio en que se da la lección. To- 
mada esta precaución > debe entrarse en el agua 
sin temor, tenderse -suavemente boca. abajo pe- 
ro con la cabeza y cuello erguido, el pecho ba- 
rcia delante y la espalda un poco encorvada, re- 
stírense las piernas? qué $u peso retiene en el 
-fondo del agua , estiéndaRse sobre la superficie, 
adelántense los brazos estendiéndolos, apariári- 
-dolos y juntándolos sucesivamente hacia el pe- 
rcho $in mucha precipitación En este estado .se 
camina con valentía ayudado de }os jpíes^y #%• 

17 



(198) 

iros y desechando el temor qáe es el mayor obs- 
táculo de los nadadores. Cuando se quiere apren- 
der á nadar sin maestro, se puede echar mano 
. de un haz de juncos , vejigas ó calabazas llenas 

de viento. v ■'"',' 

Para nadar sobre la espalda es preciso ten- 
derse dulcemente asi que se haya entrado en el 
agua. Se levantará en seguida ekpecho sobre la 
superficie teniendo siempre el cuerpo tendido 
en la misma línea , se apoyarán las manos sobre 
%l bajo vietítre se estenderán y retirarán suce- 
sivamente las p>iértí&s*>de modo que no disten 
mas de dos pies de la superficie del agua y em- 
pujándbte asi háéia atrás se puede ir á todas 
partes sin fatiga. Si S#quierte mudarle posición 
volviéndose sobre Ú? vientre se dejará quieta 
una* de las piernas y cw la otra se abrazará el 
agua dé ál rededor y asi se puede volverle de- 
recha á izquierda ó dq izquierda á derecha. 

Uño de Ids métodos mas antiguos y mas sen- 
cillos dé nadares marchar con las manos juntas. 
Es preciso llevar siempre las manos juntas coa 
los pulgares aparentes fuera del agua acercán- 
dolas y alejándolas sucesivamente del pecha 
Hay otros muchos modos de moverse en el agua 
que libran al nadador de muchos peligros reales 
y multiplicados, y le bacen evitar otros defur 
nestas consecuencias. Gon la práctica de este 
medio es cómo los nadadores se libran fácil*, 
menté de las yerbas y cuerpos flotantes que tan 
ámenado les tienden lazQS mortales. Gontrayen- 



1*99) 
do asi la costumbre de moverse en todos senti- 
dos se consigue socorrer prontamente á los que 
van á morir ahogados* Es precisa tener cuidado 
al nadar de que et movimiento de las manos 
coincida exactamente con el de los pies. Se acer- 
can primero las manos hacia la barba , á en se- 
guida se adelantan haciéndoles describirup se-? 
micírculo á derecha é izquierda y vplviendo la 
palma de la mano hacia afuera. Tocante á los 
pies se acercan primero teniéndolos b¡en juntos, 
en seguida se estienden empujando el agua á 
derecha é izquierda y se adelanta asi. El que 
conoce bien estos movimientos y los ejecuta á 
un tiempo puede aventurarse sin temor. en las 
aguas mas profundas. Un buen nadador no debe 
sacar fuera del agua mas que la cabeza. 

Seria ventajosa ensenar á los jóvenes á nadar 
vestidos. A veces nos hallamos espuestos á caer 
vestidos en el agua como sucede en un naufra- 
gio. Cuando vemos á un infeliz, que se ahoga no 
perdemos un tiempo preciosa en desnudarnos, 
no consideramos mas que el peligro y nos pre- 
cipitamos al agua por salvarle la vida. Hasta un 
buen nadador que no hubiese aprendido á nadar 
vestido perecería infaliblemente y can él la víc- 
tima que quisiese arrancar de los brazos de la 
muerte. La utilidad de saber nadar vestido es 
tal que no necesita recomendación. Se tendría 
cuidado de calcular el pesa de la ropa , cuando 
esté mojada, y de proporcionarla á la edad y 
fuerza del nadador. Se sabe que el paño y lana 



ádquiéréft úíi 'pesó considerable dentro del agua. 
A &hé modo úú nad^r se junta naturalmente 
él modd dé calarse á fondo que es indispensable 
ál qtüf se entrega á este ejercicio. Se cree común- 
méilfe que el hombre se va al fondo , pero esta 
opinión es falsa. Es preciso para conseguirlo que 
fcl nadador mas diestro emplee todos sus medios. 
Esto es tan cierto que en Asia y África los que 
pescan las perlas se atan una pied/a bajo del 
cuerpo y otra á un pie * á fin de poder bajar 
mas fácilmente al fondo del mar. Para calarse á 
fondo , puesto de pies el nadador se encorvará 
fijando* lá barba en el pecho y la estremidad de 
la cabeza que mire al agua , llevando las manos 
juntas delante de la cabeza. Si en este estado se 
precipita en el agua cabeza abajo llegará pron- 
tamente al fondo, observando solamente rete- 
ner la respiración cuanto se pueda, y no perder 
de vista la luz. Contra mayor sea la profundi- 
dad del agua, mejor para el nadador. Otro rao- 
áo hay mas útil pero mas -difícil que consiste en 
saltar al agua desde una altura dada. Para este 
efecto es preciso tener juntas las manos á la al- 
tura de la barba para poder dividir la columna 
de aire y agua en que ke va á precipitar. Cuí- 
dese también de llevar los pies juntos, pues 
sinVstl precaución se corre mucho peligro. Se 
puede saltar desde una altura de diez ó quince 
pies con tal que el agua tenga la misma profun- 
didad. El modo dé nadar debajo del agua no tie- 
tie dificultad y se ejecuta como encima , y es 



(api) 
preciso acostumbrarse á retener el aliento por 
cinco ó diez minutos. Para sulfir se da una fuer- 
te sacudida a todo el cuerpo empujando con los 
pies las aguas inferiores y trayendo con las ma- 
nos las superiores. 

Estamos muy lejos de haber indicado todos 
los medios posibles de nadar, pero nos hemos 
detenido en lo que es fácil de aprender é indis- 
pensable saber para procurarse el saludable ejer- 
cicio de la natación; librarse de un peligro y 
socorrer á los que la inesperiencia ó la temeri- 
dad esponen con tanta frecuencia. 




($02) 

EL PORTICI 

Seria insuficiente demostrar la utilidad de los 
La nos y del ejercicio de la natación sino hubiese 
un local competente en que la juventud apren- 
diese esle ejercicio. Ya en otros países hay esta- 
blecidas escuetas de natación > en las que la ju- 
ventud se ejercita bajo la dirección de maestros 
hábiles, y son conocidas las ventajas que estas 
escuelas han acarreado á la humanidad y á la 
educación fisica de la juventud. Nosotros que 
hasta la presente carecíamos de un estableci- 
miento de esta clase, le vemos ya planteado en 
la parte inferior del Soto de Migas Calientes á 
orillas del Manzanares. D. Casimiro Monier, 
avecindado hace largo tiempo en esta corte, en 
la que se ha dado á conocer ctoi útilísimas em- 
presas, ha acometido esta nueva, y con permiso 
de la autoridad y con el nombre de Pártici ha 
fundado wxñ establecimiento naciente aun, pero 
en *¿t que intenta realizar poco á poco un vasto 
y útilísimo plan. 

Si se considera como establecimiento de re- 
creo, su situación á la fresca orilla del rio con 
sombrías arboledas, jardín, fonda, eafé, casa 
de vacas , con varios juegos que se irán estable- 
ciendo pueden contribuir mucho al recreo del 
publico, quien para transportarse á aquel puntó 



(*o3) 
tiene siempre corriente el servifcio de diligencias. 
Mas considerando^ por las utilidades que pre- 
senta , que es lo mas análoga á nuestro objeto, 
se trata de establecer una escuela de natación 
con todos los requisitos necesarios y secciones, 
eh las que esté graduada h profundidad del 
agua, todo en una estension de 120 pies de lar- 
go sobre 4 o de ancho. Estará rodeada de una 
galeria con sus correspondientes gabinetes para 
los nadadores, y están tomadas las medidas pa- 
ra que reine el orden , la urbanidad y la de- 
cencia. La sala de correajes, medios preservati- 
vos , dirección y socorros se dispondrán con ar- 
reglo al método seguido en la escuela de nata- 
ción de París. 

i Ademas de la escuela de natación habrá ba- 
ños de diversas clases; para personas fie ambos 
sexos con las debidas separaciones, y algunos 
gabinetes particulares para personas que deseen 
bañarse absolutamente solas: baños frios y ca- 
lientes y chorros' también de ambas, clases,; aguas 
minerales artificiales y baños de llavia artificial^ 
todo lo cual reunido á la situación y^ amenidad 
contribuirá eficazmente al alivio de los enfermos. 




MOSAICO. 



Margarita Cutting, de edad de a4 a «os 
que vivia en 1748 en Wikham-Market pro- 
vincia de Suffolk, hablaba fácil e' inteligi- 
blemente aunque había perdido la lengua de un 
cáncer á la edad de cuatro años. Había nacido 
enTurn- Al en 1718, y cuando hicieron la am- 
putación de la lengua dijo distintamente al verte 
en un plato. — "No se asuste usted mamá que, 
ella volverá á crecer." — Muchos testigos irre- 
cusables é instruidos en anatomía atestiguan* 
que Margarita Cutting no tenia vestigio de len-, 
gua y á pesar de eso articulaba y pronunciaba 
todas las palabras posibles. 



'■ No hay que poner en ridiculo las opiniones 
respetadas, porque se ofende á sos partidarios 
sin poder confundirlos. o 



El Me'dico Brelincotfrt en su tratado de las 
viruelas , ficé que una muchacha de ocho años, 
á quien esta horrible enferfiiedad había hecho 
perder la lengua , habló lo mismo que antes y 
cita en testimonio á toda la facultad de Saumur. 



,1 " ■■ , 



ARTUR DE BRETAÑA. 



Una apacible noche del mes de Abril del año 
de iao3, se dejo caer el puente levadizo de la 
torre de Rouen á orillas del Sena, para dar 
paso á una tropa de archeros ingleses que escol- 
taban á un prisionero enmascarado y conduci- 
do por un escudero del rey Juan sin Tierra. To- 
davía brillaban algunas teas en los barcos que 
habían traído hasta la torre al prisionero y su 
escolta; pero bien pronto desaparecieron por 
entre las sinuosidades de la orilla quedándose 
todo en la mas profunda oscuridad. El puente 
levadizo se levantó á impulso de las cadenas con 
tuido siniestro , el ruido de los pasos se perdió 
entre los largos corredores de la torre y solo se 
oia el ruido de las olas que chocaban contra, los 
cimientos del edificio. 

Entretanto en lo interior de la torre un ru- * 
bio joven de quince años, ojos azules y serenos, 
rostro melancólico y una cicatriz en la frente, 
subía tristemente por la escalera que guiaba al 
mas lóbrego calabozo de aquella cárcel. Llevaba 
jpuesto un sobretodo forrado de pieles y una 
gorrita de terciopelo que retenia apenas sus lar- 
gos cabellos. Su rostro flaco , cabeza inclinada y 



< ao ?> 

cuerpo agobiado como sí fuese un anciano da- 
ban á entender que aquel joven había sufrido 
muchos padecimientos y la pesadumbre atroz 
de la cautividad. A veces miraba á sus carcele- 
ros pero á vista de sus aguzadas alabardas y de 
su feroz fisonomía, subia mas aprisa y sus me- 
jillas se cubrían de lágrimas; tanto era su ter- 
ror. Al ver los miro$ de su. prisión se sintió 
¿asaltado de un terrible presentimiento y arro- 
dillándose en medio del calabozo pronuncio una 
plegaria al Ser Eterno con voz ja q lastimera 
que hasta los mismos guardas |£ conmovieron. 
Este joven era Artur de Jkeíana, sobrinp 
del rey dé Inglaterra y legítimo heredero de es- 
ta corona. Juan sin Tierra , su tio y usurpador 
de sus derechos sostenía wa larga y encarnizar 
da guerra contra Felipa Augusto Rey de Fran- 
cia que se había declarado por Artur y quería 
casarle con su hija María. Artur despojado 
por su tio no solamente ds la corona de Ingla- 
terra^ sino también del datado de Briaga se ha?- 
bia coqfiado á la generosidad de Felipe Augusto, 
llamando á las, armas á sus fieles bretones Es^- 
tos resuelto^ á aventurar cil último esfuerzo pa- 
ra vengará su joven soberano , corrieron á reu^ 
nirsc á su bandera y eljley de Francia prpr 
clamó á Artur conde de Poitou. Perp el nuevo 
conde tenia que conquistar esta provincia , que 
asi como la Bretaña estaba en poder de los In- 
gleses. A pesar desús cortos años, Artur uno 
délos príncipes mas valientes de su tiempo no 



(*°7> 
perdió el ánimo. A la cabeza de los Bretones y 

Potevinos, marchó en busca de los ingleses y 
sitió á Mírabeau plaza situada á algunas leguas 
de Poitiers. Se apoderó de la plaza pero la 
ciudadela dentro de la cual se hallaba Eleonora 
de Aquitania madre de Juan sin Tierra , muger 
de un carácter resuelto, cerró las puertas al 
vencedor. Las tropas de Artur esperaban una 
ocasión favorable para sorprender la ciudadela 
cuando se supo que Juan sin Tierra volaba át 
socorro de Eleonora. Por medio de una marcha 
forzada se presentó de improviso a las puertas 
de Mirabeau, Artur no titubeó en presentar la 
batalla. Admirad esta resolución amigos mios; 
Artur no tenia mas que quince años; pero com- 
batía por sus derechos usurpados y esto comu- 
nica mucha fuerza. 

Todo el entusiasmo del jóyen Arlur no pudo 
vencer su fatal destino. Después de una san- 
grienta lucha en la que desplegó todo el talento 
y sangre fría de un consumado capitán , vino á 
caer en manos de su tío. Por entre los cuerpos 
muertos de sus fieles vasallos le abrieron un ca- 
mino hast£ la tienda de Juan sin Tierra á la que 
llegó todo ensangrentado para recibir los insul- 
tos del Monjarca ingles. Enfurecido este por la 
resistencia de Artur y de su ejército mandó 
trasladar veinte y dosrde Iss señores prisioneros 
al castillo de Corf en Ijjglajterra y los sentenció 
a morir de hambre. Tocante ásu sobrino le en - 
Wró en la prisión de Falaise, pero como esta 



(*o8) 

noble ciudad na convenia para la ejecución de 
los proyectos de venganza qae meditaba contra 
Artur le hizo trasladar á la torre de Rouen co- 
mo una víctima que llevan ál matadero. 

Al otro dia al romper el alba el puente leva- 
dizo se volvió a bajar, pero esta vez el joven y 
desgraciado, Artur no era el que entraba: el mis- 
mo Rey de Inglaterra desembarcaba al pie de 
la torre. Venia por el rio una barca adornada cotí 
tapetes encardados, en la que tremolaba la ban-' 
dera del Leopardo, y conducida rápidamente por 
remeros con uniforme y anillos de hierro en las 
muñecas en señal de su servidumbre. Bajo el 
pa vellón que ocupaba la estremidad posteKor 
de la barca, se distinguía un caballero de pie 
derecho, ihmóvil y sin apartar un instante la 
vista de la torre adonde se dirigía la barca. Al 
llegar a la orilla él viajero salto ligeramente á 
tierra , un ruidd prolongado de bocina resonó 
en la torre y el estandarte de Inglaterra se des- 
plegó para, saludar al caballero desconocido. Es- 
te era Juan sin Tierra asi llamado porque ^su 
padre Enrique II no le había dejado patrimonio 
y por tenerle venia a asesinar á su sobrino. 

Apenas el Rey de Inglaterra se habia insta- 
lado en la gran sala de la torre cuando hizo lla- 
mar á los gefes de la guarnición sus mas fami- 
liares y adictos. Después de haberles pintado las 
guerras y calamidades que habia acarreado á I* 
Bretaña las pretensiones de Artur i la corona, 
bncluyopor declarar que solo la muerte de su 



•obrino podia poner término á ellas, y preguntó 
bruscamente á los oficiales quien se encargaba de 
dar muerte al conde de Poitoa. Nadie respon- 
dió. El asesinato de un niño cuyo crimen era 
reclamar como un hombre espada en mano la 
herencia de su padre contra un usurpador y in- 
dignó á los caballeros ingleses que ^negaron suu 
espada para un asesinato. 

Entre tanto el joven príncipe bajo los cerro- 
jos de.su prisión, fatigado por el viaje dormía 
y soñaba con los desagradables acontecimientos 
de su cansada vida. Parecíale á veces que se ha- 
llaba en las llanuras de la Bretaña donde había 
pasado su infancia adorado de los Bretones que 
le habian bautizado con el nombre de Artur. 
Otras que se hallaba á orillas de la mar ma- 
nejando la lanza y cantando los antiguos roman- 
ces de Gambrie. Otras veces luciendo su caballo 
y armadura en un torneo de la corte de Felipe 
Augusto. Estos recuerdos le consolaron tanto 
que al dispertar casi admiró su calabozo y unos 
rayos de sol qtte entraban á visitarle por entre 
los hierros de la ventana. - 

A la noche siguiente y á cosa de las dos de 
la mañana, la barca del Re^ apareció á los pies 
de la torre y en una ensenada donde era difícil 
descubrirla. Se abrió una poterna y á la sola 
luz de una tea tres personas entraron «ilencio- 
samente en la barca. Juan sin Ticrra¡, un arche- 
ro y el preso. El archero llevaba una soga y 
una piedra, el Rey Juan un puñal Esperarua 



que ana nube que pasaba ocultase iá claridad 
de la lurfo y entonces Juáñ sin tierra tolvie'n** 
dose hacia su soBriho le hundid por dos vece* 
el p ufíal en él serio. ™ M Dios mió j ** esclamó 
Ártú'r al caer á fierra. Todavía restpiraba pero 
el árchero sin hacer caso le ato la soga al cuello 
y le arrojo al rio. El Rey tdvo fija la vista lar- 
go tiempo en el sitio en que habia desaparecido 
su sobria y solo di& vuelta á la torré cuando 
se cercioró que no volvería i presentarse» 




EDUCACIÓN- 

Beberes de las madreé "y las nodrizas. 

«La ternura paternal es una pasión tan ciega 
como las ciernas, y és preciso dirigirla porque 
ejerce su acción en seres débiles y su reacción 
cti otros? más débiles todavía. ¿Qué puede espe- 
rarse de una jd vén educada por principios en. 
una completa ignorancia de los deberes que tiene* 
que llenar un año después de la boda? ¿No se ven 
muchas todos los diasque reuniendo á cuali- 
dades esenciales talentos agradables * traducen, 
pintan, cantan y bailan á maravilla y no saben 
como hacer para acallar los gritos de su recien 
nacido? Sin embarga, una cucharada de aceite 
de almendras dulces bastaría para cal mar esta 
dolencia; pero se teme iniciarlas en esta ciencia 
vulgar porque no tengan cierta aire falso de es— 
periencia y se sacrifica el deber mas sagrado, el 
interés de una madre, la vida de un niño á va- 
nas consideraciones, á una ignorancia estúpida 
que nada tiene de común con la verdadera ino- 
cencia.. A menos de ser la mayor de una nu mo- 
rosa familia y haber observado cuidadosamente 
la conducta de nodrizas y niñeras con sus her-* 



manos , la nueva madre ignora de ordinario có- 
mo debe tener ó colocar á su niño para evitar 
que se ahogue, y no sabe distinguir el grito del 
hambre de el del dolor. 

Todo es misterio para ella en esta ciencia co- 
mún á todos los animales. Nunca ha previsto 
los peligros y los socorros que exigen; su ins- 
tinto maternal patalizado por la educación no 
sabe guiarla. Somete la vida de su niño á las 
preocupaciones de una comadre, al dictamen de 
un médico que le suele ver lo mas diez minutos 
al dia. ; 

Sobre si las madres deben 6 no criar á sus 
hijos hay que responder con distinción. Regu- 
larmente aquella que tiene una complexión mas 
débil es la que mas se obstina en desempeñar 
bien ó mal sus funciones de nodriza. Si los do- 
lores de pecho , conmociones* multiplicadas ó 
ataques de nervios agotan su leche, entonces 
echa mano de una cabra ó de urja baca, sin 
pensar que este medio bueno para continuar 
una nutrición ya adelantada suele ser fatal en 
los recien nacidos. El estómago se altera con las 
indigestiones y la criatura va decayendo; en- 
tonces se conoce que solo una leche mas ligera 
puede restablecerla; pero la madre apasionada á 
quien su ternura la ciega no consiente en ceder 
s\x niño al pecho de una desconocida. Su digni- 
dad maternal se resiente si una nodriza partici- 
pa de las caricias y sonrisas qne á-clla se le de- 
ben. Entre tanto él marasmo se aumenta y la 



(a.3) 

imprudente madre implora el socorro que ha 
rehusado, mas ya es tarde. So^o de su desespera- 
ción aprende el verdadero deber de una madre. 
No se crea por esto qae condenamos el deseo 
tan natural en las madres jóvenes de criar por 
sí mismas á sus hijos: la ¡ey de naturaleza debe 
en esto seguirse de preferencia , pero, es casi im- 
posible volver de buena gana a la ley de la na- 
turaleza cuando se ha estado sometido por mu- 
cho tiempo á las de la sociedad. El lujo en la 
alta clase, las privaciones en la clase pobre, la 
necesidad de habitar en los barrios mas popu- 
losos y de sacrificarlo todo al interés del co- 
mercio en la clase media, son obstáculos igu* ! - 
mente contrarios ai cumplimiento del mas dul- 
ce deber de las mugeres. Lo mismo compromete 
la existencia de su recien nacido la que le abri- 
ga en un mísero caramanchón, que la que le ha- 
ce vivir entre éter y agua de colonia. A la al- 
deana robusta es á la que pertenece llenar este 
deber, con felicidad, á ella se debe confiar el in- 
terés mas querido de una joven y delicada ma- 
dre debilitada por el aire impuro y costumbres 
de la corte. Pero si es señora de distinción no 
puede tolerar que el heredero de su noble fami- 
lia vaya á habitar una rustica choza , y se deci- 
de á toda costa á atraer la nodriza y establecerla 
en su casa. Al principio todas so n delicias para la 
nodriza campestre , mas bien pronto el recuerdo 
de su aldea, de su familia , de su marido cuya 
infidelidad recela viene á entristecer sus dia¿ y 



y, r 



( »4 ) 

sus noche s. Se inquietan por ella, se redoblan 
las atenciones, la ofrecen los manjares mas su- 
culentos para reanimar sq apetito, y este escesa 
de complacencia és lo que acaba de ponerla 
mala; el cambio de régimen , los alimentos sus- 
tanciosos que han reemplazado á las legumbres 
y pan moreno, enardecen su sangre, agotan su 
leche; los médicos declaran que está acometida 
del mal del páis, y es preciso buscar otra ama, 
esponiendo ai niño al grave inconveniente de 
mudar de ama precisamente cuando empieza la 
dentición. 

La madre de clase media que confia sü cria-* 
tura á la muger de un artesano, tampoco halla 
ventaja alguna , porqué su hijo no se vigorizará 
con el aire puro del campo sentado sobre la are- 
na á la yerba florida , sino que respirará un 
aire fétido sentado en un estrecho corredor ó 
misera vivienda dé uno de los arrabales de la 
poblacioii* 

Al aconsejar á las madrea colocadas en estas 
dos categorías un sacrificio dofóf oso cuya estén- 
sion conocemos, ilustrándolas sobre sus verda- 
deros intereses y demostrando la ventaja de ele- 
gir para él niño criado en la corte una robusta 
muger criada fuera de ella, tampoco queremos 
disimular á las amas de cria, los severos debe- 
res que Se imponen. La nodriza aceptando aquel 
¿apasito sagrado se obliga á darle la preferencia 
«obre todos sus sentimientos, placeres y ocupa- 
ciones que pudieran distraerle de él. La menor 



(á«5) 

infracción á la promesa que ha hecho de pror- 
tegerle de todos los males y riesgos que amena- 
zan á la niñea es no solamente una falta sino 
un crimen , un crimen de que le pedirán cuen- 
ta eternamente la voz. del cielo y los gritos de 
una madre. 

Asi aconsejamos vivamente á las mugeres 
que no se hallen capaces de esta vocación ma- 
ternal , que induce á querer al niño como si fue- 
se suyo propio, que no se comprometan á de- 
sempeñar este difícil encargo. Ni su honradez 
ni su conciencia serian suficientes á reprimir los 
movimientos de impaciencia causados por la 
vocinglera obstinación de la criatura , por el 
suplicio de un sueno sin cesar interrumpido y 
Otras incomodidades no muy fáciles de sufrir* 

Felizmente para la humanidad , el cielo ha 
puesto esta virtud en primera línea en el cora- 
ion de las mugeres, aun aquellas en quienes la 
prostitución d la vanidad mas corruptora todavía 
han ahogado los nobles sentimientos, todavía 
conservan el germen de este amor maternal que 
les hace cuidar de sus hijos y proteger con bon- 
dad geuerosa á los que los adoptan. Indepen- 
dientemente de los vínculos que unen á la no- 
driza con el sÉr que vive de su leche, la fortu- 
na que le debe y la que espera de él son oíros 
tantos garantes de su fervor en criarle. ¿Qué 
porvenir mas seguro que el de la buena nodriza 
i quien debemos la salud y tal vez la vida ? Una 
aodriza de esta clase suele llegar i ser la direc- 



<*i6) 

tora de ana íamiiia y de los intereses domésti- 
cos, la enfermera de la casa , la protectora de 
los pobres á quienes podemos socorrer, la con- 
fidenta de nuestros hijos , la que los riñe y la 
que pide perdón por ellos, en fin es una auto- 
ridad íntima que solo se hace sentir para el 
bien común, que manda por los recuerdos y á 
la que todo el mundo obedece porque esta obe- 
diencia va fundada en el amor. 

Se ha establecido por cierto que el cariño de 
las madres era mucho mayor con los niños que 
habian criado á sus pechos que con los que ha- 
bían confiado á una nodriza. Esto podrá suce- 
der en los primeros años del niño , pero la indi-r 
ferencia se desvanece bien pronto á la primera 
enfermedad que al niño 5obreviene. En general 
no es contra la frialdad; de las madres contri* la 
*jue hay que declamar; es tan fugitiva y tan 
rara pero es preciso alarmarse contra el escesó 
dé $u debilidad porque de ella resultan Iqs 
males que ejercen mas influencia en ei orden 
social. - 













¿LOS CUATRO ENRIQUES. 



En la selva de S. Germán había una mise- 
rable cabana Jhabitada por ana vieja tenida en 
el pais por hechicera. Una noche que llovía á 
cántaros llamaron á su puerta; la buena vieja 
abrió y vio á un caballero que la pedia un asilo. 
Puso su caballo en el establo y mandó entrar 
ál caballero notando de paso á la humeante luz . 
del candil su juventud y su rico vestido. Inme- 
diatamente encendió lumbre y preguntó al gen- 
til hombre si quería tomar alguna cosa. Un es- 
tómago de diez y seis años como un corazón de 
la misma edad es siempre voraz y poco escru- 
puloso; por lo que aceptó una raja de queso y 
un mendrugo de pan: únicas provisiones que 
había en el arca dé la vieja. 

El caballero s©~ acercó á la mesa para co- 
mer; pero se detuvo al oir daban nuevos gol- 
pes á la puerta. La vieja abrió y se presentó 
otro caballero calado de agua y pidiendo hos- 



piialidad. Asi que esta le fue concedida j en- 
tró. --¿Sois vos Enrique? dijo el uno — Sí 
Enriqpe, respondió el otro. 

Los dos se .llamaban Enrique > los dos eran 
caballeros y segün la vieja pudo saber pertene^ 
cian á una gran partida de caza dirigida por 
el Rey Carlos IX que había sido desbaratada 
por la tempestad. 

— "Vieja V dijo el último que había entrado, 
¿no tienes otra cosa que darnos? — Nadabas* 
respondió ella. 

— Entonces , dijo él, partiremos. El primer 
Enrique puso mala cara; pero al ver loa ojos 
resueltos y la prestancia nerviosa del segundo, 
dijo con voz apesadumbrada.— Partamos. "€¡o* 
mo quien dice" partamos no sea que se lo He- 
ve todo. 

Se sentaron uno en frente de otro y ya uno 
de ellos iba á cortar el pan con su daga cuando 
volvieron á llamar á la puerta. El encuentra 
era singular: era otro caballero* otro joven, otra 
Enrique. La vieja se quedó mirándolos sor-» 
prendida. El primer Enrique quiso ocultar el 
queso y el pan debajo de la mesa. El segundo 
Jds volvió ú poner etirimaí colocando ¡á espada 
al lado. El tercer Enrique se sonriyó. 

— '¿No queréis darme nada de vuestra cena? 
dijo , pues bien , esperare' f tengo el estómago 
fuerte. 

— La cena, dijo el primer Enrique, pertenece 
de derecho al primero que tomó posesión» 



—La cena, dijo el segundo, pertenece al que 
mejor sepa defenderla. 

El tercer Enrique se puso encarnado de có- 
lera y dijo fieramente; "tal vez pertenezca al 
que mejor sepa conquistarla." 

Apenas habian pronunciado estas palabras, 
cuando el primer Enrique sacó su puñal y los 
otros dos tiraron de sus espadas. Ya iban á ve- 
nir á las manos cuando llaman á la puerta por 
cuarta vez y por cuarta vez se presenta un ca- 
ballero , un joven, y un Enrique. Al ver las 
espadas desnudas saca la suya se pone al lado 
del mas débil y acomete sin saber lo que se ha- 
ce. La vieja se esconde asustada y las espadas 
van destrozando cuanto encuentran a su alcan- 
ce. El candil cae, se apaga y todos pelean á os- 
curas. El ruido de las aru.as duró algún tiem- 
po, después se f\ie amortiguando y al fin cesó del 
todo. Entonces la vieja se atrevió á salir de su 
madriguera , encendió el candil y vio á los cua- 
tro jóvenes heridos y tendidos por el suelo. Exa- 
minó Jas heridas que no eran cosa de cuidado y 
mas bien se habian dejado caer de fatiga que 
por pedida de la sangre. Se fueron levantando 
uno á uno y avergonzados de lo que acababan 
de hacer dijero§, — " Vaya cenemos en amor y 
compañía sin rencor algunQ. " 

Pero la cena estaba por el suelo toda pisotea- 
da é inundada de sangre. Entonces echaron bien 
de menos aquellos manjares ppr mezquinos que 
eran. Por otro lado la cabana estaba hecha tri- 



(á2o) 

zas y la vieja sentada en un rincón, fijaba sus 
ojos desencajados en los cuatro mancebos. 

¿Por qué nos miras asi? preguntó el primer 
Enrique á quien no gustaban estas miradas. 
Miro vuestros destinos escritos en vuestra fren- 
te: respondió la vieja. El segundo Enrique man- 
dó que se los manifestase, y apoyando esta idea 
los demás , la vieja habló en estos términos. 

Conforme os habéis reunido los cuatro en está 
cabana , os veréis reunidos bajo el peso de una 
misma calamidad. Conforme habéis pisoteado y 
teñido de sangre el pan que la hospitalidad os 
presenta, hollareis y ensangrentareis el poder 
que pudierais repartir entre vosotros. Conformé 
habéis desvastado y empobrecido esta choza mi- 
serable, devastarais y empobreceréis la Francia. 
Conforme los cuatro habéis sido heridos á oscu- 
ras, pereceréis todos cuatro á traición y de 
muerte violenta! 

Los cuatro mancebos no pudieron menos dé 
reirse de las predicciones de la vieja. Estos cua- 
tro jóvenes fueron los cuatro héroes de la liga, 
dos como sus gefes y Hos como enemigos. 

Enrique de Conde envenenado en S. Juan 
de Angely por su mugef. 

Enrique de Guisa, asesinado en Blois por 
los cuarenta y cinco. 

Enrique dé Valois (Enrique III) asesinado 
por Jacobo Clemente en S. Cloud. 

Enrique de Borbon (Enrique IV) asesinado 
tú París por Rávaillac; 




DE LOS SUEÑOS. 



1) 



La teoría de la» facultades del alma será una 
Verdadera ciencia , cuando los hechos sobre que 
descama, observados con exactitud, hubieren 
sido registrados y clasificados con cuidado. La 
acción de esta fuerza , durante el sueño de los 
órganos que la sirven y de la voluntad que la 
dirige, es sobre toda digna de observarse, por-* 
que entonces obedece solamente á las leyes de la 
naturaleza. Asi el Phsicologo no debe descui- 
dar el estadio de los sueños , si quiere conocer 
la naturaleza del principio qtie los produce. El 
Doctor Abercrombie, en sus Investigaciones 
sobre la Inteligencia , cita muchos hechos estraor- 
dinarios cuya realidad garantiza. 

Ún sacerdote venido de un pueblo cercano á 
Edimburgo, pasaba alli la noche en una posa- 
da. Alli durante su sueño se le figuró que ardia 
su casa y que uno de sus hijos corría peligro de 
muerte. Inmediatamente se levanta y apresara 

x8 



(223) 

á dejar la ciudad. Apenas había salido de los 
muros, divisa sa casa ardiendo y llega á tiem- 
po de salvar a uno de sus hijos de tierna edad 
que en el desorden eausado por el incendio , se 
habia dejado én medio de las llamas. 

Un presidente del Parlamento de Tolosa, 
volviendo de París á sus hogares , se vio obli- 
gado por mv accidente á detenerse en la posada 
de un pueblo. Por la noche se le aparece un 
viejo: Yo soy, dice la sombra pálida y sangrien*- 
ta, el padre del dueño actual de esta casa: mi 
hijo me ha asesinado ; mi cuerpo desci^artizado 
ha sido enterrado por este malvado en mi jar- 
dih. Descubre el crimen , denuncia al culpable 
y véngame. Lá nombra desaparece* El magistra- 
do asustado étift este sueño que sin embargo 
atribuia á los vapores del mismo, se levantó 
temprano, habla con su joven huésped y le 
interroga diestramente sobre la enfermedad y 
muerte de su padre : la turbación del parricida 
le vende. El Presidente finge que no lo hecha 
de ver, supone iin negocio , sale, va á busear al 
pe? y la gendar&iléria , cavan en el sitio desig- 
nado y encuentra» al cadáver: convencido el 
asesino declara su crimen, es entregado á los 
tribunales y sufre su castigo. 

Un propietario de la ciudad de Benfeldon 
(Bajo Rip) cuyas posesiones se hallan á poca 
distancia de dicha ciudad, creyó ver en sueños, 
el ano de 1819 á un general romano, declararle 
bu nombre y contarle la batalla que &e habia 



<" 3 > 

dado en aquel sitio y su muerte. Cavad, dijo la 
fantasea ; cavad en vuestro jardín y encontra- 
reis mis huesos y mis armas. " El nombre del 
mismo general hallado exactamente en las anti- 
güedades de Alsacia, inspira al propietario la 
idea de verificar su sueño. Sin embargo esta 
empresa no se realizó y al año siguiente el mis- 
mo dia volvió á aparecer la fantasma y repitió 
sus instancias, en vista de lo cual cavaron y ha- 
llaron cuanto se había indicado. 

Una señora del pueblo de Issenheim soñó en 
1 834 que ardia su casa de campo y avisó á su 
marido en medio de la noche. Un cuarto de 
hora después llamando fuertemente á la ven- 
tana vinieron á dar parte del incendio. El ma-* 
rido ya desvelado por los temores de su esposa 
saltó al instante de la cama, y llegando antes 
que tomasen cuerpo las llamas consiguió librar 
la vida á un pobre criado que hubiera perecido 
si tardan cinco minutos. 

La víspera del dia^en que Enrique II pereció 
en un torneo, Catalina su esposa le suplicó que 
no entrase en la liza porque le ha bia visto en 
sueños pálido y cubierto de sangre. 

Un mes antes del parricidio de Ravaillac, la 
Reina Me'dicis soñó queestaba inundada en sangre 
y despertó dando un fuerte grito. Preguntándola 
Enrique IV la causa de su espanto le contestó 
habla soñado que le asesinaban. Enrique demasia- 
do crédulo por su desgracia se riyó de la visión 
diciendo que los sueños no eran mas que mentiras. 



(«O 

Una de mis vecinal escribe Mr. de Segar, 
me contaba hace poco que estando malo*su hijo 
había experimentado todas las alarmas y ago- 
nías que solo puede sentir y espresar el mas 
tierno y verdadero de los amores; el amor ma- 
ternal. Babia pasado días y noches sin descanso 
y sin sueño hasta que al fin el niño se pone 
mejor, los accidentes fcesan y le declaran fuera 
de peligro. Mr. M*** cediendo á las vivas 
instancias de su familia y de sus amigos , con- 
sintió en acostarse y se durmió apaciblemen- 
te. De improvisa y á la media noche creyó ver 
junto á su lecho á su médico que la llama y la 
dice. " ¿Qué hacéis desgraciada madre ? dormís 
y vuestro hijo se muere. Al oir estas palabras 
«alta de la cama dando un penetrante alharido 
y corre prici pitada mente al aposento que habia 
dejado antes con tanta seguridad ; llama suspi- 
rando á la nodriza y esta muger que estaba 
acostada 1 la pregunta el motivo de su espanto: 
" Vuestro hijo, la dice, está quieto descansando 
sobré mi seno." Estas palabras no pueden so- 
segar á una madre aun turbada con tan hor- 
rible sueño; toma una luz se aproxima á la 
criatura; su palidez, la contracción de sus fac- 
ciones , sus ojos vueltos y fijos redoblan su ter- 
ror, le arranca de los brazos de la nodriza 7 se 
¿ienta , procura en vano reanimarle y darle ca- 
lor: el infeliz muere sobre su regazo. 

Cambisés turbado por un sueño decretó la 
muerte de su hermano, i quien creia haber 



(a 3 5) 

visto sentado en el trono. Nadie ignora los sue- 
ños de Faraón ni de Nabucodonosor , ni los de 
Bruto al que un espectro se apareció dos veces 
para profetizarle su derrota y su, muerte. Sila 
tituveaba marchar contra Roma y fue anima- 
do en un sueño ; asi los tiranos sueñan de no- 
che con la sangre que han de derramar de dia. 

El doctor Abercrombie refiere también el su- 
ceso de un cajero de una de las principales ca- 
sas de comercio de Glascou , que no pudierulo 
establecer la balanza de sus cuentas por mas 
que meditaba y se fatigaba, lo consiguió al fin 
por medio de un sueño que le reveló una in- 
discreccion cometida ya hacia nueve meses. El 
mismo incrédulo Voltaire tenia algún respeto 
á los sueños, le parecían el origen sencillo y 
natural de las primeras predicciones y le acon- 
teció soñando componer versos y recitar uir 
canto entero de la Henriada diferente de los 
conocidos. 

Lo que alimenta y alimentará siempre la 
credulidad es la curiosidad del porvenir, y esta 
inina inagotable hará la fortuna de loa charla- 
tanes de toda especie. En todos tiempos han 
sido estimados los astrónomos que estudian ta 
marcha de los cuerpos celes tes, pero han sido 
mejor pagados los astrónomos que los hacían 
hablar y adivinar. Otra causa entretiene la fe 
del vulgo en las aparicionesiy oráculos de sue- 
ños. Mi! de estas predicciones salen falsas y ai 
instante se olvidan ; pero se verifica una sola y 



(326) 

queda impresa en la memoria y grababa en la 
imaginación; en vano la razón trabaja en bor- 



rarla. 



LAS DOS MADRES, 



..» « ♦ )»- 



Es un delicioso lagar Saumur con sus casitas 
blancas y encarnadas, las floridas colinas al pie 
de las cuales está situada, y el Loire que ondea 
*¡n medio de e'l como un azulado chai sobre el 
blanco cuello de una joven. Mas ¡ah! este nue- 
vo Edén tiene como otras ciudades sus inconve- 
nientes de civilización, una prisión y un subpre- 
fecto , una sociedad literaria y un hospital de lo- 
cos: ¡sí, un hospital de locos! Subiendo por la 
orilla izquierda del Loire y llegando á la estre- 
midad de la población , trepando por un rápido 
sendero se llega í la cima de las rocas, en cuyos 
lados hay chozas guarnecidas de grandes verjas 
de madera. AUi es. 

En el momento en que con todas las poten- 
cias del alma se admira la bella campiña que se 
entiende desde Tours á Angers , aquella natura- 
leza verde y fértil , aquella corriente limpia y 
magest liosa que baña y atraviesa aquella bri- 
llante vejetacion , de repente se oyen risas estú- 
pidas y gritos de í#bia que recuerdan el objeto 
con que se ha llegado hasta alli. Entonces se re- 
nuncia con sentimiento á la dulzura de la coa- 



(«7> 

templacion, y es preciso renunciar porqué no se 

puede gozar de ella al lado de tanta infelicidad. 

Un dia que me paseaba contemplando aquella 
humanidad decaída, venia. en pos de mi una se- 
ñora acompañada de su marido y llevando una 
niña de la mano. Llegamos todos á un mismo 
tiempo delante de una joven que estaba en un 
patio amarrada á un pilar con una cadena de 
hierro. Sus ojos azules tenían tanta dulzura , sa 
blanco rostro tanto atractivo, y sus rubios cabe- 
llos caían con tanta gracia sobre su cuello des- 
nudo que daba lástima el verla. ¡Ademas se co-> 
nocía que había llorado tanto! ¡Oh! yo aseguro 
que aquella horrible cadena de hierro que la ce- 
Sjia el cuerpo y marcaba su delicada piel me pa- 
reció muy pasada. 

Yo pregunte á la hermana conversa que me 
guiaba quién era aquella joven y por qué se 
ejercía con ella tanto rigor. —Respondió bajan- 
do los ojos y poniéndose colorada*-- Es María, 
una trabajadora de la ciudad que ha sucumbido 
á las tentaciones del demonio; su seductor la 
abandonó y al cabo de dos años perdió una ni- 
ña que había tenido de él.... Esta perdida la ha 
conducido á este hospital y se la sujeta porque 
tiene ratos muy malos. ti 

La buena hermana calló y he&ó la cruz de su 
rosario á fin de que Dios la perdonase el haber- 
se detenido tanto tiempo en un asunto tan 
profano. 

Yo estaba mirando aquella infeliz entregado 



(2*8) 

á mis reflexiones , cuando de repente la veo lan- 
zarse cuanto lo permitía su larga cadena, pillar 
la niña que llevaba su madre de la mano , es- 
trecharla en sus brazos y llevársela rápida como 
tín relámpago hacia su banco de piedra. La ma- 
dre lanzó un grito lastimoso y se precipitó sobre 
la loca que la rechazó brutalmente. 

~ Es mi hijav esclamaba* María.... Ella es.... 
Dios me la vuelve! ¡Bendito sea Dios! y salta- 
ba de alegria colmando á la niña de caricias. 

El padre quería arrancársela por fuerza pero 
la religiosa le detuvo vivamente á fin de evitar 
una desgracia, rogándole que la dejase á ella 
maniobrar , y llegándose á Maria la dijo: —Pe- 
ro esa no es tu bija ; sino se le parece siquiera. 

¡Qqé no es mi hija, Dios mió! Mira herma- 
na Marta , mirk ¡su boca, sus ojos... ¡es un vivo 
retrato de su padre! Yo la conozco muy bien. 
Ha bajado del cielo.... ¡Qué linda.... qué bonita 
es mi hija í y al decir esto la mecia para acallar 
su llanto. 

Etretanto daba lástima ver á la verdadera 
madre que seguía con ansiedad todos los movi- 
mientos de la loca, y lloraba ó reia, según que 
Maria adelantaba la niña hacia la hermana ó 
la retiraba hacia sí. 

Prestadme un momento vuestra hija que voy 
averia, dijo entonces la buena hermana. 

¡Prestárosla! ¡Oh! eso no, respondió Maria. 
La primera vez el señor cura también me dijo 
que se la prestase á Dios que tema necesidad de 



angelitos, y ha estado seis meses sin volvérme- 
la.... Ya no la prestaré mas... no, no.... Ante?? 
la mataría y guardaria sa cuerpo ... y al decir 
ésto hacia ademan de estrellarla centra la 
pared. t 

La madre pálida é inanimada cayó desfallecida 
sobre sus rodillas y con amargos suspiros pedia 
á la loca que la volviese su hija y no la hicies^ 
mal. Mariana la miraba siquiera, tan ocupada, 
se hallaba en mecer y acariciar á su niña. El 
padre fuera de sí habia ido á buscar al director 
de la casa. 

Entonces hubiera sido difícil decir cual era 
la verdadera loca, ó la madre que pedia á voces 
su hija, ó Maria que reía á carcajadas presen- 
tando á la niña su enjuto pechp. 

Se determinó no emplear la fuerza, dejar que 
Maria entrase en su choza y aprovecharse de su 
sueño para quitarla su presi. La loca entró, 
preparó in un lado de su colchón uo$ especie de 
cunita con parte de su ropa , mientras que la 
verdadera madre con el rostro pegado á las bar- 
ras de la cabana expiaba en la oscuridad con sus 
ojos brillantes y despavoridos todos los movi- 
mientos de la loca. Esta reclinó dulcemente á la 
niña, la meció cantándolas tiernas copüías con 
trémula voz, y al fin se durmió á su lado. En- 
tonces el guarda entra á paso acelerado en la 
cabana, coje rápidamente lupina y la Coloca en 
brazos de su madre que lanftun grito salidode! 
corazón y huye á todo correr con su preciosa carga* 



(*3o) 

A este grito Maria se despierta, no siente na- 
da á su lado , corre á las verjas , quiere en vano 
forzarlas, ruge viendo que le llevan la nina co- 
mo uní hiena i quien han robado sus hijuelos, 
y cae tendida en el suelo. 

¡Estaba muerta!... ¡No pudo resistir á mm 
segunda prueba ! 




EL ANCIANO RELIGIOSO 

Ó JiA NOCHE DE VEÍUNO, 



A "a caída de una hermosa tarde de verano fa** 
tigado por el calor salí á tomar un poco el frés~ 
co. El sol encendido abandonaba el horizonte , y 
las sombras bajando de las montañas se estén- 
dian por la pradera. Bien pronto perdí de vista 
la choza que habito é insensiblemente me iba 
internando en la campiña. Los pastores volvían 
con sus rebaños por todas partes, tocando la 
flauta y el caramillo; los bueyes volvían de la 
labor á paso tardo. Es tan dulce encontrarse so- 
lo en unos sitios que se aman y abandonarse á 
sus recuerdos, que iba prolongando mi paseo sin 
notar que la noche reinaba ya hacia tiempo; 
pero lejos de espantarme me pareció interesante. 
(Qué delicioso es gozar del espectáculo de una 
buena noche! 

El aire era puro, el cielo no estaba oscurecí- 
do*por nube alguna, brillantes estrellas embelle-* 
cian su bóveda azulada, un hermoso claro de 
luna esparcido por todas partes daba nuevo en- 
canto á los objetos campesires. Esta media lu$, 
esta claridad incierta, mezclada a lo lejos con l<* 



\ 



(232) 

sóiñbra de los buques y las colinas inspiraba 
una dulce melancolía. Todo reposaba en la na- 
turaleza ; apenas se oía el mormullo del débil ar- 
royuelo que regaba la pradera. Aquella "calma 
universal, aquel vasto silencio, enternecían mi 
alma y la penetraba de sentimiento^ augustos y 
religiosos. 

Me detuve delante de un espacioso lago , tra- 
vado como un hielo y sombreado por álamos y 
£auces entre los cuales se percibían algunas ca- 
banas solitarias. Con que entusiasma y á favor 
de los argentados rayos del astro de la noche con- 
templaba yo la magnífica bóveda celeste repro- 
ducida toda entera en aquella planicie de agua: 
Jos árboles que parecían prolongarse y huir, y 
«us hojas que agitaba el fresco viento, flotantes 
también y agitadas én el fiel espejo de las aguas. 

Fui á sentarme en un bosquecillo próximo 
para contemplar á gusto tantas maravillas, y ya 
Ine entregaba á las meditaciones que puede ins- 
pirar tan dulce espectáculo, cuando el sonido 
de una voz vino á sacarme de mi enagenamien- 
to. La voz no me parecía muy distante, y apar- 
tando silenciosamente las espesas ramas que me 
cercaban pude distinguir no lejos de mí un 
hombre de edad avanzada. Su cabeza casi calva, 
su rostro noble y sereno, su barba blanqueada 
por los años, todo infundía un santo respeto. Es- 
taba de rodillas bajo una encina cujo tronco 
vencedor del tiempo*, todavía producía ramas 
vigorosas. Hablaba vivamente con los ojos levan- 



(^38) 
fados al cielo. Escuché en silencio y oí esta ora- 
cion llena de magestad y afecto de un corado» 
poseído de la divinidad que invocaba. 

ft O tu padre dé los hombres cuya" existencia* 
grandeza, y poder infinito manifiesta toda la na- 
turaleza ; desde lo alto del sublime trono rodea- 
do de innumerables corqs de espíritus puros que 
sin cesar celebran con harpas melodiosas tus 
divinas alabanzas, dígnate escuchar por un mo- 
mento á un débil mortal y recibir su homena- 
ge. En el silencio de la noche elevo mi voz para 
adorar á. esta inteligencia eterna que rae ha sa- 
cado de la nada. 

El universo, gran Dios es tu templo. Los cie- 
los inmensos alumbrados de dia por el sol res- 
plandeciente y sembrados de noche de brillan- 
tes estrellas son la bóveda de este templo mag- 
nífico, y el hombre inocente es el sacerdote. 

"¡Oh cómo es que los insensatos mortales 
han podido desconocer esta sabiduría visible, 
universal, que gobierna el* -mundo» con tanta 
brillantez ! ¡ Cómo al aspecto de aquellos globos 
radiantes que giran sobre las nubes de los pro- 
fundos mares que rodean la tierra y hacen co- 
municarse á las naciones, de los tesoros repar- 
tidos con tanta profusión en la superficie y eh 
las entrañas de la tierra! ¡cómo rodeados de tan- 
tos prodigios , han podido olvidar á su autor! 

"Yo te bendigo, ¡Dios Supremo! por haber 
querido que naciese en los campos lejos de las 
¿iudades corrompidas y haber alejado de mi co- 



< a34) „ 

razón la ambición y el orgullo: gracias á tu pa-* 
terpal bondad, gozo ya hace un siglo de los úni- 
cos verdaderos bienes de la vida , la paz del al- 
ma y una feliz medianía. Nunca has cesado 
de prodigarme los dones de tu amor ; mis últi- 
mos dias tódavia han sido señalados por tus be- 
neficios; abundantes cosechas llenan mis grane- 
ros, tú riegas mis prados, tú das fecundidad á 
mis rebaños, tú fertilizas mis viñedos, tu mano 
cubre mis árboles de flores y frutas nurtca aes^- 
truidas por ei viento Austro , ni el Auster bor- 
rascoso. 

"Para colmo de felicidad, tú me has conser- 
vado mi apacible compañera y nuestros dos hijos 
cuyas gracias hacen la delicia de nuestros úl ti-* 
mos dias. ¡ Dios mió ! no tengo mas que desear 
que el morir antes de ellos. 

* Lo conozco : ya llego al te'rmino de mi car- 
rera; bien pronto iré á mezclar mis cenizas con 
las de mis padres; cuando haya bajado al sepul-* 
ero protector de mi larga vida, entonces te en- 
comiendo inis hijos; ten piedad de su tierna 
madre y cuida desde lo alto de los cielos de per- 
sonas tan amables ; ¡ ph Dios mió no las aban-» 
dones jamás ! " ^ 

Al concluir esta plegaria, sus ojos se llenaron 
de lágrimas , profundos suspiros se exhalaban de 
su corazón y respiraba apenas. A iní me pareció 
entonces que un no se que de divino brillaba en 
la frente de aquel anciano venerable. Se levan- 
tó con paso tranquilo y se retiró á su habitación 



(»35) 

donde aun le oí algún tiempo bendecir al Ser 
Supremo. 

Entretanto la brillante aurora: se dispbtna á 
abrir la$ puertas del cielo; los pajarillos empe- 
zaban á trinar volando entre los frondosos árbo- 
les; ya los conejos saliendo d& sus madriguera* 
corrian por la pradera y rolan "la yerba hume- 
decida, por el rocío, mientras q^e la zorra perse- 
guía por el bosque á la liebre azorada. Ya el 
diligepte labrador uncia á su arado los bueyes 
mugidores y las ovejas saliendo en tropel del es* 
tablo se esparcian por la campiña balando y se- 
guida de los perros que ladraban y de pastores 
cantando rústicas canciones. El sol cubierta la 
frente de rubies y rayos dorados salía del seno 
de las ondas y lanzaba sus primeros fuegos; mé 
levante' conmovido y entusiasmado con lo que 
acababa de ver y de escuchar f y me volví tran- 
quilamente á mi morada campestre. 




DESCRIPCIÓN DEL ESCORIAL. 



ARTICULO III. 

i . 

Las Bibliotecas. 

La Biblioteca principal está situada en la facha- 
da principal del edificio por la parte del poniea- 
te y corre de Norte á Sur en upa estension de 
ciento noventa y cuatro pies de largo por trein- 
ta y seis de alto Este magnífico salón está pin-* 
tadoal fresco por Peregrin de Peregrini ó Tibal- 
dí el que con acertada distribución supo repre- 
sentar las ciencias y las artes coa sus atributos 
y emblemas correspondientes. Personificándolas 
también en las bóvedas, con los hombres mas 
distinguidos en ellas, y ademas multitud de figu- 
ras diversamente escorzadas y otros adornos. En 
las paredes que sostienen las bóvedas hay y arias 
pinturas al fresco alusivas á la composición ge- 
neral y ejecutadas elegantemente por Bartolomé 
Ca i ducho. La estantería que corre todo al rede- 
dor del salón es de nogal, cedro, caoba, ácana 
y otras maderas finas , fue ejecutada por José 
Flecha bajo la dirección del mismo Herrera, ar- 
quitecto de! edificio. En ella se conservan como 
uíios veinte y cuatro mil volúmenes encuader- 



nados con esmero, la mayor parte en tafilete 
con cantos dorados por lo que están puestos en 
los estantes con las hojas hacia fuera y en m 
canto dorado escrito el título del libro. En un 
armarito aparte se conserva%d¿f crentes obras 
preciosas por su antigüedad y rareza , como son 
libros escritos en el Papirus Egipcio , otros de 
dibujos y antigüedades, devocionarios de Car- 
los I y Felipe II con viñetas y miniaturas es- 
quisitas. Un ejemplar, del. Coran- escrito con su- 
ma limpieza é igualdad de la letra y con dife- 
rentes orlas arabescas al rededor de los caracte- 
res. Un Apocalipsi en el que todas las revelacio- 
nes y misterios están representados envínelas 
y membretes de miniatura trabajados con aque- 
lla proligidad y esmero que solo se encuentra en 
obras de esta clase, tiene ademas sus orlas en 
la vitela y se cree tiene mas de cuatrocientos 
anos de antigüedad. También se conserva y en- 
seña como una preciosidad el famoso Códice 
láureo mandado escribir por el Emperador Con- 
rado, poseído después por varios soberanos has- 
ta que habiendo llegado á poder de Felipe II lo 
destinó á esta Biblioteca. Todas las hojas de este 
libro son de vitela y adornadas con cenefas , le- 
tras y dibujos de un realce y lujo estraordinario, 
contiene los cuatro evangelios llevando al frente 
los retratos de sus respectivos evangelistas ; las 
epístolas de S. Gerónimo y los cánones de Eu- 
sebio Cesariense, pasando la antigüedad de este 
Códice 1 de mas de setecientos ochenta años. 

*9 



( 2 38) 

Sobre esta misma sala y en el piso segundo 
se halla otra de igual estension que es la Biblio- 
teca de manuscritos. Éstos pasan de cuatro mil 
habiendo entre ellos algunos muy preciosos en 
latín , griego , hebreo , y árabe. Biblias antiquí- 
simas, los Codi^s Emiliano, Vigiliano, y Ará- 
bigo ; diferentes obras de los Santos Padres co- 
mo S. Gregorio, Atanasio, Basilio, Grisóstomo 
y otros muchos v con otras obras inéditas de 
mucho mérito.. En la sala d camarín de las re- 
liquias se conserva también un tomo de las 
obras de Santa Teresa escrito de la misma ma- 
no de la Santa , y por eso le citamos aqui. Los 
manuscritos están contenidos en estantes que 
figuran maderas finas , unas verjas situadas en 
medio de la piexa sirven para separar los mas 
preciosos. Sobre los estantes hay una colección 
de cuarenta y ocho cuadros que representan 
hombres celebres de la nación española. El mo- 
netario , alhajas , un precioso templete y un mag- 
nífico retrato de Felipe IV á caballo que ador- 
naban esta Biblioteca han desaparecido, lo mis- 
mo que algunos libros en las vicisitudes que ha 
sufrido; pero particularmente en el incendio 
acaecido en el ano de 167 1. 

La librería del coro tajnbieii es preciosa, está 
colocada con simetría en estantes apropósito, y 
todos los libros son iguales de dos varas de an- 
cho por mas de cinco cuartas de alto, las hojas 
son de pergamino blanco por ambas caras, sien- 
do notables la limpieza y gallardía de la letra. 




VIAJES DE IMAGINACIÓN. 
wwwv 



Un medio muy conveniente para que los niños 
adelantasen en el estudio de la Geografía des- 
pués de que tuviesen ya impresos en la imagi- 
nación los límites y la configuración de todas las 
paites del mundo, seria el hacerles viajar con la 
imaginación sobre los mismos mapas , haciéndo- 
les recorrer sucesivamente las partes del mundo 
y comparando las relacione* que tienen entre sí. 

Se puede hacer un viaje de imaginación por 
las costas , los cabos, las cadenas de montañas, 
por los lagos y los rios , sin omitir las ciudades 
que bañan en su curso ó en su desembocadura 
los golfos , las bahias , que seria preciso compa- 
rar con las otras partes de la tierra para formar 
un todo ; ocupándose mas particularmente de es- 
tas útiles relaciones, estudiando la Hidrografía y 
los rainos que de ella dependen. 

Otro viaje puede hacerse por las ciudades mas 
célebres por su población, su magnificencia , su 
hermosura, su comercio ó su industria, ó por 
las ciudades mas famosas por sus sociedades li-^ 



terarias, su academias, universidades, por sus 
monumentos artísticos y plazas fuertes. 

Otro viaje seria por las islas, porque como 
las principales partes del occéano pueden divi- 
dirse por bandas pueden hacerse diversas trave- 
sías por mar, observando antes de todo las esta- 
ciones en que conviene embarcarse ó hallarse en 
tal o tal paraje, Las costas, peñascos y bajíos pe- 
ligrosos que es preciso evitar; la variedad de es- 
taciones , de vientos y de climas que es preciso 
presentir para no ser víctima. 

A fin de sacar todo el partido posible de estos 
Viajes es preciso hacer contraer al niño la loable 
costumbre de informarse si en los sitios adonde 
se transporta con la imaginación han ocurrido 
algunos sucesos notables, si ha nacido ó muerto 
algún hombrq grande, si ha habido algunos tra- 
tados, algunas batallas célebres, si el sitio e* 
notable por sus producciones naturales, artísti- 
cas ó por su comercio, que haciendo circular el 
dinero y las materias que pueden ser cambia- 
3as , produce en los cuerpos políticos , casi, casi, 
el mismo efecto que la sangre en el cuerpo 
humano. 

El modo jque se halla tenido de hacerle obser- 
var los usos , costumbres y religión de los pue- 
blos de ambos continentes, no le dejarán incer- 
tidumbre en las aplicaciones que pueda hacer 
cuando le muestren á los unos antropogafos de- 
senfrenados devorando á sus cautivos y i veces 
hasta sus propios hijos, otros metémpsyeosistas 



(H«) ' 

consumados sin atreverse á comer nada de lo 
que tavo vida, unos salvages y á veces conten- 
tos; otros civilizados, viciosos y casi siempre in- 
felices ; unos cifrando su felicidad en una abso- 
luta independencia, otros en una absoluta ser- 
vidumbre , y otros mu cbos mas en los cuidados, 
faenas é inquietudes honrosas. 

Ejercitado en distinguir los rasgos caracterís- 
ticos y las causas que producen la diferencia ele 
los pueblos de la tierra no titubearía en nom- 
brar á los que hubiesen querido preguntarle di- 
ciéndole :~- Veréis á los ñ nos graves, sentencio- 
sos y llenos de ideas gigantescas ; sus vecinos in- 
geniosos y frivolos ^serios en las bagatelas y ri- 
sueños en las cosas serias , yanos y ligeros mas 
siempre amables ; aquellos serios flemáticos y frios 
como su clima ; estos vivos emprendedores y endu- 
recidos á fuerza de energía ;aqui no se encontrará 
mas que pensadores casi insociables á fuerza de 
filosofía ;,alli no se oyen mas que conciertos ni 
se ven mas que diversiones. Unos no piensan 
anas que en defender sus rocas de la avaricia 
de sus vecinos; otros para enriquecer á su pa- 
tria se alejan de ella sin cesar , y vap i engran- 
decerla al otro lado dé los mares \ otros conde- 
nados por hielos eternps a ocultarse en subter- 
ráneos , idolatran sus miseros albergues y mue- 
ren de pena si los trasladan á países mas deli- 
ciosos. 

Otros en fin confinados en sus heladas playa» 
se nutren de perros, de aves y de becerros ma- 



(*4*) 

rinosí cuya piel sirve para cubrirlos , mientras 
que sus antípodas sé alimentan de pececillos, 
conchas y mariscos ^ apenas abren los ojos y se 
diferencian muy poco de las ballenas. Algunos 
sin fe' ni ley véjetan en lugar de vivir sin creer 
en nada, otros creen todo y víctimas insensatos 
de la superstición se tiranizían y se asesinan cre- 
yendo agradar al Ser Supremo. 

Que variedad de asuntos se ofrecen á cada pa- 
ío, por decirlo asi, á la consideración y al re- 
creo del observador que al examinarlos sabe em- 
plear el orden y el método; porque es preciso 
en todo. Por lo demás , con el plan que propongo 
un padre de familia puede en poco tiempo dar 
á sus hijos la priíñéra tintura de esta ciencia en 
estremo agradable puesto que se trata de paseo 
por todas las comarcas del mundo , y con su in- 
geniosa ternura hacer de este paseo un camino 
sembrado de flores. 




DE LOS SENTIDOS. 



El tacto. 

Jüos sentidos, dice Buffon, son especies de ins- 
trumentos de que es preciso saberse servir. Ei 
de la vista, el mas admirable de todos es tam- 
bién el menos seguro y eV mas ilusorio ; sus 
sensaciones no prodúcinan mas que juicios erró- 
neos sino estuviesen rectificadas á cada -instante' 
por el testimonio del tacto. Esté es el sentido só- 
lido, la medida y piedra de toque' de los demás 
sentidos , el único que es absolutamente esencial 
al animal, el único universal y esparcido en to- 
das las partes del cuerpo. En las manos y en 
los dedos es donde principalmente "el tacto domi- 
na, no porque estas extremidades, como algunos 
han pretendido, este'h dotadas de mayor sensi- 
bilidad que el resto del cuerpo, sino porque los 
dedos por su disposición y su flexibilidad pue- 
den aplicarse á un mismo tiempo á las diferen- 
tes caras de los cuerpos sometidos á su contacto 
y adquirir por esto mismo conocimiento de sus 
formas. Asi los animales que tienen manos pa- 
recen los mas inteligentes. El mico hace muchas 
cosas que denotan en él una multitud de sensa- 



(*U) 
ciones análogas á las del hombre. Tocante á lo* 

otros animales privados de este órgano , la sen- 
sación que esperimentan al contacto de un cuer- 
po debe ser incompleta. El sitio del tacto reside 
en ellos principalmente en el hocico, y asi se les vé 
volver y revolver con él los objetos antes de pi- 
llarlos con los dientes; pero como ya hemos di- 
cho la apreciación de las formas y tamaños es, 
incompleta en ellos. A esto se debe atribuir 
elque parezcan indecisos y sobresaltados a vista- 
de ciertos objetos que debian conocer muy bien 
y que les son familiares. 

Todos los órganos del tacto se componen ne- 
cesariamente de un nervio dividido en fibrillas, 
ensanchando en cintillas que se estienden en la 
superficie ó en lo interior del tejido muscular, 
y están preservadas del contacto inmediato de 
los cuerpos ambientes por líquido ó materia mas 
consistente, por membranas, agentes secretorios 
y una epidermis situada esteriormente , asi es 
que la sensacion.de todos los cuerpos es modifi- 
cada por estos agentes. Se concibe en efecto que 
las substancias intermedias cuya naturaleza va- 
ria en cada individuo interceptan parte de la 
sensación é influyen notablemente en la finura 
de los sentidos. Asi las manos callosas y endu- 
recidas por el trabajo pierden mucho de su sen- 
sibilidad. Las mugeres por el contrario , cuya 
piel es mas fina que la de los hombres, tienen 
generalmente el tacto mas delicado De este mo- 
do se esplica porque el contacto es tan doloroso 



(*45 ) 

toando la epidermis ha sido quitada á quemada. 
Entonces el órgano quedando á descubierto , nci 
tiene con que modificar la viva sensación que un 
Cuerpo estraño le hace esperimerítar. 

La mano es en el hombre el órgano especial 
del tacto y de la presión de los cuerpos. A ella de- 
bemos nuestra destreza en las artes, y nuestra 
superioridad sobre todos los animales, pues nin- 
guno está también dotado como nosotros en este 
particular. El mico que es el único que propia- 
mente hablando tiene manos, está muy lejos de 
tenerlas tan perfectas como las nuestras. Porque 
aunque el mico sea cuadrumanls , es decir , que 
tenga sus cuatro estremos terminados por : ' dedos, 
como se sirve de los cuatro para caminar , re- 
sulta que la epidermis de aquella parte se en-^ 
gruesa mucho , y por consiguiente se pierde la 
sensibilidad del tacto. Ademas su pulgar es muy 
pequeño para que pueda ayudar los movimien- 
tos de los demás dedos que por su jparte se mue- 
ven con 'bastante torpeza. En el hombre al con- 
trario, ¡qué sensibilidad esquisita y que movili- 
dad perfecta! ¡qué facilidad para abarcar todos 
los cuerpos, para ejecutar todos los movimien- 
tos posibles aun los mas pequeños con una es- 
trema precisión! Asi, ¿qué delicadeza y que 
perfección no se admira en la estructvira de esta 
parte del cuerpo ? 

La forma de la mano es demasiado conocida 
para que sea necesario describirla; pero vamos 
á dar seg^n Pvichard una idea de lo que la com- 



( *46 ) 

pone. Se divide en tres regiones flexibles inde- 
pendientes las unas de las otras. La primera 
llamada carpo articula con el ante-brazo. A esta 
sigue el metacarpo y forma la palma de la ma- 
no. En fin los dedos son los apéndices movibles: 
con que está terminada. La parte posterior lla^ 
mada dorso 4^ la mano es convexa, bajo la piel 
que la cubre se ven marcarse algunas venas y 
sobresalir algunos tendones qtie van á atarse á los 
dedos á cuya estension sirven. La piel está suel- 
ta y mas 6 menos movible sobre las partes safe- 
yacentes. En la parte anterior llamada la palma 
de la mano la piel al contrarió está adherida á 
las diversas eminencias que se notan, y esto Ha- 
ce que se aplique mejor á los cuerpos cuyas cua- 
lidades táctiles quiere apreciar. 

Un gran número de partes y de tejidos en- 
tran en la composición de la mano. Su carpin- 
tería se compone de veinte y siete huesos, a 
saber : ocho para el carpo, cinco para el meta- 
carpo, dos para el pulgar, y doce para los otros 
cuatro dedos, Cartílagos cubren fas superficies por 
la que los huesos articulan y numerosos liga- 
mentos tendidos de unos á otros previenen una 
dislocación. Diez y nueve músculos y numerosos 
tendones que vienen de los músculos del ante 
brazo, sirven á los diversos movimientos que 
la mano tiene que ejecutar. Vasos y nervios 
se distribuyen por todas partes, y estos últimos 
son tanto más numerosos cuanto que la mano es 
un^ órgano dotado Ae una cátír&ttá sensibilidad. 



(*¿7) 
En la región del metacarpo es donde están 

situados los diez y nueve niusculos que hemos 
dicho entran en la composición de la manó. Es*- 
tos músculos según que están en la palma o en 
el dorso de la mano sirven para doblar ó esteno 
dér los dedos. Algunos están situados en los in- 
tervalos de los dedos y sirven ya á doblarlos, ya 
á separarlos unos dé otros. Los nervios de la 
mano son muy numerosos y se distribuyen en 
filamentos muy delícadbs sobre éste órgano, 
pero particularmente en su parte inferior y de~ 
bajo de los dedos* 

La piel que la- cubre tiene la misma textura 
qhe la que réviité todo el cuerpo^ y si goza ñe 
una sensibilidad mas esquisitá lo debe á su ati^- 
íterencia con las partes subyacentes y á la faci- 
lidad con que se aplica exactamente á los diver- 1 - 
sos objetos qué tiene qué apreciar. Esta adhé^ 
renciaque nociste en el dorso de la mano, don- 
dé el tegido celular está flojo y poco apretado, 
ofrece por la parte inferior dé la mano algunas 
particularidades notables. Lo primero qué la 
tensión sobre los músculos y tejidos celulares da 
la firmeza conveniente para ejercitar mejor el 
tacto. Lo segundó que el tejido celular mas du- 
ró y apretado qué en las otras partes, forma en 
ciertos sitios como una grasa poco abundante 
pero muy consistente que hace las veces de una 
blanda almohadilla. A consecuencia de esta dis- 
posición la piel en la palma de la mano, siem- 
pre está Usa, tendida y sin mas arrugas que la* 
que resultarí del movimiento de los dedos y dejfc 



( 2 ¿8) 
metacarpo. Las papilas nerviosas que se termi- 
nan en esta parte están blandamente comprimidas 
entre la almohadilla elástica que forma el tejido 
celular y los cuerpos sometidos al contacto, y son 
mas pronta y fácilmente impresionadas que en 
ningún otro sitio» En cuanto al contacto, la dis- 
posición entera de la mano y la movilidad de 
todas sus partes ofrecen ventajas que se mani- 
fiestan por sí mismas. 

Se ha dicho que el hábito perfeccionaba sin- 
gularmente el sentido del tacto, citando en apo- 
yo de esta aserción, la habilidad que adquieren 
Jos que sé ejercitan en las artes mecánicas. Esto 
es verdad si por el tacto se entiende tan sólo la 
facultad de emplear mas ó menos diestramente 
Jas manos y los dedos; pero si se entiende por 
esta espresion la facultad de reconocer y apre- 
ciarlos diferentes cuerpos, de adquirir de un 
modo positivo y* formal las diversas nociones 
de tamaño , estehsion , forma , consistencia, 
temperatura, bumedad y sequedad, entonces 
esta aserción es falsa porque el estado del tacto 
ep el hombre y en los animales , no está en re- 
lación con el de su industria. Se ven cada dia 
hábiles mecánicos sin que presenten ninguna fi- 
gura en su tacto, al paso que este sentido gqza 
de estremada sensibilidad en individuos que pa- 
rece no tienen ninguna aptitud para las artes 
«mecánicas. Se observa tambiea según Gall que 
líMchos animales-dolados de lospfganos del tacto 
no son capaces de ningmi trabajo mecánico, 
mientras que otros muchos desempeñan el mis - 



(=49) 
mo trabajo coa órganos diferentes. Existen sin 

embargo algunos medios de escitar la sensibili- 
dad del tacto como los baños, fricciones después 
de ellos, unciones y esmero en el tocador y en 
el lujo. Se ven personas especialmente las afec- 
tadas de neuralgias que no pueden llevar sin 
incomodidad y sin dolor un vestido á que no 
estaban acostumbradas; el contacto de la lana, 
el menor roce, la picadura mas ligera las irritan 
de un modo insoportable. Otras por el contrario 
de un temperamento robusto y habituadas á 
trabajos fuertes, sobre todo cuando su profesión 
les obliga á estar con frecuencia medio desnudos 
tí mal vestidos, pierden casi enteramente la de- 
licadeza del tacto y aguantan sin incomodidad 
las mas fuertes impresiones. Los salvajes de la 
América del Sud que caian en poder de sus ene- 
migos estaban destinados á la muerte mas dolo- 
rosa. La crueldad mas refinada se empleaba pa- 
ra arrancarles un grito de dolor, y sin embargo 
sufrían con la mayor calma tormentos inaudi- 
tos, entonaban su himno de muerte desafian- 
do todavía á sus verdugos ; dando el debido mé- 
rito á su valor es preciso considerar también la 
influencia que ejercía la alteración del tacto. 

En ciertas enfermedades el tacto adquiere una 
cstrema sensibilidad, y ya se sabe la finura que 
adquiere eú los ciegos. En ellos este sentido es tan 
perfecto que desempeña las funciones de los ojos. 
Se puede decir que los ciegos leen con los dedos 
porque consiguen leer por medio de caracteres 



(25o) 
cti relieve que recorren con la mano como un 
músico recorre las teclas de un instrumento. Al- 
gunos saben distinguir las cartas ordinarias por 
el relieve del color. El antiguario Saun4erson, 
privado de la vista sabia distinguir las medallas 
y monedas verdaderas de las falsas. El escultor 
Ganivasius aunque ciego toda via juzgaba las be- 
llezas de su arte. Un organista de Holanda ha- 
biéndose quedado ciego, seguía perfectamente 
ejecutando su oficio, y ademas habia adquirido!* 
facultad de distinguir por el tacto las monedas y 
los colores. Ni aun los de las cartas se escapaban 
á la finura de sus dedos, y por esta causa era un 
jugador temible, pues manejando las cartas no 
solo conocia las que tenia él, sino las que daba 
á los demás. Una señorita que se quedó ciega á 
los veinte y dos anos nunca dejaba á otra per- 
sona el cuidado de comprarla telas para sus ves- 
tidos. No solo juzgaba por el tacto de la natu- 
raleza de los tejidos y de sus colores, sino hasjta 
de la forma y disposición de los ramos que es- 
taban estampados. 

Estos ejemplos aunque estraordinarios no 
deben ponerse en duda, y prueban que en los 
ciegos el sentido del tacto , reemplaza en cierto 
modo al de la vista, y entre los sordo mudos 
puede suplid al oido. Se asegura que el célebre 
Kaaw-Boherhaave que amaba mucho la músi- 
ca gozaba aunque sordo de placer que ella pro- 
cura colocando su mano sobre un instrumento 
tocado por un hábil profesor. 




LOS BARCOS DE VAPOR. 



^•t*t»*«.— 



Una revolución cuyo efecto será la distribución 
mas equitativa del imperio de los mares, va á 
originarse de la navegación por el vapor. Por es- 
te solo título , tan admirable descubr}mientoy 
merece fijar en el mas alto grado la atención de 
nuestros lectores. La aplicación del vapor al 
movimiento de la$ máquinas, felizmente co- 
menzada á principios del siglo XVIII inspiró la 
idea de aplicarle á las embarcaciones; pero en 
esta como en otras muchas invenciones útiles ha 
quedado olvidado el nombre de su autor. £1 



(a 5 2) 

mundo 5 goza de los frutos de su ingenio y no 
cree se les debe utilidad y honor. La aplicación 
del vapor á la mecánica, ó hablando mas clara- 
mente , el vapor empleado para poner en movi- 
miento á las embarcaciones y carruages , y por 
consiguiente toda especie de máquinas, es el 
descubrimiento mas importante después de el 
del nuevo mundo por Cristóbal Colon. El in- 
ventor del vapor le sucedió como á Cristóbal 
Colon que murió de pesadumbre viéndose ro- 
bar el fruto de su ingenio, mientras que mi- 
llares de hombres se han enriquecido aprove- 
chándose del fruto -de sus investigaciones y sus 
tareas. En 181 1 fue cuando los ingleses vieron 
maniobrar el primer barco de vapor con buen 
éxito; pénf en América es donde la navega- 
ción por el vapor ha hecho los mas rápidos 
progresos puesto que ya en 182 1 se contaban 
trescientos barcos de vapor en plena actividad 
y otros muchos construyéndose en los arse- 
nales. Mucho antes de esta época un inglés 
llamado Mr. Bell después de haberse ocupa- 
do en la construcción de barcos de vapor en 
América volvió á Inglaterra y en .1811, como 
ya hemos dicho , construyó para navegar sobre 
el Cly de un barco de vapor cuya máquin^ 
tenia la fuerza de cuatro caballos. Otro in- 
glés llamado Jonatam Hull obtuvo en 1736 
privilegio de invención para un barco que debia 
ser movido por el vapor. Sin bienes y contan- 
do con socorros que le faltaron se vio obligado 



(353) 
i renunciar á sn privilegio y 1* litación del 

vapor á la navegación quedó abandonada, por T * 
que si algunas perspnas se ocupaban era solo 
en teoría y sin hacefr tentativas gara realizarlo. 
Roberto Faltón , celebre mecánico inglés , na- 
ció hacia el año de 1787 en el condado dé Lan- 
caster estado de Pensilvania. Fulton á quien su 
padre hacia aprender el oficio de joyero se hu- 
biera visto tal vez condenado á la oscuridad de 
un artesano á no haber encontrado á ano de sus 
compatriotas Samuel Turbitt que generosamen- 
te le preporcionó medios de ir á Londres para 
estudiar la pintura. En esta papital Fulton hizo 
conocimiento con Mr. Rumsey, americano dis- 
tinguido por sus talentos en Mecánica. Esta re- 
lación decidió á Fulton á abandonar sus pince- 
les para seguir la senda de Mr. Rumsey. Un 
panorama cuya ejecución le encargó uno de sus 
compatriotas con una r parte en las utilidades, 
fue Ú origen de su fortuna en París. 

De vuelta á los Estados Unidos publicó mu- 
chos descubrimientos, pero fue en Francia y en 
París donde hizo la primera esperiencia del bar- 
co de vapor SteamzzzBoott , sin que diesen inv- 
eha importancia á este primer ensayo. Después 
de haber canamente y por su turno ofrecido á 
la Inglaterra y á la Francia , «concluyo por en- 
riquecer á los Estados Unidos. Han echado en 
cara á Fulton el haber ofrecido sa proyecto, pri- 
mero á la Francia, después á la Inglaterra y 
al fin á su pais; él ha declarado el hecho y esto 

20 



(i54) 
*es ana semejanza mas efe Faltón con Cristoval 
Colon que se vio obligado también á mendigar 
del estrangefo los socorros que sa patria debia 
haberle proporcionado inmediatamente. Fulton 
en los últimos dias de su vida tuvo el dolor de 
ver barcos dé vapor semejantes á los suyos, es- 
tablecerse en los mismos rios en que el debia 
tener privilegfó esclusivo de esta empresa. Se 
siguió un proceso en el que el abogado déla 
parte contraria llegó hasta poner en duda los 
derechos de Fulton a este inmortal descubri- 
miento. Esta aserción, á la qué fue demasiado 
sensible , fue fe primera causa de la enfermedad 
inflamatoria que se le llevó en toda la fuerza de 
su edad y de su ingenio. 

Las sociedades sabias y todos las hombrea 
instruidos de Nueva York honraron sus fune- 
rales y se vistieron de luto durante treinta 
dias.--? El presidente de los Estados Unidos de- 
cía Fulton, no tiene empleo que darme que yo 
quiera aceptar y lo dnico que yo deseo es ha- 
llar protección en mis conciudadanos* 

En el ines de octubre de 1807 fue cuando 
Mr. Faltón votó al agua en Nueva York el pri- 
mer barco ¿e vapor que se ha construido en 
AmeVica, hacia regularmente Ja travesía desde 
Nueva Iforká Albany y viceversa ciudades épu> 
distan entre si 66 leguas de aopo toesas. Este 
ensayo escitó un eiítusiasmo universal y las es- 
periencias que le siguieron tuvieron igual éxi- 
to. Bien pronto los Americanos pensaron uti- 



(»55) 

usar este descubrimiento para defensa de sus 
costas y de sus lagbs. Comenzaron por instruir 
tíha fragata Steamfrigat Mamada Fulton,de trein- 
ta y dos cañones de i dicx y ocho, su puehte y 
la parte que cubría las ruedas estaban á prue- 
ba de bala de canon. En 1 81 5 se vio otra mas 
pasmosa todavia; tenia trescientos pies ingle- 
ses de longitud y doscientos en su mayor an- 
chura. Llevaba cuarenta y cuatro cañones y en 
caso de abordiJigp podía arrojar cuatrocientos 
cántaros de agua hirviendo por minuto. El me- 
canismo hacia mover quinientas á seiscientas 
lanzas y hojas de sable que salían y entraban 
por encima de sus bordos. Una embarcación 
de guerra semejante si pudiera ser* dirigida en 
el seno de los mares, originaria un modo míe- 
vo de pelear que baria hechar de menos el 
tiempo y dinero perdidos en la construcción dé 
los navios actuales. 

Todos los puertos de América , todos sus ríos 
y todos sus lagos se vieron pronto cubiertos de 
barcos de vapor. Solo en los ríos de Misisipi 
y de Ohio existen constantemente trescientos á 
cuatrocientos ocupados en transportar merca- 
derias y pasageros. El Núrík-Amer/cam que pa- 
sa por uno dé los mejores qae se han construido 
en los Estados XJnidds tiene dos máquinas y dos 
cilindros de un metro y 38 mil I i me tros de diá- 
metro. La longitud del golpe de pistón es de 
a metros y 43a -(milímetros y da a5 á 26 gol- 
pes por minuto. En Inglaterra en el dia hay; 



.(,56) 

mas de trescientos barcos de vapor que en ge- 
neral son del porte de izo i i3o toneladas; 
los que pertenecen á la marina real son ma- 
yores y la mayor parte de 160 toneladas. 

En Fraacia hasta últimos del reino de Na- 
poleón i^o se construyeron barcos de vapor, y 
como el principal inconveniente de ellos era 
romperse las calderas no se emplearon las má- 
quinas de alta presión de los Estados Unidos 
hasta que las máquinas estuvieron bien espe- 
rimentkdas. Las calderas deben de ser de co- 
bre ó hierro forjado guarnecidas de placas me- 
tálicas que se funden á cierto grado de calor 
y permiten que el vapor se escape sin riesgo. 

La Francia posee mas de cien barcos de 
vapor por cuenta de particulares, y el Gobier- 
no ha hecho construir para servicio de la ma- 
rina un número tan considerable como en In- 
glaterra , pero la mayor parte de estos barcos 
«oh inferiores en fuerza á los del Gobierno 
íngle*. El uso de los barcos de vapor se ha es- 
parcido en todo el mundo civilizado con rapi- 
dez increible. Se ven ya en España (i)Puisia> 
Alejandría, Indias, Constantinopla. La cons- 



-r- 



(1)- La invención útilísima de los barcos de vapor digan lo 
que quieran los cstrangeros nos pertenece de justicia ¿Jos 
Españoles. En tiempo de Carlos 1 el capitán D. Blasco Garai 
hizo una experiencia en el puerto de Barcelona que tuvo el mas 
feliz éxito. El dia 17 de Junio de 1543 delante de un numero- 
so coneurso Garay hizo bogar rápidamente á la nave Trinidad 
ás 200 feraces por medí» de, caldera de rapar y ruedas coca- 



(i5 7 ) 

tracción del casco de un barco de vapor tiene 
conforme se ve en nuestra viñeta mucha seme- 
janza con la de una embarcación ordinaria, pero 
la distribución interior es muy diversa. Las má- 
quinas que reemplazan á los mástiles ocupan el 
primer lugar. La chimenea que se eleva sobré 
la máquina debe tener la menor altura posible 
porque las vibraciones continuas que esperimenta 
aumentan el balance del navio. Las ruedas que 
están en la estfemidad del eje y fuera dgl navio 
están guarnecidas en su circunferencia de pa- 
letas que hacen el oficio de remos para dar im- 
pulso al barco. Ponen regularmente ocho d dkx 
en cada rueda. El timón de los barcos de vapor 
debe tener mas longitud que el de los barcos 
ordinarios para poder dominar mejor todos los 
movimientos, 

La velocidad de un barco de vapor depende 
de la impulsión comunicada á sus ruedas por el 
juego del pistón. Este impulso tanto es mas fuer- 
te cuanto mas abundante es el vapor al llegar 
al cilindro en que juega el pistón. Contra mas 
combustible halla mayor es el vapor y la fuer- 
za de impulsión. Pero la seguridad del barco y 



piieada* á lo» lados de la embarcación. Sin embargo las gravea 
atenciones en <jue te bailaba entonces el Emperador no le de- 
jaron favorecer este proyecto como debiera , y Caray obtuvo 
soio una recompensa personal por lo que depositó las maderas 
en las atarazanas de Barcelona y guardó en su casa todoei me- 
cauismo de la nave. i 



!a economía combustible obligan á no obtener 
toda la velocidad posible. Es bastante andar 
cinco ó seis leguas por hora en una agua tran- 
quila y sin corriente* 



> i 

FÁBULA 



¿* 



mtm 



El Escarabajo y la Rosa* 



Un póbrfc Escarabajo 

Por su camino á solai 

Ibacon gran trabajo * 

Fabricando sus bolas ' 

En este oficio baja 

Coií tardo movimiento 

Rodando por su mundo 

Sisipho ya segundo 

Vivia con afau, pero contento j 

Aunque coa fama de animal inmundo. 

En el camina se encontró ana Rosa 

Muy preciada de hermosa > 

Y lVci na de las flores r 

Que al negro animalejo le decía: 

Deja esa escoria , atiende á mis pri mores , 

Y goaa entre iaii hoja* aú ambrosia. 



El pobre que se fia 
De gp voa atractiva # 
Deja el trabajo feo, 

Y á la Rosa se viene, 
Que no se mostró esquiva; 

Y en fingido himeneo 
Sos brazos le previene. 
Mas ¡ ay ! que apenas toca 
Las delicadas hojas, 

Y so aroma percibe 

(Veneno que á la muerte le provoca) 
Siente tales congojas , 
Que á morir se apercibe , 

Y estás palabras -pronunció su boca: 
\Oh cuantas rosas hay , ó cuantas flores , 
Que si ambares respiran , 

Con que infunden amores, 
A todos los incautos que las miran , 
Al tocarlas no mas, con mil dolores 
Viven, si esto es vivir , hasta que espiran! 




La Estatua de Miguel de Cervantes y Saavedra. 



El favorecido de las musas, el sabio autor 
del D. Quijote, Galatea, Persiles y otras obras 
interesantes, el celebre Miguel de Cervantes 
Saavedra recibe aunque tarde el honor que con 
tanta razón le era debido. Este hombre orgullo 
de nuestra literatura y de nuestra patria , á la 
que honró con sus obras, y por la que §upo 
verter sa sangre, carecía de un monumento que 
perpetuase su memoria. Mas ya la posteridad 
reconoce su injusticia, se arrepiente de su in- 
gratitud, repara su desdeñoso olvido, y en el 
siglo XIX se rinde el homenage de gratitud y 
..veneración á tan sublime ingenio. Murcia fue 
la primera que manifestó su amor y reconoci- 
miento, siguió este ejemplo Alcalá de Henares, 
patria del héroe, y últimamente en Madrid un 
hombre celoso de los adelantamientos de las ar- 
tes f de las glorias nacionales dio el impulso y 
dirección á la obra que acaba de terminarse. EJ 
difunto Várela, comisario general de Cruzada, 
concibió el grandioso plan de establecer una 
academia literaria en la misma casa en que vi- 
vió Cervantes, en la calle que hoy lleva sn nom- 
bre y antes era de Francos , esquina á la á*1 



(a6i) 
León. Este plan no llegó á verificarse por an 
mal entendido respeto á la propiedad del dueHó 
de la finc¿; pero á lo íbenos al reedificarla Se 
coloco sobre la entrada principal una lápida 
cuadrilonga/ en cuyo centro campea de alto re- 
lieve el busto de Miguel de Cervantes, decorado 
con trofeos militares y poéticos de bronce dora- 
do. El retrato fue ejecutado en marmol de Car- 
rara por D. Francisco Elias á espensas todo del 
Sr. Várela, que mientras disponía la erección 
del monumento que hoy vemos , no quiso dejar 
sepultada en el olvido la vivienda de aquel hom- 
bre célebre. Este deseo está espresado en la lá- 
pida que hay bajo del retrato y que en letras 
de oro dice asi: % Aqui vivió y murió Miguel de 
Cervantes Saavedra , cuyo ingenio admira el 
mundo. Falleció ano de 1616. Alü pasó algunos 
de los agitados diaá de su vida de aventuras y 
de desgracias , sumido en el abandonó y la po- 
breza. Porque Cervantes fue pobre, como lo 
fueron Homero, Lesage y el Tasso. Cervantes 
tuvo que malvender sus inimitables produccio- 
nes como lo hicieron Dryden y Millón. Si 
Ariosto se quejaba de no tener mas que una 
mala capa, Cervantes en cierto paraje de sus 
obras se queja de no tener ninguna. Y por úl- 
timo, Cervantes falleció en la miseria y el olvi- 
do como Gilbert, Otivay , Corneille y Camoens. 
La mayor parte de los hombres célebres que 
acabamos de citar ya^tenian estatua erigida en 
sitios públicos; Shakespeare que por casualidad. 



(0$ 

felleció el mismo dia que Cervantes , ya hafce 
tiempo que reposa en Westminster al lado 
de los reyes, los sabios y los héroes de In- 
glaterra. Otros muchos hombres medianos que 
ninguna comparación tienen con nuestro Cer- 
vantes han merecido se erigiese un trofeo á su 
memoria, solo él á pesar de su estraordinario 
mérito do consigue este honor privilegiado has- 
tá pasados doscientos diez y nueve años. Pero 
su estatua está ya puesta sobre el pedestal:' va- 
mos á verla. 

Cervantes vestido sencillamente a la usanza 
del siglo en que vivió está en actitud de cam- 
biar el paso, lo que da á la figura movimiento 
y dignidad. La espada que pende á su lado indi- 
ca su profesión militar, mientras que un rollo 
de papeles que tiene en la mano derecha parece 
destinado á revelar su profesión de literato. El 
brazo derecho está dirigido hacia adelante con no- 
ble desembarazo, mientras que el izquierdo está 
del todo cubierto por la capita corta que pende de 
la espalda/ Esto ademas de , ser conforme al npo- 
do que la capa tenia de llevarse , ha facilitado 
al escultor encubrir la manó izquierda, la que 
Cervantes tenia estropeada poí la herida qne 
recibió en la batalla naval de Lepanto. Esta es- 
tatua ha sido ejecutada por D. Aiítonio Sola, 
natural de|Barcelona y director de los pensio- 
nados españoles en Roma, donde ha sido fundi- 
da y trasladada luego á esta corte. Este artista 
con la verdad histórica y con la verdad del arte 



( 2 68) 
nos ha sabido representar á Cervantes con sa 
noble rostro, frente espaciosa, ojos vivos y acti- 
tud franca y gallarda. ¡Loor al artista, y gloria 
á tí gran Cervantes ! ¡ gloria á tí ! Nosotros con- 
templaremos siempre tu imagen con entusiasmo 
y alegría; arrojaremos el laurel verde de Apolo 
al pie de tu eslátua y la coronaremos de mirto 
y siempreviva. Nos felicitamos al ver premiado 
tu mérito y estimulado el ardor de una juven- 
tud ansiosa de gloria que anhela por seguir tus 
huellas. Sí, tú svvás nqcstro modelo, tu eslátua 
nos inspirará y aplaudirá nuestros esfuerzos 
desde lo alto de su pedestal. Sí, jóvenes lecto- 
res , estudiemos sus obras , ellas son el verda- 
dero monumento de Cervantes el que él supo 
formarse por sí solo mas estable y duradero que 
los marmoles y bronces que ahora se han erigi- 
do á su memoria. = F. F. V. 




tmam 



RASGOS QUE PRESENTA LA HISTORIA. 

Aeticülo III, 

Amor filial* 

Han existido hombres que han podido prescin- 
dir de las dulces obligaciones que naturaleza 
impuso á nuestras almas. Los agradables senti- 
mientos que esperimenta el corazón de un hijo 
■al considerar cuanto debe á los autores de $3 
existencia, se han apagado en bu pecho duro, 
cambiando las reglas naturales. Aquel carinó 
innato en el corazón de un padre en favor de su 
hijo, cariño emanado del mismo Dios, ha falta* 
do á veces en algunos hombres que desgraciada- 
mente nos sirven de ejemplos de crueldad y de 
barbarie. Hijos ingratos y padres desnaturaliza- 
dos parecen repugnar á la naturaleza que se 
complace en grabar en nuestros pechos la sim- 
patía que debemos sentir unos por otros; mas 
a pesar de esto la historia nos presenta multi-- 
pUcados retratos de padres que se han cebado 
en la sangre de sus hijos; de hijos que en el ac- 
ceso de una pasión fogosa, en un ataque de la 
ambición, no han dudado clavar un puñal en el 



O* 65 ) 

pecho de sus padres.... Algunos han encontrado 
resistencia en sus víctimas, á otros ha desar- 
mado la resignación. Asi en aquel joven discí- 
pulo de Zenon: frecuentó por largo tiempo la 
escuela de este sabio, y cuando volvió á la casa 
paterna preguntando por su padre, que ciencias 
hahia aprehendido, con (esto que los sucesos se 
lo demostrarían. Indignado el padre por una 
respuesta tan poco positiva, le castigó severa- 
mente con un^palo; pero- el joven permaneciera 
do quieto, '.y recibiendo paciente los golpes. 
— Esta; dijo, es ana de las ciencias que he apren- 
dido: sufrir con ánimo tranquilo la ira de mi pa- 
dre^. — Nerón, el monstruo de la humanidad, el 
feroz y traidor Nerón, convida á su madre á una 
fiesta marítima; en medio de los placeres hace 
embarcar á --Agripnia, da una señal, se abre la 
embarcación, y la infeliz es presa de las olas, víc- 
tima de la alevosía de su hijo:. se salva no obstan- 
te, con penosos esfuerzos, pero el pérfido , el hijo 
inmoral, al ver frustrada su tentativa se enfu- 
rece, en via contra su madre unos asesinos para 
que la maten á estocadas. ., / ■ 
... A mas del amor natural , la gratitud debe 
".unirnos á nuestros padres, por los beneficios que 
profusamente nos dispensan. ¿A quién debemos 
la vida? ¿Ese bien tan apreciadle que tanto 
anhelamos conservar, no es don suyo? La edu- 
cación, por la cual brillamos en sociedad, ¿quién 
nos la dio? ¿Del alimento, de los cuidados en la 
infancia, de los consejos en la juventud, no so- 
mos deudores á nuestros padres? Nuestro agrá- 



(a66) 
decimiento, por esto debe ser sincero, nuestro 
amor, eterno. Si esperimentamos algún rigor 
por su parte, debemos sufrirlo con tranquila 
calma, pagarles con nuestra deferencia, buen 
comportamiento, y afecto íntimo. Tal cual yez 
asi se consigue cambiar el carácter del hombre 
impetuoso. 

Manlio Torcuato, joven romano dolado de 
bellas prendas , era hijo de Lucio Maulio, que 
abusando de la autor ¡dad paternal le hacia sen- 
tir un rigor que llegaba ál estremó. *EI genio 
exigente y orgulloso de este,. se viera contrarres- 
tado por los Tribunos <fel pueblo cuantío fue 
nombrado Dictador ^ atrayéndose la odiosidad 
de la plebe, porque extremadamente rigoroso en 
las levas para el ejército, castigara en siis hie~ 
nes y personas á los que no acudían á su llama- 
miento. Esta dureza natural en él, y su carác- 
ter feroz le dieron el sobrenombre de Imperioso, 
que acabo de exasperar al pueblo romano, por- 
que Roma fue un pueblo Ubre. Obligáronle puei 
a abdicar la dictadura, y Marco Poinponio, 
Tribuno popular, su mas implacable enemigo, 
que solo buscaba prétestos para abatir su or§a* 
lio, al año siguiente le cito en juicio, como ge- 
fe constituido de sus acusadores. Comparece en 
el Tribunal el Ex-Dictadury*toma la palabra 
Poníponio, y relata su acusación en estos térmi- 
nos: '* Magistrados: Vengo a produciros contra 
tm Romano una queja que pocas veces volverá 
á someterse á vuestro juicio. Manlio nombrado 
Imperioso, tiene un hijo que jamás ha dado 



(*<7) 
ocasión para el duro tratamiento que esperi- 

riienta en la casa paterna; ha sida arrojado de 
la vista de sus Señales, de la plaza pública, de 
la compañía de sus iguales: ha sido encerrado 
entre los viles esclavos, y ocupado en obras ser- 
viles, en un lugar donde un joven patricio, el 
hijo de un Dictador , goza apenas la luz de los 
cielos, y da convincente prueba que ha nacido 
de un padre duro é imperioso. ¿Y esto porqué? 
{Magistrados! Porque el espíritu de ese joven 
no es bastante perspicaz, y manifiesta alguna 
cortedad en el hablar. Si su padre sintiese un 
asomo de fiumanidad, hubiera castigado sua- 
vemente esía falta, ó la humanidad ocultado, 
antes que en perjuicio de su propia sangre, de- 
mostrarla á todo el pueblo por el modo cruel 
con que le trata. Las bestias feroces no niegan 
sus caricias a sus pequeñuelos aunque nazcan 
monstruos ; y L. Manlio por una educación in- 
digna , fortifica los vicios naturales de sá hijb, 
y sofoca teniéndole en el campo entre esclavos 
animales y todo lo que pueda tener de espíritu y 
actividad." 

No hubo una persona que no se admirase y 
conmoviese ae estas quejas Vque no le paréHesen 
justas y bien fundadas: solamente Manlio Tor- 
cuata, en favor del cual se habían producido} 
se irritó cuando llego á entenderlas. Indignado 
al ver que por él tomaban ocasión de perseguir • 
al que le dio la vida , y qiierienda manifestar a 
los romanos que lejos de aprobar la conducta de 
los icusadores y secundarla ¿ prefería no verse 



(* fi 8) 

aliviado en sus padecimientos, defendiendo á su 
padre y sus intereses^ tomó una resolución, rí- 
jida en verdad de un carácter sal vage/ poco mo- 
ral, y de funesto ejemplo para el estado, pero 
que prueba á lo menos la bondad de su corazón, 
procurase un puñal , y sin manifestar á persona 
alguna su resolución, se encamina á la ciudad, 
con dirección á la casa de M. Pora ponió, que 
todavía descansaba en su lecho. Hácese anunciar 
con la espresion dé que el hijo de Manliodebe 
comunicarle sin retardo un negocio de conse- 
cuencia qne no admite dilación. Inspirado Pom- 
. ponió de viles sentimientos contra L. Manlio, y 
creyendo que su hijo va á darle algún nuevo 
pretesto de acusación, ó á advertirle de cómo 
debe fortificar y seguir la intentada, no duda en 
marídarlcí introducir, y proporcionándole una 
conferencia á solas/Mas el joven Torcuato ape- 
nas se ye en frente de Pompoaio saca con pres- 
teza su puñal, y aplicando su 'punta- á Ja gar- 
ganta de su adversario, "No grifes, dice: Júra- 
me en el momento abandonar la acusación que has 
producido contra mi padre; jurante también bajo 
la fórmula que te dictaré que jamás reunirás al 
pueblo para acusarle de nuevo" - El Tribuno al > 
yer su vida amenazada por an joven de robus- 
tas fuerzas, armado con el hierro que Brilla a 
sus ojos como instrumento de su muerte , cree 
inútil resistir , presta el juramento que se le exi- 
je, pero confiesa aun con cierta complacencia y 
sinceridad qaet no mediando esta violencia na 
ren u ncia ra á su empresa. 



£269) 

El pueblo romano , bien que hubiera qu«^ 
lido la libertad de dar un voto contra un padre 
tan cruel y un acusado orgulloso, no llevo á mal 
que un hijo obrase con tal violencia para salvar 
í su padre; páreciéndole tanto mas laudable, 
cuanto la cstremáda dureza del uno, no habla 
podido sofocar en el otro los sentimientos de 
la naturaleza. De éste modo una acción tan atre- 
vida libró ai padre del peligro á que estaba es-* 
puesto, y valió al hijo elogios y recompensas, 
pues fue nombrado Gefe de una legión. 
, Habéis visto con placer, jóvenes amigos, la 
conducta de un hijo cuya alma noble, no supo 
desmentir los sentimientos de la naturaleza* 
cuando podia sin apoyar, á lo menos permitif 
contra su padre bárbaro una acusación cuyas 
resultas debían sin duda mejorar su infeliz es-? 
lado. — Al lado de este cuadro vais á ver otro en 
contraposición que os horrorizará. Comparad aari- 
bas acciones , atended sus circunstancias^ y gra- 
bad en vuestro pecho la moralidad que arrojan. 
Reinaba en Roma el sesto gefe de la Colo- 
nia; el prudente Servio Tulo^ que la ensancha^ 
ra ifocl tí yendo en su recinto las colinas Viminal 
y Esquilma , diera los derechos de ciudadanos á 
ios esclavos manumitidos , reformara las insti- 
tuciones / arreglara las costumbres del pueblo, 
y estrechara las relaciones con los Xatinos. Sa- 
tisfecho de haber obrado de modo que quedase 
grato su recuerdo á los Romanos f viéndose ya 
en adelantada edad , pensó en abdicar su. reino 



ai 



(37 o ) 

y "crear en Roma una república cuyo plan de 

gobierno detalló estensamerite e;n una memoria 
que escribiera. Mas una muerte bárbara y vio- 
lenta recibida de manos de sus hijos , cortó el 
▼ueloá sus sanos intentos, sirviendo tanto este 
suceso para eternizar á Servio, como sirvieran 
los actos de su gobierno. 

Una dé sus dos hijas, la fóven Tullía, em- 
prendedora, osada y capaz de los mas negros 
crímenes , no vivia satisfecha con el pacífico ca- 
rácter de Arunte su esposo ; la era necesario un 
Compañero que poseyese sus mismas cualidades, 
tal como era Tarquino, el marido de su herma- 
na, hombre atrevido, fiera y crueL ¿ Qué debia 
esperarse de la alianza de dos seres tales ? La 
Violenta y ambiciosa Tullia consiguió á bien 
poca costa inspirar srus sentimientos á Tarquín 
ho; y lanzándose ambos en la carrera del cri- 
men, pasaron rápidamente todos sus grados, lle- 
gando i su término sin siquiera notar la velo- 
cidad de sus pasos. Su primer delito fue dar 
muerte el uno i su esposa, y la otra a su ma- 
rido: juntaron entonces sus fortunas con no 
matrimonio, al cual no supo oponerse el desgra- 
ciado Servio, á pesar de sus funestas consecuen- 
cias que preveía. 

Tullía, la orgullosa consorte de Tarquino, 
había lograda ya poseer un esposo de carácter 
igual al suyo , los medios empleados á este ob- 
jeto, le fueran indiferentes. Ni el sacrificio de 
su marido inmolado por su propia mano, ni el 



(* 7 l) 

enlace con el asesino de su hermana, hicieron 
impresión en su pecho accesible solo á las pa- 
siones y al delito. Anhelando reinar, ha creído 
qne Tarquinp secundará sus intentos. "Eres 
nieto de Tarquino el antiguo... Le décia en una 
noche tenebrosa. " Si tienes el noble corazón que 
«yo buscaba y que creí hallar en tí al unir con 
«la tuya mi suerte , yo te reconozco por Esposo, 
«Señor, y. Rey. Sito. pecho no abriga esta gran- 
«deza, añade con ferocidad , apártate de mí..« 
«Nuestro enlace me habrá puesto en situación 
«aun mas desgraciada , pues veo en tí un cri- 
«men infructuoso porque le acompaña la desi- 
«dia. Atrévete, y todo te será fácil. Tus Dio- 
useSj la imagen de tu abuelo, el palacio que 
«ocupas, el trono que todos los dias tienes á 
«la vista, el nombre de Tarquino, todo te crea 
« y nombra Rey ; ¿ que' esperas ? ¿ que' importa 
«la sangre de mi padre?../' Tarquino escitado 
por los discursos de esta furia, aparta obstá- 
culos con paso firme, camina al último crimen, 
seduce los senadores, se atrae con regalos la 
juventud, engruesa su partido diariamente , ofre- 
ce gobernar al gusto de todos, y con oculto ma- 
nejo calumnia altamente la reputación del Rey/ 
En el momento que ha creído oportuno, se diri- 
ge con sus adictos á la plaza pública, avanza 
hasta el Senado, y sentado en el Trono de Ser- 
vio, convoca los Senadores en nombre de Tar- 
quino,— Todos le rinden homenage, unos ava- 
sallados de antemano , otros por el temor que 



infunde un crimen, y otros por la sorpresa de 
un evento que creen obra de Servio. Toma la 
palabra el rebelde para apoyar su acción: ma-v 
nifiesta que desciende de Reyes, que la conduc- 
ta de Servio tiene desesperados los ánimos de los 
romanos, y que el gobierno que él instituirá' 
ha de conciliar las voluntades de todos. 

Servio sabedor de lo que pasa , ílega al sena- 
do cuando Tarquino acababa de arengar al pue- 
blo. ** ¡Cómo !... grita , ¿ como te kas atrevido , Tar- 
quino , á ocupar mi solio \ si yo existo , y reu-» 
nir el Senado, usurpando mis facultades? pero 
el traidor, con tono seguro y fiero le responde 
que ocupa el asiento de su abuelo, al cual tiene 
mas derecho un nieto que un «clavo; y que 
Servio habia por demasiado tiempo insultado á 
sus Señores, y abusado de su paciencia. — Los 
partidarios de uno y otro hicieron ademanes, 
el pueblo ansioso de novedades, corre al mismo 
tiempo en tropel hacia el congreso.... parece que 
Ja querella solo puede decidirse por la fuerza* 
mas Tarquino no da lugar á ello con ocieíido que 
necesariamente se ha de llegar á los últimos es* 
eremos ; y valiéndose de su juventud y robus- 
tez, arrebata vigorosamente por medio del cuer- 
po al anciano Servio, qoíe en vano resiste* 
le transporta fuera de la asamblea, y con mano 
criminal y parricida , lo arroja por la escalera 
que desciende á la plaza.... luego vuelve al se- 
nado.... Servio magullado con la caída- y yz casi 
esánime, se dirigía á su casa, con los pocos ofi- 



cíales qac el temor ño había separado de su la- 
do, mas al llegar al estremo de una calle, le 
alcanzan los emisarios de su yerno y acaban de 
quitarle la existencia. Esta orden era arrancada 
de Tarquino á vivas instigaciones de la pérfida 
Tullia. Desde los primeros momentos de la re- 
belión , despreciando el decoro de su sexo y las 
costumbres de aquel tiempo, atravesando la pla- 
za publica, llega al senado, llama á su marido 
y es la primera que da la sediciosa voz de Viva 
el Rey Tarquinú. — Este la marida retirar , or- 
denando se separe del tumultuó, sube í su car- 
roza para regresar á su casa: costea Ij^calie ea 
que yace aun su padre asesinado...* Jóvenes que 
leéis, permitidme tomar aliento para referiros 
lo que resta.... horrorizaos conmigo: Ja pluma 
tiembla y el cabello se levanta violentamente al 
escribirlo.... Llega Tullia al cadáver aun palpi- 
tante de Servio, el auriga detiene á su vístalos 
caballos, pero aquella furia del averno, repren- 
diendo esta detención, agita las riendas y grita. 
— ¿Temes pasar sobre un cuerpo muerto? mar chai 
El conductor obedece, las ruedas del carro de 
Tullia pasan por sobre el cadáver de su padre, 
«y la sangre aun caliente , va á salpicar los ves- 
tidos de una hija criminal > que ve ep ello úni- 
camente su triunfo , y entra en su casa pintado 
el gozo en su rostro, y aclamando al Rey de la 
rebeliqn. • 

Baldón al asesino; pero oprobio, infamia, y 
venganza eterna, y cruel al parricida!!!.... 



**• 7* 1 




Noticia histórica de las esposic iones pública* 
de obras artísticas. 



JLas es posiciones publicas sé han verificado ba- 
jo diversas formas en todos los países y en to- 
das las épocas en que las artes han florecido. 
Los artistas griegos acostumbraban consaltar la 
opinión pública csporiiendo sus obras en las pla- 
zas y ¿fr los pórticos. El mismo Phidias después 
de haber modelado su Júpiter Olímpico convo- 
có a! pueblo para que le juzgase. Las esposicio- 
íies en Grecia: eran de dos maneras ; unas ser- 
vían park escoger las obras que habían de ser 
propiedad fiaciónal, y las otras al paso que es- 
ta biecian la superioridad relativa de los artistas 
se encaminaban á la instrucción pública y pro- 
gresos de las artes. Se sabe muy imperfectamen- 
te cual era el <ícrejfnónial de éstos juicios. A : ve- 
ces se consultaba la opinión de los mismos ar- 



tC'75) 
listas, otras veces la multitud decidía por acia* 

macion. Otra especie de esposicion se verificaba 
en las numerosas fiestas celebradas cada año. 
Entoáces los artistas concurrían á embellecer 
las ceremonias y al ornato de los templos con 
sus pinturas , esculturas , altares t trípodes, va- 
sos &c 

En las grandes épocas del arte moderno en 
los siglos XV, XVI y XVII las csposicioncs al 
principio no fueron regulares; pero las obras 
ejecutadas en las iglesias y en los palacios, se 
pueden mirar corno otras tantas esposiciones 
perpetuas. Siempre que en Boma, en Floren- 
cia , en Venecia ó en Bolonia , la república, los 
pontífices d los príncipes querían ejecutar algu- 
na obra artística, pibrian un concursa en el que 
los profesores esponian sus modelos, y de este 
«modo Leonardo de Vinci y Miguel Ángel es- 
apusieron hacia el año de i56a los célebres car- 
tones para las pinturas que habían de ejecutarse 
en el palacio dé Florencia. En i^oi los regis- 
trados de esta misma ciudad quisieron se eje- 
cutasen dos hermosas puertas de bronce para el 
baptisterio de la iglesia de S. Juan con arreglo 
á la que estaba ejecutada ya hacia ochenta arios 
por Andrés de Pisa qqe la había embellecido 
con figuras de bajo relieve. Los magistrados con- 
vocaron á todos los artistas de Italia para; que 
presentasen sos modelos, entre estos siete se 
juzgaron dignos de esponerse publicamente y de 
esta esposicion salieron las admirables puertas 



. (276) 

de Ghibérti, ta! vez la obra mas bella de la es- 
¿altura moderna. En Roma principalmente jé 
principios ¿el siglo XVII fae donde se fundaron 
esposiciones públicas y periódicas de obras ar-*- 
tísticas. Una sociedad ó según la frase italiana 
tina congregacioñe di virtuosi instituyó dos espo- 
siciones públicas en las fiestas de S. José y de 
S. Juan * y atraían ai panteón donde se verifica- 
ban gran parte de los inteligentes de Europa. 
Éii París y en tiempo de Luis XVI hubo dos 
ésposiciooes una en un patio de Palais-Royal 
y otra en la gran galería del Loubre; pero hasta" 
el 18 de agosto dé 1 757 no se verificó la es- 
posicion en el gran salón del Louvre. Solo se 
contaron entonces doscientos veinte objetos es- 
'puestos, y esta escasez coíisistia en que solo los 
miembros de la academia tenian derecho para 
presentar. La esposicion fue anual ó de dos ei% 
dos años hasta la época de la revolución ; una 
comisión del seno de la academia juzgaba cua- 
les obras debían admitirse , y Diderot que es- 
cribió sus informes acerca de estas exposiciones 
ha dejado muchos artículos que son muy cu- 
riosos de consultar para enterarse déla histo- 
ria de las artes en aquella época. El mayor sa- 
lón del Louvre al principio de las esposicione* 
recibía la luz por ventanas que ocupaban un . 
terreno muy considerable y daban á las pin- 
turas una luz falsa perjudicial á su afecto. Des- 
pués estás ventanas se han tapiado y la luz entra 
por claraboyas abiertas en la b(K<ída. 



La reyólacioii hizo cambiar él método segui- 
do en las esposiciones y todos los artistas nacio- 
nales y estfangeros podían concurrir á ellas. En- 
tonces el salón ya fue insuficiente pues se llena- 
naron ademas las piezas que daban á él, las que 
le preceden , la galería de Apolo y parte de ?a 
gran galería del Lotívre. Vista esta abundancia 
el gobierno mandó restablecer las esposiciones 
anuales. También ha sido muy diverso el nú- 
mero de dias que ha estado abierta, y última- 
mente se ha fijado en dos ineses. Gomo no había 
reglamento para fijar la periodicidad de las es- 
posiciones se han verificado en diversos tiempos» 
A petición general de los artistas y atendida !a 
multitud de obras que se presentaban, se ha de- 
cido que las esposiciones serán anuales y empe- 
zarán el primero de Marzo para concluir en 
primero de Mayo. Estas últimas esposiciones 
son las mas numerosas que se han conocido, pues 
en 1834. subieron los objetos presentados al nu- 
mero de ¿3 1 4* 1 




ESPECTÁCULO DE LA NATURALEZA. 

Con este título Mféáftl formando para presen- 
tar en breve al pública de Madrid 'un bonito es- 
tablecimiento situado en c;I prado de Recoletos, 
junto á la Real Escuela de Veterinaria. En un 
local reducido pero dispuesto al intento y bien 
aprovechado, se están reuniendo muchos pri- 
mores artísticos que servirán de recreo é ins- 
trucción á los espectadores. Será muy variada 
esta colección de objetos que debe renovarse de 
tiempo en tiempo; pero para la inauguración del 
cstablecimicnta tenemos entendido se ha dis- 
puesto presentarlos retratos de algunos hombres 
célebres entre ellos á Miguel Cervantes Saave- 
dra escribiendo su obra famosa, rodeada de las 
pesadumbres y la indigencia en un miserable 
albergue. También al intrépido- lidiador Fran- 
cisco Montes en actitud de burlar las envestidas 
de la encornada fiera y en una recóndita y di- 
simulada gruta; la Diosa de lá Hermosura jun- 
to á una cristalina fuente. Estas y otras figuras 
serán tanto mas parecidas cuanto que serán eje- 
cutadas en cera r y ya se sabe cuanto se presta 
esta materia á la' imitación del natural , y frescu- 
ra y colorido de las carnes. 

Un cosmorama presentara vistas de los sitias 



(*79) # 
acreditados por su aspecto pintoresco o intere- 
santes recuerdos. Se presentarán también vistas 
en que la naturaleza se reproduzca con toda 
exactitud, presentándola no pintada en lienzo 
sino en perspectiva geométrica y topográfica con 
entero relieve de edificios y vejetales. Entre es- 
tas se halla la ciudad de Sagunto con toda la 
marina y pais circunvecino, una vista de Ma 
drid por el lado del Caiiipo del Moro, distin- 
guiéndose el Palacio Real y los principales edi- 
ficios. Asi se podrá juzgar de la exactitud de es- 
tos modelos, pues el original está todos los dias 
á vista de cada uno. Por otro estilo, pero con 
igual primor, se presentará en estenso pais con 
grandioso convento de capuchinos con la iglesia, 
cementerio, celdas de los religiosos, via-crucis y 
demás adherentes. Todo con el aspecto caracte- 
rístico de esta clase de edificios. Están estos mo- 
delos dispuestos de tal modo que dado el punto 
de vista y sabiéndolos mirar, no son ya sola- 
mente un objeto de recreo sino de estudio para 
el militar y para el artista. Confribuye mucho 
á la ilusión el modo con que están alumbrados 
sin qne el espectador vea el punto de donde sa- 
le la luz. Esta entra por la parte superior tem- 
plada en el grado que se quiere y parece baja á 
los modelos al través de un cóncavo y transpa- 
rente celage. Ademas las ventanas están disimu- 
ladas con cortinas transparentes, de las cualeá 
una representa el suntuoso monasterio de S. Lo-» 
renzo del Escorial por la parte de oriente y me^ 



diodia, y otra la entrada de la hospedería de 
BJonserrate. Esto da á todo el interior una me- 
dia luz favorable que hace resaltar los puntos 
en que es precisa la luz y contribuye al efecto 
de todo el conjunto. Todas las paredes, techos y 
pasillos están construidos á la rústica, y como 
labrados en peñ$ viva cubierta de musgo, yer- 
bas silvestres, yedra y arbustos. 

Al anunciar esta empresa enteramente espa- 
ñola tenemos un verdadero placer, mucho mas 
cuando el principal director de ella y ejecutor 
de los modelos es el Sr. D. León Gil de Palacio. 
Puestas sus obras asi á vista de todos se cono- 
cerá hasta que punto eran bien merecidas las 
alabanzas que le hemos tributado y que nos 
complacemos en tributarle hoy por última ve* 
en nuestra Minerva. 



MOSAICO. 



No hay lengua que conste de palabras tan 
largas corno la mejicana; pero tampoco hay pala- 
bras que tengan una significación mas vasta. Asi 
palabra amatlacuüuiilquitcatlartlahuilli significa 
la recompensa que se da al mensagero que lie 
va un papel en el que va indicada en caracteres 
simbólicos ó en pintura alguna noticia que se 
quiere comunicar. 



El cardenal Dubois tenia un tíiayordomo á 
quien habia pillado ya en algunos deslices. Guan- 
do llegaba Navidad en lugar de darle el agui- 
naldo como á los demás criados se contentaba 
con decirle: "Vaya, yo os cedo cuanto me habéis 
robado en el año. M El mayordomo le daba las 
gracias, le hacia una profunda cortesía y se re- 
tiraba muy alegre. 



¿Qué significa los deseos y esperanzas de un 
tiempo mas feliz? Nosotros haríamos que el 
tiempo fuese bueno si supiésemos trabajar. El 
que se alimenta de esperanzas corre peligro de 
morirse de hambre. 



En las calles de Amsterdan y por la parte de 



1 (* 8 *) 

afuera de las ventarías se ven muchos espejos 
colocados de diversas maneras. Que admiración 
la del viagero cuando oye decir que todos aque- 
llos espejos están colocados para que los habi- 
tantes de aquellas casas puedan ver lo que pasa 
en la calle sin necesidad de incomodarse. 



Existen en los Estados Unidos de Ame'rica 
mas de 7000 sociedades de templanza que cuen- 
tan mas de i,25o>ooo miembros. El Occcano 
está surcado en el dia por mas de 1000 embar- 
caciones americanas, en las que no se hace uso 
de bebidas espirituosas. 



El verdadero modo de ser engañado es el 
creerse mas hábil que los demás. 



Un pescador de Suecia ha hecho varios en- 
sayos felices para caminar en el agua tan como-* 
da mente como en tierra valiéndose de unos zar 
patos de ojadelata. Estos zapatos tienen la forma 
de una pequeña canoa y están unidas de tal 
modo que no se separen una de otra mas 
que lo que sea preciso para asegurar la direc- 
ción de está caminata sobre las aguas. 



CONCLUSIÓN. 




El templo de Minerva. 



# 

Recostado cierto joven sobre la fresca yerba á 
orillas de ana graciosa fuente, entretenía el 
tiempo caloroso del eslío con la lectura de esta 
obrita que hemos dedicado á la juventud espo- 
lióla. Obra en la que hemos concentrado todas 
nuestras fuerzas para cooperar á U grande obra 
déla educación; dirigiendo las facultades físicas, 
intelectuales y morales de los niños al conoci- 
miento 4 de sus verdaderos deberes. El contento 
que la lectura le procuraba -> lotranqnilo y agra- 
dable del sitio, el susurro del agua deslizándose 
mansamente entre las piedras todo -producía eu. 
su pecho la mas tierna melancolía. Apartando 



sus ojos del libro áfa recogía dentro de sí <flft¡s~. 
mo para meditar lo que acababa de leer , é in- 
sensiblemente se iba apoderando de todos sus 
miembros una languidez extraordinaria. Sus pár- 
/ pados se cerraban á pesar suyo , y como si no 
pndeise resistir á una fuerza superior que á ello 
ie obligaba, #1 fin quedó entregado á un pro- 
fundo sueño. 

La escena entonces cambio enteramente. Fi- 
gurósele' que se hallaba transportado á un pais 
desconocido; pero en el que la naturaleza sé os- 
tentaba con mayor magnificencia, y hasta el sol 
parecía haber adquirido nuevo esplendor. A la 
cstremidad de una vasta y fértil campiña se ele- 
vaba una gigantesca roca y en su cumbre un 
edificio de maravillosa arquitectura ; pero cuyos 
ornamentos parecían destruidos en parte por las 
injurias del tiempo. Llevado de una ardiente 
curiosidad enderezó sus pasos hacia la montaña 
con ánimo de subirá ella, pero esta empresa 
no era tan fácil como le pareció á primera vis- 
ta. La montaña que á lo lejos parecía de una pen- 
diente suave, era árida y sumamente escarpada, 
de modo que solo en las alas de un genio supe- 
rior era posible elevarse hasta la cumbre. Una 
Sola senda se ofrecía áspera, tortuosa y erizada 
á trechos de espinas y abrojos. Subió por ella 
con ánimo resuelto y á fuerza de constancia y de 
fatigas pudo llegar á la plataforma de la rosca 
donde dio por bien empleado el causancio de la 
subida. / v 



(.85)- 

Ofrecíase entonces á su vista un suntuoso 
templo con un pórtico grandioso, en cuyo fron- 
tispicio triangular, estaban esculpidos de alio 
relieve todos los atributos de la sabiduría. Su- 
biendo las gradas del pórtico y atravesando, un 
anchuroso vestíbulo se halló nuestro mancebo 
en el umbral de lo interior del templo. Su vasto 
recinto incrustado de mármoles, estaba inter- 
rumpido en sitios convenientes por robustas co- 
lumnas de x jaspe, con basas y capiteles de bronce 
dorado. Sostenían estas una elegante cornisa cu- 
yos filetes y dentellones eran de oro, y el friso 
adornado con un festón de entretegidos ramos de 
oliva. Los espacios entre colqmnay columna es* 
taban ocupados por lápidas de blanquísimo ala- 
bastro que representaban en bajo relieve las his- 
torias que el joven había leidó repetidas \eces en 
su obrita predilecta ; por lo que las reconoció al 
instante. 

A la cabecera del templo y sobre un airosa 
pedestal estaba sentada una respetable matrona, 
que á la belleza y gracias propias^ de su sexo reu- 
nía un vigor y gallardía varonil. Su traje era 
guerrero; el pecho cubierto por una resplande- 
ciente cota , y su cabeza defendida por un casco 
en cuya cimera estaba figurada una triste ave 
nocturna. Su brazo derecho empuñaba una po- 
derosa lanza y el izquierdo descansaba sobre un 
pesadísimo escudo. El resto de su traje lo com- 
pletaba una magnífica túnica que desprendién- 
dose desde el talle caia por ambos lados forman- 

32 



< a86 > *, - ■ . 

dt> anchoa y gfatiosos pliegues. El aspecto impo- 
nente de esta matrona, la magestad de su porte, 
la nobleza de sus facciones y la singular viveza 
de sus ojos dejaron suspenso al mancebo que pe- 
netrado de la mas viva admiración y conociendo' 
se hallaba ante la deidad del templo iba a ren- 
dirla ya Un homen age debido solo á un ser im- 
mortal, á no habérselo estorvado la diosa ha- 
blándple en estos términos. 

"Minerva, diosa de la sabiduría que cifra sus 
delicias en instruir y recrear á la amable juven- 
tud te habla, y a por la última vez. A ella perte- 
tenecia principalmente inspirar á los jóvenes el 
gusto al estudio , el amor al orden y el horror á 
la ociosidad. Tan saludables máximas te | se han 
inculcado repetidamente en mi nombre á tí y 
tus compañeros en ese libro que ahora se hallaba 
en tus manos. Yo espero que habrá ganado en- 
teramente vuestra confianza y le mirareis siem- 
pre como un intimó é imparcial amigo. En él se 
ha procurado reunir ios principios necesarios pa- 
ra saberse conducir en los casos apurados, para 
cumpli/ escrupulosamente con ms deberes, en- 
señando durante la infancia lo que debe practi- 
carse en la edad viril. Ya ha llegado el tiempo 
en que debes conocer quien te hablaba y el ver- * 
dadero significado de esas historias que tanto te 
han divertido y que ahora forman el principal 
ornamento de mi templo. Contemplarlas y cono- 
cerás cual es su misteriosa significación. M 
Oyóse entonces un ruido sordo y subterráneo 



(¿8 7 ) 
cofaio si un terremoto conmoviese los cimientos 
profundos del templo. Este se iluminó instantá- 
neamente con nueva luz y una fragancia deli- 
ciosa s$ esparcid por todo el ambiente. Todos 
los bajo-relieves habían desaparecido , y en el 
campo liso de las lápidas se leian en letras de 
oro las palabras siguientes. — Aplicación al es- 
tudia-Beneficencia -Moderación -Grátit ud.- Amor 
á la patria.-Piedad filial- Amor fraterno y otras 
varias. En las cuatro columnas de la cabecera 
del templo estaban grabadas estas cuatro pala- 
bras. - ReligÍQn.-MoraL-Instruccion.~Educacion; y 
sobre las dos puertas laterales, en la una~Pr/;- 
mio de la virtud , y en la otra-Castigo del crimen. 
Volvió el joven á mirar adonde estaba Minerva 
mas ya habia desaparecido. En su lugar estaba 
una bellísima joven casi desnuda pues sus deli- 
cadas formas estaban apenas cubiertas por un 
cendal mas blanco que la nieve. %n fin tenia la 
-misma figura y atributos con que los pintores 
representan á ia VEP^DAD. Apenas el joven se 
convenció de que aquella era la verdad, se pre- 
cipitó ansioso á abrazarla; pero se la ocultó de 
improvisó una nube que levantándose de los pies 
de la Diosa la encubrió enteramente privándote 
de los luminosos rayos que despedia. Llegó en- 
tonces á sos oídos una dulcísima voz que pro- 
fducia en él una impresión muy diversa de la 
que antes habia escuchado, y decia ash 

"Joven atiende á mi voz por la última vez, 
ya no disfrazada con alegorías y ficciones sino 



(*88) 
dará é inteligible como los caracteres dorados 
que están fijos en las paredes de este templo» 

La verdad sea siempre el norte de todas tus 
acciones y palabras. Si faltas a ella te verás cu*- 
bierto de oprobio y te seguirán á todas partes 
la confusión y desprecif) universal. 

Se puro en tus pensamientos y palabras, y 
/acompañe á todas tus acciones la decencia y la 
modestia, 

Desconfia siempre de tí mismo y ten presente 
que solo es verdadero atleta , el que sale vence- 
dor en el combate de las pasiones. 

Evita la compañía de los jóvenes libertinos 
que parece han nacido para, deshonra de sus fa- 
milias. Su mal ejemplo es peor que el mal mismo. 

La gloria de un buen hijo se cifra en el res- 
peto , amor , y obediencia á sus padres. 

Aconséjate de las personas prudentes, porque 
el que frecuenta el trato de los sabios será sa- 
bio, y el amigo de los insensatos será tan insen- 
sato corno ellos. 

Medita bien tus empresas antes de acometer- 
las', y no tendrás que arrepentirte de ellas. 

Si te hallas en alguna dignidad ó puesto hon* 
roso , piensa los deberes que te impone y pro- 
cura no deshonrarle. 

El cumplimiento de tus obligaciones te pro- 
curará siempre una dulce satisfacción/ al paso 
que su abandono será origen de eterna desgracia 

Tarde ó temprano no hay vicio que qaedr 
sin castigo f ni viuad sin recompensa. - 



(a8 9 )- 

ítz rirtud es el mas rico tesoro: ella sola pue- 
de hacer tu felicidad en esta vida.... 

Pío podo oir mas nuestra joven porque al 
llegar aqai se desvaneció de todo punto la ilu- 
sión. Aunque^l volveren sí xonoció que todo 
habia sido un sueño , sin embargo se le quedó 
firthemente impreso en la imaginación, y desde 
luego forinó propósito d$ ob^eryar al pie dé la 
letra aquellos consejos, que habia recibido de un 
raocio tan maravilloso. 



.> T 



F. Fernandez Vülabritt&, 




¿a» 



ÍNDICE 

de los artículos tmntenidos en el toma » 6¿* 

Efemérides, s-j . ;) ¿- i . . * . 3 

¿Batalla de FonteiKjy. v . ^ . . * . 5 

Moral. . . , . . . . ="'-. ! i^*át>«KBt-i ía 

María Ana, d la sensibilidad. % . . * . 18 

Epse^Vilt^naát^w^^ . • . » . . 22 

La instrucción y la educación. ... . a 5 

Historia natural. . ... . ... 26 

3Nifios agricultores. ....... 33 

Rasgos de heroísmo. « , . . . • • 3 7 

El Escorial. Art. i.° . . . . . . . í* 

Origen de la arquitectura. . ... . ¿fi 

Fábula. . . . i . . ..... 5o 

Educación de ciegos. . . . . . '."'. • 52 

Geografía. ,.. ,' T . . . . . . ^ . . 64 

Lai beneficencia. ;. .., . . . . ^ . • 81 

Proyecto de un colegia de ciegos. . -• • 83 

Mosaico. . . . . . . . .... 87 

Efemérides. .......... 89 

Fiestas dé S. Juan. . . . . . . . 90 

Los^hermanos de leche. . . . . .. - 93 

Comercio de negros. . .• . ... . <;■ • 101 

Arte de no ser burlado. . . . - • - "3. 

Los trovadores. . . . . . . . \ - 107 

Biografía, i ... . . . . . • **^ 



Los niños agricultores. ..- 

Enanos célebres. . . . 

La imperial Toledo. ... .. 

Diálogo de las flores. .. . 

Lt>s perros célebres. . . 
El párroco y los. asesinos. 
Fábula. .. . .. . ,. . 

La rosa y su cultivo. . 
Estadística de sordo-mudos 
La muerte de Remo. . .. 

Geografía. . . . . .... 

Mosaico. . . . . . . . . 

Efemérides. ... .'. . . . 

La Reina de i5 años. . 
Instrucción publica. . . 
Concluye el paseo de S. Frutos 
Los perros célebres. . . 
Virtudes de las plantas. . 
De su clasificación. . . 
Fábula. . . . . . . \ 

El lindo D. Diego* . . . 
El Escorial. Art. 2. . .'. 
Rasgos heroicos* ... . . 

Biografía. ... . . 

El Sueno. . . . 

Geografía. . . . . 

De los baños y su utilidad 
Arte de nadar. . . . . 

El Pórtici. . . . . - 

Mosaico. 

Artur de Bretaña. ... • • 



y la Hoz, 



.V\ 



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22 

23 

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35 

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94 

97 

202 

2o£ 

2o5 



ni 

Deberes de las madf es.. . . ". . . "■■ %ii 

Loscuatro Enriques^ .. . .. . . . . 217 

Los sueños. . . .* . . .. . . . . 221 

Las dos madres., .. . .. . . . . . 226 

El anciano religioso. . . . . . . . 2$i 

Biblioteca del Escorial. # . . . . . 236 

Viajes de imaginación.. ... ,. ... . , 23g 

Sentido, del tacto. • . . * . 2^3 

Invención del. vapor. ... .\> . . . 25 1 

Fábula. ... ... .. ., ..' .. ♦ . , . . .258 

La estatua de .Miguel de Cervantes y 

Saavedra. - \ V'i .. .. .... ... ..-.. 360 

Rasgos que presenta la. historia. , ., ; . 264 

Esposiciones de obras artísticas. . . \ 274 

Espectáculo de la naturaleza. * . . . 278 

Mosaico. . * . . . . . . * . . 281 

Conclusión. El templo de Minerva. . ¿ 283 



Los libros. 



Un libro siempre es igual, 
Tenga ó no dedicatoria, 
Si es bueno sube á la gloria, 
Si es malo baja al corral. 
Un discurso racional 
Aunque nadie le dé abrigo 
Lleva su valor consigo; 
Pero un infame papel 
Dedicado á San Miguel 
Se lo lleva el enemigo. 

El P. Isla.